Monseñor Tarancón, antes de entrar en su diócesis, presenta a sus fieles un decidido programa de serena y audaz línea renovadora  :   
 Aunque la prisa es peligrosa, la única postura inaceptable es la lentitud excesiva, y no digamos el inmovilismo. 
 ABC.    06/03/1969.  Página: 31-32. Páginas: 2. Párrafos: 31. 

ABC. JUEVES 6 DE MARZO DE 1969.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY

MONSEÑOR TARANCÓN, ANTES DE ENTRAR EN SU DIÓCESIS, PRESENTA A SUS FIELES UN

DECIDIDO PROGRAMA DE SERENA Y AUDAZ LINEA RENOVADORA

Aunque la prisa es peligrosa, la única postura inaceptable es la lentitud

excesiva, y no digamos el Inmovilismo.

Hemos de proceder con prudencia, pero con audacia, aceptando lealmente todas

las directrices renovadoras auténticas.

No es suficiente la pastoral de conservación que realizábamos últimamente. Hay

que planear la nueva pastoral con espíritu abierto.

Quizá una de las tareas más urgentes en los momentos actuales es la promoción

apostólica de todo el pueblo de Dios.

Dios quiera que seamos fíeles al Espíritu, a fin de que se realicen las

esperanzas que despertó el Concilio.

Madrid.

(De nuestra Redacción.)

"He querido que estas sugerencias mías os lleguen antes incluso de mi entrada en

la diócesis, porque no pueda ocultaros que tengo prisa en ponerme en contacto

con vosotros." Estas palabras, definidoras de un espíritu, forman parte del

documento pastoral que hoy se enviará a todos los sacerdotes de Toledo, como

primer saludo que les dirige el nuevo primado tres días antes de su entrada en

la diócesis.

Es un documento importante desde machos ángulos porque todo su enfoque es algo a

lo que no estábamos acostumbrados:

Por su decidida apuesta por una linea renovadora, más intensa incluso de lo que

era usual en las anteriores documentos pastorales de monseñor Tarancón. (En

alguna de sus 18 páginas hemos encontrado hasta seis veces la palabra

"renovación" y cinco el adjetivo "nuevo".)

Por su estilo más de "sugerencia" que inicia un diálogo, que de magisterio

(¡doctrinador que da por supuesto que se tienen ya todas las respuestas. (Alguna

página—nota muy de Pablo VI— tiene hasta nueve interrogaciones.)

• Por el tono cordial y fraterno, sencillo, que rebosan todos sus párrafos.

• Por la casi obsesiva idea de que una diócesis es una comunidad que no está

viva, sino en la medida en que en ella actúan todos sus miembros:

obispo, sacerdotes, religiosos y seglares.

Pero mejor será ofrecer a los lectores un amplio esquema de sus ideas

principales.

DE UN CLIMA DE SEGURIDAD A UN CLIMA DE REFLEXIÓN

El documento se abre sobre la idea de que el mundo está sufriendo una larga

evolución que debe ser seguida por la Iglesia. "En otros tiempos de evolución

más lenta podía parecer que la principal tarea de la Iglesia consistía en

mantener y perfeccionar las estructuras y los procedimientos existentes. Apenas

si hacía falta entonces crear un clima de reflexión porque, instalados en un

ambiente de seguridad, la defensa de la fe y de las formas de vida prevalecía

sobre cualquier otra preocupación. En aquel clima de seguridad hubiera parecido

temerario y peligroso hablar de un nuevo programa de pastoral y llamar la

atención de los sacerdotes sobre formas distintas de vida o de actuación

sacerdotal. Pero las circunstancias de la Iglesia y del mundo son ahora muy

diversas."

Esto exigirá, pues, una reflexión conjunta. puesto que la responsabilidad de la

Iglesia es algo "compartido".

La Reflesión — señala inmediatamente monseñor Tarancón—no puede ser negación

radical del pasado. Y aquí esboza un cariñoso recuerdo del fallecido cardenal

Pla y Deniel: "¡Cuántas veces me sorprendió su agilidad mental y su capacidad

receptiva—características de la verdadera juventud—para entender y asimilar las

ideas renovadoras del Concilio! ¡Y con cnanto entusiasmo acogía todas las

directrices del Papa en orden a la reforma de las estructuras eclesiales y de

las formas de vida cristiana o de métodos de apostolado!"

