Un lúcido diagnóstico sobre el momento actual de la iglesia, en dos conferencias del arzobispo de Barcelona, monseñor González  :   
 La crisis es más visible en España, porque hemos vivido aislados de los problemas religiosos del siglo actual. 
 ABC.    26/04/1969.  Página: 47-48. Páginas: 2. Párrafos: 21. 

ABC. SÁBADO 26 DE ABRIL DE 1969.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY UN LUCIDO DIAGNOSTICO SOBRE EL MOMENTO ACTUAL DE

LA IGLESIA, EN DOS CONFERENCIAS DEL ARZOBISPO DE BARCELONA, MONSEÑOR GONZÁLEZ

«Suceda lo que suceda hoy, tenemos que bendecir a Dios por haberse celebrado el

Concilio Vaticano II, sin limitarnos a lamentaciones»

LA CRISIS ES MAS VISIBLE EN ESPAÑA, PORQUE HEMOS VIVIDO AISLADOS DE LOS

PROBLEMAS RELIGIOSOS DEL SIGLO ACTUAL

Madrid. (De nuestra Redacción.) "¿Hubiera sido mejor no celebrar el Concillo?"

De esta aguda pregunta parte, con valentía, el estudio que el arzobispo de

Barcelona acaba de realizar sobre el momento actual que atraviesa la Iglesia en

un folleto que recoge sus conferencias pronunciadas en el Colegio Mayor de la

Sede de la Ciudad Condal. Y la respuesta que el prelado ofrece no puede ser más

tajante: "Suceda lo que suceda boy, tenemos que bendecir a Dios por haberse

celebrado el Concilio Vaticano u y hemos de llenar nuestro corazón de esperanza

y no limitarnos a lamentaciones estériles e inoperantes, sino hacer todos un

esfuerzo de reflexión para explicarnos los hechos que están sucediendo y

comprenderlos dentro del misterio de la Iglesia, tomando cada uno las

determinaciones que nos corresponda tomar." "Con esto quiero daros a entender—

prosigue—que, en efecto, existen motivos de preocupación, pero que no debemos

asustarnos ni dejarnos vencer por una cobardía prematura, sino reaccionar con

humildad y con propósito de vivir las exigencias de nuestra fe."

Partiendo de estas afirmaciones, monseñor González Martín, ofrece un agudo

análisis del momento que atraviesa la Iglesia y especialmente la española. La

raíz del tiempo de desconcierto que atravesamos la ve el prelado en el impacto

producido en la Iglesia por los cambios surgidos en la reciente historia del

mundo: dos guerras mundiales, una cultura alejada en todo este siglo de Dios, la

división de los cristianos, los avances tecnológicos, la aparición de las nuevas

naciones, el cambio experimentado en la vida familiar y social Toda esta serie

de impactos tienen un sentido muy especial en España, precisamente en la medida

en que "los españoles vivíamos aislados". "Lo que pasa escribe—es que nosotros,

católicos españoles, sobre todo a partir de la última guerra mundial, hemos

vivido, por motivos perfectamente explicables y al alcance de todos, muy

recluidos dentro de nuestras fronteras y, como en nuestro sistema político el

sentido católico de la vida no tenía dificultad alguna para manifestarse, no

percibíamos bien la gravedad del drama. No vivíamos ni en extensión ni en

profundidad la gran tragedia espiritual del momento."

Pero aunque entre nosotros no se percibiera lo grave de esta problemática, el

Concilio era absolutamente necesario. La primera raíz de esta necesidad la

coloca el arzobispo de Barcelona en la decadencia que se marca claramente en los

últimos años del pontificado de Pío XII. "En muchos de nosotros—dice monseñor

González con coraje no habitual—el recuerdo de su persona y su actuación

despierta admiraciones sin límites. No se puede olvidar la gran profundidad

interior de aquel hombre. El magisterio de Pío XII ha sido tan extraordinario

que se necesitarán muchos años para ser apreciado suficientemente.

