Pastoral del arzobispo de Pamplona. 
 La Iglesia no quita al 1 de mayo su papel de defensa de los valores del mundo obrero  :   
 Pero añade la predicación del amor sobre el odio y la apelación a la conciencia de todos. 
 ABC.    30/04/1978.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

ABC. DOMINGO, 30 DE ABRIL DE 1978.

La Iglesia en el mundo de hoy

PASTORAL DEL ARZOBISPO DE PAMPLONA «LA IGLESIA NO QUITA AL 1 DE MAYO SU PAPEL DE

DEFENSA DE LOS VALORES DEL MUNDO OBRERO»

«Pero añade la predicación del amor sobre el odio y la apelación a la

conciencia de todos»

El arzobispo de Pamplona y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española,

monseñor Cirarda, ha publicado una pastoral sobre la visión cristiana de la

fiesta del 1 de mayo. En el dice lo siguiente:

«El 1 de mayo es, cada año, la gran fiesta del mundo del trabajo. Nació en un

remoto 1889, en el también lejano Chicago, tinto en sangre de unos obreros que

reclamaban justos derechos, que hoy nos parecen elementales, pero que ni las

leyes reconocían en aquel entonces, ni quienes tenían el (poder político y

económico querían reconocer.

Se comprende que el 1 de mayo haya sido durante demasiado tiempo una jornada con

caracteres de lucha de clases; animada por el odio de quienes se sentían

oprimidos contra sus opresores y, en no pocas ocasiones, teñida de un cierto

aliento antirreligioso.

Sigue siendo el 1 de mayo una fiesta de los trabajadores. Pero es también ya un

día de fiesta universal. Para los cristianos es, además, una fecha cristianizada

bajo la advocación de José, el obrero de Nazaret, esposo de María, de la que

nació el también obrero nazaretano, Jesús.

Pero importa mucho que el 1 de mayó, no obstante, su universalización, conserve

claros aquellos elementos esenciales que le caracterizaron desde siempre y que

son válidos para todo tiempo, a saber:

— la exaltación de la dignidad del trabajo;

— la proclamación de los derechos de los obreros en el ámbito labora] y en el

socio-político:

— la afirmación del protagonismo que les corresponde en la construcción de un

orden social que reconozca teórica y prácticamente dichos derechos;

— la aclamación de la solidaridad de los trabajadores como condición necesaria

para su eficacia en 3a transformación del mundo.

La Iglesia, al cristianar el 1 de mayo, sin menguar en nada dichos valores, ha

querido añadir a esta jornada del mundo del trabajo otros dos que deben

potenciar todos los demás:

— la predicación del amor, frente al odio, como fuerza transformadora de la

sociedad y de todas sus estructuras socio-políticas y económicas;

—el apremio sobre todas las conciencias. a fin de nadie —sea obrero o no lo sea,

ocupe un puesto u otro en la vida— pueda sentirse libre del grave deber de

colaborar en la construcción de un orden social más Justo.»

En la segunda parte del documento monseñor Cirarda se refiere ya directamente a

los problemas de España y de Navarra, y dice:

«Es grave la situación económico-social en Navarra, en España y en todo el

mundo. Y esa gravedad pone un subrayado especial a este 1 de mayo de 1978.

Tienen hoy singular urgencia algunos apremios, con que el Concilio Vaticano n

nos acucia a todos los cristianos y a los hombres todos de buena voluntad, en

sus directrices para conseguir un mundo más conforme al Querer de Dios:

— el deber de trabajar para hacer posible un pleno empleo, para que no haya

persona que sufra la Ignominia y el dolor de verse sin trabajo;

— la necesidad de enmendar a fondo, con medidas de Gobierno y con ]a

colaboración de todos, la carrera entre precios y salarios, en que aquellos

llevan siempre ventaja sobre los segundos en un orden económico dominado por

la ley de un egoísmo, auténtica ley de la selva;

— la obligación de corregir las Irritantes desigualdades en el reparto de los

bienes culturales, económicos y del poder político;

- la urgencia de una revisión de las estructuras empresariales y de la vida

económica general, a fin de que. salva la unidad necesaria en la dirección de

las empresas y de la política, los trabajadores puedan participar, con los

empresarios en la gestión de las empresas y en las decisiones superiores, que

deben tomarse a niveles Institucionales.

Son deberes sociales que a todos nos obligan.»

 

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