Autor: Lamet, Pedro Miguel. 
 Iglesia en España. XXV Asamblea del Episcopado. 
 Una plenaria pastoral con graves interrogantes políticos     
 
 Vida Nueva.    27/11/1976.  Página: 8-11. Páginas: 3. Párrafos: 43. 

XXV ASAMBLEA DEL EPISCOPADO

UNA PLENARIA PASTORAL CON GRAVES INTERROGANTES POLÍTICOS ANTE LA NUEVA SITUACIÓN

HISTÓRICA, LA IGLESIA NECESITA ENCONTRAR "EL ESTATUTO SOCIAL DEL CRISTIANISMO" —

DIJO EL CARDENAL TARANCON

SEMINARIO, SÍNODO, ENFERMOS, Y LINEAS PASTORALES, PRINCIPALES TEMAS DE TRABAJO.

En un momento apasionante de la política de nuestro país, con la reforma en

marcha y en el umbral del Referéndum, los obispos españoles han iniciado sus

tareas en el Pinar de Chamartín. En su maleta han traído algunos documentos de

trabajo de indudable importancia para la vida de la Iglesia: preparación del

próximo Sínodo, problemas del Seminario, la presencia y acción en el mundo de

los enfermos y las líneas pastorales básicas de la propia Conferencia Episcopal

Española. A diferencia de otros tiempos, en los que se acudía a la Iglesia como

única tabla de salvación para obtener libertades políticas, no hay familias de

presos en las puertas de Chamartín, ni el zumbido molesto de un enjambre de

periodistas en busca de sensacionalismos baratos. Los tiempos han cambiado. Se

respira un aire menos enrarecido y la Asamblea se promete eminentemente

pastoral. Pero también es verdad que aunque no esté en el orden del día —lo

confirma la experiencia de muchas Asambleas— los obispos no podrán sustraerse al

delicado momento histórico que vivimos. De las incitantes y agudas palabras de

Mons. Tarancon en el discurso inaugural, se deduce que el episcopado español va

a tener que dar respuesta a cuestiones candentes de orden político que abarcan

desde la libertad de opciones de los cristianos a la militancia política de los

sacerdotes.

UNA CONFERENCIA "NUEVA"

En un ambiente pues de distensión se encontraron los miembros de la Conferencia

Episcopal la mañana del Junes 22. Ochenta y un obispos, tienen reservadas sus

plazas en El Pinar. En la sesión de apertura estaban ausentes el cardenal de

Toledo y el de Barcelona. Mons. Jubany no había vuelto de Roma, donde ha

participado en el trabajo de la Sagrada Congregación de sacramentos y para el

culto divino. Tampoco vimos a Mons. Guerra Campos, siempre puntual a las

sesiones de las Cortes. «Debe haber salido esta mañana de Cuenca», apuntó en un

pasillo el cardenal Tarancón, quien dijo además a los periodistas, en las nuevas

Cortes no habrá obispos, aunque sí es probable que continúe uno en el Consejo

del Reino.

Los prelados llenaban la capilla de la casa de Ejercicios, que ha renovado sus

instalaciones microfónicas e instalado un circuito cerrado de televisión. Los

representantes de otras conferencias episcopales son, por la italiana, Mons.

Albino Mensa, arzobispo de Vercelli, por la africana del Norte, Mons. Carlos

Amigo Vallejo, arzobispo de Tánger, y por la francesa Mons. Sabia Saint-Gaudem,

obispo coadjutor de Agen.

