Orientaciones cristianas sobre participación política y social  :   
 Un importante documento de la Comisión Episcopal de Apostolado Social sobre los problemas de la España de hoy. 
 ABC.    14/07/1976.  Página: 25-28. Páginas: 4. Párrafos: 63. 

ABC. MIÉRCOLES 14 DE JULIO DE 1976 PAG. 25.

la Iglesia en el mundo de Hoy

ORIENTACIONES CRISTIANAS SOBRE en el mundo de hoy PARTICIPACIÓN POLITICA Y

SOCIAL

-Los cristianos tienen libertad para inscribirse en las corrientes que

consideren mejores, con tal de que no sean opuestas, ni en programas ni en

métodos, a los postulados evangélicos.

• Son los trabajadores menos cualificados los más castigados por el paro.

Un importante documento de la Comisión Episcopal de. Apostolado Social sobre

los problemas de la España de hoy

EL DOCUMENTO EN DIEZ PUNTOS

1- PARTICIPACIÓN. —EI. Poder político concentrado en pocas manos, sin control

público, abre el camino a posiciones totalitarias e induce a reacciones

violentas.

2- CONVIVENCIA.—Es necesario que el natural forcejeo dé los bloques políticos

discurra por cauces civilizados. la conciencia cristiana y la experiencia

histórica condenan a la par el recurso a la violencia.

3- DERECHO AL VOTO. — El ejercicio del derecho de votg puede-suponer un paso

decisivo en la búsqueda de fórmulas nuevas de convivencia política. Este

ejercicio no es posible más que en un clima de libertad y de respeto a las

posiciones contrapuestas.

4- LIBERTAD DE LOS CRISTIANOS.—Quienes profesan la fe cristiana han de excluir

el apoyo » programas que pretendan construir la sociedad sobre la violencia o el

odio, sobre la supresión de las libertades y los aeréenos humanos, sobre el

lucro como Ideal de vida,

5- REFORMA ECONÓMICA.—El proceso político quedará comprometido si no. lleva

aparejada una mutación profunda de determinadas estructuras socioeconómicas,

6- EL PARO.—Este problema alcanza hoy cotas que no se recordaban hace mucho

tiempo. Por ello el Estado habrá de considerar como un objetivo prioritario la

protección del derecho al trabajo.

7- EL DERECHO A LA HUELGA.—Es indispensable que la» disposiciones oficiales

ofrezcan cauces adecuados, para el ejercicio del derecho a la huelga laboral. La

huelga debe ser reglamentada, pero sin que una normativa angosta la convierta en

inoperante.

8- LIBERTAD SINDICAL. — La, libertad sindical exige la autonomía en su

organización, sin injerencia de elementos exteriores, sobre todo de] Estado. Si

se respeta auténticamente la libertad sindical, el que haya pluralidad o unidad

es facultativo de las asociaciones.

9- El EL SECTOR AGRARIO. —E« hoy el más desamparado entre los que sustentan la

economía y la vida del país. En España siena pendiente la reforma agraria, no

menos profunda en sus exigencias que la sindical o la fiscal.

10-PAPEL DE LA IGLESIA

Queremos que la Iglesia sea siempre ámbito de comunión en un» sociedad

pluralista y taz de verdad que ayude a los hombres a caminar libremente.

COMO un intento de ´«contribuir, desde la competencia -propia de ¡a Iglesia, a

una convivencia más libre y más ¡usía» se define a sí mismo el Importante

documenta episcopal que ayer presentó a los periodistas monseñor Ellas Yanes. El

documento ha sido elaborado por la Comisión Episcopal de Apostolado Social y e*

publica con autorización expresa de la Comisión Permanente del Episcopado, que

conoció su borrador y presentó sus observaciones. No se trata, pues, de un

documento solemne de la plenaría del episcopado y aparece firmado por sus

autores —ios obispos Díaz Merchán, Infantes Florido, Oses flamarique, Guix

Ferrares, Montero Moreno, y Seden Alberto—, pero tiene el carácter oficial de

una de las Concisiones de nuestro episcopado y la garantía, según pide el

reglamento para estos documentos importantes, de la Comisión Permanente.

•«Es —lo definió monseñor Yanes en su presentación— un documento sencillo^, sin

grandes pretensiones doctrinales, que se formula en un momento de evolución como

el nuestro, en el que los ciudadanos precisan de unas categorías básicas para

actuar.» . Con él los obispos han querido adelantar su orientación pastoral ante

problemas Inminentes para nuestra vida ciudadana y han querido hacerlo —dijo

monseñor Yanes—• «en un momento en que todavía no ha surgido en todo su ardor la

polémica que el tema entraña».