Pero—se sigue preguntando monseñor González—¿qué ocurrió? A partir de su

enfermedad primera, en el año 1953, Pío XII decayó notablemente. Su estilo de

actuar y gobernar había sido siempre muy personal y propio, hasta el punto de

que en una ocasión llegó a decir que él no quería colaboradores, sino

ejecutores. Este modo de actuar en un hombre cuyas facultades disminuían

progresivamente, es muy peligroso. Los asuntos no se resolvían ya con la

oportunidad deseada. Tampoco existían los equipos de trabajo necesarios con la

autonomía suficiente. Y problemas muy importantes de la vida de la Iglesia, como

manifestó más tarde el cardenal Tardini, se aplazaban indefinidamente".

Todo esto hizo necesaria la convocación del Concilio, y el hecho de que fuera

acogido con gozo por el mundo entero es "señal de que era necesario".

LAS SOMBRAS DEL MOMENTO PRESENTE

La primera parte del escrito del arzobispo de Barcelona analiza a continuación

las sombras del momento presente: muchos tienen extrañas Ideas sobre lo que

decidió el Concilio por causa de un informacionismo que a veces lo presentó

escandalosamente; no faltan quienes se han embarcado en un Irenismo ingenuo;

algunos que se consideraban fieles a la Iglesia han presentado una resistencia a

la renovación conciliar, confundiendo lo sustancial con lo accidental, con lo

cual han irritado más a quienes deseaban la reforma; nos encontramos en un

período constituyente que ha creado un nuevo espíritu, pero no las leyes en que

ha de canalizarse; han "aflorado a la superficie muchos antiguos resentimientos"

ya que "los momentos de turbación son muy propicios para que la humildad

desaparezca. Y todo el que lleva dentro de si algún motivo de queja o de

resentimiento contra sus superiores o las leyes existentes, expone y defiende

apasionadamente sus propios criterios".

"Todos estos hechos lamentables—concluye en su primera parte el arzobispo—, que

han acompañado al hecho del Concilio y del posconcilio, están produciendo

sombras. Por un lado, indisciplina; por otro, confusión doctrinal; muchas veces

anhelos vivísimos de una religión más purificada, de una Iglesia más desprendida

de todo, y otras, junto a tales afirmaciones, hay agresividad y ataque, porque,

más que buscar eso, lo que se quiere es destruir otras instituciones en relación

con las cuales vive la Iglesia."

LAS LUCES DE LA HORA ACTUAL

Tras este análisis del cuadrante negativo del problema, analiza monseñor

González los datos positivos del momento presente. Y señala los siguientes: los

muchos avances conseguidos en las relaciones entre la Iglesia y el mundo con los

viajes apostólicos de Pablo VI—gestos que conmovieron la conciencia del orbe—;

el impacto producido por las últimas encíclicas, que puede que sean recibidas

con hostilidad, pero no ya con indiferencia y silencios despectivos; el "inicio

de la distensión en el mundo comunista, muy moderada y siempre expuesta a

retrocesos, desde luego, pero realmente existente en algunos países europeos que

giran dentro de la órbita rusa"; el "muy notable avance" logrado en lo referente

a la unión de los cristianos. Y en el interior de la Iglesia, el progreso que

supone la idea de la colegialidad episcopal:

"se está creando una conciencia muy viva de interrelación, de examen conjunto de

problemas, de comunicación de fuerza", todo lo cual servirá "para que se acentúe

más la idea del Cuerpo Místico de Cristo y se aprieten más los lazos de caridad,

y del pensamiento teológico"; las nuevas y mejores perspectivas de colaboración

entre los sacerdotes, aunque las nuevas estructuras sean aún algo que se debe

lograr: "es algo que está empezando todavía y hoy nos sentimos incómodos"; un

florecimiento de la espiritualidad matrimonial; una "conciencia más viva de los

deberes sociales", en la que puede haber excesos, pero "es preferible la

preocupación de hoy, eliminados siempre los excesos, al silencio de épocas

anteriores frente a un drama tan terrible como ha vivido el mundo contemporáneo

en el orden social": el renacimiento de la cultura teológica al que estamos

asistiendo, con una colaboración mucho más viva entre cultura religiosa y

profana.

