Carta del Cardenal Tarancón. 
 La situación de nuestra sociedad es un reto para los cristianos     
 
 ABC.    30/12/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

ABC. SÁBADO, 30 DE DICIEMBRE DÉ 1978

IGLESIA CARTA DEL CARDENAL TARANCON LA SITUACIÓN DE NUESTRA SOCIEDAD ES UN RETO

PARA LOS CRISTIANOS

El cardenal Tarancón publica en su habitual «Caria cristiana de Iglesia en

Madrid», aborda el tema «Después de la Constitución. El cristianismo no tiene

una concreción política determinada. Puede actuar libre y eficazmente y puede

vivirse auténticamente, cualquiera que sea el régimen de la estructura política

o social que un pueblo se dé libremente.

Cuando ha sido establecido legítimamente un régimen determinado o una estructura

social concreta, el cristiano debe acatarlos, aunque él sea partidario de un

régimen o de una estructura social distinta.

La Constitución establece un régimen democrático en España con características

especiales: los que especifican la ley fundamental. Todos estamos obligados a

aceptar ese régimen y debemos movernos cumpliendo las «reglas de juego» que son

obligatorias para todos.

NI INHIBICIÓN NI LAMENTOS. —Se puede pretender la reforma de ciertas

estructuras o el perfeccionamiento del régimen i Y no sólo se puede, sino que es

el deber de toda persona responsable y honrada buscar por todos los medios

legítimos ese perfeccionamiento.

La inhibición de la política por disconformidad con lo establecido, o por otras

razones, no puede ser la postura normal de un cristiano, que debe ser, por su

misma le, un ciudadano responsable y ejemplar.

Lamentarse, de que las cosas no vayan como uno quisiera, sin haber hecho antes

todo lo posible políticamente para darles el rumbo que cada uno crea en

conciencia, no es propio de ciudadanos conscientes y responsables como deben ser

los cristianos,

La Constitución, efectivamente, no ha solucionado ciertos problemas que a

nosotros los cristianos nos preocupan por razones de fe Pero esos problemas no

están resueltos de ninguna manera. Es ahora, en la confección y aprobación de

las leyes que desarrollen la ley constitucional, cuando unos y otros podrán

influir en la orientación de las mismas. Por eso decía en mi carta anterior que

«la auténtica responsabilidad de los ciudadanos empieza ahora».

«METERSE EN POLÍTICA;».—Para llenar esa responsabilidad es indispensable

«meterse en política».

Y utilizar los medios y los procedimientos políticamente válidos. Los cristianos

seglares tienen el deber de «meterse en política». Pero, como ya he dicho muchas

veces, sin que el cristianismo, como tal, baje a la palestra política, a no ser

cuando una obligación grave de conciencia nos obligue a ello.

Difícilmente podrán actuar acertadamente en este campo quienes se dejen dominar

por nostalgias o añoranzas del pasado. El pasado —todo el pasado— es parte de

nuestra Historia. No se puede ignorar, menos borrar. Pero no puede ser el módulo

del presente, menos del futuro.

Tampoco podrán actuar con provecho en política quienes creen que nuestro pueblo

es ingobernable. O que nuestro pueblo es incapaz de vivir en una democracia.

«Creo que nuestro pueblo —como todos los pueblos— responde magníficamente cuando

tiene buenos gobernantes. Y si nuestro temperamento, un tanto radical, no es

propicio para una convivencia tranquilla y pacífica entre disidentes, quizá ese

temperamento pueda ser también fruto de la falta de una adecuada formación del

pueblo que le ha impedido madurar.»

«SENTIDO COMÚN DE NUESTRO PUEBLO.—Con todos los fallos QUE han existido, creo

que nuestro pueblo ha tenido mucho sentido común y mucha moderación en esta

época tan difícil del cambio.

Y estoy plenamente convencido de que la misma orientación actual de la Iglesia,

que procura una maduración personal en la fe de los cristianos, puede ser una

gran ayuda Incluso para la vida política.

La situación actual de nuestra sociedad es un reto para todas las personas

conscientes y responsables. Lo es, muy especialmente, para los cristianos.

Religiosa y politicamente, hemos de responder a esa realidad pluralista de

nuestra sociedad y hemos de formar a todos para que sepan hacer un uso recto de

su libertad y de su participación activa en todo lo que interesa a la comunidad.

 

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