TEXTO INTEGRO DEL DOCUMENTO IMPORTANTE COYUNTURA HISTÓRICA

1. La etapa de transición política que vive actualmente nuestro país avanza

entre la esperanza de una sociedad más justa y más libre y el temor de perder

una oportunidad que puede ser histórica.

En septiembre de 1974 la Comisión Episcopal deJ Apostolado Social, por encargo

de la Permanente del Episcopado, hizo pública una nota doctrinal sobre las

«Actitudes cristianas ante la situación, económica» (I). El mismo espíritu

fraterno y la misma conciencia pastoral y el mismo encargo jerárquico (2)

Inspiran hoy las reflexiones que siguen, con las que der seamos contribuir,

desde la competencia propia de la Iglesia, a una convivencia más justa y más

libre de todos los pueblos, sectores, grupos • sociales y personas de: nuestro

país.

Afirma la carta pontificia «Octogessima adveniens» que «incumbe a las

comunidades cristianas analizar con objetividad la situación propia . de su

país, esclarecerla. mediante la luz de la palabra Inalterable del Evangelio,

deducir principios de reflexión, normas de juicio y directrices de acción, según

"las enseñanzas sociales de la Iglesia» (nútn. 4). Lo cual, por obra parte, no

es sino la traducción eficaz y concreta del precepto del amor fraterno en. las

circunstancias históricas de nuestro tiempo.

Entre los múltiples temas que ocupan la actualidad nacional, escogemos los- dos

que nos parecen más sustantivos y nucleares, el político y el social,

contemplados ambos desde el prisma de la participación, que consideramos

cardinal en «1 enfoque cristiano de la sociedad. No Intentamos un trabamiento

orgánico y exhaustivo de tos mismos, sino Iluminar algunos puntos que se debaten

en está hora.

I.—LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA

2. Una responsabilidad de todos.—La aspiración fundamental de participar

en las tareas políticas radica en .la exigencia de que sea el pueblo, la

comunidad organizada, la totalidad de los ciudadanos en I» múltiple diversidad

de sus situaciones económico-sociales, culturales y políticas, quien decida

sobre su propio destino y sobre las medidas a adoptar para conseguir las

metas.propuestas.

A. escala de individuos, no llega a lograrse en Plenitud la realización personal

asa on compromiso con las propias responsabilidadeo ea &. seno de la comunidad.

Cuando al ciudadano le faltan cauces para ejercitar esta dimensión social o.

•teniéndolos, no hace uso de ellos, se ya quedando progresivamente ilustrado o

disminuido.

Por otra parte, sólo una participación colectiva en el control de la gestión

publica —con garantías legales y seguridaa eficaz contra reacciones o amenazas

de quienes no comparten las mismas posiciones políticas— puede alejar los

riesgos del crecimiento Ilimitado de un poder estatal que amenaza en el mundo de

hoy ía libertad de la .sociedad y de los eluda* danos.

El poder político concentrado en pocas manos y-sin un adecuado, control publico

abre el camino &´posiciones totalitarias en las que no es posible el juego & la.

dinámica social, e induce a reacclónai violentas, incompatibles con la paz y con

la seguridad pública.

3. Peligros de la apatía.—En la España dé hoy la participación en la vida

política y en las decisiones públicas es una aspiración vivamente sentida por

amplio» sectores de la población. Responde a imperativos fundamentales de la

convivencia cívica y es condición necesaria vara el logro de una paz duradera.

Por el contrario, otros ciudadanos dimiten sus responsabilidades colectivas y

caen en la apatía política, facilitando con ello el acceso al ejercicio del

.poder «grupos minoritarios, con intenses o programa* contrarios, muchas veces,

al bien común.

De ahí la -recomendación conciliar oA «prestar gran atención a la educación

cívica y política, que hoy día es particularmente necesaria para el pueblo y,

«obra todo, para la juventud, a fin d« aue todo* los ciudadanos puedan cumplir

su misión en la vida de la comunidad política» (3).

4. Respeto a las reglas del juego.-

Pero no seríamos leaJes al afirmar el derecho y la obligación de participar en

la vida pública sí, al mismo tiempo, no estuviéramos dispuesto a ticeptar las

consecuencias derivadas de una actividad libre en este campo. La participación

trae ce consecuencia inevitable la expresión la diversidad de posiciones,

intereses obJetivos, programas, ideologías y pnecei« políticos, que concurren en

el seno >fe colectividad ´ciudadana.

