Autor: Martín Descalzo, P.. 
   "Viva complacencia" de Pablo VI ante la asamblea conjunta de obispos y sacerdotes, en un telegrama dirigido al cardenal primado  :   
 Sereno y prudente planteamiento del tema del celibato en la ponencia presentada ayer a los asambleístas. 
 ABC.    15/09/1971.  Página: 29. Páginas: 1. Párrafos: 30. 

ABC. MIÉRCOLES 15 DE SEPTIEMBRE DE 1971.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY

«VIVA COMPLACENCIA» DE PABLO VI ANTE LA ASAMBLEA CONJUNTA DE OBISPOS Y

SACERDOTES, EN UN TELEGRAMA DIRIGIDO AL CARDENAL PRIMADO

Hoy, primeras e importantes votaciones sobre la postura de ía Iglesia en los

problemas sociopolíticos de nuestro país

SERENO Y PRUDENTE PLANTEAMIENTO DEL TEMA DEL CELIBATO EN LA PONENCIA PRESENTADA

AYER A LOS ASAMBLEÍSTAS

La noticia del día en la Asamblea conjunta de obispos y sacerdotes fue ayer el

telegrama de Pablo VI a los asambleístas. Telegrama importante, en todas y cada

una de sus palabras y que ha venido a animar a los asambleístas y a aclarar

ideas a quienes—desde fuera—no han cesado de presentar esta reunión como lo que

no es y nunca ha querido ser.

«Preocupación en el Vaticano ante la Asamblea conjunta», titulaba hace días un

periódico. Hoy Pablo VI muestra ante este diálogo su «viva complacencia».

«Queremos ser regidos por los obispos y no, por asambleas seudodemocráticas»,

decía ayer la carta de un grupo de sacerdotes gallegos. «Quiero repetir que esta

Asamblea es plenamente jerárquica, que los obispos la hemos querido y seguido

con interés en todos sus pasos, que el Episcopado español—-asistiendo incluso en

número mayor que a otras Asambleas episcopales—está demostrando con hechos que

está interesado y comprometido en ella», declaraba ayer el hoy cardenal

presidente de la Conferencia episcopal. Una vez mas parece que quienes se

presentan como defensores del papado y del episcopado, terminan por no

comprender lo que el Papa y los obispos comprenden y sostienen.

Pero dejemos aquí todo aspecto polémico que, afortunadamente, no tiene demasiado

resonador.en el interior de la Asamblea que ayer prosiguió intensa y serenamente

sus trabajos. El diálogo que Pablo VI pidió en 1969—en su famoso mensaje del 30

de junio a los cardenales— y que ahora se complace en reconocer que existe y que

pide sea «continuo» está en marcha.

TRABAJOS POR GRUPOS

La jornada de ayer se centró en e! trabajo por grupos. Las 23 secciones en que

la .asamblea se ha dividido revisaron durante la jornada de hoy la primera

ponencia y a la hora de cerrar esta crónica ei numero de propuestas de enmiendas

y añadidos superaba el centenar. Sobre esta base la ponencia «elaborará las

proposiciones que mañana serán discutidas y votadas en sesión publica: Será éste

uno de los momentos más álgidos de la Asamblea, pues todos reconocen que es esta

primera ponencia—Iglesia y problemas socíopoliticos en nuestro país—uno de los

grandes temas dificiles de la Asamblea Nada tiene de extraño, pues, que la

jornada de hoy registre en vísperas de esta votación una cierta crecida de

tensión, aunque, en cuanto puedo juzgar por decenas de dialogos con los

asambleístas, el acuerdo en torno a la ponencia parece muy amplio. .Incluso

parece que son más las proposiciones que piden un robustecimiento de las

proposiciones que aquellas que solicitan un ablandamiento. Pero de esto

hablaremos mañana.

LA MISIÓN DEL SACERDOTE

al mismo tiempo que se ultimaba el analisis de la primera ponencia, se iniciaba

el de la segunda, que fue presentada a última hora del lunes por monseñor

Palenzuela.

