"La consagración de España a Cristo nos compromete a todos a realizar una reforma de nuestras vidas, nuestras leyes e instituciones"  :   
 Carta colectiva del episcopado ante el cincuentenario de la consagración de España al corazón de Jesús. 
 ABC.    25/05/1969.  Página: 27-28. Páginas: 2. Párrafos: 31. 

ABC. DOMINGO 25 DE M AYO DE 1969. EDICIÓN DE LA MAÑANA.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY

«LA CONSAGRACIÓN DE ESPARA A CRISTO NOS COMPROMETE A TODOS A REALIZAR UNA

REFORMA DÉ NUESTRAS VIDAS, NUESTRAS LEYES E INSTITUCIONES»

«Los ciudadanos de un país consagrado ai Señor no pueden permitir con pasividad

una atmósfera social injusta»

CARTA COLECTIVA DEL EPISCOPADO ANTE EL CINCUENTENARIO DE LA CONSAGRACIÓN DE

ESPAÑA AL CORAZÓN DE JESÚS

Al- celebrarse el cincuentenario de la Consagración de España al Sagrado Corazón

—hecha el 30 de mayo de 1919 por el Rey Alfonso XIII en el Cerró de los Angeles—

, el Episcopado español ha publicado una amplia caria, colectiva—casi cinco mil

palabras—para invitar a los católicos españoles a "renovar aquella consagración

solemne" y para ofrecer una orientación "sobre el sentido y las exigencias de la

misma".

Comienza el documento explicando el papel del amor de Cristo en la vida

cristiana:

"El mundo necesita un verdadero amor. Más que nunca nos acecha el peligro de una

desesperanza radical, al ver que el progreso de la técnica y la abundancia de

bienes materiales no hacen más feliz al mundo, ya que es innumerable el número

de los pobres o insatisfechos, el de los hastiados y desilusionados, el de los

que viven sin saber para qué viven.

Sólo volviendo el hombre a Dios puede aspirar a la paz consigo mismo y con los

demás hombres, a un progreso humano,auténtico y a la felicidad, fundada en la

cooperación fraterna y en la esperanza de una perfecta comunión con Dios.

En esta vuelta a Dios, El mismo se nos ofrece en Cristo como camino.

El amor de Dios se nos manifiesta en un corazón de hermano, que participa sin

privilegio alguno de la condición dolorosa de nuestra vida y la ofrece al Padre

en actitud de confiada obediencia hasta la muerte, liberándonos asi de la

soledad orgullosa ´y desesperada a que nos condena nuestra propia rebeldía, y

devolviéndonos la posibilidad de una comunicación vital con Dios.

Viendo el amor de Cristo vemos el amor del Padre. La pasión de Cristo ha sido la

revelación de su amor a través de la oblación redentora de su sangre. Y ha sido

la manifestación de, la accesibilidad de ese amor a los hombres. Manifestación

que significa una invitación a corresponderle con nuestro amor."

ACTUALIDAD DE LA DEVOCIÓN

El documento pasa después a plantear el tema de la actualidad y del valor

esencial de la devoción al Corazón de Cristo. Y analiza en primer término cómo

esta devoción aclara, el verdadero papel de Cristo en la Iglesia:

"La devoción al Corazón de Cristo nos conduce al núcleo vital de nuestra

auténtica relación con el Señor en la Iglesia. Hay una tendencia a hacer de Dios

y de Cristo algo abstracto e impersonal, a confundir la religión cristiana con

una filosofía humana y secularizada, a fomentar una llamada desmitización, en la

que termina por evaporarse el testimonio de Cristo y el de sus Apóstoles,

despojando de todo contenido salvador los dogmas cristianos. Ya no se trata con.

el Cristo palpitante del Evangelio, el que está con nosotros hasta la

consumación de los siglos.

La devoción, al Corazón de Jesús, reavivando la ínaole personal de nuestra

relación con Dios, contribuirá a enderezar actitudes desviadas, tan

perjudiciales para la vida de los cristianos y para la misión de la Iglesia. Si

Dios nos ama con un corazón humano, no hemos de permitir que se contradigan o se

independicen la vida religiosa de unión con Dios y las demás realidades de la

vida humana.