Todo ello da origen a tensiones y conflictos que la sociedad ha de saber

desatar, so pena de ahogar la libertad proclamada; tensiones y conflictos que,

a. so. vea. tienen, que mantenerse dentro de una Fe-

glas de Juego, objetivas y validáis para todos, a fin de que él derecho-

ejercido por unos no impida el ejercicio del mismo derecho por los demás.

Hay que Insistir hasta la saciedad en que el natural forcejeo de los bloques

politicos discurra por cauces civilizadas. Entre nosotros, la conciencia

cristiana y la experiencia histórica condenan a la par, desde lo mas hondo del

alma del pueblo, el recurso a la violencia. La cual no sólo •e expresa en el

derramamiento de sangre y en las amenazas personales, sino también en la

agresividad verbal, en la intolerancia sistemática, en la no aceptación del

adversarlo político como ciudadanos.

Quizá la. originalidad más Interesante de la etapa nacional que estamos

iniciando habría de cifrarse, tanto como en loa proyectos políticos y sociales,

en un nuevo Salante de convivencia y generosidad, asumido por todos los

españoles.

5. Clarificación de programas.—Elejercicio de la libertad en las tareas

políticas Bo debe conducir, sin embargo, a su. propia destrucción. Todos los

ciudadanos tienen derecho a la clarificación de los objetivos reales perseguidos

por las fuerzas operantes, en el ámbito .político para poder tomar sus

decisiones con plena responsabilidad. No son suficientes en este campo las´

buenas palabras ni las prometas halagüeñas, es • necesario que los diversos

proyectos político» garanticen las condiciones objetivas sobre las cuales

quieren fundamentar ana sociedad futura, libre, justa, participativa.

Para que un programa de Gobierna o de Partido pueda ser valorado en todas sus

plicaciones está obligado a esclarecer al máximo _ tanto sus fórmulas de

participación política, económica y social cuanta sus posiciones en el plano de

la educación, de la información, de la familia, de la religión y de los valores

superiores del hombre. No pertenece ni al Estado ni a los partidos políticos que

´se cerraran sobre si mismos el tratar de imponer una ideología con medio» que

desembocaran en la dictadura de los espíritus, la peor de todas.» (4.).

6 La consulta al pueb1o.—Entre las diversas formas de participación de la

comunidad política y de los ciudadanos en ta gestión de la vida pública tiene

Importancia peculiar el ejercicio del derecho del voto.

Este tema presenta especial Interés entre nosotros en el momento actual, ´dado

«pie su ejercicio, en diversas, formas, está previsto para un futuro próximo.

En el contexto- político actual, el´ejerclclo fiel derecho del voto ha de

constituir, sea cual fuere el modo de realizarse- y los resultados que se sigan,

un acontecimiento que fije hitos importantes en la marcha del país y en la

evolución de su proceso político. Puede suponer un decisivo- paso hacia adelante

en la búsaueda de fórmulas nuevas de convivencia política; podría dar también,

origen a lamentables frustraciones con consecuencias difíciles de medir.

La gravedad del hecho de votar o no votar, de votar de una a otra manera exige

en su planteamiento, por el poder público, Una gran dosis de Habilidad y de

credibilidad. A la autoridad corresponde plantear el ejercicio del voto ron las

garantías necesarias para que la conciencia de los ciudadanos se sientarealmente

comprometida.

Ante todo, el voto ha de recaer sobre problemas que realmente interesen a. la

comunidad en. orden a orientar y consolidar el futuro político del país. El

desplazamiento de los centros de interés hacia objetivos, que no respondan a la

voluntad de la comunidad política desvirtuaría la razón de ser del froto y haría

menos consistente la respon-sabilidad ética Inherente al ejercida del mismo.

Es claro que todo ello no es" posible más míe ert un clima de libertad, de

confrontaban honesta y de respeta a las posiciones contrapuestas, tanto por

parte de loa ciudadanos y de lo» diversos grupo» políticos como por parte de la

misma autoridad pública.

Solamente una respuesta libremente dada puede ofrecer las garantías suficientes

para afirmar que la comunidad política ha querido comprometerse con el resultado

de sus decisiones.

7. El ejercicio del voto.—Los ciudadanos convocados a emitir su voto han de

medir en conciencia su grave responsabilidad social. Se encuentran ante un acto

consciente y maduro que requiere información y discernimiento sobre programas,

métodos y personas, con referencia al bien de la comunidad, razón suprema de loa

comicios.

La madurez en la emisión del voto acredita la calidad cívica de un electorado,

en tanto que el apasionamiento, el gregarismo o la contradicción con las

propias, creencias desvirtúan la actuación de los electores, con daño personal y

social.