RENOVACIÓN Y CONTINUIDAD

"La renovación—insiste después monseñor Tarancón—no se opone a la continuidad:

la exige. No se pueden dar pasos en el vacío. Es cierto que actualmente todas

las cosas—y aun muchas ideas—están en continua evolución. No podemos pararnos en

esta marcha renovadora. Pero partiendo siempre de las realidades anteriores y de

las experiencias que se han ido realizando."

Pero si la verdadera renovación parte de la continuidad, no se detiene en ella:

"Aunque la prisa resulte peligrosa en momentos de cierta confusión y

desconcierto, como los que estamos viviendo, la única postura que resulta

inaceptable es la lentitud excesiva, y no digamos el inmovilismo. Es necesario

aprovechar el tiempo para ponernos al día, adaptándonos a las circunstancias del

mundo y a las exigencias del hombre de hoy. Hemos de proceder con prudencia,

pero con audacia. Sin lanzarnos a aventuras irresponsables que podrían ser

funestas, pero aceptando lealmente todas las directrices renovadoras que tienen

el marchamo de la autenticidad y ayudando a todos los fieles para que sepan

adaptarse a las nuevas formas de vida y de actuación que las circunstancias

presentes exigen."

PROBLEMAS DE RENOVACIÓN DE ESTRUCTURAS

Desde este punto de partida—de clara renovación—pasa monseñor Tarancón a un

análisis de los problemas de fondo. Y plantea en primer lugar el tan discutido

problema: ¿Es necesaria sólo la renovación personal o puede llegarse a ciertas

reformas de estructura en la Iglesia? Y la respuesta es sencilla: Si la

renovación de estructura se entiende como un "subordinarlo todo a una solución

radical, dejan-donas impulsar por un espíritu revolucionario que seria capaz de

destruir sin edificar nada en sustitución", la respuesta tiene que ser

evidentemente negativa.

Pero si la renovación de estructuras se entiende como "una revisión a fondo de

posturas y procedimientos que habremos de encontrar conjuntamente con una

búsqueda afanosa", la respuesta es afirmativa. Hay que buscar, pues, "esa

evolución global de que habla el Concilio", "habrá que cambiar el signo de la

pastoral" y para ello será necesario "un estudio serio de la evolución del

pensamiento y de la vida de la Humanidad". La consigna de este momento será,

pues, "que ya desde ahora empecemos a reflexionar y actuar para ponernos en

camino haciendo todo lo que sea posible", que "nos vayamos preparando para

encarnar, sin resistencias ni tensiones innecesarias, las nuevas formas de vida

y de actuación que definitivamente señale el que tiene la misión de hacer las

propuestas definitivas".

LA RENOVACIÓN DE LOS SACERDOTES

Esta necesidad de renovación debe empezar por los sacerdotes. Y en este apartado

monseñor Tarancón plantea una larga serie de preguntas a sus sacerdotes para qne

revisen su formación (teológica, litúrgica, moral, pastoral), su espiritualidad

(vida sacramental, retiros, ejercicios, dirección espiritual), sus problemas

económicos (comunicación de bienes entre parroquias, contribución de los fieles

al sustento de los sacerdotes, intervención de seglares en la administración de

la Iglesia), la organización pastoral de la diócesis (arciprestazgos, equipos

sacerdotales, consejo presbiteral, otros canales de diálogo con el obispo,

participación del clero en los nombramientos de los cargos eclesiásticos).

Esta renovación la plantea monseñor Tarancón no sólo a nivel presbiteral, sino

en una línea de "pastoral de conjunto". "En una sociedad unificada—escribe—

apenas si pueden tener influencia los francotiradores o los grupos dispersos o

desarticulados: se impone la coordinación de todas las fuerzas apostólicas en un

plan de conjunto. Sin olvidar, no obstante—precisa a continuación—, que unidad

no es lo mismo que uniformidad y que la acción común no puede limitar más de lo

Justo la libertad personal o de grupos apostólicos." "No es suficiente, por

tanto—concluya—, la pastoral de conservación que realizábamos ahora. Hemos de

planear la acción futura con un espiritu abierto."

¿Dónde coloca monseñor Tarancón este «espíritu abierto"? En el "sentido de

Iglesia", en el "servicio a la Iglesia". Y aquí la palabra del nuevo primado

revisa con seriedad un enfoque mal llamado tradicional de la pastoral: "Los

sacerdotes teníamos prácticamente la hegemonía de la acción pastoral de la

Iglesia. Los párrocos cumplían su deber atendiendo exclusivamente a la comunidad

local, desentendiéndose de las actividades diocesanas, nacionales, universales.

