Asamblea conjunta de obispos y sacerdotes. 
 Tensiones en torno al celibato     
 
 Informaciones.    17/09/1971.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 25. 

Asamblea conjunta de obispos y sacerdotes

Tensiones en torno al celibato

«Continuaremos en la postura de apertura, deseando acertar lo más posible»

(cardenal primado)

El sueldo estatal a los sacerdotes, un mal menor

MADRID 17. (INFORMACIONES.)—La asamblea conjunta de obispos y sacerdotes vivió

ayer tarde una sesión tensa al abordar el tema del celibato de los sacerdotes,

verdadero «caballo de batalla». Los asambleístas dieron prueba de una gran

serenidad y capacidad de diálogo y trataron de encontrar una vía media entre la

obediencia y fidelidad al Papa, que quedó firmemente ratificada, y la fidelidad

a la base, es decir, a los sacerdotes españoles, que han expuesto la

problemática real en torno al debatido tema en las asambleas diocesanas:

Dos voces episcopales prevalecieron en el debate: monseñor Guerra Campos, obispo

auxiliar de Madrid y secretario del Episcopado, partidario del silencio" y de la

defensa a ultranza de la ley del celibato sacerdotal, y la de monseñor Montero

(auxiliar de Sevilla), partidario de que abandonara el tema, ya que esto no

Implicaba deslealtad a Roma. La asamblea se Inclinó visiblemente por esta

segunda posición, que fue acogida con un largo y cálido aplauso.

Tras el debate, el Consejo de la Presidencia (del que, por cierto, forma parte

monseñor Guerra Campos) se retiró a deliberar y decidió lo siguiente: «El

Consejo de la Presidencia considera conveniente combinar la fidelidad al

magisterio del Papa y a la Iglesia y la fidelidad a la base expresada en las

asambleas diocesanas. Por unanimidad ha creido que la proposición 40 debe

mantenerse para votar sin dar lugar a nuevas discusiones».

Originariamente esta proposición decía: «La diversidad de planteamientos y p

areceres que se ha puesto de manifiesto en las asambleas diocesanas en relación

con el tema de! celibato revela la urgente necesidad de que se profundice, tanto

teológicamente como pastoralmehte en la conexión del celibato con el ministerio

sacerdotal». Al final, la ponencia decidió suavizar ligeramente el texto,

susttuyendo, por ejemplo, "profundización" por «información». Y asi fue sometida

ayer la propuesta a votación.

MONSEÑOR GUERRA CAMPOS

En su intervención, monseñor Guerra Campos dejó entrever que estaba dispuesto a

abandonar la asamblea. Estas fueron sus palabras: Permítanme fijar con franqueza

mi posición. El texto nuevo de la ponencia es viable, aunque no satisfactorio.

En la hipótesis de que se sometiese a votación propuestas equivocas o contrarias

a la norma pontificia o bien en el caso de que en la misma votación de

propuestas aceptables la asamblea no se pronunciase como tiene derecho a esperar

el Padre Santo y el pueblo cristiano, tienen derecho a saber mis hermanos

asambleístas lo que sabe ya la Conferencia Episcopal: me vería obligado en

conciencia a desligarme de esta actuación ilegítima o dudosa y de la asamblea,

para mantener clara ante e! pueblo de Dios la fidelidad a nuestro compromiso

episcopal con lo que nos ha mandado la suprema potestad de la Iglesia. Según

Europa Press, «en el caso de que la asamblea conjunta aprobará la propuesta de

revisión del tema del celibato, treinta obispos abandonarían la asamblea en

señal de protesta, según han manifestado algunos deestos prelados».

INTERVENCIÓN DE MONSEÑOR MONTERO

La Interevnción de monseñor Montero consiguió encausar el tema y llevó la paz y

el sentido común a la asamblea. Estas fueron sus palabras en la parte central de

su moción:

«La conclusión que propone la ponencia Intenta responder a dos acusaciones: la

dé deslealtad y la de desobediencia.

Se nos acusa de desleales a los sacerdotes que han expresado en las diócesis, su

parecer sobre el celibato y de la desobediencia al Papa, que ha dado por

dirimida esta cuestión.

No creo que sea escamotear a las asambleas diocesanas pedir a los obispos

españoles designados para el Sínodo que presenten a la Santa Sede las

conclusiones de las mismas sobre ése y los demás temas.

