Las relaciones entre el Papa y los obispos y los problemas de los sacerdotes españoles, temas de las primeras jornadas en la Asamblea episcopal  :   
 La ponencia expuesta por el cardenal de Toledo sobre problemas sacerdotales impresionó por su lucidez, sinceridad y realismo". 
 ABC.    03/07/1969.  Página: 35-36. Páginas: 2. Párrafos: 17. 

DE JULIO DE 1969. EDICIÓN DE LA MAÑANA.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY LAS RELACIONES ENTRE EL PAPA Y LOS OBISPOS Y LOS

PROBLEMAS DE LOS SACERDOTES ESPAÑOLES, TEMAS DE LAS PRIMERAS JORNADAS EN LA

ASAMBLEA EPISCOPAL

«Los obispos españoles no podemos dejar de expresar nuestra adhesión a las

palabras recientemente dirigidas por el Papa a nuestro país»

LA PONENCIA EXPUESTA POR EL CARDENAL DE TOLEDO SOBRE PROBLEMAS SACERDOTALES

IMPRESIONO POR SU LUCIDEZ, SINCERIDAD Y REALISMO

Madrid. (De nuestra Redacción.) Relaciones Papa-obispos y problemas sacerdotales

españoles han llenado las dos primeras jornadas de esta X Asamblea del

Episcopado Español, iniciada en la mañana del martes.

Tras la invocación al Espíritu Santo y el canto de la Salve, los trabajos se

iniciaron con unas palabras del presidente, monseñor Morcillo, que invitó a los

reunidos a reflexionar sobre el gran trabajo realizado basta aquí por la

Conferencia Episcopal, y en la gratitud que merecen quienes en él han

participado.

Señaló la importancia del tema central que esta X Asamblea estudiará, y,

dirigiéndose al nuncio de Su Santidad, expresó los sentimientos de adhesión y

fidelidad al Santo Padre vividos por la Conferencia Episcopal Española.

Habló a continuación el representante del Papa, monseñor Dadaglio, y, tras

agradecer estas manifestaciones de amor y de fidelidad al Papa, señaló que estos

sentimientos son un distintivo especialísimo de los obispos españoles desde los

primeros tiempos de la Iglesia en España. Señaló después la dificultad de los

momentos actuales, indicando que la Iglesia siempre ha tenido momentos

difíciles. "No es raro que ocurra—dijo—, ya que la Iglesia está adaptándose a un

mundo nuevo que, si bien plantea dificultades, quizá ayuda a preparar la

primavera de la Iglesia de que habló Juan XXIII.

Tras algunos informes del obispo secretario sobre las ediciones españolas del

catecismo holandés, sobre gestiones realizadas en favor del aumento de los

haberes del clero y de algunos problemas suscitados por ciertos grupos

sacerdotales en Europa, y del cardenal arzobispo de Tarragona sobre las buenas

impresiones del proceso de canonización del beato Juan de Avila, la Asamblea

pasó al estudio del tema central de la reunión: el de la1 postura de nuestro

Episcopado ante los-problemas del próximo Sínodo de obispos que en octubre se

celebrará en Roma.

Según se informaba ayer a les periodistas—en una rueda de Prensa mantenida por

monseñor Roca y monseñor Briva—, el problema que analizará el Sínodo es el tema

de la unidad y las diversidades en la Iglesia. Hasta el Vaticano II, la Iglesia

vivió una etapa con tendencia predominantemente centralista. El contacto de los

obispos con él Papa se mantenía a nivel de individuos, casi se desconocía

jurídicamente en la Iglesia el concepto de nación, y, si bien el Papa de hecho

consultaba a los obispos en los grandes problemas—como en la definición

dogmática de la Asunción—, no existía una forma orgánica para esta colaboración.

La unidad de la Iglesia tendía visiblemente hacia la uniformidad.

El pasado Concilio—al subrayar la participación vital de los obispos en el

gobierno universal de la Iglesia, sin que esto, como es claro, condicionara el

papel central y único del Papa—venía a abrir una mayor puerta a las diversidades

nacionales. Ejemplo típico—y que, sin duda, esta en el origen del próximo

Sínodo—era el de las reacciones de los diversos Episcopados ante la "Humanae

vitae": sin darse una real discrepancia con la postura del Pontífice; los textos

de los diversos Episcopados matizaban, adaptaban o complementaban las palabras

papales vistas desde la órbita de sus respectivas naciones. ¿Era esto un real

peligro para la unidad de la Iglesia? ¿Esta diversidad en lo no esencial era la

puerta abierta para un cisma o para el nacimiento de iglesias nacionales, o era

un real enriquecimiento de la unidad permitiendo una adhesión más real a la fe

al acercar sus planteamientos a los problemas y psicología concreta de cada

comunidad? Es fácil percibir la importancia del problema: se trata de definir

hasta dónde es legítima la diversidad y hasta dónde deben llegar los límites de

la necesaria unidad.

La experiencia de estos primeros años permitirá ya hoy un balance del problema.