NORMAS QUE DEBEN GUIAR AL CATÓLICO DE HOY

El amplio análisis del arzobispo de Barcelona concluye con una serie de normas

para el católico actual.

Las siguientes:

1) Un verdadero espíritu de renovación conciliar; renovación que debe

aceptarse "sin adoptar jamás actitudes de oposición ni resistencia". "Que la

bandera de la renovación conciliar no esté en manos de atrevidos e insensatos.

Facilitamos su postura de insensatez si, con el pretexto de ser fieles a la

Iglesia, nos mostramos reticentes o pasivos respecto a las renovaciones

verdaderas que la Iglesia ha enseñado."

2) Aceptación sincera de las decisiones de la jerarquía. "Importa mucho que

todos aporten sus iniciativas", pero "hay que estar dispuestos a aceptar las

decisiones últimas de aquellos que en la Iglesia tienen la misión de tomarlas".

3) "No fiarse de cualquiera." "Cuando oigáis doctrinas extrañas,

juzgarlas según sea su conformidad con el magisterio del Papa y los obispos. Y

cuando os lleguen las críticas despiadadas contra la jerarquía, recordad que no

es lo mismo lidiar el toro en la plaza que jugar a las corridas en la plazuela."

4) "Saber esperar." "Se necesitarán muchos años para que todo el contenido

del Concilio pueda ser aplicado armoniosamente, porque no se puede jugar con los

hombres y con las sociedades como se juega con un pliego de papel."

5) "No creer, en fórmulas mágicas." Estas no existen. "El proceso de

transformación de un alma, para la conversión verdadera a Dios, suele ser

laborioso y duradero- ¡Cuánto mas el de la transformación de una sociedad"

6) "Aceptar la paradoja y el misterio de la Cruz." A pesar de todo lo que

hagamos, en la Iglesia y en él mundo seguirán existiendo el bien y el mal, las

esperanzas y las limitaciones.

7) "Que cada cual se mantenga dentro de su puesto. El seglar como seglar y el

sacerdote como sacerdote."

Comentando esta frase, el prelado señala el peligro de que el sacerdote entre en

funciones de seglar, pero añade inmediatamente que no dice estas palabras para

"suscitar en los seglares ningún género de reproche contra actuaciones

sacerdotales que no acaben de entender". "Aun cuando veáis gestos y actitudes

extrañas, hay que esforzarse por descubrir los motivos de este estilo y modo de

obrar. Antes que acusar hay que discernir." En muchas conductas aparentemente,

rebeldes—añade—"más que errores o desobediencias formales se trata de un

sufrimiento lacerante en el alma sacerdotal, que nace de su generoso deseo de

hacer el bien y de su comprobación tristísima del alejamiento en que los hombres

se encuentran respecto a la Iglesia". "No se cometerían tantas Imprudencias en

materia social—añade—si no existieran tan dolorosas Injusticias."

El arzobispo concluye su estudio con una Incitación a la esperanza: "El Concilio

tiene que dar sus frutos, no lo dudéis. Pasarán diez, quince, veinte años, más o

menos laboriosos y molestos. Pero otros recogerán la cosecha que,

indefectiblemente, ha de brotar. No dejéis de ofrecer vuestras manos para la

siembra de ahora."

El cardenal Suenens predica en una catedral anglicana

Malinas (Bélgica) 25. El cardenal León Joseph Suenens, primado de la Iglesia de

Bélgica, salió hoy de Malinas con destino a Inglaterra, donde, el próximo

domingo, descubrirá una placa conmemorativa de las “conversaciones de Malinas",

entre católicos y anglicanos, y pronunciará una homilía en la catedral anglicana

de York.

Esta cera la primera vez, desde hace cuatro siglos, que un prelado católico toma

la palabra en esta catedral.

Como es sabido, las conversaciones de Malinas tuvieron lugar de 1921 a 1926.

El primado belga viaja acompañado del canónigo Dessain, secretario de la

Comisión para el ecumenismo de la archidiócesis de Malinas-Bruselas, y de un

grupo de fieles belgas.—Efe.

 

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