Documento oficial del episcopado español     
 
 Informaciones.    14/07/1970.  Página: 8-9. Páginas: 2. Párrafos: 68. 

DOCUMENTO OFICIAL DEL EPISCOPADO DE ESPAÑA

Suprimiremos los signos de riqueza en nuestra vida privada

Derecho a estar debidamente informados y a expresar las propias opiniones

Derecho a asociarse y reunirse libremente

Los obispos, al lado de los pobres

Denunciaremos la injusticia allí donde se encuentre

MADRID, 14.

(INFORMACIONES.)

Los obispos españoles se han comprometido en documento publico, al término de su

XII Asamblea Plenaria, a eliminar los signos de riqueza en su vida particular y

a encarnar la Iglesia en el mundo de los pobres. Para esto dedicarán los máximos

esfuerzos a que la enseñanza —los colegios religiosos— vayan a los suburbios y

sectores deprimidos del país. El Episcopado va a ser la voz que, libre de todo

temor y apasionamiento, denunciará las desigualdades económicas y sociales y

defenderá los derechos de los que no tienen voz; urgirán a los dirigentes del

país una política social en materia de salarios, vivienda, especulación del

suelo, emigración, problemas del campo españa etc., y clarificarán sus

relaciones con las autoridades civiles.

En este interesante documento los obispos españoles, colegiadamente y per tanto,

con la máxima autoridad, reiteran los derechos fundamentales de asociación, de

participación política de todos los ciudadanos, de expresión e información y de

seguridad jurídica. Como prueba de solidaridad, solicitan del Gobierno amnistía

para los presos, de cualquier edad y condición.

He aquí el texto íntegro del documento episcopal:

1. Los obispos españoles, reunidos en la XII Asamblea Plenaria, hemos

reflexionado y dialogado durante varios días sobre el tema «La Iglesia y los

pobres». Con nosotros han participado en este encuentro fraternal los religiosos

y religiosas miembros de los Consejos directivos de sus respectivas

Confederaciones Nacionales. Como presupuesto doctrinal y experimental de

nuestros trabajos, hemos escuchado a varios especialistas, sacerdotes y

seglares, que han ilustrado el tema de la pobreza en sus aspectos bíblico,

teológico y sociológico. Queremos expresarles nuestro más vivo reconocimiento

por tan señalado servicio.

2. Si, existiendo tantos otros temas de importancia que reclaman

la atención del Episcopado Español, nos hemos decidido a dedicar a este de la

pobreza una Asamblea Plenaria, casi exclusivamente centrada sobre él, es porque

lo consideramos capítulo primordial de nuestra fidelidad a la persosa y al

mensaje de Jesucristo, al par que una exigencia muy marcada de la renovación

conciliar. «El espíritu de pobreza y de amor —se nos dice en la

constitución «Gaudium et Spes»— es la gloria y el testimonio de la Iglesia de

Cristo.» (G. S., 88). Por su parte, el Papa Pablo VI, máximo intérprete de

dicha renovación, acaba de decirnos: «Todos vemos la fuerza

reformadora que tiene la exaltación de este principio: la Iglesia debe ser

pobre; más todavía: la Iglesia debe aparecer pobre.»

3. Su Santidad habla también de «una conciencia eclesial en pleno

despertar, sedienta de autenticidad y de verdad y deseosa de liberarse de

prácticas históricas, que ahora podrían manifestarse disconformes con su

espíritu evangélico y con su misión apostólica». Por lo cual, añade, «es

necesario un examen crítico, histórico y moral, para dar a la Iglesia su rostro

auténtico moderno, en el que la generación actual desea reconocer el rostro de

Cristo». Etas palabras pontificias, pronunciadas en las vísperas de nuestra

asamblea sobre la pobreza, cuando ultimábamos los preparativos de este

encuentro, nos aseguran del acierto en la elección del tema y nos ofrecen una

luz Inestimable para el tratamiento del mismo.

DE CARA A LA ESPAÑA DEL 70

4. Nos sentimos obligados, pues, a referirnos a nuestra propia pobreza de

obispe» y a la de la Iglesia en general, antes de afrontar el problema que nos

plantean millones y millones de hermanos nuestros que padecen pobreza dentro y

fuera de nuestro país. Desde el principio se nos ofreció, con autoridad y

acierto esta doble actitud ante la pobreza : «Identificarnos con ella en lo que

tiene de virtud y luchar contra ella en lo que tiene de injusticia y contra los

daños morales y materiales que engendra en gran número de hombres.»

