Autor: Alcalá, Manuel. 
   Los obispos españoles presentes en Chur ofrecen un balance positivo y optimista de la Asamblea Europea de Obispos  :   
 Entrevistas para ABC del cardenal Enrique Tarancón y de monseñor González Moralejo. 
 ABC.    12/07/1969.  Página: 33. Páginas: 1. Párrafos: 27. 

ABC. SÁBADO 12 DE JULIO DE 1969.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY LOS OBISPOS ESPAROLES PRESENTES EN CHUR

OFRECEN UN BALMCE POSITIVO Y OPTIMISTA DE LA ASAMBLEA EUROPEA DE OBISPOS

«La ley del celibato sigue teniendo evidentes ventajas pastorales, ministeriales

y prácticas»

ENTREVISTAS PARA ABC DEL CARDENAL ENRIQUE TARANCON Y DE MONSEÑOR GONZÁLEZ

MORALEJO

Chur 11.

(De nuestro enviado especial, por "telex".)

Al Simposio de obispos de Europa ha asistido una reducida Delegación española,

presidida por el cardenal primado de Toledo. Monseñor Tarancón ha tenido la

amabilidad de recibirme momentos antes de celebrarse la reunión donde él tenía

que exponer su comunicación sobre "El sacerdote en la Iglesia de hoy". Le

pregunto su impresión general sobre la asamblea para transmitirla a los lectores

de ABC.:

Accede complacido. Habla con serenidad y seguridad. —Señor cardenal, ¿qué opina

usted sobre esta reunión de obispos a escala europea?

—Creo que es interesante el que nos encontremos aquí para hablar sobre un tema

tan trascendental.

Aunque en una reunión de este tipo no pueda hacerse una reflexión demasiado

profunda, sin embargo, el intercambio de pareceres es importante para formar

algo así como un criterio común.

—¿Cree que se ha conseguido plantear homogéneamente la problemática sobre el

clero en la Europa de hoy?

—Creo que sí. El sondeo efectuado nos muestra que existe un fondo común en todos

los problemas sacerdotales, aunque tengan, como es lógico, matiz distinto en las

diversas naciones.

—¿Cuáles son los matices específicos que presenta el clero español respecto al

europeo?

—Diría que por la tradición de nuestro pueblo, el clero, que sale del pueblo,

tiene todavía quizá una menor apertura, sobre todo teniendo en cuenta que, cara

al pueblo, las innovaciones en nuestra Patria producen una especial sensación.

Por esto, si bien es verdad que en el clero español hay quienes están muy

alertados sobre los problemas que se suscitan y hay también, como en todas

partes, unos grupitos extremistas. Sin embargo, la generalidad del clero quizá

todavía no sea consciente de los graves problemas que presenta la situación

actual de la Iglesia.

—¿Piensa usted que el clero español, en conjunto, ha aceptado todas las

consecuencias del Concilio Vaticano 11?

—Es muy difícil contestar a esto. Creo que, teóricamente, sí. Psicológicamente,

quizá no. La razón es la anteriormente dicha: la poca preparación que tenían el

clero y el pueblo, afincados en la tradición, para las transformaciones del

Concilio. Sin embargo, hay buena voluntad, y cuando se muestren cauces claros,

abiertos y seguros, la inmensa mayoría del clero los seguirá sin dificultades.

—¿Cómo ve usted la situación de algunos grupos marginales?

—Es difícil enjuiciar esta conducta. Han producido lógicamente un poco de

incomodidad. Por sus excesivas pretensiones. Sin embargo, el que los sacerdotes

se preocupen de estudiar sus problemas no me parece mal, siempre que no rehuyan

positivamente la acción del magisterio y de la jerarquía.

PALABRAS DE MONSEÑOR MORALEJO

Pocas horas antes de partir de la Asamblea de obispos de Europa, que acaba de

clausurarse, me he dirigido al Seminario diocesano. Buscaba al único obispo

español que ha sido testigo de los dos Simposios europeos, don Rafael G.

Moralejo.

—¿Qué diferencias se perciben entre el I y el II Simposio?—le pregunto.

—En el I hubo una mayor disciplina a los temas trazados; ahora ha habido una

mayor elasticidad problemática.

—¿Qué se ha ganado y qué se ha perdido?

—Se ha ganado en confianza, en unión espiritual, en sentido pastoral y en

autenticidad y realismo, puesto que se partía de datos muy concretos. Se ha

perdido en tranquilidad y, en cierto modo, en profundidad.

Han faltado discusiones generales y resultados en común de los trabajos de

grupo.

—¿Cree usted que tienen importancia estas asambleas?

—Evidentemente. El intercambio es siempre enriquecedor. La gran dificultad está

en conciliar la necesaria libertad propia de reuniones informales con la

profundización de los problemas, que deben ser precisos y limitados. Ahí podría

jugar un gran papel la preparación previa, que requiere una organización más

rica y también un mayor presupuesto.

—¿Cuáles han sido los problemas tratados con mayor madures, cuáles con menos?

—Se trataron bien los temas que se habían preparado previamente. Por el

contrario, ha sido poco completa la encuesta sacerdotal, que no ha sido

totalmente representativa. Tampoco se ha logrado conseguir una terapéutica sobre

los problemas.

—¿Podría usted decirme si ha existido algún punto de fricción en las

discusiones?

—Al no haber tenido discusiones generales, no puede hablarse de puntos de

fricción. Fuera de la discusión sobre la pretensión de los sacerdotes llamados

"contestatarios", no ha habido contraposiciones importantes sino en el problema

del celibato. Un grupo de sacerdotes, apoyados por pocos obispos, sostenía la

revisión de la ley del celibato. La mayoría ha insistido en la conveniencia de

mantenerla, no sólo porque consideran discutibles los argumentes de los

críticos, sino porque en conjunto ven ventajas evidentes pastorales,

ministeriales y prácticas.

—¿Quisiera usted decirnos qué opinión le merece el clero español desde este

Simposio internacional, donde hay ocasión de comparar?

—Creo no equivocarme si afirmo que el clero español, en general, goza de una

salud espiritual y de un dinamismo pastoral tan grande, si no mayor, que

cualquier otro. No obstante, hay minorías, suficientemente numerosas sobre todo

en algunas diócesis, muy influidas por corrientes doctrinales que nos vienen del

exterior o en relación con los problemas temporales del mundo en que viven. El

problema es inevitable y sus consecuencias no todas positivas. Para salir al

paso de los riesgos es necesario avanzar rápidamente en la formación espiritual,

teológica y humana en los Seminarios, según la mente del Vaticano II. Hay que

promover la fraternidad sacerdotal y la corresponsabilidad sacerdotal,

especialmente a través áe las nuevas estructuras del diálogo aparecidas en el

Vaticano II.

—Finalmente, quería preguntarle su opinión sobre el grupo "contestatario".

—No puedo juzgar con suficiente conocimiento de causa. Ateniéndose a su actitud

externa, me sorprende que quienes proclaman la necesidad de un diálogo libre,

aparezcan como queriendo impedir el mismo cuando lo realizan los obispos. Admito

que el Simposio podría haberse organizado de otra forma, pero no puedo

comprender la actitud, mucho menos cuando las encuestas sobre las que basaban

las comunicaciones estaban hechas juntamente entre sacerdotes y obispos.

—Don Rafael, le agradezco mucho su entrevista en nombre propio y de los lectores

de A B C.

Manuel ALCALÁ.

 

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