Autor: González de Cardenal, Olegario. 
   Réquiem por una escuela libre     
 
 El País.    11/05/1978.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

EL PAÍS, jueves 11 de mayo de 1978

OPINIÓN

TRIBUNA LIBRE

Réquiem por una escuela libre

OLEGARIO GONZÁLEZ DE CARDEDAL

Teólogo

Catedrático de la Universidad Pontificia de Salamanca

1. A estas alturas está ya claro que la urgencia y la dureza de la polémica

sobre la reforma del sistema educativo tiene un origen y unos objetivos

políticos. Los partidos revolucionarios han visto en la escuela, en la

Universidad y en los colegios universitarios un instrumento de primera

importancia para allanar el camino hacia el socialismo. Los partidos

conservadores o reformistas no han sabido encuadrar el tema de la enseñanza en

un contexto político global.

2. Mientras que aquéllos lo plantean como un tema de carácter social, ético y

pedagógico, éstos en cambio sólo como un simple problema de derechos de las

familias. Para aquéllos es el instrumento real de la reforma que opera la

redistribución de la riqueza e induce la justicia e igualdad entre las diversas

capas sociales, mediante el igual acceso de todos al saber y al poder. El

planteamiento de éstos, en cambio, carece de fuerza y de aliciente para quienes

vivan hoy a fondo las pasiones sociales de la real justicia y de igualdad

histórica. El partido de UCD en el debate representa los derechos, las opciones

y demandas, es decir, los intereses de los padres. El partido del PSOE se ha

hecho portador de los intereses de los enseñantes y de los desheredados de la

cultura.

3. Por eso el tema de la enseñanza ocupa el primer lugar en los objetivos del

PSOE y casi el último lugar entre los objetivos de UCD. Para aquéllos es un lema

esencial: «Para llevar a cabo la revolución o se conquista el palacio de

invierno, o se conquista la escuela» (F. Moran ante las elecciones de junio y J.

Solana en los debates sobre la televisión citando a Mitterrand.

Consiguientemente se está anticipando la batalla para establecer unas

situaciones tales que, cuando llegue el problema al Parlamento, esté decidido ya

de antemano. Esa es la profunda significación de los hechos y huelgas de las

últimas semanas: decidir de forma preparlamentaria y extraparlamentaria el

problema de la enseñanza.

4. Esto acontece por doble vía: creando un clima progresivamente creciente

contra las instituciones y escuelas privadas, como si fueran mera expresión de

los intereses de las clases dominantes; y, sobre todo, poniendo en juego los

intereses de clase en los docentes. Más allá de las propias ideas políticas,

estos docentes se dejan guiar por esos partidos para llevar adelante sus

legítimas reivindicaciones; y los partidos orquestan los intereses de esos

grupos, ya que es otra forma más de ganar una batalla política contra el

Gobierno actual y, sobre todo, ganar a largo plazo la batalla contra la

enseñanza libre.

5. De hecho, esa cuestión está ya moralmente decidida: las instituciones

privadas están sometidas a presiones económicas y reivindicaciones laborales de

tal naturaleza que para la mayoría —pienso sobre todo en las pertenecientes a la

Iglesia— se plantea el problema de un cierre para el próximo curso.

6. Ese cierre es el indirectamente intentado por ciertas centrales sindicales.

Cierre o entrega al Estado.

Tal medida es apoyada implícitamente por los enseñantes de la enseñanza privada

porque de esta forma logran dos cosas: pasar a ser equiparados en categoría

pública y en honorarios a los funcionarios de las instituciones del Estado. Es

decir, se saltan las oposiciones y se nivelan en sueldos: porque es evidente que

en la actual situación esos docentes permanecerían en las instituciones y serían

inamovibles, aun cuando pasaran a manos del Estado.

7. El problema de la escuela libre o instituciones privadas de enseñanza está

también indirectamente resuelto en una línea ya desde otra perspectiva: el

método de la autogestión, que se ha establecido como condición indispensable

para que el Estado financie las instituciones no estatales. Esto equivale a

decir que ninguna institución puede tener unos principios a la luz de los cuales

se identifica y orienta, que no puedan ser revisados y cambiados por la

comunidad educativa, formada por todos sus miembros y con capacidad para decidir

sobre todo lo que afecta al centro. Por lo cual ninguna institución privada se

arriesgará a tomar la iniciativa de crear un centro, ya que no tiene ninguna

garantía de perduración.

8. A su vez, las instituciones de la Iglesia quedan puestas ante el siguiente

reto: o aceptar ser instituciones de pago y por ello reservadas a las clases

altas, o cerrar. La primera hipótesis es históricamente inviable: significa una

in-dignificación pública y choca contra la sensibilidad de todos sus miembros,

especialmente de los más jóvenes, que, con razón, están muy sensibilizados ante

los temas de la justicia.