Los religiosos tenían su propio estatuto, su actividad específica y hasta su

disciplina propia y apenas sí se sentían solidarios de los problemas generales

del pueblo cristiano. Los seglares o permanecían en una actitud meramente pasiva

o se creían meros ciudadanos de la ciudad terrestre, cuando realizaban su

actividad específica en el plano de lo temporal. Las comunidades eclesiales,

además, se cerraban sobre sí mismas para defender su fe y su vida cristiana. El

"mundo" era un enemigo ante el cual debíamos estar prevenidos para guardarnos de

su influencia maligna."

Este planteamiento debe ser hoy sustituido por "una visión universalista—

auténticamente católica—que nos obligará a subordinar los criterios personales o

los intereses localistas o de grupo a los intereses generales de la Iglesia".

EL PAPEL DE RELIGIOSOS Y SEGLARES

En esta misión debe integrarse "en la práctica" todo el pueblo de Dios, no sólo

los sacerdotes, sino también los religiosos y religiosas así como los seglares.

"Quizá una de las tareas más urgentes en los momentos actuales sea la de

promocionar apostólica o pastoralmente a todos los miembros del pueblo de Dios."

A "todos" los seglares y no sólo a los miembros de los movimientos apostólicos,

y menos aún de un único movimiento: "La misma preocupación casi obsesiva por la

Acción Católica está demostrando que, sin darnos cuenta, estamos actuando con

los esquemas anteriores, cuando el apostolado seglar se reducía casi a esas

organizaciones. Y puede que sea esta misma razón la que explique la crisis de

esos movimientos."

Esta reincorporación de los seglares llevará a una reflexión sobre toda la

pastoral de la Iglesia gemela a la que anteriormente se trazó sobre los

sacerdotes: reestudio de los métodos de formación de los seglares y de la

celebración de los actos litúrgicos; revisión de la constitución y

funcionamiento de los Consejos pastorales; revitalización de la A. C., "que ha

sido el instrumento providencial para alertar la conciencia de los laicos en

orden al apostolado" y que "tiene también hoy una misión importante que

realizar"; la incorporación en una pastoral común de los trabajos de Caritas y

de algunos movimientos apostólicos movidos por el Espíritu Santo, como pueden

ser los familiares o los cursillos de cristiandad: el esfuerzo por una pastoral

de la juventud que consiga "su inserción plena en la comunidad eclesial, ya que

su potenciación en el orden humano y religioso son cuestiones que están sin

resolver y que no sé si nos hemos planteado en serio".

Y todo ello deberá realizarse a través de un constante diálogo entre los

diversos estamentos eclesiales. Asi cierra monseñor Tarancón su importante

documento pastoral sobre las mismas ideas que la abrieran: "Dios quiera—

concluye—que sepamos ser fieles a las mociones del Espíritu en este momento tan

trascendental para la Iglesia a fin de que puedan cumplirse las esperanzas que

despertó el Concilio y logremos acelerar en lo posible esa "nueva primavera" de

la Iglesia que ya vislumbró Pío XII y que la renovación conciliar trata de

conseguir".

SE APLAZA LA SEMANA SOCIAL DE MURCIA

La Junta Nacional de Semanas Sociales de España comunica que la vigésimo octava

sesión de la Semana Social, que había de celebrarse en Murcia del 24 al 29 de

marzo, sobre "La Populorum Progressio y la comunidad católica española", queda

aplazada a nueva fecha. Esta será, probablemente, en torno a la primera quincena

del mes de octubre.

El inicial retraso en los trabajos de organización de esta Semana, que no ha

podido ser recuperado, y que este año exigían un mayor esfuerzo para desplazar

el millar de semanistas de toda España que se esperaba reunir en Murcia, con un

no menos rápido y obligado desplazamiento de aquella ciudad para no dificultar

los alojamientos en Semana Santa, ha obligado a la Junta Nacional, en la

imposibilidad de terminar en el breve plazo de un mes todos esos trabajos a

decidir, de acuerdo con la Junta Local de Murcia, el aplazamiento. Da acuerdo

con la propia Junta Local, este aplazamiento será no sólo de unas semanas, sino

hasta finales de verano—fines de septiembre o principios de octubre—, época que

se considera más apropiada para las tareas de la Semana.

 

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