Las razones de una protesta  :   
 (A monseñor Cirarda). 
 El Alcázar.    16/08/1979.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Las razones de una protesta

(A monseñor Cirarda)

Los feligreses de la parroquia de San Francisco Javier han hecho público también

el siguiente comunicado:

«Una protesta religiosa firme en toda su pureza de intenciones y respetos —

cargue cada cual con la responsabilidad de formas que excedan el canto de

avemarias— era un trecho más y desesperado que faltaba por intentar el pueblo

fiel de Navarra en éste su vía-crucis doloroso de búsqueda angustiosa de

fidelidad para nuestra iglesia diocesana.

Cartas al señor arzobispo cerradas y abiertas, escritas con sangre y leídas

personalmente ante él entre sollozos, artículos periodísticos directos o

claramente alusivos, visitas individuales y colectivas —frustración, impotencia

y rabia contenida— llamadas telefónicas y encuentros intencionados o fortuitos,

miles de firmas sueltas o en grupo, informal o fehacientemente entregadas bajo

notario, denuncias orales y escritas, formalmente presentadas y recusadas e

insistentemente recurridas, todo ha resultado inútil, toda vía ría quedado

cerrada a la esperanza de que su autoridad, señor arzobispo, ponga freno a tanto

desorden litúrgico, moral, dogmático y disciplinar de sus sacerdotes.

Nuestra protesta, señor arzobispo nos sale contradictoria de afectos pero no de

valores, lógica, no absurda, coherente con el sentido sobrenatural de nuestra

fe, venciendo martirialmente una gran repugnancia, en lucha dramática entre eí

respeto al templo y a la jerarquía de una parte y la necesidad vital

sobrenatural de supervivencia de la pureza de nuestra fe. Somos católicos

marginados y oprimidos en nuestra fidelidad por los continuos ataques de errores

doctrinales y morales y abusos litúrgicos sacramentales a que nos someten

impunemente muchos de nuestros sacerdotes, sin que, en lugar de hallar en la

Jerarquía la seguridad y claridad prometidas a nuestra fe, encontremos en ella

otra cosa que la frialdad y las humillaciones y las fáciles y desorientadoras

transigencias con el error y con el abuso.

¿Hasta cuándo, señor arzobispo, los católicos fieles tendrémos que pasar por

carcas, retrógrados o integristas? ¿Hasta cuándo, por culpa del silencio

complaciente o complacido de la Jerarquía de cada diócesis, tendrán que aparecer

como intransigentes y desfasados y despreciables los sacerdotes más

identificados con el Magisterio y Disciplina de la Iglesia y como simpáticamente

progresistas y humanitarios los que traicionan día a día sus lealtades

solemnemente prometidas, falseando la salvación de Dios con sus inventadas

"facilidades" y "descuentos"? ¿Hasta cuándo, señorarzobispo, hasta cuándo?

Porque en su respuesta práctica, visible y eficaz de autoridad en defensa de la

fidelidad a la verdad de nuestra Iglesia tiene V.E. la respuesta al "hasta

cuándo" lógico y sagrado de nuestra protesta. Solamente en la resurrección

luminosa de la verdad y de la fidelidad celebraremos el ágape gozoso del amor

tras nuestro prolongado vía-crucis y nuestro calvario. Entonces cesaremos en

nuestra protesta; no antes, que no queremos ta paz vergonzosa de los felones; y

es causa de Dios.

Cuando la fidelidad a Cristo en su Roca de Roma sea la medida de nuestros

profetas, sean obispos, párrocos, sacerdotes o laicos, se llamen Cirarda, Oses,

Dallo o Rodríguez; cuando no lleguen a tanto las ambigüedades doctrinales y las

licencias morales de nuestros predicadores que se siga cotizando como progreso y

creatividad el atrevimiento, el error y la indisciplinay como apocamiento

superado la fidelidad conservada de nuestros más leales pastores.