EL ejercicio del voto no es separable del cuadro de valores y convicciones que

definen a una persona. Quienes profesan la fe cristiana y quieren conducirse

como miembros de la Iglesia han excluido el apoyo a programas o grupos que

pretenden construir la saciedad sobre la violencia y el odio, sobre la supresión

de´las libertades y de los. derechos humanos, sobre la eficacia como ley

suprema, sobre eT lucro como ideal de vida.

No -siempre es fácil el discernimiento exacto de un proyecto político ni aislar

dentro del mismo sus valores y contravalores, por lo que la prudencia habrá-de

regir en cada casa la. última decisión al respecto. Siendo verdad que

tal´decisión corresponde; a la. conciencia personal;-´no es menos cierto que

para el creyente el juicio de su conciencia no es separable de la lógica de la

fe ni del magisterio de la Iglesia. Creemos, oportuno recordar aquí lo afirmado

por la Conferencia Episcopal Española en diciembre de 1975: «Los cristianos

tienen libertad para escoger las fórmulas o inscribirse en las corrientes que

consideren más idóneas para el logro eficaz de los valores- que promueven, con

tal de que no sean opuestas, ni en programas ni en métodos1, a los postulados

evangélicos.» (.5).

8. Partidos y bien común. — Una Vez expresadas en comicios legítimos las

posiciones políticas, de la sociedad, la mayoría que obtiene el Poder no puede

olvidar los derechos inherentes a las personas, grupos, culturas y pueblos

minoritarios, incapaces de afirmar sus derechos por la mera fuerza del númerot.

La solución honesta de estos problemas, contribuirá a cerrar el paso o, al

menos, a descalificar las reacciones violentas de cualquier grupo.

En todo caso, todos los sectores o partidas políticos, si no quieren traicionar

su propia razón, de ser y los motivos que justifican, su existencia, habrán de

buscar el bien común de la colectividad política.. Ni siquiera el inismo

carácter conflictivo que con frecuencia revisten las relaciones sociales puede

justificar que en el ejercicio del poder político los grupos o partidos dejen de

lado los. intereses comunes en- aras de los propios.

Este salto difíeir de) bien particular al bien común será el precio que ha de

pagar la libertad reconocida a los grupos y partidos si no quiere convertir a la

sociedad1 en campo de-batalla política de intereses particulares y egoístas.

ll.-LA PARTICIPACIÓN SOCIAL

UNA FUERTE PRESIÓN INFLACIONISTA, CON DURAS REPERCUSIONES SOCIALES

9.—Las horas decisivas de cambio político que vive nuestro país han venido a

coincidir con una larga y profunda crisis económica, de radio supranacional,

agravada entre nosotros por una fuerte presión, inflácionista» con duras

repercusiones sociales. Desde hace más de dos años, y con efectos crecientes,

esta crisis pone-a prueba nuestra temple humano, nuestra, solidaridad fraterna y

nuestra capacidad creadora (6>.

El plano político y el social se Interfieren y reclaman mutuamente. España no

debería olvidar. los errores de etapas pasadas en las que las simples soluciones

políticas, sin sustituir estructuras; sociales injustas, terminaron por agravar

a la larga los males endémicos de la sociedad´. Y e» claro a todas luces que el

decesivo proceso? político que aborda en estos momentos nuestro país quedará

cuestionado y comprometida si no lleva-aparejada la mutación profunda de

.determinadas estructuras socioeconómicas.

•En campo tan vasto seleccionamos cuatro puntos qué se> Imponen a la atención de

todos: el paro obrero, la confllctivldad laboral, la reforma sindical y la

situación agraria.

A. EL PARO FORZOSO

10. La dimensión del problema.—Destaja por su gravedad social el aumento del

paro forzoso hasta cotas que no se recordaban desde hace mucho tiempo. Las

cifras del Instituto de Estadística, consideradas a veces coma inferiores al

desempleo, real por otros organismos oficiales, nos hablan de 714.890 personas,

un 5,25 por 100 le la población activa en situación de paro Jurante el primer

trimestre del año en cursor Se trata de un. cómputo medio, pues la proporción de

parados en. determinadas regiones en mucha más alarmante (7).

Indudablemente son los trabajadores menos cualificados los´ más castigados por

el paro, tanto por ser los numéricamente más afectados, cuanto por su falta de

recursos vara defenderse de. tal situación.. Particularmente penosa es la de los

emigrantes que han? perdido lejos de su país, el puesto de trabajo que tantos

sacrificios les costó alcanzar. Y otra novedad, con respecto a situaciones

anteriores, vi en» dada por el hecho de que se ven seriamente amenazados por el

paro forzoso grupos y profesiones que anteriormente no corrían tales riesgos:

intelectuales, profesores, técnicos, etcétera.