La llamada dimensión vertical de la existencia cristiana no se opone a su

dimensión horizontal, sino que le da su contenido y su eficacia. Nuestra´ vida

cotidiana fia de ser la proyección de nuestra relación con el Amor de Dios."

LA REFORMA DE LA IGLESIA

Pasa después el documento episcopal a estudiar la necesidad de esta devoción

para .realizar la reforma de. la Iglesia promovida por el Concilio. Y escriben

los obispos:

"La devoción al Sagrado Corazón de Jesús preservará la autenticidad de la

renovación de la Iglesia que el Concilio Vaticano II se propuso impulsar.

Si no nos adentramos hasta el Corazón de Cristo, el cristianismo se reduce a una

idea, la Iglesia a una organización, la moral a unas imposiciones. Nos quedamos

sin amor, sin el cual nada tiene sentido. A través de las palabras y de los

hechos de la vida de Jesús hemos de llegar al fondo mismo de donde palabras y

obras proceden. Como dijo Pío XII en la Encíclica "Mystici Corporis" y repitió

Pablo VI en "Ecclesiam suan": "Es menester que nos acostumbremos a ver en la

Iglesia al mismo Cristo. Porque es Cristo quien vive en su Iglesia, quien enseña

en ella, quien por ella gobierna y comunica la santidad. Cristo es también el

que de diversas maneras se manifiesta en los diversos miembros sociales de su

cuerpo."

Muchas de las desorientaciones, de las impaciencias y desalientos que traban en

este momento la acción de la Iglesia tienen como causa última una inadecuada

aceptación del misterio de Cristo o una concepción de la Iglesia sin la

necesaria relación con la Persona de Jesús, nuestro Salvador, hecho hombre. Sin

comprender —con esa sabiduría que Dios da a los humildes y niega a los

soberbios—a Cristo Jesús, el Señor, mal se puede comprender el misterio de la

Iglesia a peor intentar su renovación y revitalización.

Sólo en unión con el Corazón de Cristo podemos renovar las formas variables de

la Iglesia en función de la misión redentora que de Cristo ha recibido; podemos

aceptar el misterio del pecado en los miembros de la Iglesia—red que acoge a

buenos y malos—, trabajando con amor y dolor por su purificación; podemos

reconocer y amar en lo visible de la jerarquía la invisible actuación de Cristo

Cabeza."

Señalan a continuación las consecuencias de esta devoción para nuestra vida

social nacional:

"En numerosas ocasiones el Episcopado español ha exhortado a una progresiva

restauración cristiana del orden social, como una de las más urgentes

obligaciones de cada uno y de toda la comunidad patria. Esa renovación no podrá

hacerse con la generosidad, la profundidad y la integridad requerida si no está

inspirada por el amor que brota del Corazón de Cristo. Desde El procuraremos

renovar a las personas y las estructuras sociales con amor, que es decir con

fecunda eficacia y no con irritada y disolvente violencia; podremos defender, la

justicia sin convertir esa defensa en la máxima injusticia: impulsaremos el

desarrollo en todas sus dimensiones, sin truncar el crecimiento de los valores

eternos del hombre"

LA CONSAGRACIÓN Y SUS CONSECUENCIAS

La segunda parte del documento la dedican los obispos al tema de la consagración

de España al Corazón de Jesús. ¿Tiene hoy sentido—se preguntan—un acto de este

género? Y he aquí su respuesta:

"Más que nunca necesita el mundo el testimonio vivo de nuestra fe en Cristo

resucitado. Y si este testimonio requiere necesariamente las obras (LG. 35; AA.

16; AG. 11), incluye también la pública y comunitaria profesión de nuestra fe.

Esto ha de ser, ante todo, la renovación de la consagración pública al Corazón

de Jesús: proclamación valiente y gozosa de la fe que Dios nos ha concedido. No

podemos esconder la luz de la Verdad, sino levantarla sin temor para que ilumine

los caminos de hoy. Cuando algunos vacilan en su fe, y nuestra sociedad tiene el

peligro de quedar hundida en la limitación de lo visible, de lo natural, de

nuestro propío progreso, es preciso proclamar la resurrección del que murió y

fue atravesado por la lanza, proclamar la perenne vigencia del que subió al

Padre y vive para siempre intercediendo por nosotros. (Rom. 8,34.)."

