Autor: Martín Descalzo, P.. 
   "Aspiro a ser, con humilde confianza, un obispo renovador"  :   
 Consagración episcopal de monseñor Montero Moreno. 
 ABC.    18/05/1969.  Página: 31. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC.

«ASPIRO A SER, CON HUMILDE CONFIANZA, UN OBISPO RENOVADOR»

Consagración episcopal de monseñor Montero Moreno

Sevilla 17. (De nuestro enviado especial, por "telex".) "Al recibir la plenitud

del Sacramento del Orden, pido a Dios y a Nuestra Señora una fe alegre de

misacántano y una ilusión de servicio a la Iglesia como la que viví al ordenarme

de sacerdote en Roma hace ahora dieciocho años."

Era bonito oír estas palabras en una consagración episcopal, en estos momentos

en que todo se polemiza y en que la figura, del obispo aperece más rodeada de

críticas o vértigos que de fe y serena confianza. Y era más hermoso aún

comprobar que estas palabras resumían el clima de la fiesta de esta tarde.

Y he escrito "fiesta" premeditadamente, porque realmente la liturgia en que

Antonio Montero fue elevado al episcopado ha sido simplemente una fiesta.

Estamos en Sevilla. Estamos en la Iglesia del posconcilio.

Era, por eso, hermoso ver cómo catorce obispos—dos cardenales y dos arzobispos

entre ellos—acudían para imponer las manos sobre el nuevo prelado atraídos por

el viento bendito de la amistad. Verles abrasar al nuevo miembro de su Colegio

episcopal no era esta tarde un rito, sino un gozo, una verdadera fiesta de

familia. Y el mismo tono tenía el numerosísimo círculo de sacerdotes llegados de

toda la geografía de España para celebrar esta elección episcopal que era un

gozo común. Y toda la liturgia de esta tarde respiraba esa misma naturalidad: no

es corriente ver a una asamblea de tres mil o cuatro mil personas cantando al

unísono en una celebración donde nadie se sentía extranjero. Esta tarde era una

buena ocasión para trazar el balance de lo que la reforma litúrgica ha supuesto

en la Iglesia: la consagración de un obispo ha perdido todo cuanto tenía de

ostentoso y distante.

Pero habrá que añadir que este gozo no acababa en el gozo. Tras la alegría había

decidido un programa evangélico. "Aspiro a ser—diría el nuevo obispo—, con

humilde confianza y aceptando márgenes de error, un obispo renovador. Dios sabe

que no pretendo con ello herir a nadie ni destruir nada, sino, buscar la verdad

evangélica en mi vida personal y en mi ministerio pastoral. Ayúdame, Señor, a

amar a todos con entrañas de misericordia, a revestirme de Jesucristo y a no

avergonzarme del Evangelio, ni en lo que exige de valentía, ni en lo que tiene

de paciencia y de muerte personal."

Y tras estas palabras—como si le corriese prisa poner en obra esa audacia y esa

paciencia añadió:

"Permitidme que os diga a los que enarboláis banderas, de renovación que no nos

creerán ni aceptarán nuestros mensajes si éste no se atiene a la integridad del

Evangelio. Si no se quita del ojo propio lo que se critica en el ajeno. Si se

proclama una autenticidad cortante sin el bálsamo de la caridad."

"Permitidme que diga, para los que defendemos tesoros de tradición, que la

Iglesia es un ser vivo, que el Espíritu de Dios nos ha hecho dar un salto

histórico en el Vaticano II. Qué en la Iglesia hay un patrimonio inmutable e

intocable, vero no pocas cosas pasajeras y mejorables. Quienes sólo conservan lo

recibido, sin hacerlo fructificar, deben leer la parábola de los. talentos. Que

ni la vida personal ni la colectiva pueden basarse en la nostalgia del pasado y.

en el miedo del porvenir."

La consagración del más joven de los obispos españoles era asi una fiesta y un

programa a la vez. Y el pueblo debió entenderlo, porque cuando una hora después

de concluida la ceremonia oficial seguía aún el inacabable besamanos—más que

besamanos habría que decir "estrujaobispo"—, había en los rostros de cuantos

abandonaban la catedral esa alegría de los que han asistido a una—honda, honda—

fiesta de lamilla.

P. MARTIN DESCALZO.

 

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