Posteriormente, en el curso de nuestros coloquios, hemos centrado el tema en

esta doble dirección: la pobreza como testimonio y la pobreza como solidaridad y

ayuda. En trabajos de grupos y en reuniones generales fuimos analizando, con

espíritu de sinceridad religiosa y de fidelidad a nuestra misión, esa doble

exigencia, no en abstracto, sino de cara a nuestra existencia cotidiana y a ´las

circunstancias sociales y religiosas de esta España y esta Iglesia de 1970.

Tenemos que confesar nuestra ´dificultad, y a veces perplejidad, para definir

fórmulas concretas de pobreza episcopal y eclesial, dada la variedad de

circunstancias que se dan en cada caso las hipotecas históricas que a todos nos

afectan (y que no siempre se pueden liquidar con celeridad irresponsable), la

necesidad de medios humanos que requiere la acción pastoral, y el distinto

carisma de las personas, no todas llamadas al. mismo grado de testimonio en

todas las virtudes. Pero estas apreciaciones, que imponen el buen sentido y la

prudencia, en modo alguno deseamos que coarten un movimiento del espíritu que

nos lleva, indudablemente, a ser y a parecer más pobres.

COMPROMISO UNÁNIME DE POBREZA

5. Voces de dentro y de fuera vienen lamentándose de determinados fallos en la

materia, que pueden resultar contrasignos, supuesto nuestro deber de

ejemplaridad. En las reuniones de trabajo hemos analizado lo que en esta

materia suele flotar en el ambiente, con ánimo decidido de suprimir cuanto

pueda empañar nuestro testimonio. Estamos unánimes en el compromiso de impregnar

nuestra vida episcopal de una verdadera sencillez evangélica, de suerte que la

presentación exterior de nuestras personas, nuestra residencia privada,

nuestros medios de locomoción o las personas a nuestro servicio, creen en

nuestro derredor un ambiente que no nos distancie de los humildes.

RELACIONES CON LAS AUTORIDADES CIVILES

6. Siendo como somos pastores de todo el pueblo de Dios, cuidaremos de

evitar en nuestro ministerio cualquier acepción de personas, acentuando

nuestra predilección hacia los grupos sociales más desvalidos. En nuestra

obligada relación con las autoridades civiles, mantendremos el respeto y la leal

colaboración que su función y sus personas merecen, estableciendo con ellas

amistosamente un modo de relaciones en línea de sobriedad y de clarificación que

simplifique las obligaciones oficiales recíprocas.

7. Entendemos que este testimonio debe completarse con toda una serie de

actitudes que afecten a otras personas e instituciones eclesiásticas, y en lo

que depende de nosotros estamos dispuestos a ir superando desigualdades

económicas entre sacerdotes, entre parroquias, entre diócesis y familias

religiosas, de modo que rija entre nosotros en la mayor medida posible la

comunicación cristiana de bienes, en generosa apertura a las necesidades de la

Iglesia universal.

LOS COLEGIOS RELIGIOSOS

8. Creemos contribuirá a disipar malentendidos y evitar contrasignos sobre

las riquezas de la Iglesia una adecuada información sobre su economía y la

incorporación de seglares competentes a la gestión de la misma. En ambas

direcciones queremos avanzar con decisión, pero, sobre todo, en el empeño de

dar a los bienes de la Iglesia un mayor rendimiento pastoral y social.

Por lo que toca a la distribución de personas, será necesario revisar el reparto

actual y dedicar más sacerdotes, más colegios de la Iglesia, más esfuerzos

pastorales, a las zonas pobres y deprimidas de la sociedad.

9. Nos aplicamos a nosotros mismos y pedimos que hagan lo propio otras personas

e instituciones eclesiásticas, y también los fieles seglares, estas palabras del

Papa:

«Estamos atentos para darnos cuenta de que en un período como el nuestro,

completamente dominado por la conquista, por la posesión, por el disfrute de los

bienes económicos, se advierte en la opinión, dentro y fuera de la Iglesia, el

deseo, casi la necesidad, de ver la pobreza del Evangelio, y notamos también que

se quiere ver esta pobreza principalmente allí donde se predica el Evangelio,

donde se hallan sus rePresentantes, mas aún: en la Iglesia oficial, en nuestra

misma sede apostólica.»