Tampoco me parece que desobedezcamos al apa cumpliendo el encargo que nos dio

hace dos años a los obispos de ponernos en contacto más directo con nuestros

sacerdotes y hacernos eco de sus problemas. Por otra parte, la misma Roma está

permitiendo delicadamente un cierto tratamiento del problema, como lo demuestra

la carta del Papa al cardenal Alfrink y la inclusión implícita del tema del

celibato en el texto dn trabajo para el Sínodo de los obispos.

Por último, puesto que la caridad y unión pertenecen a la ortodoxia, tenemos

todos en esta Asamblea, bendecida por el Papa, el deber de fidelidad a la

Iglesia, votando unas propuestas integradoras y atinadas.»

NO HAY IRREGULARIDADES

Otro de los puntos importantes de las sesiones de ayer fue la contundente

respuesta del cardenal primado, en nombre del Consejo de la Presidencia, a1

escrito de veinte sacerdotes asambleístas que acusaban a la Asamblea de

ilegítima y poco representativa (ver INFORMACIONES de ayer). Como información de

avance, ofrecíamos ayer en .síntesis la declaración del cardenal Enrique y

Tarancón. Dada su importancia clarificadora, hoy la ofrecemos Integra. Dice asi:

"Por encargo del Consejo de Presidencia tengo que hacer una aclaración a la

Asamblea plenaria. Ustedes habrán visto por los periódicos de hoy que ayer fue

presentada una moción al Consejo de Presidencia, y podrán creer que el Consejo

la ha escamoteado. Conviene por eso que, primero, fijemos cómo fueron los hechos

y, después, que conozcan ustedes lo que, tras una reflexión de ayer y de esta

mañana, ha acordado el Consejo de Presidencia.

Ante todo, los hechos. Ayer tarde, algo después de las seis y media, me

entregaron un documento. Convoqué inmediatamente al Consejo de Presidencia.

Cuando a las ocho y media —porque antes habíamos tenido reuniones de grupos— iba

a la reunión, alguien me enseñó una cota en la que una agencia daba ya un

resumen de dicho escrito. Al salir de la reunión pude ver el resumen de otra

agencia. Yo tengo la seguridad, y doy mi palabra de ello delante de toda la

Asamblea, de que el documento no salió para nada de mi carpeta.

En segundo lugar, otro hecho: Algunos periódicos han dicho que el documento en

cuestión está firmado por un grupo numeroso de obispos y sacerdotes. Yo tengo

aquí el original y de él me he de fiar. Pues bien, la moción está firmada no sé

si por 19 ó 20 sacerdotes (dos firmas no están claras); a esta moción acompaña

otro escrito, que es simplemente un ruego al Consejo de Presidencia para que

estudie el primer documento como se merece. Este documento, sí, lo firman no sé

si 11 o 12 obispos (hay dos firmas superpuestas). Los obispos, pues, no hacen

suyo el documento, ni emiten ningún juicio de valor. Dicen simplemente: "Los

abajo firmantes, miembros de la Asamblea conjunta, rogamos al eminentísimo y

reverendísimo señor, cardenal presidente del Consejo de Presidencia que dicho

organismo estudie con la atención que el asunto merece el documento que, con

esta misma fecha, ha redactado un grupo de presbíteros asambleístas." Estos son

los hechos.

El documento —que ustédes ya conocen— tiene una primera parte que no es más que

una justificación de la moción. Como son juicios de valor sobre la preparación y

proceso de la Asamblea, a esto ya contestará, si lo juzga oportuno y como

quiera, la Comisión Episcopal del clero. Y lo que a las diócesis se refiere, ya

decidirá cada obispo. En esto no entramos.

Después de esta serie de juicios de valor están las.mociones que presenta. Sobré

esto, yo tengo el encargo de todo el Consejo de, Presidencia de decir, sencilla

y claramente, primero: Que no se puede poner en duda la legitimidad de esta

Asamblea. Ya lo dije en mi discurso de apertura y no hay por qué insistir. En

segundo lugar, que no puede dudarse de que los miembros de esta Asamblea han

sido elegidos por los que tomaron parte en las diócesis en todo el proceso de la

Asamblea. En tercer lugar, que es verdad que estamos acorralados por el tiempo

durante la Asamblea, cosa que, por lo demás, pasa en todas. Pero no hay que

olvidar que no estamos improvisando. Llevamos casi dos años en este trabajo a

través de equipos de trabajo en las diócesis, en las asambleas diocesanas, en

las regionales. Es decir: No son temas nuevos.

