Es necesario superar las divisiones entre sacerdotes si queremos evangelizar  :   
 Un gran número de sacerdotes madrileños concelebró ayer con el cardenal Tarancón y sus auxiliares. 
 ABC.    15/04/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 26. 

ABC. JUEYES 15 DE ABRIL DE 1976.

la Iglesia en el mundo de hov

«ES NECESARIO SUPERAR LAS DIVISIONES ENTRE SACERDOTES SI QUEREMOS

EVANGELIZAR»

Un gran número de sacerdotes madrileños concelebró ayer con el cardenal Tarancón

y sus auxiliares

Eh la catedral de Madrid se celebró ayer. Miércoles Santo, la tradicional Misa

Crismal, en la que, bajo la presidencia del cardenal Tarancón. concelebraron los

miembros del Consejo Episcopal, Cabildo catedralicio y un numeroso grupo de

miembros del Consejo Presbiteral, asi como´otros muchos sacerdotes de la

diócesis

Durante la ceremonia —en la que fueron bendecidos los sagrados óleos y los

sacerdotes renovaron sus compromisos sacerdotales— el cardenal arzobispo de

Madrid pronunció una homilía, en la que planteó el problema de la unidad de los

sacerdotes como medio Dará una auténtica evangelización

Actualmente —dijo— existen en el mundo y, concretamente, en nuestra Iglesia

diocesana gérmenes de división. Estos gérmenes han de crear tensiones y hasta

enfrentamientos. Enfrentamientos que pueden poner en peligro fácilmente la

unidad de] presbiterio v de toda la Comunidad diocesana´

Estos gérmenes de división tienen unas Teces carácter estrictamente eclesial.

Otras, carácter social y hasta político,´ aunque se encubran con palabras del

Evangelio.

• Esta es la realidad que todos hemos de reconocer y que de vez en cuando

produce chispazo y hasta explosiones que a todos nos entristecen.

Entre los gérmenes estrictamente eclesiales los hay en el terreno doctrinal —el

Concilio ha abierto horizontes nuevos y ha planteado de manera distinta ciertos

temas teológicos—: en el terreno de las estructuras eclesiales —han envejecido,

como es lógico, ciertas estructuras humanas de la Iglesia— y en el campo de la

acción pastoral, porque son muy distintas las actitudes psicológicas del hombre

de hoy y las circunstancias sociales en las que ha de encarnarse el mensaje de

salvación.

. Pero la simbiosis que, al menos entre nosotros, se ha producido secularmente

entre religión y costumbres sociales, -entre Iglesia y Comunidad política, entre

cristianismo y patriotismo hace que se trasladen casi inevitablemente al campo

eclesial actitudes económico-sociales y hasta políticas.

¿Cuál ha de ser nuestra actitud y nuestra postura ante esa realidad? Creo,

hermanos sacerdotes, que es suficientemente grave e importante este problema

para que en este día reflexionemos seriamente sobre él.

Es cierto que en el fondo de las actitudes diversas y hasta opuestas late —no

quiero dudarlo— un mismo deseo: defender la integridad del mensaje de Cristo:

hacer más fecunda la acción misionera de la Iglesia: convencer a los hombres de

hoy que Cristo continúa siendo el única Salvador.

Pero lo cierto es, hermanos, que a pesar de ese deseo común se dispersan más de

lo justo los criterios y las actitudes y sin quererlo ni pretenderlo,

seguramente, todos somos, de una manera u otra, instrumento de tensión, de

confusión y hasta de división.

Creo que sería un buen fruto de esta Jornada el que todos y cada uno de los

sacerdotes de la diócesis —y con nosotros cada uno de los religiosos y fieles—

nos preguntáramos seriamente delante del Señor cuáles son las exigencias que

entraña para mí en este momento histórico y, en esa circunstancia

• concreta nuestra diócesis, ese deber ineludible de unidad en la fe v en la

Iglesia

Si al menos procurásemos todos, con verdadero interés evitar cuidadosamente

cuanto pueda enconar esas- tensiones y consiguiéramos no ser instrumentos de

división, habríamos dado un,buen paso para que se pudiese reconstruir, y

reyitalizar esa unidad, principio., de vida v de fecundidad de la Iglesia

diocesana.

CONFERENCIAS DE LOS OBISPOS ECHARREN E INIESTA

Concluyó ayer el ciclo de conferencias que, organizado por el Consejo Episcopal

de Madrid, se ^ha celebrado sobre el tema de la evangelización. en el auditorio

Pablo VI.

