Autor: Martín Descalzo, P.. 
   La asamblea conjunta de obispos y sacerdotes aprueba casi unánimemente un renovado estilo de relaciones de la iglesia con el mundo     
 
 ABC.    16/09/1971.  Página: 31-32. Páginas: 2. Párrafos: 36. 

ABC. JUEVES 16 DE SEPTIEMBRE DE 1971. EDICION DE LA MAÑANA.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY

LA ASAMBLEA CONJUNTA DE OBISPOS Y SACERDOTES APRUEBA CASI UNÁNIMEMENTE UN

RENOVADO ESTILO DE RELACIONES DE LA IGLESIA CON EL MUNDO

OBISPOS Y SACERDOTES ESPAÑOLES PIDIERON:

Un más ancho reconocimiento de los derechos humanos en España (192 votos

positivos, 45 negativos)

La independencia entre la íglesia y el Estado (215 frente o 26) la abolición del

actual Concordato (212 frente a 30)

La fórmula efe acuerdos parciales mejor que la elaboración de un nuevo

Concordato (755 frente a 52)

La renuncio de los obispos a sus puestos en las Cortes y otros organismos

políticos (174 frente a 56)

El rotundo, caluroso, inacabable aplauso que cerró ayer noche la lectura de las

resaltados de las votaciones de la primera ponencia en la Asamblea conjunta, de

obispos y sacerdotes señalaba con claridad meridiana para guien no desee ignorar

la realidad que acabábamos de asistir a una facha histórica en la vida del

catolicismo español contemporáneo. Los nervios gwe habían imperado durante la

jornada encontraban el desahogo de comprobar que ni el Concilio ni el tiempo Han

pasado en vano.

Hoy, además, el cronista, afortunadamente, no tiene ni siquiera necesidad de

hacer crónica. Le bastará con transcribir aquí los resultados de las votaciones

obtenidas y dejar al lector con la meditación de unas cifras que merecen una

buena reflexión.

La ponencia número uno, como el lector recordará de nuestra penúltima crónica,

planteaba con serena audacia la nueva postura que la Iglesia española busca—a la

luz del evangelio y del Concilio—ante la realidad social en que vive. Esas

proposiciones de la ponencia no sólo no Sabían sido debilitadas por el trabajo

de grupos, sino que habían sido intensificadas por las numerosas nuevas

propuestas de los veintitrés grupos reunidos en los que—no estará de más

recordarlo—había un promedio de cuatro obispos y seis sacerdotes.

Eran asi 60 las proposiciones que se ponían a. la votación de la asamblea, Y,

desbordando las previsiones de los más optimistas, la salo, formada por un

tercio de obispos y dos tercios de sacerdotes elegir dos en todas las diócesis

españolas, aprobaba en primera votación y con más de dos tercios la práctica

totalidad de las proposiciones de la ponencia.

Sería significativo e iluminador poder reproducir aquí los resultadas de todas

esas votaciones: Mas el espacio obliga a recoger únicamente ¡as más

significativas.

ESTUDIO DEL CATOLICISMO ESPAÑOL

Las de la segunda parte presentan el dibujo üe un catolicismo español sacudido

por los vientos de nuestro siglo. Reconocidas sus virtudes, la ponencia señala

cómo se está, produciendo lo transición. «desde un catolicismo de signo de

cristiandad hacia las nuevas formas de realización cristiana recogidas,

encauzadas -y legitimadas por el Vaticano II» (190 votos a favor, 40 en contra).

Tras señalar los valores de nuestro catolicismo que se muestran en «desfase con

el mundo moderno», la ponencia afirma que «aun reconociendo los riesgos que

comporta esta, transformacion, es necesario superar el inmovüismo qué impida la

real y efectiva aplicación del Vaticano //" (221 votas contra 23).

Señala después la ponencia que en la sociedad española «hay en esta momento

problemas cae deben preocupamos como cristianos: la insuficiente realización di

los derechos de la persona humana y la persistencia de graves desequilibrios

económico-socíales (192 contra 45).

Impártante la proposición número 10, que copiamos integramente:

«Percibimos que en nuestro país queda mucho camino que recorrer en lo que se

refiere al reconocimiento Jurídico y a la realización de los derechos de la

persona humana, tal como son expuesto» en la «Pacem in Terris» y en el

Concilio: Realización integral de la persona humana sin reducir su desarrollo a

lo puramente económica (183 contra 49).

Libertad verdadera de expresión de toda idea, que no atente al auténtico bien

común (187 contra 54).

Participación responsable de todos los ciudadanos en la gestión y el control de

la cosa pública (203 contra 39).

Garantía suficiente del trabajo que evite,: en lo posible, el paro, real y

encubierto, y el gravísimo problema de la emigración (199 contra 41).