9. El Gobierno no parece estar en condiciones de defender hasta el fondo el

pluralismo de enseñanza. El temor de ser acusados de «clericales» o de favorecer

a la Iglesia los acompleja. Eso se ha manifestado en dos hechos en parte ya

consumados: la eliminación implícita de la universidad de la Iglesia con que el

Ministerio de Educación cuenta, al no proveer ninguna financiación, y la

intentada eliminación de becas para centros teológicos extranjeros de tanto

prestigio como el Colegio Español de Munich, el Colegio Español de Roma y la

Escuela Bíblica y Arqueológica de Jerusalén.

10. El problema de la enseñanza, junto con el de la economía, es el tema clave

de la situación política actual. Habrá concordia en todos los temas restantes de

la Constitución. Sólo el artículo 26 desencadenará la guerra escolar, al

presentar el PSOE la escuela pública como la única forma legitima de organizar

juntamente la enseñanza en el país. Tal proyecto parece ser para este partido

absolutamente indiscutible y no pactable una vez que, por motivos electorales,

ha renunciado a la escuela pública laica. Por ello, la escuela pública única es

su objetivo supremo. Las palabras de la actual diputada catalana, la señora

Marta Mata, son significativas a este respecto: «A la escuela pública sólo se

oponen la inercia del Gobierno,por un lado, y los intereses privados, por otro.»

11. La conciencia cristiana no apoyará a los defensores a ultranza de una

escuela privada que pueda ser velo para encubrir privilegios, insolidaridades e

injusticias. Tampoco apoyará una escuela pública qué de manera indiferenciada

reclama ser la única y obligatoria vía hacia la justicia. Quienes creemos que el

socialismo debe ser libertad, esperamos de él que lo sea también en esto; de lo

contrario, tendríamos que revisar las adhesiones. Y aquí sólo los hechos, no

montones de palabras, valen para demostrarlo contrario.

12. Una y otra postura han presentado hasta ahora exigencias masivas e

indiferenciadas; no han aceptado las diferenciaciones ni han accedido a

establecer primacías: han querido tener votos, para el propio partido, antes que

soluciones para toda la sociedad; unos no han aceptado .controles ni

participación, otros no han respetado ideas y valores. No se puede hablar sin

más de libertad de unos padres, sin reconocer los límites reales que muchas

familias, grupos y regiones tienen para acceder a tal libertad y sin establecer

las condiciones reales, en el orden fiscal e institucional para que tal libertad

sea real para todos.

No se puede tampoco hacer chantaje presentando la escuela pública como la

condición indispensable para lograr la escolarización general. Diciendo que hay

que tener escuela para todos —y éste es un sagrado imperativo, primero entre

todos y no subordinable a ningún otro—, aún no está dicho qué tipo de escuela

para todos, ni que todas las escuelas hayan de ser cortadas por un mismo patrón.

Intentar desde fuera introyectar en los cristianos la convicción de que esa

escuela única es la única solución coherente con la conciencia cristiana me

parece el supremo exponente de una manipulación ideológica, por un lado, y de

una increíble ingenuidad -o acomplejamiento, por otro.

13. Ante una y otra postura, la Iglesia seguirá manteniendo su afirmación de

que justicia y libertad son dos imperativos igualmente cristianos; que ninguno

de los dos puede erguirse en dominador absoluto del otro hasta anularlo; que,

por consiguiente, es necesario, antes que una estrategia al servicio del

respectivo partido político, un estudio objetivo de los problemas que detecte

urgencias, establezca primacías y exija responsabilidades en la sociedad y desde

la sociedad a todos.

Controles y responsabilidades de todo el profesorado y de todas las

instituciones. ¿Cómo es posible que sea el único cuerpo que no tiene que dar

razón de su gestión ante la sociedad y que siga manteniendo unas dictatoriales

soberanías frente a posibles reclamaciones? ¿Por qué en medio de tanta

corrupción hoy sólo se habla de reivindicaciones e intereses de cuerpo y no de

responsabilidades y de garantías que la sociedad pueda exigirles? ¿Quién

defenderá a tantos alumnos que por ineficacia o irresponsabilidad de sus

profesores quedan inhabilitados para toda su vida?

14. La Iglesia, en esa situación de terrorismo ideológico, ante la exigencia

incondicional de la escuela privada, por un lado, y la supresión del pluralismo

educativo, por otro, no invitará a una guerra sin religión ni la apoyará. Se

mantendrá en libre actitud de seguir rechazando las nuevas formas de dictadura.

15. A todos mis amigos de la Institución Libre de Enseñanza, amigos anarquistas

y amigos cristianos, quienes luchan por una escuela libre, que nada tiene que

ver con los privilegios de clase y mucho, en cambio, que ver con la libertad de

pensamiento y con la autonomía de la cultura, a ellos les dejo como programa el

texto de Sénancoür tan querido de Unamuno: «Si tenemos que morir, vivamos de tal

forma que esa muerte sea manifiestamente una injusticia.»

Morid como testigos de un servicio a la libertad frente al tirano, testigos de

la necesidad que el hombre tiene de una iniciativa y de una diferencia, que no

son expresión de injusticia e insolidaridad, sino de aquella personal creación y

de aquella dignidad necesarias para servir al prójimo y necesarias para seguir

viviendo en el mundo como seres con luz y con esperanza, y no como ciegas

hormigas.

 

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