Es esta la ponencia de mayor carga teológica de la Asamblea y so pregunta cuales

son las raices biblicas y evangélicas del ministerio sacerdotal. Los temas tan

debatidos de, «misión» y «consagración» como partes integrantes de este

ministerio; la relación entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio

ministerial de los sacerdotes: la relación entre Episcopado y presbiterado son

analizadas en la primera parte de la ponencia.

De cara al interés del hombre de la calle parece más llamativa la segunda parte,

que saca las conclusiones de esa visión del sacerdocio y se pregunta cuáles son

las formas de vivirlo hoy. Se pregunta en ella por el debatido problema del

trabajo civil de los sacerdotes («el sacerdote podrá y en ciertos casos deberá—

responde la ponencia—realizar un trabajo civil, bien intelectual, bien manual»)

y por la postura del sacerdote en los problemas sociopolíticos (punto en el que

esta ponencia coincide, desde el punto de vista doctrinal, con los

planteamientos más pragmáticos del mismo tema en la primera).

EL TEMA DEL CELIBATO

Pero el punto que mayor interés concentra—no porque lo tenga en si, sino porque

la polémica de los últimos años asi lo ha forzado—es el referente al celibato.

Tema realmente difícil y que será uno de los puntos claves de esta Asamblea.

Los reunidos en el Seminario de Madrid se encuentran aquí entre dos fuegos. Y

debemos exponer los dos con honradez.

Por un lado está el deseo de grandes sectores del clero español y del de todo el

mundo. El tema ha sido estudiado en treinta Asambleas diocesanas españolas. Las

treinta con absoluta unanimidad han reconocido el alto valor del celibato como

forma ideal de vida sacerdotal. Pero el acuerdo es menor cuando se plantea el

problema de la «obligatoriedad» de la ley del celibato. No es—como suele decirse

grotescamente—que quienes no ven esa obligatoriedad «quieran casarse», es que

ven inconveniente o confuso el sentido de esa obligatoriedad. Sobre este punto

la división parece grande en el clero español.

De las treinta Asambleas que han tratado el tema dos se han pronunciado

mayoritariamente por el mantenimiento intacto de la actual ley. En veintiocho Ja

mayoría se ha inclinado por la revisión de esa leu. En once de estas veintiocho

la mayoría ha superado el 50, por 100, sin llegar a dos tercios, y en diecisiete

ha superado los dos tercios. No hay, pues, unanimidad en el clero español en

torno al tema. Y si se piensa que en las Asambleas ha participado en mayor

proporción el clero más joven, hay que concluir que &e trata de un tema

sustancialmente inmaduro y discrepante dentro de los sacerdotes actuales.

Junto a esto está la otra cara del problema, que tiene tres factores. Por un

lado, la clara decisión de Pablo VI de mantener intacta la ley del celibato. Por

otro, el unánime o inmensamente mayoritario acuerdo de las Conferencias

episcopales del mundo de que esta ley no sea cambiada. Y, en tercer lugar, el

sentimiento del pueblo español, que—como muestran los estudios sociológicos

realisados recientemente—contempla hoy el celibato como un gran bien de nuestra

Iglesia y como algo ligado a su vida espiritual.

Ninguno de estos hechos puede desconocerse. Y tampoco el no menos importante de

que dentro de sólo quince días el Sínodo mundial de obispos estudiará este tema

con una hondura y un poder de decisión que la Asamblea conjunto no tiene. Se

entiende por ello la posición sugerida por los obispos espáñoles y aceptada por

la ponencia de trasladar el problema, e1 Sínodo de obispos, una vez que los

obíspos españoles que a él acudirán tienen sobrada información en torno al

pensamiento del clero español sobre el asunto.

De ahí la fórmula prudente y moderada adoptada por la ponencia en torno al tema.

y que parece más que suficiente para callar los temores de quienes veían

peligros en este tema dentro de la Asamblea.

El enfoque de la ponencia sobre este puntó puede medirse por el resumen que

ofrecemos de las cuatro proposiciones que afectan a esta cuestión dentro de la

ponencia 2:

1. Reconocemos el eran valor del celibato por el Reino de los cielos, porque es

carisma del Espíritu que potencia al hombre para su entrega a Dios y al servicio

de los hermanos.

2. El celibato no es exigido por la naturaleza misma del ministerio sacerdotal,

pero guarda estrecha vinculación con el.