Asisten también el presidente de la CONFER masculina, padre José Antonio Rico

Rico, y madre María Jesús Jurado, por la femenina. Tarancán, en su discurso

inaugural, tras el Veni Creator, ha centrado, como es su costumbre, la

orientación de esta Plenaria. De los seis temas abordados por el presidente, dos

han entrado a manera de prólogo y ambientación. Primero, la novedad de los seis

obispos que por primera vez toman parte en las tareas de la Asamblea, fenómeno

desconocido en diez años. «La Conferencia

Episcopal os recibe, hermanos, con los brazos y el corazón abiertos y confía en

vuestra aportación que, por vuestra juventud y por el trabajo que habéis

realizado hasta ahora puede ser más interesante para dar más realismo a nuestras

preocupaciones». Tras insistir en la necesaria renovación y actualización que

puede aportar Jos nuevos prelados, Tarancón ha dedicado su segundo proemio a la

elección en sí misma, agradeciendo el gesto de renuncia del rey e insistiendo en

el derecho del Papa a nombrar obispos, y recordando el desafío que plantean al

obispo las actuales circunstancias del mundo. Hizo notar a continuación el

carácter propio y específico del obispo, «Que no representa a la comunidad sino

a Cristo y al Colegio Apostólico, que no recibe la autoridad del Pueblo de Dios,

sino de Cristo y de ese Colegio Apostólico». «Pero el obispo está al servicio de

la comunidad eclesial y aun de todos los hombres, y es lógico, que se tengan en

cuenta "as peculiaridades de cada Iglesia local, y aún el entorno social en que

debe ejercer su ministerio, para que su pastoreo sea más eficaz. No sé la manera

exacta cómo debería hacerse, pero me parece conveniente que antes de proponerse

candidatos, auscultáramos el criterio, los deseos, las necesidades de los

presbíteros y aún de los cristianos que viven el compromiso de su fe, para

acertar nuestro cometido. No creo que existan demasiadas dificultades para que

podamos hacerlo con la discreción y el secreto que un asunto de tanta

trascendencia reclama».

INYECCIÓN DE JUVENTUD

Con la firmeza que le es habitual, Tarancon abordó a continuación la renovación

de la Conferencia, que «ha cambiado notablemente ante la opinión pública».

Poniendo el acento en la necesaria conexión de la Iglesia con el Evangelio y la

verdadera tradición, el cardenal insistió en que «la Iglesia ha sido enviada al

mundo» y que, al estar inmersa en el mundo, ha de adaptarse a los tiempos y a la

cultura de cada época, especialmente a la nuestra tan cambiante. «Porque es

evidente, a mí juicio —como decía en otra ocasión— que ante una sociedad

pluralista y de corte democrático habrá que cambiar necesariamente la postura de

la Iglesia y habrá que buscarse una nueva encarnación de la fe en la vida. Ante

una sociedad cada día más secularizada, se habrá de fortalecer el compromiso

personal del cristiano —carecerá de las ayudas del ambiente social— y se habrá

de potenciar su libertad en los problemas temporales, dentro de la fidelidad a

su fe. Ante una nueva situación histórica, necesitamos encontrar lo que

podríamos llamar el «estatuto social del cristianismo», respondiendo a esa

coyuntura».

El arzobispo de Madrid animó a la tarea a los obispos jóvenes y pasó a aplicar

estas ideas a la propia Conferencia episcopal, pidiéndole un clima y un ritmo

juveniles, y manifestando su cansancio y preocupación que suponen una edad

avanzada — nada de eso se deducía del tono de su voz ni de la incidencia de sus

ideas—, que desembocaron en una sugerencia de petición de relevo, que el

cardenal calificó de «desahogo».

CARISMAS DE LA VOCACIÓN SACERDOTAL

Tras unas palabras sobre la catequesis, tema, como enseguida indicaremos, en

conexión con el próximo Sínodo, la parte más extensa de su intervención la ha

dedicado, Tarancón a los Seminarios, Se refirió a la naturaleza y finalidad del

Seminario Menor, que «no puede mantenerse con las características que tenían en

tiempos pasados», pero que puede ser un medio conveniente para cultivar los

gérmenes de vocación.

Sobre el Seminario Mayor abordó el cardenal las nuevas realidades, enmarcadas

por los tiempos actuales que «exigen al sacerdote algo distinto de lo que antes

le exigían», cuando «la figura del sacerdote se mitificaba con facilidad», y la

«supremacía social» del sacerdote era consecuencia casi inevitable. Ahora han

cambiado las cosas y los hombres «quieren al sacerdote más cercano —más

encarnado, como se dice— en su propia vida, y con más cualidades humanas que les

resultan indispensables». Reconociendo los riesgos de las nuevas fórmulas dijo

que el peligro de atemorizarnos sería aún peor y evocó su experiencia en Madrid

donde han surgido unas sesenta vocaciones de comunidades o pequeños grupos, que

tras hacer sus estudios teológicos, sin abandonar su trabajo o profesión, piden

ser ordenados; y preguntó a sus hermanos en el episcopado cómo tratar estas

vocaciones. La reflexión del cardenal Tarancón sobre los seminarios fue amplia —

ocupa ocho páginas de las diecinueve de su discurso — y es un claro índice del

interés capital con que se quiere se aborde el tema, sin duda el más importante

de esta Plenaria.