Tuvo la primera de las conferencias monseñor Echarren, que. estudió los

problemas de la evangelización en ,1a gran ciudad, trazando el cara y cruz que

las grandes urbes presentan para la vida del creyente, especialmente el

inmigrado a la gran ciudad desde medios rurales.

En la cruz señaló las dificultades que el urbanismo supone para la vida

religiosa y los conflictos de todo .tipo.—psicológico, humano, cultural,

religioso—, que implica el traslado de grandes masas humanas desde los pueblos a

las ciudades.

La parte más novedosa de su conferencia fue aquella en la que —frente a un

pesimismo que sólo ve dificultades en la nueva cultura urbana— señaló los

aspectos positivos del urbanismo respecto a la vida religiosa. Entre otros

señaló los siguientes:

«Los individuos que se integran en la civilización urbana y se. forjan una

personalidad ,nás autónoma se hacen capaces de elecciones personales.

La práctica religiosa en ía ciudad es una práctica despojada de todo respecto

humano. La cultura urbana impulsa a la Iglesia a asumir un nuevo papel: el de

Iglesia misionera.

En la ciudad el optar por la fe y la pertenencia a la Iglesia ya no es un

resultante de una presión social, sino resultante de una conversión y de una

opción libre de Cristo y su Evangelio, La ciudad lleva consigo el descubrir que

la pertenencia a la Iglesia a partir de la fe, se realiza integrándose en una

vida comunitaria y que esta integración se ha de hacer de un modo concreto.

La superación de la privatización de lo religioso en el ámbito de la vida

comunitaria entraña el descubrimiento de la necesidad de proyectar la fe

personal en todos los ámbitos de la vida humana.

El pluralismo característico del medio urbano crea una convivencia en el

creyente en una línea de comprensión y respeto para opiniones disidentes.

En el medio urbano el papel del sacerdote y del cristiano se transforman

profundamente:

El sacerdote y el obispo, cada vez serán menos los hombres de «Zo sacro» y más

los profetas que guían al pueblo de Dios; cáela vez menos «jerarcas» i/.más

pastores: cada ves menos «autoridad constituida* y

más modelo para su¡> fieles, cada vez -menos autoridades homologables a las

civiles y más miembros del pueblo de Dios; cada vez menos influyentes y más

fuertes en su debilidad; cada ves menos «casta-» y más profetas que conviven con

el pueblo.

Los cristianos serán cada vez menos «religiosos» y más creyentes; cada vez

vivirán menos un cristianismo ambiental y más un cristianismo personal; cada vez

vivirán menos un cristianismo privatizado y más un cristianismo Que entrañe toda

la dimensión social del Evangelio; cada vez vivirán menos pasivamente y asumirán

más su papel activo en la Iglesia; cada vez será menos el hombre que busca su

salvación al margen de los otros y comprenderá más que se salvará salvando a los

demás; cada vez buscará menos la Eucaristía y ios sacramentos .como puros ritos,

para vivir las celebraciones litúrgicas como acontecimientos de fe; cada vez

buscará menos teorías religiosas, para acercarse más a la Palabra de. Dios: cada

vez reducirá menos la morar a ur código de preceptos para intentar vivir- mejor

el espíritu de las bienaventuranzas; cada vez vivirá menos un cristianismo de

evasión para vivir más un cristianismo comprometido.*

A continuación monseñor Iniesta —bajo el título de «Hacia una comunidad

evangelizada y evangelizadora— analizó las relaciones entre «Evangelio» y

«comunidad».

«Son estos —dijo— tíos conceptos que se implican y se reclaman mutuamente. Allí

donde hay comunidad humana existe ya una simiente cristiana que secretamente

reclama la explicitación gozosa del Evangelio de la salvación; Cristo obra en

todo hombre, lo sepa o no lo sepa; es también el mejor caldo de cultivo para que

el Evangelio arraigue y fructifique. A su vez, el anuncio del Evangelio provoca

y exige comunidad; Jesús es el hermano universal y el Hijo de Dios: donde su

palabra viva es aceptada, se manifiesta normalmente en una actitud de comunión

de los hombres entre si y de éstos con Dios.*

Señaló a continuación cómo «es toda la comunidad de bautizarlos la que debe ser

evangelizada y toda ella la que es evangelizadora». Y concluyó recordando que la

tarea de evangelizar «es una tarea incesante que nunca acabará en esta tierra;

Es una tarea siempre inacabada, siempre exigente, pero también una tarea alegre,

porque el Evangelio es para los creyentes fuerza, luz y ROZO».

 

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