Aparte las dificultades de orden material que provoca e) desempleo, que se

traducen en situaciones de verdadera angustia, todos los paradas experimentan

las consecuencias psicológicas de su inactividad forzosa, al sentirse frustrados

e inútiles, carentes de un medio indispensable; para sn realización personal.

Coma han dicha recientemente los obispos del sur de España, el paro lleva

consigo una tragedia personal, familiar, social, espiritual y moral (8).

Frente a tan dura realidad constituye un contraste deloroso y escandaloso el

tono de vida fácil y de provocador derroche en que se sitúan alegremente tantas

otras personas. ¿Cómo no sentir sacudida la conciencia creyente y la solidaridad

fraterna ante tan triste situación?

11. Remediar causas y efectos.—AI Estado corresponde, en primer término-, la

adopción de medidas eficaces; par a ello habrá, de considerar coma un objetiva

prioritaria la protección del derecha al trabaja, taja íntimamente unido al

derecha a la vida. Otros programas, por legítimos que sean, habrán de posponerse

a esta urgencia inaplazable.

Para hacer frente a estas responsabilidades na puede Quedarse sola la

Administración-estatal Tiene el derecho y el deber de recabar colaboraciones

financieras, técnicas y asesoras del cuerpo social, sometiendo a control sus

propias decisiones y la ejecución de las mismas. En suma, la superación del paro

ha de constituir un empeño auténticamente comunitario.

Cierto que el problema del paro no es exclusivo de nuestro sistema y que

presenta aspectos tan complejos, a nivel nacional e Internacional, que cualquier

simplismo o demagogia deben ser desautorizados. Pero sí es verdad que el amor

fraterno debe Impulsarnos también a atacar las raíces de los. problemas y no

sólo sus efectos. Es hora de plantearse seriamente una acción de reforma en

profundidad de la que nadie debe ser excluido.

Todos sabemos las dificultades experimentadas por numerosas empresas en "este

tiempo de crisis: comprendemos las agobiantes responsabilidades del ejercicio de

la actividad empresarial. Los empresarios, por su parte, no pueden olvidar que

su actividad económica está sometida al bien de toda la comunidad y que el

servicio, a los hombres pasa por encima de la rentabilidad económica, sin que

necesariamente tenga que oponerse.

B. LA CONFLICTIVIDAD LABORAL

12: Toma de conciencia obrera.—El´ índice de conflictos laborales se ha elevado

considerablemente a partir de la crisis económica y de los nuevos supuestos de

la situación política.

-Sobre esta situación de fondo inciden los grupos políticos y las distintas

ideologías, que tienden a crear conciencia aguda de la situación y suscitan en

los trabajadores tina actitud global en favor de reivindicaciones más amolias

qne las demandas laborales inmediatas.

La dinámica de los conflictos y la agudización de las situaciones Tan provocando

en los trabajadores una toma de conciencia respecto del sistema económico y del

régimen político. Lo que comenzó por reivindicaciones salariales acaba en

peticiones de intervención en "la gestión de las empresas o en objetivos de

trascendencia política.

No es de extrañar la aparición de objetivos políticos en los conflictos -

laborales. Algunos de ellos coinciden con las´ aspiraciones a las que es

sensible el conjunto de 1a´población; otros se consideran .necesarios en la

medida en que el régimen político aparece como el apoyo más sólido de un sistema

económico en el que los trabajadores sé sienten marginados.

13. Legalización de la huelga.—La doctrina conciliar´sobre la justificación

moral de la huelga se expresa en este texto de la Constitución Iglesia-Mundo:

«En caso de conflictos económico-sociales hay que esforzarse por encontrarles

soluciones pacíficas. Aunque se ha de recurrir siempre, primero, a un sincero

diálogo entre las partes, sin embargo, en la situación presente, la huelga puede

seguir siendo medio necesario, aunque extremo, para la defensa de los derechos y

el logro de las aspiraciones justas de los trabajadores. Búsquense, con todo,

cuánto antes, caminos para negociar y para reanudar el diálogo conciliatorio.»

(GS 68, párrafo 3.´).

Ante esta realidad, hemos de recordar ante todo aue, si queremos de verdad

caminar hacia una sociedad más justa, es Indispensable que las disposiciones

legales afrezcah cauces adecuados para el ejercicio del derecho a la huelga

laboral. Este derecho debe ser claramente. reconocido y plasmado en

disposiciones legales que aseguren su efectividad, sin temor a represalias y

sanciones. Como recurso a la fuerza que es, y en atención a sus repercusiones

sociales, la huelga debe ser reglamentada, pero sin aue una normativa angosta-la

convierta en inoperante.

