"La renovación es la palabra que se nos ha dado como una orden, como un programa, como una esperanza"  :   
 "Pero la novedad no puede ser en la iglesia producto de una rotura con la tradición". 
 ABC.    03/07/1969.  Página: 36. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

«LA RENOVACIÓN ES LA PALABRA QUE SE NOS HA DADO COMO UNA ORDEN, COMO UN

PROGRAMA, COMO UNA ESPERANZA»

Palabras de Pablo VI en la audiencia de ayer

«PERO LA NOVEDAD NO PUEDE SER EN LA IGLESIA PRODUCTO DE UNA ROTURA CON LA

TRADICIÓN»

Ciudad del Vaticano 2. "Lo nuevo no puede ser en la Iglesia el producto de una

ruptura con la tradición", afirmó hoy Su Santidad el Papa Pablo VI en el

discurso que pronunció en la audiencia general concedida a millares de fieles de

todas las partes del mundo en la basílica de San Pedro.

Subrayando que es el deseo de la Iglesia y del mismo Pontífice recoger las

grandes palabras del Concilio, el Santo Padre hizo notar que una de estas

palabras era la de "novedad". "Es una palabra sencilla —dijo—, utilizadisima,

muy agradable para los hombres de nuestro tiempo. Llevada al campo religioso es

maravillosamente fecunda; pero, mal entendida, puede convertirse en explosiva.

Pero es la palabra que se nos ha dado como una orden, como un programa, más

bien, se nos ha anunciado como una esperanza..."

El Papa indicó que han sido dos los términos que han calificado al Concilla:

"renovación", y "aggiornamiento", palabra ésta a la que el Papa Juan dio camino

libre y que ha entrado ya en el lenguaje corriente y no sólo de Italia; dos

términos que hablan de novedad. Uno refiriéndose más bien al campo interior, el

otro, al exterior, canónico, institucional.

El Santo Padre expresó su preocupación de que este "espíritu de renovación" que

se expresa en el Concilio sea comprendido por todos y se mantenga vivo.

"Responde—señaló—al aspecto destacado de nuestro tiempo, que está todo en rápida

y enorme transformación, es decir, en vías de producir novedad en cada sector de

la vida moderna. Surge espontáneamente la comparación: ¿Todo el mundo cambia y

la religión no? ¿No se produce entre la realidad de la vida y el cristianismo,

el católico especialmente, una deformación, una separación, una incomprensión

recíproca, una hostilidad mutua? Una corre y el otro está parado, ¿cómo pueden

estar de acuerdo? ¿Cómo puede pretender el cristianismo influir hoy sobre la

vida?"

"He aquí—prosiguió Pablo VI—Las razones de las reformas emprendidas por la

Iglesia, especialmente después del Concilio: el episcopado intentando promover

la renovación correspondiente a las necesidades presentes, las Ordenes

religiosas dispuestas a reformar sus estatutos, el laicado católico se califica

y se articula en los ordenamientos eclesíales; he aquí la reforma litúrgica,

cuya extensión e importancia todos conocemos; la educación cristiana examina,

con detenimiento los métodos de su pedagogía, y he ahí toda la legislación

canónica en vías de revisión renovadora. Y cuántas otras consoladoras y

prometedoras novedades germinan en la Iglesia para testimoniar la vitalidad

nueva, que incluso en estos años tan escabrosos para la religión demuestra la

animación continua del Espíritu Santo. El desarrollo del ecumenismo, guiado por

la fe y la caridad, es suficiente por sí sola para señalar un progreso casi

imprevisible en la vida y en el camino de la Iglesia. La esperanza, que es la

mirada de la Iglesia hacia el futuro, llena su corazón y nos dice cómo éste

palpita en la nueva y amorosa espera. La Iglesia no es vieja, es antigua; el

tiempo no la doblega y, si ésta es fiel a los principios intrínsecos y

extrínsecos de su misteriosa existencia, la rejuvenece. La Iglesia no teme a lo

nuevo, sino que lo vive. Como un árbol de segura y fecunda raíz, trae en sí, a

cada ciclo histórico, su. primavera."

Pablo VI indicó que el problema de lo "nuevo" en la vida católica es

extremadamente complejo: "Lo nuevo no, puede ser en la Iglesia producto de una

rotura con la tradición. La mentalidad revolucionaria hace ya tiempo que ha

entrado también en la mente de tantos cristianos, de buenos cristianos. La única

rotura que se nos ha concedido es la de la conversión, la rotura con el pecado,

no con el patrimonio de fe y de vida, del que somos responsables y afortunados

herederos. Las innovaciones necesarias y oportunas a las que debemos aspirar no

pueden venir de una separación arbitraria de la raíz viva, que nos ha

transmitido Cristo desde el momento en que apareció en el mundo y ha hecho de la

Iglesia "señal e instrumento" de la validez de nuestra unión con Dios."

El Papa destacó que para los católicos "la novedad consiste más bien y de forma

esencial en una vuelta a la tradición genuina y a sus fuentes, que son el

Evangelio... Quien sustituye la propia experiencia espiritual, el propio

sentimiento de fe subjetiva, la propia interpretación personal de la palabra de

Dios produce ciertamente una novedad, pero es una ruina. Asi, quien desprecia la

historia de la Iglesia en aquello qué tiene de ministerio carismático para la

tutela y la transmisión de la doctrina y de las costumbres cristianas puede

crear novedades atrayentes, pero que carecen de virtudes vitales y salvadoras:

nuestra religión, que es la verdad, que es la realidad divina en la historia del

hombre, no se inventa y, ni siquiera, hablando con propiedad, se descubre; se

recibe y, por antigua que sea, es siempre viva y nueva, es decir, perenne y

siempre apta para florecer en nuevas y genuinas expresiones. "Está claro, dice

el Concilio, que la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el magisterio de

la Iglesia, por sapientísima disposición de Dios, se encuentran entre sí

conectados y unidos, de tal forma, que no pueden subsistir independientemente."

Efe.

 

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