Aunque no será sencillo. Pues si son muchos los que se escandalizan de una

diformidad que les parece rotura de la unidad, no son tampoco minoría quienes

estiman que esta diversidad es aún muy corta. Ejemplo significativo han sido en

esta segunda dirección las recientes declaraciones del cardenal Suenens, que

venían a señalar—desde su punto de vista—un excesivo control por parte de Roma

sobre la actividad de los diversos Episcopados.

¿Hacia dónde se inclina el esquema elaborado para el próximo Sínodo? ¿Y hacia

dónde bascula la opinión del Episcopado español? El documento preparado por el

Sínodo se inclina—decía en la rueda de

Prensa monseñor Briva—más bien hacia la unidad. Esto no quiere decir que la

Santa Sede quiera dejar de ser—como ha sido durante estos años—respetuosa hacia

las diversidades; este respeto va a mantenerse. Y en todo caso no debe pensarse

que este Sínodo surja de una especie de temor a cismas nacionales; surge de algo

positivo: de una voluntad de mayor coordinación.

El enfoque—precisaba monseñor Roca— no es represivo, sino regulador. Y en cuanto

a la línea del Episcopado español, reflejada en los debates de estos días, se

decía que, en realidad, no se puede decir que nuestros obispos hayan estado ni

en pro ni en contra de esa mayor apertura pedida por el cardenal Suenens, que,

en todo caso, no se ha tomado sobre este punto decisión ninguna, pero sí puede

señalarse una tendencia más bien crítica hacia esa postura que acentuaría las

diversidades.

De todos modos, en realidad, el tema está aún a medio camino. Tras el informe—

notablemente abierto—presentado a la Asamblea por T. I. Jiménez Urresti, primer

teólogo que ha intervenido en una sesión de nuestra Asamblea episcopal—, el

Episcopado decidió matizar su opinión con una serie de preguntas que se están

elaborando y que serán sometidas a vota; ción en próximas jornadas, para que así

el obispo—o los obispos—españoles que acudan al Sínodo puedan reflejar con

fidelidad, matemática incluso, la opinión de todos los miembros de la Asamblea.

LOS PROBLEMAS DE LOS SACERDOTES ESPAÑOLES

Si la primera jornada se centró en el tema Papa-obispos, la de ayer tuvo como

problema central el estudio de los problemas sacerdotales en España; pero no

planteado a nivel de "conflictos"—pues es sabido que los estallidos polémicos no

siempre son reflejo de la realidad total—, sino a base de un planteamiento

sociológico y teológico.

El tema, tuvo arranque de una ponencia leída por el cardenal Enrique Tarancón

"cuya lucidez, sinceridad y realismos—decía monseñor Roca—ha impresionado a la

Asamblea". La ponencia no partía de teorías, sino de un serio estudio sobre la

ancha problemática del clero que se viene realizando desde hace muchos meses: la

encuesta realizada hasta el momento en ocho diócesis y sobre unos tres mil

sacerdotes en la que se analizan "todos" sus problemas humanos, sacerdotales y

religiosos. Esta encuesta, que se extenderá a otras trece diócesis y cinco mil

sacerdotes más, será sin duda el estudio más serio hecho jamás sobre la real

problemática del clero. Y un primer esbozo de conclusiones fue el ofrecido ayer

por monseñor Tarancón, estudio de tal importancia que la propia Conferencia

manifestó su deseo de que próximamente pueda ser publicado en su integridad (en

nuestro número de mañana esperamos poder ofrecer a los lectores un amplio

resumen de este trabajo).

Y junto a este informe del cardenal de Toledo, la Conferencia estudiaba muy

detenidamente un amplio documento elaborado por la Comisión Episcopal del clero

sobre la teología del sacerdocio. En la jornada de ayer se revisaron 12 de sus

50 párrafos, y en el debate sobre ellos intervinieron 44 obispos presentando

muchísimas propuestas de modificaciones, todo lo cual hace que la publicación de

este documento no pueda considerarse como inmediata, pues deberá ser revisado a

tenon de estas propuestas hechas por los diversos obispos en el debate de ayer.

Este es el resumen de las dos primeras jornadas de las que se ha ofrecido ana

información a la Prensa mucho más amplia y concreta que en ediciones anteriores

de la Conferencia. Conferencia ésta a la que asisten 69 prelados, estado

ausentes, por enfermedad o imposibilidad de asistir, los arzobispos

dimisionarios de Granada, Pamplona y Valencia; el obispo dimisionario de

Canarias y tos obispos de Canarias. Barbastro. Falencia, Tarazona, auxiliar de

Madrid, monseñor Morta, y prefecto apostólica de Ifni-Sahara.

En estas dos primeras jornadas no se han estudiado—como ayer se dijo en la rueda

de Prensa respondiendo a preguntas de los periodistas—ni el problema de

relaciones Iglesia y Estado ni las palabras recientemente dirigidas a España por

el Papa. "Es evidente—precisó monseñor Briva—, que los obispos españoles no

podemos dejar de expresar nuestra adhesión a las palabras del Papa dirigidas a

España. Estas palabras ni se han discutido ni se discutirán. Tendremos que

desentrañarlas y reflexionar sobre ellas, pero es claro que nadie las va a

discutir ni regatear su, adhesión.»

 

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