La distinción entre huelgas simplemente laborales y huelgas políticas tiene

algún sentido, pero no revela exactamente el cuadro de las huelgas que se

producen en la actualidad.,

14.. Huelgas con implicación política-.

La actividad económica 7 loa programas sociales no discurren al margen de las

decisiones de la autoridad pública: los Estados intervienen en el proceso

económico a través de medidas que van configurando una determinada política

social, con la que los trabajadores pueden estar en desacuerdo En tales casos,

sus reivindicaciones adquieren un cierto carácter poli-tico, que no debe

Interpretarse, sin más, como razón suficiente para situar fuera de la ley la

Huelga así originada.

Negar, sin más, la legitimidad de una huelga por su implicación política, podría

significar la simple negación de la legitimidad de la huelga. –

Con todo, es necesario recordar que el recurso - a la huelga no debe ser

Instrumento normal para. el logro de objetivos políticos claramente

extralaborales. La expresión de la voluntad popular mediante

cauces políticos Idóneos ha de ser el camino natural por el que los ciudadano!

configuren un orden "económico - social, donde puedan desarrollar su actividad

laboral y conseguir los objetivos totales do la vida en sociedad.

15. El recurso a la fuerza.—Consideramos un deber advertir a todos sobre los

peligros inherentes a la utilización de la fuerza como supremo arbitro de los

conflictos. La ejercen los empresarios cuando, prevaliéndose de su

situación, imponen condiciones opuestas a la justicia « despiden a los

trabajadores que más so. han distinguido en la lucha por reclamaciones

justas.

También los trabajadores sucumben a la misma tentación cuando, cediendo a

determinadas, presiones, formulan peticiones que ningún sistema económico podría

satisfacer en las condiciones presentes.

Es cierto, por último, que nadie tiene derecho a eludir sus deberes de:

solidaridad en el esfuerzo común por el logro do unas aspiraciones justas o de

unas reivindicaciones racionales: pero hay que mantener también a toda costa, a

propósito de la coacción impuesta por los llamados «piquetes de huelga», la

libertad de loa trabajadores, y de los diversos grupos sindicales para decidirse

en cuestiones discutibles, en cuya solución cabe emplear medios diversos y hasta

contrapuestos.

C. EL NUEVO ORDENAMIENTO SINDICAL

16. Una reforma urgente.—Escogemos el capitulo sindical porque su nuevo

ordenamiento legislativo figura en´programa a corto plazo y por la

trascendencia auo tiene:en la determinación de las condiciones laborales y en

toda la vida económica, dentro de un sistema socioeconómico de signo capitalista

como es el nuestro.

- En repetidas ocasiones del pasado, las enseñanzas d´el Episcopado español, en

magisterio aislado o colectivo (9), mostraron las dificultades que presentaba

nuestro sistema sindical para encajar en las enseñanzas sociales de la Iglesia,

por razón de su unicidad forzada, su limitada representatividad. su vinculación

al Estado, su verticalidad poco eficaz para loa trabajadores. Lamentábamos, en

sumat. que no fueran éstos quienes se dieran a sí mismos sus propias

asociaciones y ejercieran plenamente en ellas la plenitud do sus derechos,

siempre dentro de un marco legal.

17. Sindicalismo y libertad—Si algún punto ha sido expresado con claridad

es el de la libertad sindical; ésta es una do las enseñanzas fundamentales en

materia sindical, aplicación concreta de una doctrina más general, el derecho y

el deber de asociación. Derecho y deber, porquo sin la participación en

grupos o asociaciones, a su vez libres, el hombre no puede defender su dignidad

y libertad.

La libertad sindical exige como mínimo esencial la autonomía en su organización:

atenta a la auténtica libertad sindical la injerencia en el sindicato do todo

elemento exterior, sobre todo del Estado. Autonomía que, en manera alguna,

excluye el sometimiento de los sindicato» a los Imperativos de la convivencia,

como en el cliso de cualquier otra organización,

La libertad sindical queda mermada, 7 a veces manipulada, como demuestra la

experiencia,- cuando condicionan su astuaclón intereses políticos e ideológicos

extraprofesionales o cuando se convierto la solidaridad de un sector social en

insolidaridad sistemática e implacable ´contra los otros, impidiendo la

convivencia social, con daños que revierten sobre los propios trabajadores. Un

instrumento reivindicativo, como es el sindicato, no puede por menos de ser

firme 7 conquistar con esfuerzo nuevas cotas para el mundo del trabajo, pero

sabiéndose parte de una comunidad social a la que todos pertenecen.

