Autor: Marquina Barrio, Antonio. 
   El Concordato de 1953 y los acuerdos parcciales/1     
 
 El País.    21/12/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

El Concordato de 1953 y los acuerdos parciales/1

Ayer se cumplió el vigésimo quinto aniversario de la firma del Concordato de

1953, el documento que ha regulado las relaciones, a veces tensas, a veces

inmejorables, entre el Vaticano y el régimen de Franco.

Este Concordato, que con la firma de los acuerdos parciales entré el Estado

español y la Santa Sede está ahora en proceso de revisión, permitió a los

sucesivos Gobiernos franquistas tener en un puño, en muchas ocasiones, a la

jerarquía católica española, pero también hizo disfrutar a la Iglesia de una

situación particularmente ventajosa durante décadas en España. Sobre los

antecedentes históricos de la firma del Concordato de 1953 y sobre los acuerdos

parciales, escribe el profesor Antonio Barrio Marquina.

Franco quiso desde un principio modificarlas relaciones con el Vaticano

El general Franco, en su primer discurso, tras su toma de posesión como «Jefe

del Gobierno del Estado español», anunció que el nuevo Estado aconfesional

concordaría con la Iglesia las respectivas facultades incorporando el sentido

católico en la reconstrucción nacional, pero sin que ello signifícase

intromisión alguna en las facultades y actividades del Estado. Este ; discurso,

redactado por Nicolás Franco, fue de inmediato contestado por la Junta Nacional

Carlista y otros personajes. Ante estas protestas, el general Franco

manifestaría al cardenal Goma que únicamente había querido concretar la libertad

del Estado y la Iglesia en sus atribuciones específicas, añadiendo: «Lo que yo

no quiero es que.haya obispos que sean factura de Romanones.»

Será durante la-guerra civil cuando el general Franco cristalice en sus ideas

sobre la actividad y significado político del .Vaticano —tardanza en el

reconocimiento, actitud ante el tema vasco, intentos de mediación, contactos con

la zona roja—al que llegó .a considerár como entorpecedor y que no dudó en

calificar én, diversas ocasiones, como perjudicial para la política de España

(1). En realidad Franco asume en este punto el ideario de la" derecha más

integrista, que logró hacer saltar al nuncio Tedeschini un mes antes de

producirse el alzamiento! Esto se percibe con más claridad cuando la Santa Sede,

con cierta sagacidad, después de hacer. una serie de cambios y traslados en las

sedes episcopales, sin producirse ninguna protesta por parte del Gobierno de

Burgos, procedió al nombramiento unilateral del P. Ballester como obispo de

León, saltándose el Concordato de 1851, todavía vigente al no haber sido

denunciado durante la República. Este sacerdote, por ser miembro de la

Congregación de. los Lazaristas, haber sido educado en Francia, ser visitador de

las monjas de la Caridad francesas, y viajar con pasaporte francés —también

porque Tedeschini había querido hacerle obispó—,- se le acusó, nada menos, que

de ser un «obispó afrancesado». En seguida se puso un telegrama al-encargado de

Negocios ante la Santa Sede, dándole instrucciones para que protestase por este

nombramiento/ aceptándolo sólo como un hecho consumado. A partir de este momento

comienza la ofensiva para la reviviscencia del Concordato de 1851 y, con ello,

la posibilidad de retener el privilegio de presentación de obispos (2).

*E1 Vaticano se opondría de inmediato, dados los nuevos criterios cánónicós;trás

la gran guerra, el precedente de la Segunda República —ni uno solo de los

propuestos por la República fue hecho obispo—, las claras violaciones del

Concordato y el hecho de que con Pita Romero se había intentado,la negociación

de un modus vivendi. A esto añádasela influencia cada vez más manifiesta de los

alemanes en la zona de Franco y el temor de que este privilegio pudiera servir

para fomentar una Iglesia nacional, idea esta avanzada en algunos ambientes

derechistas y falangistas y por el propio Sangroniz, jefe del gabinete

diplomático del general Franco, dada, la «tibia» actitud del Vaticano ante la

guerra y los precedentes de la actuación del nuncio Tedeschini en el tema

regional, en el tema monárquico y en el catolicismo político, hasta ahora

insuficientemente estudiados (3).

Estas son las razones por las que la elección del secretario de Estado, el

cardenal Pacelli, como Papa, el 2 de marzo de 1939, fue acogida con una frialdad

manifiesta en Burgos. El embajador italiano en San Sebastián notificaría al

conde Ciano que los ambientes donde más se había notado esta aprensión eran el

Ministerio de Asuntos Exteriores, el Cuartel General del Generalísimo, la

Falange y el Ministerio del Interior (4).

Pío XII, conociendo esta corriente de opinión, nada favorable hacia su persona,

comenzó enviando al general Franco y «a la noble ´nación española» sus mejores

afectos, y el 16 de abril, en un mensaje radiado, hizo un elogió de la nación

española fuera dé. lo corriente.