LA IGLESIA NO APOYA A NINGÚN PARTIDO

El cardenal Presidente dedicó la última parte de su discurso a cuestiones de

orden político, que por su interés reproducimos textualmente a continuación.

Admirablemente centradas, revelan que Tarancón, prefiere enfrentar con ellas a

los obispos sin ningún rodeo. Y es de esperar que así suceda, por lo que se

prevé al menos un comunicado sobre las mismas.

"Nosotros hemos dicho en más de una ocasión, que la Iglesia, que tiene una

misión propia que ha de cumplir con todos, no puede vincularse a ningún partido

político. Y que el cristianismo, dentro del cual caben opciones políticas

distintas, siempre que no se opongan al Evangelio y a la doctrina del Magisterio

auténtico, ha de estar por encima de toda lucha política que, definitivamente,

es lucha por el poder.

Pero nos encontramos con los siguientes hechos:

Algunos partidos políticos se presentan con el apellido de cristianos, y otros,

aunque no se presenten con ese calificativo, ´ quieren justificar sus

extremismos —Incluso la violencia—. por razones religiosas.

Algún movimiento apostólico ha propuesto públicamente la conveniencia de un

Sindicato cristiano, mientras otros movimientos apostólicos han reaccionado casi

airadamente contra esa propuesta. Algunas posturas políticas revolucionarlas

quieren apoyarse en el Evangelio e Incluso cuentan con la presencia en sus filas

de algunos sacerdotes.

Ciertos movimientos «debíales —se presentan como comunidades cristianas—

favorecen una marcada tendencia política > norte las mas ortodoxas.

Estos hechos que son reales y que se van a manifestar con más publicidad y mayor

apasionamiento cuando empiece clara y abiertamente la lucha por el poder, con

motivo de las elecciones, están produciendo ya una gran contusión entre los

católicos y engendran la división entre los mismos sacerdotes.

¿Convendría decir alguna palabra para que todo el mundo sepa que la Jerarquía,

no sólo no ha participado en la Inspiración y encauzamiento de esos movimientos

o partidos, —algunos lo suponen y otros, hasta lo han afirmado— para que quede

plenamente garantizada ante la opinión pública la Independencia de los Obispos —

y de la Iglesia como tal— de todo partidismo político?

"La presencia de sacerdotes en movimientos políticos, de uno u otro signo, —y no

olvidemos que esa presencia es una realidad Incluso en movimientos extremistas—

es una dificultad gravísima para la comunión eclesial y para la unidad en la fe

y en la disciplina. Sobre todo — y se da algún caso— si en el ejercicio del

mismo ministerio aparece una vinculación. ¿Sería conveniente que dijésemos algo

sobre el sacerdote y la actividad política?.

En el Sínodo de Obispos del año 1969, en las conclusiones sobre el sacerdocio

ministerial, se abordó este tema y se dieron algunas normas sobre dicha

actuación. V me consta que algunos generales de órdenes religiosas están

preocupados por el tema, y ya existe incluso un argumento de una orden. Quizá

aquellas orientaciones podrían servirnos de base".

PROBLEMAS DE LA DEMOCRACIA

"Existen además, — preguntó el cardenal — ciertos problemas que a nosotros nos

Interesan por nuestra condición de obispos que van a tomar un cariz distinto en

un régimen democrático y que pueden enarbolar algunos partidos políticos con un

carácter de reacción contestataria ante la situación anterior.

El problema de la Enseñanza, ya se ha planteado en tinos términos que nosotros

no podemos aceptar. pero tampoco podemos defender a ultranza nuestros métodos y

nuestras estructuras.

La Comisión Permanente ha publicado un documento que ha tenido en general, muy

buena aceptación. En Roma, en la Sagrada Congregación me dijeron que era el

mejor documento que conocían. Pero vamos a necesitar mucha audacia y no poca

Imaginación para orientar el futuro en este campo.

El problema del matrimonio es un tema que puede darnos algunos quebraderos de

cabeza. Ya se hace propaganda en favor del divorcio. Es lógico que sea éste, uno

de los temas que se planteen muy pronto en el terreno político.