3. La diversidad de planteamientos y pareceres que se ha puesto de manifiesto

en las Asambleas diocesanas en este tema, revela la urgente necesidad de que se

profundice en la conexión del celibato con el ministerio sacerdotal.

4. Esta Asamblea pide respetuosamente a la Santa Sede y al Sínodo de obispos,

que consideren la oportunidad de ordenar a hombres casados para el servicio de

aquellas comunidades en que escasearan las vocaciones al sacerdocio célibe.

Estas cuatro proposiciones pueden parecer insuficientes a muchos. Pero no focos

creen Que recogen la sustancia del actual estado del problema y no traspasan en

una sola, linea los deseos de Pablo VI sobre el tema.

LA REVISIÓN DE LAS ESTRUCTURAS DE LA IGLESIA

Un tercer tema, fue presentado ayer noche a los asambleístas en la ponencia, que

fue presentado por monseñor Yanes, obispo auxiliar de Oviedo: el de la revisión

de las estructuras eclesiásticas.

Hoy en todos los niveles religiosos hay una dura crítica a las estructuras de la

Iglesia y no falta quien sueñe o aspire a una Iglesia del espíritu, desposeída

de toda estructura. ¿Cuál es el punto justo de las cosas a la luz de un claro

planteamiento evangélico?

La ponencia se inicia con la afirmación de que las estructuras en la Iglesia no

son un invento de los hombres, sino algo que parte de la misma naturaleza de la

Iglesia, de su >visíbilidad>, del mismo misterio de la encarnación. Estas

estructuras "participan, de la dimensión sacramental de la Iglesia». «La

oposición entre institución (estructura) y carisma (Espíritu), es perniciosa

porque es falsa. Una estructura fiel a su dimensión sacramental potencia el

carisma, lo multiplica y asegura su eficacia. Y las mejores alientos profeticos

se disuelven o degeneran si no son adecuadamente canalizados.»

Pero una vez defendida la naturaleza de la estructura en la Iglesia, la pregunta

si la forma en que actualmente se realizan esas estructuras cumple realmente esa

misión de canalizar el Espíritu o si, por el contrario, sirve para amordazarlo.

De hecho la crítica que hoy se hace a las estructuras es más a «esta»,

estructura o a sus "actuales formas", que a la misma estructura, en cuanto tal.

La ponencia, reconoce aquí que las actuales estructuras fueron pensadas para un

mundo superado y que no han sabido adaptarse ni a la nueva realidad del mundo ni

a la visión religiosa que él Vaticano II ha potenciado. Por tanto, es tan

negativo rechazar toda estructura en la Iglesia como oponerse a la revisión

evangélica de las actuales.

Para esta revisión, la ponencia expone siete criterios cargados de

consecuencias. Me limitaré a recoser el índice de estos «criterios» de revisión:

1. Atención de la estructura a la vida. 2. Integración de todo el pueblo de

Dios—religiosos, religiosas, seglares—en la acción pastoral. 3.

Corresponsabilidad de los agentes de la pastoral. 4. Movilidad y disponibilidad

de las personas. 5. Revisión y adaptación periódica, de las estructuras

pastorales. 6, planificación pastoral. 7. Información y comunicación en la

Iglesia y sobre la Iglesia.

Como el lector puede comprobar no son granos de anís los preciemos que la

Asamblea conjunta se propone. Tal vez no pueda llegar a completar en sus seis

jornadas todo cuanto sobre estos problemas puede decirse. Pero no cabe duda de

que muchas conclusiones concretas para nuestro pais surgirán ae estas jornadas

en las que concluye el trabajo conjunto de muchos meses. Se explica, que quienes

contemplan desde dentro la Asamblea la miren no sólo sin temores, sino con

positiva esperanza y optimismo.

Con esperanza y serenidad la miran en Roma. Noticias que me llegan al cerrar

esta crónica me dicen que "L´Osservatore Romano"—contra su costumbres pública

hoy en su primera vagina el telegrama de Pablo VI a la Asamblea con titulares

yus subrayan esa "viva complacencia" con la que el Papa la contempla.

P. MARTIN DESCALZO.

 

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