SOLIDARIDAD CON LOS POBRES

10. Adoptada esta línea de conducta en lo que atañe a nuestra pobreza personal y

colectiva, exigencia evangélica, nuestra atención se ha dirigido a la pobreza

obligada y dolorosa que padecen innumerables hermanos nuestros, y cuyo remedio

nos es urgido por la fidelidad a Jesucristo: «Si alguno tiene bienes en este

mundo y ve a su hermano en la necesidad y le cierra su propio corazón, ¿cómo

puede estar en él el amor de Dios? Amémonos, no de palabra ni de lengua, sino

con obras y verdad» (1. Joan. 3, 11-18). La ayuda a los pobres y nuestra

solidaridad con ellos es precisamente el testimonio que más nos reclaman los

hombres de nuestro tiempo.

POBREZA CULTURAL

11. Entre las Indigencias más radicales del hombre ocupa un lugar destacado la

pobreza cultural o carencia de suficiente educación, de que adolecen numerosas

personas en nuestro país.

La Asamblea Episcopal no podría desentenderse de esta grave cuestión, que

adquiere Importancia decisiva en el momento presente.

12. En este aspecto, la Asamblea ha comprobado con satisfacción los esfuerzos ya

realizados y los que para el futuro se proyectan. Eso no obstante, la grave

preocupación que en nosotros levanta alguno de los acuerdos adoptados por la

correspondiente comisión de Cortes respecto a la disposición adicional segunda

del proyecto de ley de Educación, nos ha movido a considerar el problema en un

documento aparte.

13. La Asamblea se ha fijado unos objetivos preferenciales para el momento

actual en orden a la extensión de la cultura y a la educación de la fe:

a) Atender con especial interés y dedicación a los estamentos sociales

más necesitados: clase obrera, campesinos, Inmigrantes, etc., e impartir la

enseñanza en los niveles´ y modalidades de mayor urgencia: preescolar,

básica, profesional, nocturna, de subnormales...

b) Favorecer en todos sus aspectos la mejor preparación de los educadores

cristianos, con miras a que su aportación a la educación de la fe sea más

cualificada.

c) Estrechar el contacto cordial con los maestros y apoyarlos decididamente en

su importantísima labor de promoción cultural del pueblo, agradecer su labor

como educadores de la fe y darles medios para la misma.

d) Fomentar la colaboración de sacerdotes, religiosos y seglares en las

tareas de la educación, que constituyen una gran obra de apostolado al

servicio del pueblo.

e) Integrar esta colaboración dentro de una pastoral de conjunto.

VOZ QUE DENUNCIE LAS INJUSTICIAS

14. Desgraciadamente existen todavía muchas diferencias en la participación

del bienestar y del influjo social entre grupos privilegiados y pobres, e

incluso entre países ricos y deprimidos. La raíz última de esta anomalía no es

otra, según señala la «Populorum progressio», que la insolidaridad, el egoísmo

ciego de quienes, como Caín, responden a la voz de Dios: «¿Es que acaso soy yo

el guardián de mi hermano?»

(Gen. 4-9).

Insolidaridad que anida en muchos espíritus e inficiona todo un sistema

de relaciones económico-sociales.

Frente a ella, ni queremos ser sordos a la palabra del señor, que nos pregunta

por nuestros hermanos, muchas veces hablándonos a través de su propio clamor, ni

podemos permanecer indiferentes y mudos ante el desamor y la injusticia.

Queremos tener los ojos bien abiertos a las condiciones deficientes y a veces

inhumanas en que viven todavía muchos de nuestros hermanos. Queremos ser

solidarios de su causa y sentir con ellos y como ellos la impaciencia por una

más, justa distribución de los bienes materiales. Queremos ser una voz, libre de

todo temor y apasionamiento, que denuncie las injustas desigualdades económicas,

que proclame la dignidad humana y cristiana de los humildes, que defienda sus

derechos personales y colectivos y que apoye, cada vez con mayor decisión, las

legítimas aspiraciones del mundo del trabajo.

LA AUSTERIDAD, PARA TODOS

15. Por eso, lo mismo que San Juan Bautista invitaba a los hombres de su

tiempo a preparar los caminos del Señor, nosotros nos sentimos obligados a

pedir a quienes disponen de poder político o económico que, mientras se

esfuerzan por aumentar las riquezas colectivas, den también ejemplo de

austeridad y, sobre todo, se sigan esforzando más todavía por eliminar las

injustas diferencias que separan a unos hombres de otros v unas regiones del

país de otras, promuvan con empeño una más valiente y eficaz reforma de nuestras

zonas rurales, multipliquen la construcción de viviendas dignas, para el

desarrollo humano y cristiano de tantas familias modestas, cortando

decididamente toda especulación sobre el suelo, hagan desaparecer las causas de

la emigración forzosa, eliminen con energía las grandes desproporciones todavía

existentes entre las diversas remuneraciones del trabajo, ajusten los salarlos

mínimos a las verdaderas necesidades de la familia obrera y a las posibilidades

de la riqueza nacional, provean con eficacia y en justicia a la situación de

tantos obreros eventuales y temporeros, eviten toda discriminación en los

contratos con nuevos trabajadores.