Desarrollo económico de las diversas regiones españolas, así como de las

ciudades y del mundo rural (207 frente a 34).

Respeto y promoción de los legítimos derechos de las minorías étnicas y de las

peculiaridades culturales de los diversos pueblos de España (180 contra 59).

Igualdad de oportunidades en el acceso a la cultura, y reconocimiento efectivo

del derecho de los padres a escoger la escuela de sus hijos (208 contra 33).

Real igualdad jurídica de todos los españoles ante las leyes y supresión

de las jurisdicciones especiales (177 contra 54).

Derecho a la objeción de conciencia por motivos éticos o religiosos (174

contra 52).

Derecho a la Integridad física que tutele al hombre de las «torturas corporales

o mentales, incluso de los intentos de coacción espiritual» (178 frente a 53).

«Profundizando este análisis descubrimos que esta situación deficiente en el

reconocimiento y realización de loa derechos humanos está provocada y mantenida

fundamentalmente por el sistema materialista de Upo capitalista que domina en

nuestra sociedad y que debemos denunciar según las orientaciones de la

«Populorun Progressioa y de la «Octogessima Adveniens» (167 contra 60).

LA ACTITUD DE LA IGLESIA

¿Qué actitudes debe tomar la Iglesia ante toda esta problemática? Las 28

proposiciones de la cuarta parte ofrecen un minucioso programa que has ha sido

rubricado por los asambleístas.

Ha de iniciarse por una actitud d conversión personal (226 contra 18),

conversión que. hoy en España, es ante todo una tarea de reconciliación. «Es

tarea, de la Iglesia promover entre los españoles la superacion de todo rencor y

la construcción de la unidad en el amor, ley básica del Evangelio, por encima de

tas inevitables discrepancias, de los pluralismos politicos, sociales y

generacionales» (217 frente a 17).

Luego la Asamblea vuelve sus ojos hacía atrás y escribe en una de sus

proposiciones: «Reconocemos humildemente y pedimos perdón porque nosotros no

supimos a su tiempo ser verdaderos «ministros de reconciliación» en el seno de

nuestro pueblo dividido por una guerra entre hermanos» (127 frente a 78)

proposición que deberá, pues, volver a ser revisada y votada por no haber

llegado a los dos tercios de los votos necesarios para una aprobación oficial).

LAS RELACIONES IGLESIA - ESTADO Y EL CONCORDATO

La Asamblea se vuelve luego al problema Iglesia-Estado y formula algunas

Importantes contusiones:

«El ordenamiento jurídico que regule las relaciones entre la Iglesia y el Estado

debe salvaguardar la autonomía e independencia de ambos y, sin menoscabo de una

sana cooperación entre ellos para el bien común, eliminar toda situación real o

aparente de mutua concesión de privilegios> (215 frente a 26).

«Creemos necesaria y urgente la revisión de la actual situación concordataria,

por ser el vigente un texto superado, fuente de numerosos problemas y

malentendidos* (212 frente a 30).

¿Qué postura adoptar en la renovacion?

La ponencia ofrecía a los asambleístas tres posibilidades: un nuevo Concordato

(52 votos favorables), una fórmula de acuerdos parciales (155), la supresión de

todo Concordato y la entrada de la Iglesia en la legislación común (53

votantes). Se imponía, pues, mayoritariamente la fórmula de acuerdos parciales

que deberá ser nuevamente votada para comprobar si alcanza los dos tercios

reglaméntanos.

la supresión de toda intervención del Gobierno en el nombramiento de obispas era

pedida por 175 votantes, frente a 54; el alejamiento de obispos y sacerdotes de

todo órgano de gobierno o representación politica (Cortes, Consejo del Reino...)

será apoyado por 174 contra 56; la no presencia de los obispos en todo acto de

significación política que pueda originar división entre los fieles era

ratificada por 202 votos favorables contra 30; la supresión o modificación

sustancial de las capellanías y asesorías religiosas de organismos oficiales y

especialmente sindicales era votado por contra 54; la revisión en profundidad de

las capellanías castrenses de modo ane los capellanes no formen parte de la

jerarquía militar la sostenían 146 votos contra 71.

Votaciones parecidas sostenían la petición de que la Iglesia se despoje de todo

poder económico, construcción de templos suntuosos., manifestaciones de lujo,

clasismo en la enseñanza, utilización de actos o ceremonias religiosas como

instrumentos o propaganda de ideologías o posturas políticas.

Sería necesario ir recogiendo aquí todas estas proposiciones y sus votos. Y

pensar que en todas ellas participaban 80 obispos, con lo que puede afirmarse

sin temor a dudas que la proporción de votos episcopales favorables era

idéntica a la proporción de votos de los sacerdotes. La vieja dialéctica que

colocaba a los obispos en un conservadurismo y a los grupos de sacerdotes en el

progresismo, es algo tan superado que ni resiste el menor análisis ni merece que

nos detengamos en refutarla.