Y habríamos de pensar en la conveniencia de clarificar las Ideas sobre este

punto antes de que la pasión política lo desquicie. Cualquier Intervención

nuestra en el momento de la discusión, puede ser considerada por algunos como

una Intervención en la política.

No podemos olvidar, además que la Iglesia tiene una gran fuerza social,

particularmente en nuestra patria, que fácilmente puede; convertirse en una

fuerza política, en una ayuda a posiciones o tendencias partidistas.

Porque es lógico que unos y otros querrán servirse! de la fuerza de la Iglesia —

es esa la constante en casi todos los regímenes políticos— y no resulta fácil

mantener la postura adecuada para que, cumpliendo con nuestro deber, no

aparezcamos apoyando una opción concreta. La misma abstención —o no

Intervención— en algún caso concreto puede ser Interpretada como postura

política.

No es nada fácil nuestra gestión en estos momentos históricos. Es verdad que en

algnos aspectos se han serenado los espíritus y se ha calmado el ambiente. Ha

descendido notablemente el índice de conflictividad que nos convertía, algunas

veces, a los obispos en una especie de "bomberos" que habíamos de estar siempre

dispuestos a apagar los fuegos que se producían constantemente.

Aquello resultaba molesto y nos restaba tiempo, energías y serenidad que

necesitábamos para atender a nuestra misión pastoral y cuidar suficientemente de

los sacerdotes y de las comunidades cristianas.

Pero nuestra tarea no va a. resultar ahora más fácil. La nueva problemática que

la situación presente y futura de nuestro pueblo nos está presentando va a

exigir de nosotros un estudio más serio y una decisión mucho más audaz y

comprometida.

No soy pesimista respecto al futuro. Tanto en el orden puramente humano y

social, como en el aspecto relígioso-eclesial, creo que tenemos muchas

posibilidades".

HABLA EL NUNCIO

Terminado el denso discurso del cardenal Tarancón, tomó la palabra el Nuncio

apostólico, Mons Dadaglio, quien comenzo recordando los nueve años en que viene

tomando parte en las asambleas del episcopado español «Creo que nuestra mirada

hacia atrás sólo puede ser de acción de gracias» —dijo—.

«Dentro de las imperfecciones de toda obra hecha por hombres, creo que podemos

asegurar que la Iglesia española ha cumplido su misión en estos años de

transición no sólo con dignidad sino con positivo acierto». Hizo referencia al

«delicado e importante «momento» que, en palabras recientes de! Papa a obispos

españoles, España atraviesa, exhortándoles a cumplir con mayor fidelidad que

nunca su función de pastores».

Las características de este pastoreo las centró el Nuncio en la «cordial y

fecunda independencia» con la clase política, la apertura y vigilancia ante la

comunidad, favoreciendo el afán renovador de los sacerdotes sin dejar de estar

alerta ante algunas doctrinas, comprendiendo a los intelectuales, pero señalando

y denunciando al mismo tiempo los posibles falsos maestros. Terminó Dadaglio su

discurso, muy vaticano uniéndose a la alegría ya expresada por el cardenal

Tarascón ante los nuevos obispos.

Tras estas palabras comenzaba una semana de estudio, que se promete intensa.

Pero este será ya tema de nuestra próxima crónica. Veamos ahora la agenda de la

Plenaria y los informes que tienen en sus manos los obispos.

LA APRETADA AGENDA

El viernes 19 don Elias Yanes. secretario de la Conferencia Episcopal Española,

nos había recibido a los periodistas para una rueda de prensa sobre ésta XXV

Asamblea Plenaria, que se promete rebosante de trabajo, pero no «trabajosa».

En primer término está el protagonista de la Asamblea: la Ratio Institutionis

Sacerdotalis. Detrás del sonoro nombre latino —la imaginación creativa de los

especialistas no ha conseguido aún una traducción aceptable— se oculta el mundo

de los seminarios, su futuro, sus planes de formación y estudios. El análisis de

este tema ocupará a los obispos hasta la primera sesión de la tarde de! martes.

Ese mismo día se pondrá sobre la mesa los Estatutos de la Conferencia Episcopal

para su renovación, después de un período de aprobación provisional, que termina

el mes de enero.

