Autor: Martín Descalzo, P.. 
 Comunicado final de la XII asamblea plenaria. 
 En un concreto y vibrante documento, los obispos se comprometen a buscar para sí mismos la pobreza en lo que tiene de virtud y a luchar contra la pobreza en lo que tiene de injusticia para los demás     
 
 ABC.    14/07/1970.  Página: 31-33. Páginas: 3. Párrafos: 49. 

ABC. MARTES 14 DE JULIO DE 1970. PAG. 31.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY COMUNICADO FINAL DE LA XII ASAMBLEA PLENARIA EN UN

CONCRETO Y VIBRANTE DOCUMENTO, LOS OBISPOS SE COMPROMETEN A BUSCAR PARA SI

MISMOS LA POBREZA EN LO QUE TIENE DE VIRTUD Y A LUCHAR CONTRA LA POBREZA EN LO

QUE TIENE DE INJUSTICIA PARA LOS DEMÁS

TESTIMONIO

Se comprometen públicamente a:

• Impregnar sus vidas (vestidos, residencia, medios de transporte) de

sencillez evangélica.

• Acentuar su predilección hacia los más desvalidos.

• Buscar la sobriedad, clarificación y simplificación en sus relaciones con las

autoridades civiles.

• Superar las desigualdades económicas entre sacerdotes y diócesis.

• Publicar informaciones sobre la economía de la Iglesia e incorporar a

seglares a su gestión.

• Dar a todos los bienes de la Iglesia mayor rendimiento social.

SOLIDARIDAD

Frente a la pobreza social y cívica:

• Dedicar los máximos esfuerzos a la enseñanza en los sectores más abandonados.

• Ser una voz que, libre de todo temor y apasionamiento, denuncie las

desigualdades económicas y defienda lo* derechos de los humildes.

• Urgir a los dirigentes del país una política social en salarios, vivienda,

especulación del suelo, emigración, etc.

• Reiterar los derechos de todos a la asociación, reunión e intervención en la

cosa pública, a la información y expresión, así como al disfrute de un sistema

de leyes, tribunales y sanciones que garantice la plena seguridad jurídica.

• Pedir al Gobierno gracia en favor de todos los reclusos.

En nuestra crónica del pasado sábado, aludiendo al documento que los obispos

preparaban, escribimos que "esta vez los prelados no se limitarían a decir

palabras bonitas, aunque tampoco podían esperarse milagros ni estallidos".

Hoy, a la vista ya del documento, el periodista tiene que confesar que en su

pronóstico había dos aciertos y un fallo. Dos aciertos porque el texto no es

precisamente una serie de palabras bonitas y porque en él no hay estallidos. Y

un fallo, porque yo no me atrevería a decir que no sea un milagro, un pequeño

milagro cuando menos, a no ser que alguien confunda los milagros con los fuegos

de artificio.

El documento—el lector podrá leerlo íntegro a continuación—es todo un modelo de

madurez y equilibrio.

Con el tradicional estilo de los obispos—mesurado de formas, pacificador y

religioso—todos los temas se tocan y afrontan con claridad. Sin caer en los

tonos del manifiesto demagógico se clarifica una actitud con unos enfoques que

nunca fueron tan claros en los documentos recientes de nuestro episcopado.

Alguien ha dicho—y creo que no sin razón—que este documento es el primero del

"nuevo Testamento".

Hay que subrayar un dato importante: el documento fue aprobado casi por

unanimidad. El hecho de que la última sesión de la Asamblea se prolongase por

más de siete horas podría dar a alguno la Impresión de que el texto fue aprobado

en una especie de compromiso y después de una larga batalla. O podria pensarse

que el documento ha surgido en una especie de "golpe de mano" de los obispos más

jóvenes que formaban la Comisión encargada de redactarlo. Nada más lejos de la

verdad. El documento fue ciertamente estudiado con lupa por la Asamblea. Nos

consta que se debatió línea por linea, que se midieron al céntimo adjetivos y

frases. Pero también es cierto que de este diálogo ño surgió un texto

reblandecido en la búsqueda de compromisos, que el espíritu—e incluso la mayoría

de las frases—de la primera redacción fueron mantenidos, aceptados y aprobados

en votación por la mayoría, hasta el punto de ser muy pocos los votos que

faltaron para la unanimidad. Estamos, pues, no ante un texto de grupo, sino ante

un texto que lleva el sello de todo el Episcopado.