16. Dentro de lo que la Iglesia puede hacer más directamente por sí misma,

deseamos que en todas las diócesis y parroquias adquiera un desarrollo más vivo

y operante la organización Caritas, como causa real, aunque modesta, de obras

de promoción de los pobres, como medio de formación y estímulo de las

conciencias y como instrumento para lograr, tanto la coordinación de los

esfuerzos de caridad y promoción en la Iglesia, como la comunicación de bienes,

según quedó programada en su plan CCB.

POBREZA SOCIAL Y CÍVICA

17. La importancia de este aspecto de la pobreza humana radica en la carencia

de los bienes más elevados del hombre en cuanto es persona y miembro de pleno

derecho en la sociedad.

Dos son las causas principales e inseparables de esta pobreza, que mutuamente se

influyen entre sí: la deficiente participación en los órganos decisorios de la

vida colectiva, y la falta de suficiente formación para ella. Pero, a su vez,

esa pobreza constituye, con demasiada frecuencia, una de las causas que

dificultan la liberación de los hombres de otros aspectos de la pobreza.

No sin razón, por lo tanto, se pide de nosotros una auténtica solidaridad como

signo y manifestación visible de auténtica caridad evangélica con quienes sufren

esta pobreza, Porque estiman que, en este aspecto, nuestra voz puede y debe

llegar con eficacia a la conciencia y al corazón de aquellos hermanos que pueden

poner remedio a tal pobreza.

DERECHO DE ASOCIACIÓN, INFORMACIÓN Y SEGURIDAD JURÍDICA

18. Más digna de consideración es todavía la suerte de aquellos que ni

siquiera apetecen esa participación cívica responsable, porque les falta una

adecuada formacion que despierte sus conciencias en relación con sus

irrenunciables derechos ciudadanos.

Por eso, no podemos menos de reiterar, a unos, para que los conozcan y los

ejerciten, a otros, para que los respeten y les den cauce:

— El derecho que todo hombre tiene a asociarse y reunirse libremente para

fines lícitos, como es la promoción de sus intereses profesionales dentro de

auténticos sindicatos representativos, y a la inTervención en la cosa pública, a

través de cauces eficaces de participación política.

— El dereho a expresar sus propias opiniones y preferencias, lícitas por medio

de órganos adecuados de comunicación social, así como el de estar debidamente

informado de todo aquello que es necesario para formarse un juicio propio

sobre problemas que tai afectan directamente.

— El derecho a verse protegidos por las leyes en el ejercicio de sus

deberes cincos, y en general, el disfrute de un sistema de leyes, tribunales y

sanciones, que garantice con plena eficacia «el derecho inalienable a la

seguridad jurídica», reconocído en la "Pacem in Terrris».

AMNISTÍA

19. Como prueba de solidaridad con un sector de hermanos nuestros,

particularmente indicado para ello, nos dirigimos una vez mas al Gobierno para

solicitar de él que ejerza generosamente su facultad de gracia en favor de los

reclusos de cualquier edad y condición.

20. La Conferencia Episcopal Española tiene viva conciencia de que los puntos

expuestos son sólo un débil muestrario dentro de la vasta panorámica que

presenta el problema de la pobreza. En estos días nos hemos ocupado también,

aunque sin poder llegar a un suficiente reflejo en este documento, de la pobreza

moral y religiosa de vastos sectores de nuestra sociedad, en los que se

aprecia una devaluación en las costumbres y una pérdida del sentido de la fe,

con riesgos especíales para la juventud, asediada por el erotismo y la fiebre

del consumo. Esto resulta especialmente grave en aquellas zonas o grupos humanos

menos atendidos religiosamente por la presencia pastoral de la Iglesia. Tomamos

nota seriamente de esta realidad y seguiremos estudiándola con el mayor

ahinco, prontos a aplicarle los correctivos y soluciones que reclama.

Pero, sobre cualquiera otra tarea, nos acucia a todos, ricos o pobres, el

redescubrimiento del sentido religioso y cristiano de la pobreza, como

bienaventuranza evangélica, que nos hace libres en el uso de los bienes

terrenos, nos abre hacia Dios y su Reino, en dependencia filial de su

Providencia y, a semejanza de Cristo pobre, nos vuelve totalmente disponibles

para nuestros hermanos.