En este clima de distensión se reanudaron los contactos, pero se interpuso el

proyecto desacuerdo cultural hispano-alemán; que nunca se ratificaría por lás

repetidas ofensivas de los obispos y el Vaticano; el asunto del cardenal Vidal y

Barraquer, a quien se consideraba incompatible con la nueva España y a quien,

incluso en el Vaticano, ya se había dejado caer poco antes de la muerte de Pío

XI, por lo que tuvo que presentarse en Roma para defender sus derechos; y los

movimientos internacionales de propaganda político-religiosa, tratando de

atraerse a la Iglesia española a la órbita de las democracias en contra de

Italia y Alemania é indirectamente en contra de la Falange y el nuevo Estado,

sobre todo tras la firma del pacto germano-soviético. Esto explicará los errores

totalitarios del otoño de 1939: supresión de los estudiantes católicos,

prohibición de la pastoral del primado, cardenal Goma interferencia de la

escucha de la encíclica Summi Pontificatus, transmitida por Radio Vaticana, y su

censura en un primer momento en toda la prensa española.

Ante estos errores, el nuevo Estado, dada la situación tan difícil que se le

creaba en. el interior, y habiendo ido poco a poco cediendo todas sus bazas en

orden a la nego-T dación con el Vaticano, pór, presiónes de la Iglesia española

y motivos de política interna, tuyo que desprenderse de la ya única carta

valiosa que le quedaba, restaurándose unilateralménte el presupuesto de culto y

clero.

Él Vaticano, ante la repetida actitud de desprendimiento del Gobierno español,

siguió con su táctica favorita de posponer la solución dé Jos problemas;"

presentando fónirmlas que se alejaban; delibera-dametite del derecho de

presentación.´Por esta razón en enero de 1940,- el embajador Yánguas Messía fue

llamado por él Gobierno, dejando la embajada en situación de durmiente.

Pío XII tuvo que templar un poco la situación. La oposición era

fuerte. La mayoría de los cardenales de la curia y la Secretaria de Estado

hubiesen deseado, en el mes de diciembre de 1939, ante la actitud firme del

Gobierno español, que el Vaticano hubiese respondido de un modo seco y tajante,

casi un ultimátum, que, de ser rechazado por el Gobierno, dejase expedito el

camino para que la Santa Sede procediera a nombrar obispos sin contar con nadie

más. El Papa no se avino a esta propuesta, y por ello le convencieron de que una

negativa a las pretensiones españolas no implicaría una ruptura de relaciones

diplomáticas. Una vez vista la reacción del Gobierno español después de la

marcha del señor Yánguas, estos elementos de la oposición mayoritarios no

vacilaron en aconsejar el desahucio de las demandas españolas, aunque

significase una ruptura con una nación de mayoría católica.

Pío XII, por ello, estudió un compromiso tras la vuelta de Yánguas Messía con

una carta de Franco, respetuosa, pero firme y clara, llegando a redactar un de

creto de solución en dos puntos; pero en esto se produjo el incidente del

cardenal Segura, de mayor complejidad que las; versiones hoy en día al uso, y

todo quedó en suspenso. Luego vendría el arrollador avance alemán, con lo que el

temor sostenido hasta entonces de un influjo Ideológico nazi en España en

materias religiosas fue avivado y no se pudo avanzar.

Franco estaba dispuesto ya a una acomodación, pero el nuevo ministro de Asuntos

Exteriores mantuvo una línea intransigente, reivindicando el derecho de

presentación tal cual fue reconocido a los Reyes Católicos(5).

(1) Véase, entre otros, Ministero degli Aflari Ésteri (MAE) (Santa Sede) B. 35,

telespresso 436/212; telespresso 205920 .Archivo cardenal Goma. Guión para la

conversación con Franco de 2 de diciembre de 1938. DGFP.Serie DVIII, doc; 254, y

de forma especial, la poco conocida´carta de Franco´ a Mussolini llevada en mano

por Aunós con motivo de la visita de Chamberlain úl Vaticano en enero de 1939.

(2) Hildebrando Antoniutti, Memorie autobjografiche, Friuli, 1975, pp. 34. (3)

E téma de la´primacía daría lugar a constantes róces entre monseñor Goma y

él.cárdenal Vidal y Barraquer, este último apoyado continuamente por.el nuncio

Tedeschini, incluso en contra de la Secretaria de Estado. Las propuestas del

cardenal Vidal suponían una «Bélgica con cardenal» en un territorio que

comprendía Cataluña, Baleares y parte de Valencia y Aragón. El tema vasco es

mucho más complejo. (4) MAE, B. 52 (Spagna) telespresso 209562.

(5) MAE, B. 48 (Santa Sede) telespresso ll/25422y 11/29551.

 

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