Su contenido el lector podrá valorarlo. Tras un largo prólogo de tono

conversacional y amistoso, se ofrece, en dos partes, el doble mensaje de la

Asamblea: la primera de compromisos tomados hacia el interior de la institución

eclesiástica en cuanto tal; la segunda de solidaridad frente a cuanto la pobreza

tiene de injusticia, pero entendida la pobreza en todo su ancho campo, como

pobreza cultural, social e incluso política. Que no sólo de pan vive el hombre y

no sólo por la falta de pan se es pobre.

En los próximos días se espera la publicación de un segundo documento al que se

alude en el párrafo 12 del actual. Ambos textos son suficientes para mostrar

hasta qué punto esta XII Asamblea Episcopal ha sido fructífera. Y no sólo por lo

conseguido, sino sobre todo por lo que se anuncia. Pues, quizá, lo más

importante de este documento son sus últimas líneas, en las que se anuncia que

todo esto "será vigorizado con nuevas ideas" en otras asambleas y en futuros

trabajos. Sabemos, por ejemplo, que existe el proyecto de elaborar una especie

de "directorio" para las relaciones con las autoridades civiles con el que se

adopten posturas comunes y se eviten innecesarios roces, todo en ese camino de

"sobriedad y clarificación" que este documento anuncia.

En la historia de la Iglesia española contemporánea se ha pasado una página

importante, se inicia, tal vez, un capítulo nuevo.

P. MARTIN DESCALZO.

TEXTO INTEGRO DEL COMUNICADO

1. Los obispes españoles, reunidos en la XII Asamblea plenaria, hemos

reflexionado y dialogado, durante varios dios, sobre el tema "La Iglesia y los

pobres". Con nosotros han participado en este encuentro fraternal los religiosos

y religiosas miembros de los consejos directivos de sus respectivos

Confederaciones nacionales. Como presupuesto doctrinal y experimental de

nuestros trabajos hemos escuchado a, varios especialistas, sacerdotes y

seglares, que han ilustrado el tema, de la pobreza en sus aspectos bíblicos,

teológico y sociológico. Queremos expresarles nuestro más vivo reconocimiento

por tan señalado servicio.

2. Si existiendo tantos otros temas de importancia que reclaman la atención del

Episcopado español nos hemos decidido a dedicar a este de la pobreza una

asamblea plenaria, casi exclusivamente centrada sobre él, es porque lo

consideramos capitulo primordial de nuestra, fidelidad a la persona y al mensaje

de Jesucristo, al par que una exigencia muy marcada de la renovación conciliar.

"El espíritu de pobreza y de amor, se nos dice en la constitución «Gaudium et

Spes», es la gloria y el testimonio de la Iglesia de Cristo" (G. S., 88). Por su

parte, él Papa Pablo VI, máximo intérprete de dicha renovación, acaba de

decirnos: "Todos vemos la fuerza reformadora que tiene la exaltación de este

principio: La Iglesia debe ser pobre; más todavía: La Iglesia debe

aparecer pobre" (1).

3. Su Santidad habla también de "una conciencia eclesial en pleno despertar,

sedienta de autenticidad y de verdad y deseosa de liberarse de prácticas

históricas que ahora podrían manifestarse disconformes con su espíritu

evangélico y con BU misión apostólica". Por lo cual, añade, "es necesario un

examen crítico, histórico y moral, para dar a la Iglesia su fostró

auténtico moderno, en el que la generación actual desea reconocer el rostro de

Cristo". Estas palabras pontificias, pronunciadas en las vísperas de nuestra

Asamblea sobre la pobreza, cuando ultimávamos los preparativos de este

encuentro, nos aseguran del acierto en la elección del tema, y nos ofrecen una

luz inestimable para el tratamiento del mismo.

NUESTRO TESTIMONIO DE POBREZA

4. Nos sentimos obligados, pues, a referirnos a nuestra propia pobreza de

obíspos y a la de la Iglesia en general, antes de afrontar el problema que nos

plantean malones y millones de hermanos nuestros Oue padecen pobreza dentro y

fuera de Nuestro país. Desde tí principio ss nos ofreció, con autoridad y

acierto, esta doble actitud ante la pobreza: "Identificarnos con ella en lo que

tiene de virtud y luchar contra ella en lo que tiene de infusticia y contra los

daños morales y materiales que engendra en aran número de hombres" (2).

Posteriormente, en el curso de nuestros coloquíos, hemos centrado el tema de

esta Hable dirección: la pobreza como testimonio y la pobreza como solidaridad y

ayuda. En trabajos de grupos y en reuniones generales fuimos analizando, con

espíritu de sinceridad religiosa y de fidelidad a nuestra misión, esa doble

exigencia, no en abstracto, sino de cara a nuestra existencia cotidiana y a las

circunstancias sociales v religiosas de esta España y esta iglesia de 1970.