Las dos sesiones de la mañana del miércoles 24 estarán consagradas a cuestiones

de pastoral sanitaria. Por la tarde se reunirán las Comisiones episcopales. Y el

jueves se abrirá con temas de traducciones litúrgicas para entrar enseguida en

el análisis del documento de trabajo que la secretaría del Sínodo ha enviado a

todos los obispos del mundo, acompañado de un cuestionario que han de responder

antes del encuentro mundial de los obispos, que tendrá lugar hacia el otoño de

1977. El texto previo, sobre el que ya hablará con detalle V. N., parece ser muy

centrista en sus presupuestos, si bien es un material aún en barbecho.

Parece que el mismo jueves se ocuparán los obispos en el estudio de una síntesis

de los objetivos básicos de la Conferencia Episcopal en el ámbito de la

pastoral, trabajo que los objetivos básicos de la Conferencia Episcopal en el

ámbito de la pastoral, trabajo que se extenderá hasta el viernes. Tras la

revisión de rituales, la elección de representantes en el próximo sínodo y un

informe de la Universidad Pontificia de Salamanca, en la segunda sesión de la

mañana del viernes se hablará sobre el día de la diócesis misionera, poniendo el

acento en las relaciones de los misioneros de emigrantes con sus propios

obispos. Parte de la tarde del 26 está reservada a las votaciones y, el resto de

la jornada, a la renovación de los estatutos de Justicia y Paz y de cuestiones

relacionadas con el CIDSE, organismo para la promoción del desarrollo en los

países del Tercer Mundo. Como de costumbre, la Asamblea acabará el medio día del

sábado, con otros temas previstos e «imprevistos».

SEMINARIOS, UN ELABORADO ANTEPROYECTO

No es de extrañar que los seminarios preocupen intensamente a nuestro

Episcopado, conscientes de que el futuro de la Iglesia depende básicamente del

futuro del sacerdocio. Luis José Alonso dio cuenta en la citada rueda de prensa

de dos anteproyectos sobre la formación en seminarios mayores y menores, que ha

tenido un largo prólogo, desde el Vaticano II, el plan aprobado como experimento

por la Conferencia Episcopal en 1968, que posteriormente (junió 1974) encomendó

a la comisión correspondiente la revisión y reelaboración de la Ratio para

Seminarios Mayores de 1968 y la redacción de otra para los Menores.

¿Cómo ha realizado este encargo la comisión? Consultando a los obispos para que,

a su vez, consultaran a la base. Se elaboraron unos esquemas que fueron

presentados a la Asamblea Plenaria de di-

ciembre de 1975 y remitidos con posterioridad a las diócesis. A la luz de las

respuestas recibidas, la Comisión de Seminarios ha redactado los dos

anteproyectos, que fueron enviados los primeros días de octubre a obispos y

rectores de seminario para nueva revisión y consulta. Insisten los autores de

estos textos que no querían que fuera una obra de un equipo de técnicos, sinó la

manifestación unánime del sentir de 1a diócesis.

Los criterios que han presidido la elaboración de arabos anteproyectos se

reflejan en estas palabras del texto consagrado a Seminarios Mayores. «Desde la

promulgación del Decreto «Optaatum totius.», del Concilio Vaticano II, hasta el

presente, los planteamientos formativos de los futuros sacerdotes han sido

sometidos a una constante revisión en orden a la profunda revisión de los

mismos. Un plausible afán de fidelidad al impulso renovador conciliar y la

necesidad de proporcionar a los aspirantes al sacerdocio preparación adecuada a

las necesidades pastorales del momento son las razones que justifican, en última

instancia, las experiencias realizadas.

Estamos, por tanto, ante la urgencia de analizar con seriedad y valorar

prudentemente estas experiencias para acoger cuanto de bueno han proporcionado y

considerarlo, integrándola ya definitivamente en los planes de formación

sacerdotal.»

Subraya el documento en que la formación sacerdotal debe partir de bases sólidas

posconciliares y desglosa el planteamiento general en seis punios, que

resumiremos así: 1) Fidelidad al sentir de la Iglesia del Vaticano II y la

actualización posterior de la Santa Sede. 2) Decidida voluntad de enmarcar los

seminarios en la hora presente y con perspectivas Je futuro. 3) Sentar bases

sólidas teológicas y pedagógicas, con garantías de seriedad, superando

inmovilismos y arbitrariedades incontroladas. 4; Plantear el tema de la

formación sacerdotal con hondura teológica, amplitud de contenido, concretas

exigencias y talante de actualidad pastoral. 5) Planificación básicamente

unitaria que respalde y respete los necesarios pluralismos 6) Talante realista,

punitivo y ante la realidad actual y de cera al futuro. Son numerosos los hechos

que demuestran cómo empieza a superarse la crisis que han padecido los

seminarios.