POSTURA DE APERTURA

Tengo también el encargo de´ decirles, por ruego del Consejo de Presidencia, que

efectivamente hay muchos —no sé el número— sacerdotes que, por las razones que

fueren, no han querido entrar en el juego de la Asamblea. Es natural que éstos

no se sientan representados. Pero queremos hacer constar que se ha abierto la

puerta a todos, que ni diocesana ni nacionalmente hemos cerrado la puerta a

nadie.

Respetamos, como es lógico, las razones por las que no han querido enrolarse en

la Asamblea. Hemos de ser respetuosos con su modo de pensar. Pero quiero

decirles que los obispos conocemos" ya muchos de los pareceres de éstos que no

se han integrado —tanto de una como de otra tendencia, pues los hay de varias y

contrarias—. Tenemos muchos informes de lo que piensan y sienten. El Episcopado

Español nunca ha estado cerrado a recibir lo que sus sacerdotes quieran

enviarle. Continuaremos, pues, en esta misma postura de apertura, deseando

acertar lo más posible. Yo sé que todos —tanto nosotros como quienes no están en

esta Asamblea— buscamos el bien de la Iglesia, aunque no siempre coincidamos en

qué es lo mejor en un momento determinado. Por eso dije el primer día que sería

una ingenuidad escandalizarse de que haya diferencias entre nosotros, incluso

entre los obispos. Precisamente lo que esta Asamblea pretende es ese dialogo.

Para ello hemos invitado a todos. Han venido, los que han querido.

Los demás estaban en su derecho de no venir. Como lo que queremos es conocer la

realidad, seguiremos dispuestos a recoger todas las sugerencias.

Esto es lo que el Consejo de Presirdencia me encargó que les dijera. Lo digo

sencillamente con el ánimo de serenar los espíritus y de dar paz. Nadie querrá

pensar que sea misión de los obispos ni del Consejo de Presidencia crear

dificultades entre los sacerdotes o enfrentarlos unos con otros, ni querer ser

unos vencedores y otros los vencidos. Estoy cierto que nadie se atreverá a

adoptar esta tesitura. Lo que convenía era aclarar los hechos y esto es lo que

be intentado. Nada más.»

LOS OBISPOS GALLEGOS

Por otra parte, los cinco oibspos gallegos han dirigido un escrito al Consejo de

la Presidencia, firmado por monseñor Araújo, de Mondoñedo-Ferrol, en el que se

rebaten «por falsos» los cargos que se hacían en una carta firmada por

sacerdotes gallegos, y que apareció el día 14 de este mes, a las asambleas

diocesanas celebradas en Galicia: irregularidades en la elección de

representantes, falta de repreentatividad de los elegidos, manejos turbios en la

elección de ponentes... Los obispos gallegos aseguran, entre otras cosas y de

forma enérgica que «todas las elecciones a que alude dicha carta han sido

efectuadas conforme al mas estricto y honesto cumplimiento del Reglamento».

CARTA DE LA HERMANDAD SACERDOTAL

Una carta ha sido enviada ai cardenal Enrique y Tárancón por el padre Oltra,

presidente nacional de la Hermandad Sacerdotal Española, en la que se dice:

«Estamos dispuestos a sufrir todas las persecuciones antes que renegar de

nuestra fe y de nuestra .fidelidad a la verdadera Iglesia de Cristo y a los

Ideales por los que fueron asesinados trece obispos y siete mil sacerdotes

compañeros nuestros. Por otra parte, nos adherimos totalmente al escrito

presentado a la asamblea por un grupo de obispos y sacerdotes el día 15 de los

corrientes».

EL SUELDO DE LOS CURAS, MAL MENOR

Ayer por la mañana se presentó a la asamblea la ponencia quinta, sobre «los

recursos materiales al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia». El

encargado de hacerlo fue el sacerdote don Juan Moreno. «La conclusión general a

la que se llega —dijo a modo de resumen—, después de estudiar las aportaciones

de las distintas asambleas diocesanas, es que la ayuda estatal es vista, casi

por todos, como un mal menor necesario en las circunstancias actuales. La razón

fundamental de verla como, un mal radica en que para muchos fieles aparece como

un enfeudamiento de la Iglesia, como disminuida en la libertad que se necesita

para la proclamación del mensaje, de forma que se constituya en conciencia de la

sociedad y lleve a cabo la denuncia profética.

17 de septiembre de 1971

 

< Volver