Tenemos que confesar nuestra dificultad, y a veces perplejidad, para definir

formulas concretas de pobreza episcopal y eclesíal, dada la variedad de

circunstancias que se dan en cada caso, las hipotecas historiaos que a todos nos

afectan (y que no síempre se pueden liquidar con celeridad irresponsable), la

necesidad de medios humanos que requiere la acción pastoral y el distinto

carisma de las personas, no todas llamadas al mismo grado de testimonio en todas

las virtudes. Pero estas apreciaciones, que imponen el buen sentido y la

prudencia, en modo alguno deseamos Que coarten un movimiento del espíritu, que

nos lleva, indudablemente, a ser y parecer más pobres.

5. Voces de dentro y de fuera vienen lamentándose de determinados fallos en la

materia, que pueden resultar contrasignos, supuesto nuestro deber de

ejemplaridad. En las reuniones de trabajo hemos analizado lo que en esta materia

suele flotar en el ambiente con ánimo decidido de suprimir cnanto pueda empañar

nuestro testimonio. Estamos unánimes en el compromiso de impregnar nuestra vida

episcopal de una verdadera sencillez evangélica, de suerte que la

presentación exterior de nuestras personas, nuestra residencia privada,

nuestros medios de locomoción o las personas que a nuestro servicio creen en

nuestro derredor un ambiente que no nos distancie de los humildes.

6. Siendo como somos pastores de todo el pueblo de Dios, cuidaremos de evitar en

nuestro ministerio cualquier acepción de personas, acentuando nuestra

predilección bacía los grupos sociales más desvalidos. En nuestra obligada

relación con las autoridades civiles mantendremos el respeto y la leal

colaboración que su función

(1) Discurso en la audiencia general del 84 de Junio de 1970. Texto castellano

en "Ecclesia". número 1.498. de 4-VII-1970.

(2) Discurso de apertura de la XII Asamblea Planarla de la Conferencia

Episcopal Española por su presidente, monseñor Casimiro Morcillo. "Ecclésia,

número 1.499 de y sus personas merecen, estableciendo con ellos amistosajnente

un modo de relaciones en línea de sobriedad y de clarificación, que simplifique

las obligaciones oficiales recíprocas.

7. Entendemos que este testimonio debe completarse con toda una serie de

actitudes que afecten a otras personas e instituciones eclesiásticas y, en lo

que depende de nosotros, estamos dispuestos a ir superando desigualdades

económicas entre sacerdotes, entre parroquias, entre diócesis y familias

religiosas, de modo que rija entre nosotros, en la mayor medida posible, la

comunicación cristiana de bienes, en generosa apertura a las necesidades de la

Iglesia universal.

8. Creemos contribuirá a disipar malentendidos y evitar contrástenos sobre

las riquezas de la Iglesia una adecuada información sobre su economía y la

incorporación de seglares competentes a la gestión de la misma. En ambas

direcciones queremos avanzar con decisión, pero, sobre todo, en el empeño de dar

a los bienes de la Iglesia un mayor rendimiento pastoral y social.

Por lo que toca a la distribución de personas, será necesario revisar el reparto

actual y dedicar mas sacerdotes, más colegios de la Iglesia, más esfuerzos

pastorales, a las zonas pobres y deprimidas de la sociedad.

9. Nos aplicamos a nosotros mismos y pedimos que hagan lo propio otras

personas e instituciones eclesiásticas, y también los fieles seglares, estas

palabras del Papa:

"Estamos atentos para darnos cuenta de que en un período como el nuestro,

completamente dominado por la conquista, por la posesión, por el disfrute de los

bienes económicos, se advierte en la opinión, dentro y fuera de la Iglesia, él

deseo, casi la necesidad, de ver la pobreza del Evangelio; y notamos también que

se quiere ver esta pobreza principalmente alli donde se predica el Evangelio,

donde se hallan sus representantes; más aun: en la Iglesia oficial, en nuestra

misma Sede Apostólica" (3).

SOLIDARIDAD Y AYUDA

10. Adoptada esta linea de conducta en lo que atañe a nuestra pobreza personal

y colectiva, exigencia evangélica, nuestra atención se ha dirigido a la pobreza

obligada y dolorosa que padecen innumerables hermanos nuestros, y cuyo remedio

nos es

(3) Discurso citado en nota 1.

urgido por la fidelidad a Jesucristo-, "Si alguno tiene bienes en este mundo y

ve a su hermano en la necesidad y le cierra su propio corazón, ¿cómo puede estar

en él el amor de Dios? Ámemenos, no de palabra ni de lengua, sino con obras y

verdad." (1 Joan. 3, 11-18). La ayuda a los pobres y nuestra solidaridad con

ellos es precisamente el testimonio que más nos reclaman los hombres de nuestro

tiempo.

