El cardenal Tarancón, en el Club siglo XXI. 
 La Iglesia es independiente de la gestión política     
 
 ABC.    29/06/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

ABC. JUEVES, 29 DE JUNIO DE 1978

EL CARDENAL TARANCON, EN EL CLUB SIGLO XXI «LA IGLESIA ES INDEPENDIENTE DE LA

GESTIÓN POLÍTICA»

«Vengo aquí a hablar como obispo, sola como obispo y nada más que como obispo».

«No hablaré como un político más. No lo soy, no quiero, ni puedo serlo. Y aunque

mi palabra incida en algún momento en temas que rozan la órbita política, debéis

saber que no lo estoy haciendo desde una perspectiva o una preocupación

política», comenzó diciendo el cardenal Tarancón en su conferencia sobre «La

Iglesia en España, hoy», pronunciada ayer en el Club Siglo XXI.

Expuso después como tema de su charla presentar «cuál es el origen, cuál las

razones, cuáles los objetivos de los cambios y las nuevas orientaciones que la

Iglesia ha adoptado en la última, década y cuáles los caminos que se dispone a,

seguir en este momento y en los años venideros».

EL PESO DECISIVO DEL VATICANO IL La evolución de la Iglesia española —afirmó el

cardenal Tarancón— no se entiende si no se tiene en cuenta el peso decisivo del

Vaticano II en toda la Iglesia, con lo que tuvo de apertura de la Iglesia a.la

consideración realista del mundo moderno. Este Concilio fue recibido en España,

ante todo, con «sorpresa y desencanto».

Tras analizar las dificultades que atravesó la jerarquía española en este

período lleno de contradicciones, el cardenal concluyó que «el observador

objetivo podrá percibir en todo él una evolución progresiva que, aunque pudiera

en su momento producir una impresión de un alternarse de avances y (retrocesos,

marca la línea recta conciliar a la que nuestra conciencia nos obligaba».

Los cambios producidos por estas tensiones «han disminuido la influencia y el

poder de la Iglesia en determinados ambientes e instituciones», pero el cardenal

espera que «haya ganado en cambio en otros una mayor credibilidad para anunciar

a Dios como Padre de todos los hombres».

Este cambio iba a sumir a la Iglesia española, a partir de los años 66 .ó 68, en

«un período agitado y turbulento, del que todavía no hemos salido».

Fue necesario revisar muchas «evidencias anteriores», modificar muchos usos

seculares, muchas prescripciones Indiscutibles. Esto tenía que crear una

desorganización general. Aparecieron grandes lagunas de nuestra Iglesia que

antes pasaban inadvertidas: especialmente las desconfianzas

de los Intelectuales hacia la Iglesia y el alejamiento -de la clase trabajadora.

Al mismo tiempo se hacía visible la falta de formación religiosa de buena parte

de los católicos españoles, clero y obispos incluidos. Y junto a ello, la

invasión´ dé «posiciones filosóficas,.científicas, morales y políticas que

habían estado reprimidas durante mucho tiempo» y para cuyo análisis y crítica no

estábamos preparados, especialmente porque carecíamos de un suficiente

desarrollo teológico, ya que «vivíamos de una tradición teológica tan gloriosa

como lejana».

Todo esto no supone —afirmó el cardenal— que no tenga «una visión catastrofis-ta

de los años que acabarnos de vivir». Al contrario, estas sacudidas las veo como

un signo de nuestra vitalidad anterior y de la fuerza religiosa y social de

nuestra Iglesia. Con esta confianza afrontamos el futuro.

LA IGLESIA NO QUIERE POSICIONES DE PRIVILEGIO.—-El cardenal* Tarancón aseguró

quería Iglesia española no quiere «volver a recuperar posiciones de privilegio o

de poder. Se equivocan y desfiguran los hechos quienes a, propósito de; algunas

- Intervenciones de los obispos vhan dicho que la jerarquía de la Iglesia

española pretendía, sutilmente íntetrvenir en las decisiones políticas a través

.de secretas conexiones con los políticos en el Poder o de pretenciosas

imposiciones sobre ellos. Este tipo de conexiones y de influencia no nos

interesan».

A continuación, añadió: «Permitidme que repita aquí´algo que hemos dicho muchas

veces y que algunos parecen obstinarse en no oír: la Iglesia es independiente de

la gestión política como de todos y cada uno de los partidos; políticos. La

Iglesia, que nunca miró con temor a la democracia y que tampoco la mira hoy con

temor alguno, no patrocina, dirige o apoya a ningún grupo político, sea el que

sea, lleve los apellidos que lleve, se coloque donde se coloque dentro del arco

parlamentario. La Iglesia respeta —y lo hace gozosamente— las decisiones del

pueblo español, manifestadas eri pasadas o futuras elecciones, y está dispuesta

a convivir y colaborar con cualquier grupo político que respete y promueva los

derechos del hombre.

Esto, naturalmente, no quiere decir que la Iglesia- renuncie a tener una

presencia en los problemas de la comunidad o que esté dispuesta a callarse ante

cualquier forma de violación de los derechos o libertades de cualquier grupo

social.

Analizó, después la necesidad de consolidación Interior de la Iglesia, el

aumento en. ella de la responsabilidad y la acción misionera, jr tras afirmar de

nuevo que los obispos se, «sienten ante todo y sobre, todo testigos del

Evangelio», pidió a los creyentes que -no .pierdan la confianza- en sí mismos ni

mucho menos en los tesoros que Dios les ha. confiado y, a los no creyentes, les

dijo:

«Olvidemos las viejas querellas, enterremos las armas del clericalismo y del

anti-clerjcalismo. Entremos de verdad en un» Tase nueva de respeto y

colaboración; dejarnos sea- líeles a nuestra conciencia ofreciendo a todos con

nuestra palabra y nuestra vida la posibilidad de conocer mejor a Dios y de sacar

de esa fe el Ideal de una Humanidad mejor; dejadnos trabajar a nuestra manera,

codo a codo, en favor de una sociedad más: Justa, mas pacífica y hasta mas feliz

y si es posible menos aburridas»

 

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