Tras el estudio de estos anteproyectos, los obispos dispondrán de un espacio de

tiempo para enviar enmiendas a la comisión, después de! cual los prelados

voratán por escrito. Por fin, los documentos pasarán a la Congregación Vaticana

para la Educación Católica, con vistas a su aprobación definitiva.

SERÁN SENSIBILIZADOS CON DIAPOSITIVAS

De los demás temas destacamos las líneas fundamentales de acción pastoral,

proyecto presentado por el obispo secretario. Mons. Elias Yanes. que aborda el

tema de la educación del pueblo cristiano en la vida de fe. «Problema

fundamental —dice el texto— de la Iglesía en España es la educación en la fe de

la gran masa de los bautizados. Para ello es necesario una intensa labor de

catequización, no sólo a los grupos más o menos selectos y militantes, sino

respecto a aquellos que, de un modo o de otro, se sienten vinculados a la fe

cristiana. Pero no habría que entender esta educación en la fe sólo en el plano

de la instrucción doctrinal, sino también en el plano de la vida religiosa en

todas sus manifestaciones.»

El documento, tras abordar la presentación y difusión del mensaje cristiano y la

renovación tanto de la celebración litúrgica como de la vida de oración,

reflexiona sobre una serie de campos concretos de especial importancia pastoral,

desde la pastora! de familia a la responsabilidad de los seglares en la Iglesia

y en la sociedad.

Con un fotomontaje (diapositivas con banda sonora) y una serie de anuncios por

los pasillos de la casa de ejercicios del Pinar serán los obispos sensibilizados

ante otro problema que, por primera vez, va a enfrentar la Conferencia

Episcopal. Rudesindo Delgado, delegado del Secretariado Nacional de Pastoral

Sanitaria, nos expuso en la citada rueda de prensa las líneas fundamentales del

informe, que intenta responder a una urgente necesidad vivida por muchos grupos

cristianos que trabajan en este campo:

«¿Cómo hacer presente hoy en el mundo de la salud la Buena Noticia del Dios

Viviente y Liberador y de Cristo Resucitado?». Analiza el documento la evolución

hacia una mayor autonomía respecto a la Iglesia del mundo de la salud, pero

también el irrenunciable derecho que tiene ésta a estar presente y actuar en él,

no para ejercer su dominio, sino para prestar su servicio. Todo ello pide un

nuevo acercamiento a ese mundo para poder realizar su labor evangelizadora en él

de forma renovada y eficaz. En el informe se aborda la situación del enfermo en

sí misma, en el contexto sanitario español y en relación a la Iglesia española.

JUSTICIA Y PAZ: OBJETORES DE CONCIENCIA

Mucho se viene hablando Je la Comisión Nacional de Justicia y Paz y de la

revision de estatutos de parte de los obispos. Hay quienes hablan de que éstos

quieren ejercer un mayor control sobre la Comisión. aparte de las cuestiones que

plantea la nueva situación política del pais y de su actúa: presidente, Ruiz

Jiménez.

Por cierto que la Comisión ha enviado al presidente del Gobierno una solicitud

para que se elabore y promulgue un decreto-ley, dado el carácter de urgencia que

tiene el problema, en orden al reconocimiento de un «estatuto del objetor de

conciencia al servicio militar y la creación de un servicio civil, bajo la

denominación de «Voluntariado para el desarrollo», según las orientaciones y

bases contenidas en un proyecto que igualmente se remite al presidente. Entre

otro argumento a favor, se cita el ejemplo de los países democráticos de Europa

y sus servicios civiles. En un anejo de la documentación del proyecto se

incluyen diversas instituciones españolas que estarían dispuestas a recibir el

servido de objetóles desde Cáritas a Agermanament, con experiencia en el Tercer

Mundo, pasando por entidades de colaboración con el minusvalido y los

subnormales.

Como se ve, una temática pastoral compleja, con su trasfondo político, nuevo,

oxigenado, pero que pesará necesariamente en esta Plenaria, en vísperas ya del

referéndum y ante un futuro nada fácil, aunque esperanzador.

 

< Volver