Varios documentos pastorales precisan el papel del seminario y el sacerdocio en nuestro tiempo  :   
 Monseñor Cirarda: "El interés de los fieles por los seminarios debe crecer precisamente porque atraviesan una crisis".. 
 ABC.    14/03/1969.  Página: 31. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

ABC. VIERNES 14 DE MARZO DE 1969. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 31.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY VARIOS DOCUMENTOS PASTORALES PRECISAN El PAPEL DEL

SEMINARIO Y EL SACERDOCIO EN NUESTRO TIEMPO MONSEÑOR CIRARDA:

«El interés de los fieles por los seminarios debe crecer precisamente porque

atraviesan una crisis.»

MONSEÑOR SUQUIA: «La sensación de desilusión en el clero, un grave peligro para

las vocaciones religiosas.» MONSEÑOR JUBANY: «E/ problema actual está en

descubrir cómo ser sacerdotes hoy, sin dejar de ser sacerdotes.»

Madrid. (De nuestra Redacción.) "La verdad es que últimamente ha decrecido el

interés de la diócesis par nuestros seminarios", escribe el obispo de Santander,

monseñor Cirarda, en su carta pastoral ante la celebración del Día del

Seminario; carta que viene a incribirse en la serie de documentos que en estos

días están apareciendo en diversos boletines episcopales de nuestro país. Releer

esta serie de documentos resulta extraordinariamente clarificador para calibrar

el momento que el concepto del sacerdocio, y consiguientemente del seminarista,

atraviesa en nuestro país.

"Este fenómeno del descenso del interés—escribe monseñor Cirarda—obedece un

motivo evidente: nuestros Seminarios diocesanos están atravesando ana grave

crisis: es cierto. En Santander habéis visto estos últimos años experiencias

distintas realizadas en múltiples grupos, con cambios en localizaciones del

Seminario, con planes cambiantes, también, de estudios y de formación. Todo

ello, iniciado por mi predecesor con celo santo ha desconcertado a no pocos

sacerdotes y seglares. Y ello explica en parte, al menos, una disminución de

vuestro interés."

"Pero no debe ser asi Por el contrario vuestro interés debiera crecer como

aumenta el cuidado que ponemos en la atención al corazón, cuando éste da

muestras de algunas alteraciones. La crisis de nuestros Seminarios terminaría en

quiebra si la diócesis no les ayudara con su oración y con la colaboración

material necesaria. Y, al revés, nos dará una maduración y perfección mayor en

nuestros Seminarios de mañana, y, consiguientemente, en nuestros sacerdotes

futuros, si ponemos a tope nuestro interés por ellos.

La crisis de nuestros Seminarios es, en parte, la misma que agita a todas las de

la Iglesia. El Concilio—que es tanto como decir el Espíritu Santo por medio del

Concilio—la promovió al ordenar la revisión de muchas cosas en el estilo de los

Seminarios de ayer. Es, de otra parte, consecuencia de la crisis que se da en la

Iglesia en torno al ideal sacerdotal. No puede éste cambiar en nada sustancial,

pero su realización en esta hora difícil del mundo y en una Iglesia renovada

puede y debe dar formas de vida sacerdotal un tanto diversas, de las de otros

tiempos, salvo siempre que el sacerdote sea un hombre de Dios, predicador de la

verdad de Cristo, administrador de su Gracia, presidente de la caridad cristiana

y su gruía."

MONSEÑOR SUQUIA: "EL PELIGRO DE LA DESILUSIÓN."

En un amplio documento sobre el mismo tema afronta el obispo de Almería el

problema de la causa del descenso de vocaciones que hoy se experimenta. Y

escribe:

Las encuestas lanzadas al clero y a los Seminarios en estos últimos meses

constatan indiscutiblemente el fenómeno generalizado de la desilusión. Reviste

intensidad y motivaciones diversas, pero en cualquiera de los casos resulta

grave. Y sus consecuencias se manifiestan cíanos en la vida y ministerio de los

presbiteral en la situación y en el dinamismo de nuestros Seminarios.

He aquí algunos resultados de una encuesta dirigida al clero de ciertas diócesis

españolas, en el apartado sobre "inquietudes y desilusiones de los sacerdotes".

"Hay muchos desilusionados", dice una respuesta.

"El clero de cierta edad añora tiempos de tríunfalismo, y los jóvenes sueñan con

utopías de una sociedad en "justicia original" en la que ellos mismos dirigen

"todo el cotarro". Como ésta tarda en llegar, vienen las desilusiones, que en

unos se traducen en impaciencia y en otros en desbandada."

El fenómeno de la desilusión es, pues, un hecho en el clero, sobre todo, en el

joven. Y esto lo palpan nuestros Seminarios. Cada día puede más la actitud de

los sacerdotes en el nacimiento y desarro170 de las vocaciones sacerdotales. Los

seminaristas, llenos de preocupación pastoral, vuelven sus ojos a los campos de

trabajo que les esperan y a los obreros que se desgastan en medio del mundo.

Sufren, gozan, dudan, viven, con sus sacerdotes. Y necesitan ver hecho carne en

ellos el ideal lejano del sacerdocio. De un sacerdocio que se vive hasta la

plenitud, crucificado con Cristo pero sin desesperanzas ni desilusiones

estériles.

De ahí que este fenómeno tan generalizado de la desilusión se constituye en uno

de los contrasignos más peligrosos de las vocaciones sacerdotales y religiosas.

Y deba de ser corregido con urgencia por parte de todos si se quiere trabajar

con resultado en el campo de la pastoral vocaclonal.

MONSEÑOR JUBANY: COMO SER SACERDOTE

El obispo de Gerona ha publicado igualmente un extenso documento pastoral sobre

el sentido del sacerdocio hoy. El problema está en "cómo ser sacerdotes hoy sin

dejar de ser sacerdotes". "En nuestro país—escribe—los problemas de los

presbíteros están tomando hoy un auge insospechado. Es cierto que en esto no

somos una excepción, porque algo parecido ocurre en otras naciones. Pero nadie

puede negar que aquí todas las cuestiones que afectan a la religión toman un

cariz especial."

En su amplio documento monseñor Jubany analiza el sentido teológico del

sacerdote, su misión, su espiritualidad, su presencia en el mundo, para concluir

apuntando las siguientes conclusiones: "Hemos de tener fe en nuestro

sacerdocio.-" "Hemos de sostener nuestro sacerdocio mediante la oración." "Hay

que formar constantemente la propia conciencia sacerdotal." "Nuestro sacerdocio

está al servicio de la Iglesia." "Nuestra presencia en el mundo debe tener un

profundo sentido misionero. Quedarse encerrado en casa esperando a que la gente

venga o quedarse reducido a actuar únicamente con las personas que ya son

buenas, son dos posturas parciales, carentes de sentido misionero." "Es

necesario desarrollar el sentido de diálogo entre todos los sacerdotes." "Y es

preciso vitalizar la pastoral de conjunto." Y todo ello al servicio del pueblo

de Dios. "Conscientes de nuestro debe* de pastores debemos saber renunciar a

opiniones exclusivamente personales, a preferencias caprichosas, a gustos

Insustanciales. Como Moisés en el desierto, debemos conducir a todo el pueblo

por las sendas seguras de la unidad, en un esfuerzo constante de comprensión

hacia la diversidad de pareceres."

 

< Volver