A. POBREZA CULTURAL

11. Entre las indigencias más radicales del hombre ocupa un lugar destacado

la pobreza cultural o carencia de suficiente educación, de que adolecen

numerosas personas en nuestro país.

La Asamblea Episcopal no podía desentenderse de esta grave cuestión, que

adquiere importancia decisiva en el momento presente.

12. En este aspecto, la Asamblea ha comprobado con satisfacción los

esfuerzos ya realizados y los que para el futuro se proyectan. Eso no obstante,

ta grave preocupación que en nosotros levanta alguno de los acuerdos adoptados

por ta correspondiente Comisión de Cortes respecto a ta disposición adicional

segunda del Proyecto de ley de Educación, nos ha movido a considerar el problema

en un-documento aparte.

13. La Asamblea se ha fijado unos objetivos preferenciales para el momento

actual en orden a la extensión de ta cultura y a la educación de ta fe:

a) Atender con especial interés y dedicación a los estamentos sociales más

necesitados: clase obrera, campesinas, inmigrantes, etc.; e impartir la

enseñanza en los niveles y modalidades de mayor urgencia: preescolar, básica,

profesional, nocturna, de subnormales...

b) Favorecer en todos sus aspectos la mejor preparación de los educadores

cristianos, con miras a que su aportación a la educación de la fe sea más

cualifícada.

c) Estrechar el contacto cordial con los maestros y apoyarlos decididamente

en su importantísima labor de promoción cultural del pueblo: agradecer su labor

como educadores de la fe y darles medios para la misma.

d) Fomentar la colaboración de sacerdotes, religiosos y seglares en las

tareas de la educación, que constituyen una gran obra de apostolado al servido

del pueblo.

e) integrar esta colaboración dentro de una Pastoral de Conjunto.

B. Pobreza material

14. Desgraciadamente existen todavía muchas diferencias en la participación

del bienestar y del influjo social entre grupos privilegiados y pobres; e

incluso entre países ricos y deprimidos. La raíz última de esta anomalía no es

otra, según señala la "Populorum Progressio", que ta insolidarídad, el egoísmo

ciego de quienes, como Caín, responden a la voz de Dios: "Es que acaso soy yo el

guardián de mi hermano?"

(Gen. 4-9).

Insolidaridad que anida en muchos espíritus e inficiona todo un sistema de

relaciones económicos-sociales.

Frente a ella, ni queremos ser sordos a ta palabra del Señor, que nos pregunta

por nuestros hermanos, muchas veces hablandiónos a través de su propio clamor,

ni podemos permanecer indiferentes y mudos ante el desamor y la injusticia.

Queremos tener loa ojos bien abiertos a las condiciones deficientes y, a veces,

inhumanas en que viven todavía muchos de nuestros hermanos. Queremos ser

solidarios de su causa y sentir con ellos j/ como ellos la impaciencia por una

más justa distribución de los bienes materiales. Queremos ser una voz, libre de

todo temor y apasionamiento, que denuncie tas injustas desigualdades económicas,

que proctame la diginidad humana y cristiana de los humildes, que defienda sus

derechos personales y colectivos y que apoye, cada vez con mayor decisión, tas

legitimas aspiraciones del mundo del trabajo.

15. Por eso, lo mismo que San Juan Bautista invitaba a los hombres de su

tiempo a preparar los caminos del Señor, nosotros nos sentimos obligados a pedir

a quienes disponen de poder político o económico que, mientras fe esfuerzan por

aumentar las riquezas colectivas, den también ejemplo de austeridad y, sobre

todo, se sigan esforzando más todavía por eliminar las injustas diferencias que

separan a unos hombres de otros y unas regiones del país de otras: promuevan con

empeño una más valiente y eficaz reforma de nuestras zonas rurales; multipliquen

la construcción de viviendas dignas, para el desarrollo humano y cristiano de

tantas familias modestas, cortando decididamente toda especulación sobre el

suelo; hagan desaparecer las causas de la emigración forzosa; eliminen con

energía las grandes desproporciones todavía existentes entre las diversas

remuneraciones del trabajo; ajusten los salarios mínimos a las verdaderas

necesidades de la familia obrera y a las posibilidades de la riqueza nacional;

provean con eficacia y en justicia a la situación de tantos obreros eventuales y

temporeros; eviten toda discriminación en los contratos con nuevos trabajadores.