Como afirmo nuestro presidente en la sesión de apertura, «sabemos que, por

magnánimos que sean nuestros sentimientos y nuestros propósitos, de esta

asamblea solamente podrá salir un programa o una actitud y un compromiso... que

por sucesivas asambleas habrá de ser revisado y vigorizado con nuevas ideas, con

iniciativas nuevas para que el programa y los propósitos no se erosionen.» La

gracia del Señor y el apoyo de todos nuestros hermanos del pueblo de Dios nos

sostendrán en esta tarea.»

La disposición adicional segunda del proyecto de ley de Educación, con la que

no están de acuerdo los obispos, tal como expresan en el apartado 12 de este

comunicado conjunto y que les ha movido a preparar un documento «ad hoc»,

dice lo siguiente:

La cuota resultante por aplicación de la escala prevista en el artículo

anterior, una vez efectuadas las desgrava-ciones que procedan conforme a los

artículos 35 y 39, ambos inclusive, del texto refundido del impuesto general

sobre la Renta de las Personas Físicas, de 23 de diciembre de 1967, tendrá como

límite máximo el 50 por 100 de la correspondiente base liquidable.»

Tres.

El párrafo cinco del citado artículo 33 del texto refundido del impuesto general

sobre la Renta de las Personas Físicas quedará redactado así:

«Las plusvalías a que se refiere el artículo 16-2 del texto refundido del

impuesto general sobre la Renta de las Personas Físicas, determinadas en la

forma que en el mismo se expresa, tributarán al 16,5 por 100 cuando la base

liquidable del contribuyente no exceda de 200.000 pesetas.»

Cuatro.—Se establece un impuesto especial sobre los beneficios de las sociedades

y demás entidades jurídicas, que será exigible en todo el territorio nacional,

por los ejercicios que finalicen a partir de la fecha de promulgación de esta

ley.

Serán sujetos pasivos en este impuesto los definidos como tales en el impuesto

general sobre la Renta de las Sociedades y demás entidades jurídicas. Las

exenciones establecidas en éste se entenderán igualmente aplicables a aquél.

La base imponible estará constituida por el resultado

«segunda.

Para la financiación del mayor gasto público que la aplicación de esta ley lleve

consigo se introducen las siguientes modificaciones en el sistema fiscal:

Uno.

El actual párrafo único del artículo 87 del texto refundido del impuesto sobre

los Rendimientos del Trabajo Personal, aprobado por decreto 512/1967, pasará a

ser el primero de dicho artículo, al que se adicionan los siguientes:

Dos.

Las remuneraciones de los presidentes y vocales de los Consejos de

Administración o de las Juntas que hagan sus veces tendrán además un recargo

para el Tesoro del 50 por 100 de la cuota.

Tres.

Este recargo no se conceptuará deducible de la cuota del impuesto general sobre

la Renta de las Personas Físicas.»

Dos.

El párrafo uno del artículo 33 del texto refundido del impuesto general sobre la

Renta de las Personas Físicas, aprobado por decreto 3.358; 1967, de 23 de

diciembre, quedará redactado así:

«Uno.

La base liquidable del impuesto general sobre la Renta de Personas Físicas será

gravada a los tipos de la escala.

de deducir de la base liquidable del impuesto sobre Sociedades el 6 por 100 del

capital fiscal de la entidad. Para los ejercicios sociales en curso a la entrada

en vigor de la presente ley se tomará por base de imposición la parte de la

anteriormente definida que sea proporcional al tiempo de vigencia del impuesto

especial en el ejercicio correspondiente.

El tipo de gravamen será del 10 por 100.

Se autoriza al ministro de Hacienda para dictar las normas que reglamenten la

aplicación de este impuesto.

Cinco.

El apartado d) del artículo 24 del texto refundido del impuesto general sobre el

Tráfico de las Empresas, aprobado por decreto 3.314 / 1966, de 29 de diciembre,

cuyo tipo fue elevado por el artículo 7º de la ley 60/1969, de 30 de Junio,

quedará modificado como sigue:

Donde dice; «... sé gravarán al tipo del 0,25 por 1.000...» deberá decir; «...

se gravarán al tipo del 0,50 por 1.000...»

Seis.

La modificación introducida en virtud del párrafo uno de la presente disposición

adicional se aplicará a las retribuciones devengadas a partir de 1 de enero de

1970. La modificación a que se refiere el párrafo dos de esta disposición

adicional se aplicará al ejercicio impositivo de 1970 y posteriores. La

modificación establecida por el parrafo cinco de esta disposición adicional

entrará en vigor a partir de 1 de enero de 1970.»

14 de julio de 1970

 

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