CARTA DE VEINTE ASAMBLEÍSTAS

¿Ha habido en la jornada de hoy una nube sobre lo que los datos refieren? ´No

podemos ignorar ni seria honesto ocultar un hecho que ha contribuido durante

todo el día de ayer a cargar de electricidad la atmósfera de la Asamblea.

Tampoco seria honesto supervalorarlo y resultaría gravísimo ponerlo por encima

de la impresionante luz de las votaciones celebradas, aunque no extrañará a

nadie que se encuentre la manera de valorar más la anécdota que el hecho

sustancial.

Un grupo de 20 sacerdotes (un 8 por 100 de los asambleístas) presentó ayer una

caria al Consejo de presidencia en la que descalifica prácticamente todo el

valor de la Asamblea. Esta carta iba acompañada por una segunda, en la que 11

obispos indicaban al Consejo su opinión de que la carta de los 20 asambleístas

merecía la pena de ser tenida en cuenta. Los obispos —quede esto claro—no

firmaban la carta de protesta, aun cuando, en cierto modo, la respaldaban con la

suya. No se conocen por el momento los nombres de estos 11 prelados, pero se

sabe que no hay entre ellos ningún arzobispo y ningún cardenal.

¿Qué dice la famosa carta en cuestión? Comienza afirmando que la Asamblea se

está viendo obligada a trabajar demasiado de prisa; niega la representativldad

de las asambleas diocesanas; afirma que millares de sacerdotes han quedada

marginados del ejercicio de la voz y del voto; afirma genérícamente que han

existido irregularidades en algunas asambleas diocesanas; habla de la ambigüedad

de las encuestas y de la elección monocular de los grupos de ponencia, y termina

pidiendo que no se dé a las conclusiones más valor que el que tienen (el de—

según ellos—un pequeño grupo del clero español), de modo que los obispos, a la

hora de fijar normas sobre los problemas que se estudien, busquen también la.

opinión de los sacerdotes Que no están representados en esta Asamblea.

Muchas cosas podrían decirse sobre esta carta, abundante en generalizaciones y

contradicciones internas.

Tiene el interés de ser representante de ese grupo sacerdotal —numeroso—que por

su propia voluntad se colocó al margen de una Asamblea que nunca les cerró las

puertas. Los obispos tendrán, sin duda, en cuenta.esas voces que mejor se

hubieran canalizado con la participación en el diálogo común que con tardías

cartas de protesta. La historia mostrará que la Asamblea, con los lógicos fallos

de toda obra de tan ancho calado, ha permitido ese diálogo que los obispos —

todos—han podido comprobar personalmente estos días y al que el Papa incitaba

nuevamente en su último telegrama.

Quiero concluir recordando un dato que me parece significativo: en las

votaciones de ayer el número de votos en blanco era siempre ínfimo (no llegaba a

10 en más de 40 de las 60 votaciones; en ninguna llegaba a 20). El dato mostraba

que los mismos firmantes de la carta—que recusaban la legalidad de la Asamblea,

que afirmaban que habían carecido de tiempo para preparar sus votos—no sentían

escrúpulos en participar en las votaciones, aceptando asi, Implícitamente, las

reglas del juego que en su carta rehuían. El diálogo prosigue asi, por encima y

por debajo de las protestas. El diálogo proseguirá hoy y en los próximos días.

Las conclusiones que de él salgan no serán dogmas de fe.

Pero mostrarán, para quien quiera leerlas, buena parte de los caminos de la

Iglesia de hoy y de mañana.

P. MARTIN DESCALZO.

PABLO VI:«LA CRUZ,ULTIMO REMEDIO DEL PECADO»

Castelgandolfo (Roma) 15. «Si verdaderamente somos cristianos debemos participar

en la pasión de Cristo y llevar cada día nuestra cruz», dijo Pablo VI en la

´audiencia general de los miércoles, que hoy tuvo lugar, por última vez en la

actual temporada, en la residencia estival de Castelgandolfo.

Mañana por. la tarde el Papa regresará a Roma, tras recibir poco antes a la

pequeña población de Castelgandolfo, a sus autoridades y jefes y agentes de la

Policía locales.

En la audiencia general, el Santo-Padre, tras recordar que ayer, 14 de

septiembre, la Iglesia había celebrado una fiesta de origen antiquísimo: la

exaltación de la Santa Cruz, dijo que «precisamente en estos tiempos vemos cómo

se intenta abatir la Cruz, justamente allí donde es más necesaria, en la

consciencia del pecado, a la que solamente ella puede poner remedio».

 

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