La segunda razón que sirve de base a la consagración la ponen los obispos en la

necesidad de dar un testimonio de unidad en la proclamación de la fe:

"Cuando la aplicación errónea del don precioso de la libertad nos puede llevar a

la desunión, a la incomprensión mutua, al encasillamiento de unos y otros en los

distintos criterios y opciones, es necesario dar un publico v humilde testimonio

de nuestra fraternal unidad en Cristo por encima de todas las divergencias de

actitudes y opiniones. Seremos nosotros mismos los primeros en comprobar que es

más lo que nos une que lo que nos divide (GS. 92). Ya que juntos profesamos una

misma fe en el Hijo de Dios, un mismo amor al que se hizo hombre por nosotros;

juntos estamos en comunión de vida, como miembros de un mismo Cuerpo que es la

Iglesia."

Se plantean después los obispos españoles las consecuencias que en el orden

civil y social han de deducirse de este acto de consagración. Y ven en este

Resto un compromiso de fidelidad, de reparación y de renovación:

"Esta renovación jubilar de la consagración de España al Corazón de Cristo nos

compromete a todos a realizar la renovación que exige de nosotros la fidelidad

al Señor. Renovación por la que nuestras vidas, nuestras familias, nuestras

comunidades eclesiales, nuestras instituciones civiles, nuestras leyes y

nuestras costumbres se ajusten cada día mejor a la norma suprema del Evangelio.

Trabajando por el mejoramiento de te vida social con espíritu de fe, esperanza y

caridad, en la, promoción armónica de los bienes económicos, culturales, morales

y religiosos, todos Jos ciudadanos contribuirán a dilatar el Reino de Cristo y a

instaurar en El todas las cosas (LG., 36). Entre todos se ha de avanzar hacia

una sociedad cada vez más justa y fraternal: que sea una auténtica comunidad de

personas, una familia de hermanos, cuya ordenación, dentro de la necesaria

unidad, facilite la participación activa del mayor numero posible, con una

autoridad providente que dirija hacia el bien común las fuerzas que loa

ciudadanos aportan con libertad v responsabilidad, según la capacidad de cada

uno y las necesidades de loa demás (cfr. GS. 23. 24. 26. 30. 68. 74). Una

sociedad donde los bienes de la tierra y el producto del esfuerzo humano sirvan

convenientemente para todos mediante una justa distribución (GS., 69).

¿os ciudadanos servirán al Reino de Cristo coordinando sus fuerzas "para sanear

las estructuras v los ambientes del mundo cuando inciten al pecado, de manera

que sean conformes a las normas de la justicia y mas bien favorezcan que

obstaculicen la práctica de las virtudes" (LG., 36). El orden temporal debe ser

ordenado nacía Dios por Jesucristo, de tal forma que, salvando integramente sus

propias leyes, se ajuste a los principios superiores de la vida cristiana (AA.,

7).

Los ciudadanos de un país consagrado al Señor no pueden permitir con pasividad

que la atmósfera social sea contagiada injustamente por factores que la hagan

irrespirable para la fe y para la vida moral de sus hermanas, en particular los

más indefensos. Y considerarán como una obligación absoluta lo que en otra

ocasión señaló el Episcopado español con estas palabras: "Los fieles, al mismo

tiempo que colaboran con todos los hombres, aun los no creyentes, en la recta

ordenación de las cosas temporales, evitarán a toda costa contribuir a los

planes de quienes intentan desterrar a Cristo de la vida humana."

Y el documento—que lleva fecha de hoy, domingo de Pentecostés—concluye señalando

que este acto de consagración de la comunidad española "debe ser un acto de

gratitud al Señor por tantos beneficios que nos ha otorgado a lo largo de la

Historia, en los tiempos prósperos y en ios de prueba".

 

< Volver