Todas las opciones son respetables     
 
 Vida Nueva.    04/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

TODAS LAS OPCIONES SON RESPETABLES

«Todas las opciones, aunque diferentes y contrarias entre sí, merecen el respeto

del cuerpo electoral y contribuirán a la construcción de una convivencia libre y

justa». Así dice la medidísima nota fina de la 25 Asamblea Plenaria episcopal. Y

todas las opciones posibles ante el próximo referendum son: votar sí, votar no,

votar en blanco o abstenerse de votar. Cuatro opciones. Las cuatro dignas y

respetables siempre que sean producto de una reflexión personal y no cómodo

escapismo.

Para nadie es un secreto que el Gobierno quiere el sí. La propaganda oficial del

´voto, ´profusamente repartida por todo el ámbito nacional, incita a votar

aunque sea en blanco. La llamada Oposición, al menos en su mayoría más radical,

propugna la abstención porque entiende que no se dan las condiciones

democráticas pertinentes. Los elementos más a la derecha quieren el no, como lo

quisieron en las Cortes y es coherente con su mentalidad. ¿Quién desea el voto

en blanco? Acaso todos los que siguen sin aclararse politicamente y no acaban de

saber de qué va la cosa. Ahí están las cuatro actitudes.

¿Y qué dice la Iglesia? Pues la Iglesia, por voz de sus obispos reunidos durante

toda la semana en Madrid, dice que las cuatro opciones son respetables. Es

decir, moralmente válidas. ¿Es decir demasiado poco? Según como se mire. Porque

en un momento en que Gobierno y Oposición adoptan posturas muy distintas, entre

el sí y la abstención, y en el que hay quienes se atreverían a asegurar que una

participación activa, positiva, patriótica y ciudadana comportaría una presencia

en las urnas al menos con la papeleta en blanco... decir ahora, al menos

implícitamente, que la pura y simple abstención es igualmente «respetable» y

puede contribuir a la convivencia... es decir mucho. Evidentemente es dejar al

elector con su responsabilidad al aire, cosa a la que no estamos acostumbrados.

La gente siempre quiere que le guíen como se guía a los ciegos. ¿Ño es hora ya

de no potenciar cegueras sino de acudir a la responsabilización personal de los

ciudadanos? En este sentido y aparte compromisos de mayor fuste sociopolítico,

la toma de postura episcopal nos parece ejemplar. Porque no se reduce a eludir

el problema: de alguna manera toma postura por todo lo dicho anteriormente. No

consagra ninguna actitud, lo que equivale a consagrarlas todas, es decir, a

respetar las razones personales que inclinen a una u otra actitud. Y en estos

momentos es mucho.

Avisamos a lector que no estamos juzgando la nota episcopal en sí: únicamente

nos referimos al hecho concreto de lo dicho por los obispos acerca del

referendum.

Inevitablemente el posible elector medio con raíces eclesiales va a venir a

preguntar: ¿y yo qué hago? \Con lo fácil que sería votar o no votar, votar sí o

votar no, siguiendo las altas directrices de la Igesia\ Y es en éste punto

concreto donde nosotros manifestamos el gozo de comprobar que, ¡por finí la

Iglesia, la fe cristiana, no condiciona los comportamientos políticos de la

gente, a no ser en el terreno general de la conciencia moral, de la necesidad de

no eludir problemas, pero enfrentándose con ellos de forma personalizada y

libre. El Evangelio no entiende de colores políticos aunque sí entiende y mucho

de Política como esfuerzo de paz y convivencia.

Uno de los hallazgos más positivos y alentadores de la línea eclesial española

es, a nuestro juicio, el desclasamiento social y político de los creyentes.

Hasta no hace tanto tiempo y por sistema el llamado «bloque católico» militaba

en un grupo definido y todos sabernos las terribles consecuencias que ello ha

traído. La confesionalidad católica de muchos españoles no tiene por qué

convertirlos en grupo político ni siquiera social. La libertad de los hijos de

Dios es ingrediente básico del Evangelio. Y esperamos con ansia que llegue el

día (¿cercano?) en que, en este país de nuestros problemas, los católicos no

sean automáticamente etiquetados a no ser por su definicional respeto a la

libertad de todos y por su costante afán en pro de la paz y la justicia. Esa

sería la única etiqueta que desearíamos. De las demás ya estamos hartos.

Queda la parte más ardua, especialmente ardua ahora que proliferan por todas

partes siglas, nombres y soluciones. Desde luego habría que pedir «a quien

corresponda» una facilitación de las cosas, menos selva opcional entre la que

moverse. Pero ésa es otra cuestión que la Iglesia no tiene por qué solucionar ni

le corresponde. Informarse aquí y ahora de todo el tinglado político es tarea de

titanes. VIDA NUEVA hará lo que pueda para informar pero tampoco puede

proporcionar soluciones dadas.

La situación actual de España es un desafío y hay que afrontarlo con dignidad,

libertad y responsabilidad. Con respeto.

Todas las opciones son respetables menos la. frivolidad.

 

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