Monseñor García Lahiguera, arzobispo de Valencia  :   
 Fue auxiliar de Madrid y era en la actualidad obispo de Huelva. 
 ABC.    04/07/1969.  Página: 40. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

MONSEÑOR GARCÍA LAHIGUERA, ARZOBISPO DE VALENCIA

Fue auxiliar de Madrid y era en la actualidad obispo de Huelva

Madrid. (De nuestra Redacción.) A las doce de la mañana de ayer publicaba

"L´Osservatore Romano"—y a esa misma hora era hecho público en la Asamblea

episcopal en Majadahonda,—el nombramiento de monseñor García Lahiguera como

arzobispo de Valencia, si bien la noticia había circulado profusamente en los

últimos días como, algo esperado y querido.

Monseñor Latiguera, que nació en Fitero (Navarra) en 1903, es uno de los

prelados españoles más queridos, por su bondad y la altura espiritual de su

vida. Vivió en Madrid la mayor parte de su vida, desde sus estudios en el

Seminario de la capital hasta que, obispo ya auxiliar de Madrid, fue trasladado

a la diócesis de Huelva en 1964. Espiritual y celoso, su actividad había

brillado especialmente en la dirección y fundación de religiosas y en su

apasionado interés humano y sacerdotal con los hombres del mar, que le había

llevado a compartir su vida en Dakar y en Alaska.

La noticia, que fue recibida con júbilo en el clima familiar de la Conferencia

Episcopal, era en cambio recibida con tristeza en Huelva, donde monseñor

Lahiguera se había hecho querer por todos sus diocesanos. Al mismo tiempo, en

Valencia—vacante ya desde hace casi tres años por la renuncia de monseñor

Olaechea, aunque sabiamente regida por monseñor Moralejo como obispo-vicario—la

noticia era recibida con la lógica alegría.

"Me siento embargado por la emoción —declaraba ayer mismo monseñor Lahiguerá a

un periodista—y no me salen las palabras."

"Sólo he estado una vez en Valencia—siguió diciendo el nuevo arzobispo—, con

motivo de un Congreso Nacional de Adoración Nocturna que se celebró allí. Y

puedo decirle que es una ciudad que me dejó enamorado. La Eucaristía es para mi

el .centro de mi vida, y no puedo olvidar que allí está el cáliz del Señor, que

yo he tenido en mis manos y que he mirado despacio, despacio, despacio, para

imbuirme de lo que fue el primer Jueves Santo de la Historia. La emoción de

aquel momento en que tuve el cáliz en mis manos aún no se ha borrado de mí."

 

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