Carta cristiana del arzobispo de Madrid. 
 La desaparición de la censura no ha significado un descenso de la corrupción     
 
 ABC.    05/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ABC. DOMINGO, 5 DE MARZO DE 1978.

La Iglesia en eliminan de hov

CARTA CRISTIANA DEL ARZOBISPO DE MADRID

«LA DESAPARICIÓN DE LA CENSURA NO HA SIGNIFICADO UN DESCENSO DE LA CORRUPCIÓN»

Bajo el titulo de «Libertad desenfrenada» dedica esta semana el cardenal

Tarancón su habitual «Carta cristiana» al estallido de críticas, calumnias y

destapa de intimidades que respira el país. Los párrafos más significativos de

la carta son los siguientes:

E1 agua embalsada salta con fuerza avasalladora cuando se rompe el dique que la

contenía. Salida de madre, el agua,, elemento insustituible para el hombre y

para Ja tierra, se convierte en causa de inundaciones, de ruinas, hasta de

muerte.

¿Será esto lo que acontece ahora en nuestro pueblo cuando al iniciarse el

proceso democrático han creído algunos que se rompía el dique que represaba

determinadas libertades?

Existía la censura, mas o menos severa, según los tiempos, pero que frenaba,

ciertamente, muchas iniciativas y que prohibía ciertas inmoralidades públicas,

aunque no se metía con las grandes inmoralidades qu« podía crear en algunos

ambientes un clima de corrupción.

La desaparición de la censura no ha significado un mejoramiento, al menos

visible, de la corrupción, pero ha abierto todas las compuertas para que inunden

el mercado español y se manifiesten en la calle las intimidades que resultan

vergonzosas cuando ´pierden su intimidad y las más excitantes escenas que

necesariamente han de conturbar a los niños y adolescentes que no pueden

defenderse de ellas.

Existía una autoridad fuerte que procuraba reprimir, quizá, algunas veces, con

dureza los atentados contra las personas o los bienes, el desorden social, la

violencia, etc.

Para no recordar en lo más mínimo aquella autoridad represiva —parece ésta a

muchos el mayor pecado contra la democracia— se ensayan todos los procedimientos

propios de una autoridad débil, miedosa, vacilante que es propicia para que se

cometan los mayores desafueros.. Con la particularidad —que manifiesta un

síntoma gravísimo— que da la impresión de que se defienden los excesos y las

violencias, como secuelas de la libertad, y siempre se disculpa a los

transgresores, cargando todo el peso de la crítica sobre los que tienen, el

deber de evitar la trasgresión.

El afán de revancha, la acusación desaforada y hasta la calumnia, la falta de

respeto a la vida personal e intima, la critica d» las «intenciones», etc., se

manifiestan también de una manera exagerada que supone un desprecio a las leyes

elementale» de la convivencia y del respeto a loa demás.

Y lo peor, a mi juicio, es que toda» esas cosas «e defienden, como derechos de

la democracia y manifestación de la libertad. No se dan cuenta que la

democracia, precisamente porque respeta más las libertades individuales, y de

grupo, y da a todos participación en la acción política, exige una madurez de

juicio, una moderación de conducta y un respeto mutuo que han de estar en la

base de la misma para que sea una auténtica democracia

 

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