18. Sindicalismo y unidad.—Defender 1» unidad o pluralidad sindical

¡puede hacerse desde distintos presupuestos, pero no basándose en la doctrina

social de la Metía.

Si se respeta auténticamente la libertad sindical, el aue baya unidad o

pluralidad es facultativo de las asociaciones.

La unidad favorece la eficacia, por eso rana aceptación la tendencia a la libre

unión de los sindicatos; pero una unidad Impuesta por un grupo o por el Estado

niega el derecho fundamental de libertad. Unidad impuesta y libertad son

contradictorias: pero la unidad libre puede ser coherente con el principio de

libertad.

• Es necesario recordar que el recurso a la huelga no debe ser

instrumento normal para el logro de objetivos políticos.

• Es obligado dedicar todos los recursos posibles para dotar a las poblaciones

rurales de los servicios

D. LA SITUACIÓN AGRARIA

19. Un sector vital y marginado.-—Las •roces escuchadas en un reciente

congreso nacional de los hombres del campo y la persuasión común de todos

nuestros conciudadanos dan por sabido que el sector agrario es el más

desamparado entre los que sustentan la economía y la vida oel país. El tema

merece para nosotros un tratamiento a fondo, que esperamos darte en su día,

limitándonos hoy a recordar su existencia y su gravedad.

No es consuelo ni solución el que este dato se registre también en otras

naciones. Muy por el contrarió, la escasez de productos, alimenticios es una

amenaza para el planeta y demanda en todas partes soluciones enérgicas de los

Gobiernos y de las Puerzas Sociales. Parece como-sl nos diésemos cuenta, de

pronto, de algo tan elemental como que la subsistencia física del hombre-y de:,-

la especie se apoya en los productos agrícolas y ganaderos. Se Impone en todas

partes, después de una arrolladora tecnlflcaclón industrial, algo así como •una

vuelta a la madre tierra, con la que no.es posible romper el cordón umbilical.

No abogamos, como es lógico, por una regresión nostálgica e Imposible a las

culturas rurales, sino por un tratamiento moderno del sector agrario, tanto por

justicia distributiva como por Instinto de supervivencia.

A los quince años de la encíclica Mater et magistra» conservan plena actualidad

las palabras de Juan XXIII: «Ante un problema de tanta importancia, que afecta a

casi todos los países, es necesario Investigar primeramente los procedimientos

mas Idóneos para reducir las enormes diferencias que en materia de productividad

se registran entre el sector agrícola y los sectores de la industria y de los

servicios; hay que buscar, en segundó término, los medios más adecuados para que

el nivel de vida de la población agrícola se distancie lo menos posible del

nivel de vida de los ciudadanos Que obtienen sus ingresos trabajando en los

otros sectores aludidos; hay que realizar, por último,- los esfuerzos

indispensables pala que los agricultores no padezcan un complejo de inferioridad

frente a los demás grupos sociales; antes, por el contrario, vivan persuadidos

de que también dentro del ambiente rural pueden no solamente consolidar su

propia personalidad mediante el trabajo del campo, sino,-ademán, mirar

tranquilamente el porvenir.» (10)

20. La reforma siempre aplazada.—Remitiéndonos a la apreciación común, en

España sigue pendiente la reforma agraria, lio menos profunda en sus exigencias,

que la sindical o la fiscal. Ello afectarla a las estructuras de la propiedad,

tan marcadas todavía en algunas regiones por la posesión latifundista de escasas

personas, frente a la generalidad de la población sin más riqueza que los

propios brazos. De estas familias campesinas y trabajadoras, que constituyen la

raíz y como la substancia de nuestro ser histórico, se han nutrido, por millones

de personas, las corrientes migratorias hacia suburbios urbanos y países

extranjeros.

Sin desconocer que todo desarrollo económico —o, al menos, todo progreso

Industrial— parece llevar consigo un trasvase de población de la agricultura a

la Industria y a los servicios, del campo a la ciudad en definitiva, nos

preguntamos, no obstante: ¿Podemos dejar que operen ciegas estas leyes

sociológicas, cuando acarrean tantos sufrimientos humanos y arrasan en su curso

tantos valores? "¿Está tan demostrado que una acción política preferencia!, o al

menos equitativa, hacia el sector agrario es menos rentable, en un sentido

profundo, para la comunidad nacional?

Como pastores de la Iglesia, no nos compete precisar lo que es una política de

Inversiones, desordenación de la propiedad, de Industrialización agraria, de

comercialización de productos, de contención poblacional, de Igualdad de

oportunidades para todos los ciudadanos. Pero permítasenos Insistir, antes de

cerrar esta exhortación, más que en los medios, en los fines: en los factores

humanos y valores humanísticos que aquí se ventilan.