Cuando, por ejemplo, el señor arzobispo desautorice públicamente las

absoluciones colectivas sin las debidas condiciones... Cuando cesen las parodias

litúrgicas y los "autoservicios" eucarísjicos y se hagan cumplir las rúbricas

sacramentales y del misal... Cuando se haga rectificar públicamente a los que

propagan errores morales (adulterio aislado no es pecado mortal) o se llame

seriamente la atención a los sacerdotes que consienten que en su presencia y en

conferencia parroquial se halaguen toda clase de métodos anticonceptivos...

Cuando sea destituido de su cargo de "profesor de teología" quien escribe

artículos como el titulado "Divorcio: La postura de la Iglesia equivocada, falaz

y cruel"... Cuando veamos que clara, oficial y firmemente se enderezan todas

estas cosas, cuando constatemos con gozo que en nuestra diócesis se empuña y

endereza el timón de la fidelidad, entonces, no antes, cesaremos en nuestra

protesta.

Apreciamos a don José Ignacio Dallo como sacerdote ejemplar y símbolo de la

fidelidad que necesitamos para nosotros y para nuestros hijos, pero, por la paz

de la iglesia diocesana, ventajosamente desistiríamos de nuestra postura de

protesta en lo que significa defensa particular de un sacerdote fiel que

injustamente se nos roba, a cambio de obtener con garantías la seguridad de las

otras fidelidades. Don José Ignacio Dallo no tiene otro protagonismo en nuestro

drama que el de víctima significativa de nuestra fidelidad amenazada.

Invéntese insultos de "guerrilleros, fascistas, integristas o lefebres" los que

quieren envolver en calumnias la verdad puramente religiosa, y transcendente de

nuestra causa, y lánzannoslas desde el presbiterio los caritativos y

transigentes de turno: "Dime quiénes emplean esos insultos y te diré cómo son

religiosamente ellos." Analice, señor arozobispo, en las personas más

representativas de ambos bandos los criterios y motivaciones de su compromiso y

hallará, frente a sus particularismos horizontales o puramente humanos, el saldo

claramente religioso de verdad, justicia y fidelidad de nuestro espíritu.

¿Quiénes son ellos? ¿A quién sirven ios que tan sañudamente arremeten contra las

avemarías de nuestra protesta? ¿Porquése meten con nosotros los que con tan

democrático respeto consienten cualquier otra manifestación callejera? ¿Por

respeto al templo muchos que no van al templo más que para los funerales? ¿lor

respeto al templo, profanado con avemarias, "desprofanándolo" ellos a su vez con

provocaciones e insultos a los pacíficos manifestantes? ¿Por respeto al templo

material, indiferentes o ignorantes de la destrucción moral dentro mismo de

nuestras iglesias de tantos templos det Espíritu?

Politicen baratamente o minimicen nuestras intenciones, pero sepan que ante Dios

jamás acallarán el alma de nuestras voces. No las acallarán con el número y sus

contundencias los violentos, ni con escrúpulos extemporáneos los que conocen

nuestra elegancia y nuestro respeto. Sólo lamentaciones tardías turbarían el

silencio de muerte que acusaría eternamente a los cobardes que consintieran se

ahogase en plena iglesia la voz firme y serena de los valientes confesores de su

fe. Cuando muchos médicos-lobos están inyectando en nuestra Iglesia venenos de

muerte de falsas doctrinas, no podemos quedarnos a los pies de la cama en.

silencio por miedo a turbar la "paz" de nuestra Madre.

Ha explotado la indignación religiosa de nuestro pueblo: San Nicolás, Santiago

de la Chantrea, San Francisco Javier... ¿Mañana? Suicida sería para nuestra

iglesia Diocesana reforzar con represiones o con parches de melosas caridades

sus propios errores o sus injustas actuaciones. La paz se construye con caridad

sobre la válvula intaponable de la verdad y da la justicia.

 

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