16. Dentro de lo que la Iglesia, puede hacer más directamente por sí misma

deseamos que en todas las diócesis y parroquias adquiera un desarrollo más vivo

y operante la organización Caritas, como causa real, aunque modesta, de obras de

promoción de los pobres; como medio de formación y estimulo de las conciencias y

como instrumento para lograr tanto la coordinación de los esfuerzos de caridad y

promoción en la Iglesia como la comunicación de bienes, según quedó programada

en su plan CCB.

C. Pobreza social y cívica

17. La importancia de este aspecto de la pobreza humana radica en la carencia

de los bienes más elevados del hombre en cuanto es persona y miembro de pleno

derecho en la sociedad.

Dos son las causas principales e inseparables de esta pobreza, que mutuamente se

influyen entre sí: la deficiente participación en los órganos decisorios de la

vida colectiva y la falta de suficiente formación para ella. Pero, a su vez, esa

pobreza constituye, con demasiada frecuencia, una de las causas que dificultan

la liberación de los hombres de otros aspectos de la pobreza.

No sin razón, por tanto, se pide de nosotros una auténtica solidaridad como

signo y manifestación visible de auténtica caridad evangélica con quienes sufren

esta pobreza. Porque estiman que, en este aspecto, nuestra voz puede y debe

llegar con eficacia a la conciencia y al corazón de aquellos hermanos que pueden

poner remedio a tal pobreza.

18. Más digna de consideración es todavía la suerte de aquellos que ni

siquiera apetecen esa participación cívica responsable, porque les falta una

adecuada formación, que despierte sus conciencias en relación con sus

irrenunciables derechos ciudadanos.

Por eso no podemos menos de reiterar, a unos para que los conozcan y los

ejerciten, y a otros para que los respeten y les den cauce:

— El derecho que todo hombre tiene a asociarse y reunirse libremente para fines

lícitos, como es la promoción de sus intereses profesionales dentro de

auténticos Sindicatos representativos, y a la intervención en la cosa

pública, a través de cauces eficaces de participación política.

— El derecho a expresar sus propias opiniones y preferencias lícitas por medio

de órganos adecuados de comunicación social, así como el de estar debidamente

informado de todo aquello que es necesario para formarse un juicio

propio sobre problemas que les afectan directamente.

— El derecho a verse protegidos por las leyes en el ejercicio de sus deberes

cívicos, y, en general, el disfrute de un sistema de leyes, tribunales y

sanciones, que garantice con plena eficacia "El derecho inalienable a la

seguridad jurídica", reconocido en la "Pacem in Terris»

(N. 27).

19. Como prueba de solidaridad con un sector de hermanos nuestros,

particularmente indicado para ello, nos dirigimos una vez más al Gobierno para

solicitar de él que ejerza generosamente su facultad de

gracia en favor de los reclusos de cualquier edad y condición.

20. La Conferencia Episcopal Española tiene viva conciencia de que los puntos

expuestos son sólo un débil muestrario dentro de la vasta panorámica que

presenta el problema de la pobreza. En estos días nos hemos ocupado también,

aunque sin poder llegar a un suficiente reflejo en este documento, de la pobreza

moral y religiosa de vastos sectores de nuestra sociedad, en los que se aprecia

una devaluación en las costumbres y una pérdida del sentido de la fe, con

riesgos especiales para, la juventud, asediada por el erotismo y la fiebre del

consumo. Esto resulta especialmente grave en aquellas zonas o grupos humanos

menos atendidos religiosamente por la presencüa pastoral de la Iglesia. Tomamos

nota seriamente de esta realidad y seguiremos, estudiándola con el mayor ahínco,

prontos a aplicarle los correctivos y soluciones que reclama.

Pero, sobre cualquiera otra tarea, nos acucia a todos, ricos o pobres, el

redescubrimiento del sentido religioso y cristiano de la pobreza, como

bienaventuranza evangélica, que nos hace libres en el uso de los bienes

terrenos, nos abre hacia Dios y su Reino, en dependencia filial de su

Providencia, y, a semejanza de Cristo pobre, nos vuelve totalmente disponibles

para nuestros hermanos.

Como afirmó nuestro presidente en la sesión de apertura, "sabemos que, por

magnánimos que sean nuestros sentimientos y nuestros propósitos, de esta

Asamblea solamente podrá salir un programa o una actitud y un compromiso..., que

por sucesivas Asambleas habrá de ser revisada y vigorizado con nuevas ideas, con

iniciativas nuevas para que el programa y los propósitos no se erosionen". La

Gracia del Señor y el apoyo de todos nuestros hermanos del Pueblo de Dios nos

sostendrán en esta tarea.

(Madrid, 11 de julio de 1970.)

 

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