Por un Imperativo de estricta justicia, porque el desarollo industrial ha sido

sufragado en parte con divisas de emigrantes o de exportaciones agrícolas, los

poderes públicos, la Banca y el sector empresarial deben apoyar, sin demora y

con mayor decisión que hasta el presente, al sector agrario.

Entretanto, es obligado dedicar todos los recursos posibles para dotar a las

poblaciones rurales de los servicios sanitarios, educativos, culturales y

religiosos, accesibles hoy a otros sectores ciudadanos.

A todos nos Incumbe el deber de devolver la esperanza e Incorporar plenamente a

la comunidad nacional a los-hombres del campo. El patrimonio de virtudes y de

valores que ellos representan pertenece al activo de nuestro país y puede

empobrecernos mucho su liquidación alocada.

Subrayemos, por último, que la atención estatal o empresarial a un sector

determinado no puede revestir, en una sociedad democrática, tintes paternalistas

o verticales. La promoción Integral del mundo agrario debe ser protagonizada por

los propios campesinos y agricultores, a los que, desde fuera, deben quitárseles

Impedimentos y facilitárseles subsidios para que se Incorporen activamente al

desarrollo de la comunidad.

lll.-CONSLDERACION. FINAL: EL SERVICIO A LA COMUNIDAD

TODOS ESTAMOS COMPROMETIDOS EN ESTA EMPRESA COLECTIVA

21. Construir juntos el futuro.—Deseamos cerrar estas-reflexiones con unas

palabras de estímulo, que brotan de nuestra esperanza cristiana y se fundan

también en la confianza que nos merecen los hombres y mujeres de nuestro pueblo,

llamados, en una hora decisiva,- a construir´ solidariamente su propio futuro.

Todos a nivel de ciudadanos, muchos por imperativos profesionales —educado res,

economistas, empresarios— y unos pocos por su vocación pública, en el ámbito

político o en el sindical, estamos comprometidos de uno u otro modo en esa

empresa colectiva. Los pastores de la Iglesia, obispos y sacerdotes, no

desconocemos nuestras responsabilidades al respecto, llamados a inspirar la

convivencia colectiva con el fermento evangélico de la caridad y de la Justicia.

Queremos que la Iglesia sea siempre ámbito de comunión en una sociedad

pluralista y luz de verdad que ayude a los hombres a caminar libremente.

22, La vocación política.—Y terminamos con estas palabras

conciliares: «La

Iglesia alaba y estima la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran

al bien de la cosa pública y aceptan las cargas de este oficio. Quienes son o

pueden llegar a ser capaces de ejercer ese arte tan difícil y tan noble que es

la política prepárense para ella y procuren ejercitarla con olvido del propio

bíteres y de toda ganancia venal. Luchen con integridad moral y con prudencia

contra la injusticia y la opresión, contra la intolerancia y el absolutismo de

un solo hombre o de un solo partido político; conságrense con sinceridad y

rectitud, más aún, con caridad y fortaleza política, al servicio de todos.»

(11). Madrid, 9 de julio de 1976.

NOTAS

(1) «Eclesia», num. 1.709, de 20-IX-1974; pajina 20.

(2) La Comisión Permanente del Episcopado Español, en su reunión

del 18 de mayo de 1976, conoció las lineas genéreles y autorizó la

publicación de este documento.

(3) GS, 74

(4) O. A., 25.

(5) Comunicado de la XXIII Asamblea Plenarla. Ecclesia», num. 1.771, de

27-XII-1975.

(6) Víase nuestra Declaración Actitudes cristianas ante la actual situación

económica», toe. dt.

(7) En Andalucía, Cádiz ocupa el primer lugar con un 15,88 por 100;

Málaga, con 13,88; Sevilla, con 13,44; Córdoba, Huelva y Granada con

porcentajes respectivos del 12,26, 12,15 y 11,93.

(8) Nota pastoral de los obispos del Sur d« España sobre el

paro obrero de la Región. • Separata del Boletín del Arzobispado de Sevilla,

mayo de 1976.

(9) Principios cristianos relativos al Sindicalismo. Documento de la Vil

Asamblea de la Conferencia Episcopal Española. EccIesia», 3 de agosto d« 1968.

Cuando se hizo publico el proyecto de Ley Sindical, convertido en ley sin

modificaciones fundamentales nuestra Comisión Episcopal de Apostolado Social

dederó en Dota pública que el proyecto «no recogía satisfactoriamente los

principios ´y criterios d« Ip doctrina social de te Iglesia sobre libertad,

autonomia y represenratividad sindical».

(10) MM, 125. (U) GS, 73.

 

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