Autor: Martín Descalzo, P.. 
   "No se puede poner en duda la legitimidad de esta asamblea", afirma el consejo de presidencia frente a ciertas deformaciones  :   
 "Esta asamblea -dijo el cardenal primado- no ha cerrado sus puertas a nadie y las ha abierto a todos". 
 ABC.    17/09/1971.  Página: 27-28. Páginas: 2. Párrafos: 30. 

SEPTIEMBRE DE 1971.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY

«NO SE PUEDE PONER EN DUDA LA LEGITIMIDAD DE ESTA ASAMBLEA», AFIRMA EL CONSEJO

DE PRESIDENCIA FRENTE A CIERTAS DEFORMACIONES

Tenso debate sobre el tema del celibato, cuyas proposiciones—tras decisión

unánime de la presidencia—fueron ayer propuestas a votación, y el resultado se

conocerá hoy

«ESTA ASAMBLEA-DIJO EL CARDENAL PRIMADO-NO HA CERRADO SUS PUERTAS A NADIE Y LAS

HA ABIERTO A TODOS»

Sesión tensa la de ayer en la Asamblea conjunta de obispos y sacerdotes. Tres

temas gravitaban sobre ella: el impacto creado por Zas votaciones de ayer, más

importantes y unánimes de lo que esperaban los más optimistas; el desconcierto

con el que los asambleístas veían el hecho de que ciertas agencias y cierta

Prensa, ignorando o escondiendo las decisiones casi unánimes de la Asamblea,

supervaloraban con falsedades evidentes la carta de un realmente pequeño grupo

de miembros de la Asamblea; y la expectación ante la votación del celibato, con

el miedo de que un tema realmente de segundo plano pudiera enturbiar el positivo

y constructivo clima de la Asamblea. Los tres temas han tenido hoy su «crisis»,

los tres han tenido su «maduración", los tres han encontrado un sereno y

positivo desenlace.

Vayamos a los hechos.

PUNTUALIZACIONES DEL CONSEJO DE PRESIDENCIA

Los asambleístas estaban evidentemente molestos al enterarse por los periódicos

de una carta que contenía una "moción" dirigida.a la Asamblea. Moción que—decían

algunos diarios—había sido firmada por «numerosos» sacerdotes y obispos miembros

de la Asamblea. La puntualización era necesaria. Y el cardenal primado la hizo

en nombre de todo el Consejo de presidencia (compuesto por los cardenales

Enrique y Tarancón, Quiroga, Arriba y Bueno Monreal, más los obispos Echarren,

Guerra Campos, Delicado y Suquia y dos sacerdotes elegidos por la Asamblea).

La puntualización fue suave en la forma, dura en el fondo: El primado comenzó

lamentando que a la misma hora en que él recibió el documento y antes de que

hubiera podido presentarlo al Consejo de presidencia, su destinatario, el

documento hubiera sido ya distribuido por dos agencias periodísticas, que lo

tenían—añadiré yo— desde al menos nueve horas antes. Resultaba desconcertante

que una moción que denunciaba irregularidades en la Asamblea comenzara

cometiendo esta suprema irregularidad.

Señalaba después el cardenal que era falso, como algunos periódicos habían

dicho, que la carta denunciadora de irregularidades hubiera sido firmada por

"numerosos obispos". Ni un solo obispo la firma. La moción aparece firmada por

diecinueve o veinte sacerdotes únicamente. Junto a ella venia una segunda carta,

en la qué «once o doce obispos» (la duda proviene de que dos firmas aparecen

superpuestas; aunque posteriormente se ha comprobado que la duodécima firma

corresponde a un arzobispo que se añade asi a los once obispos de que hablábamos

ayer) simplemente recomiendan al Consejo de: Presidencia que estudie el

documento adjunto «con la atención que merece».

Tras estas puntualizaciones de hechos, el cardenal bajaba al fondo de los hechos

con estas palabras:

«El documento—que ustedes ya conocen— tiene una primera parte que no es más que

una justificación de la moción. Como son juicios de valor sobre la preparación y

proceso de la Asamblea, a esto ya contestará, si lo juzga oportuno y como

quiera, la Comisión Episcopal del Clero. Y lo que a las diócesis se refiere, ya

decidirá cada obispo. En esto no entramos.

Después de esta serie de juicios de valor están las mociones que presenta. Sobre

esto yo tengo el encargo de todo el Consejo de Presidencia de decir, sencilla y

claramente, primero: que no se puede poner en duda la legitimidad de esta

Asamblea. Ya lo dije en mi discurso de apertura y no hay por qué insistir. En

segundo lugar, que no puedo dudarse de que los miembros de esta Asamblea han

sido elegidos por los que tomaron parte en las diócesis en todo el proceso de la

Asamblea. En tercer lugar, que es verdad que estamos acorralados por el tiempo

durante la Asamblea, cosa que. por lo demás, pasa en todas. Peto no hay que

olvidar que no estamos improvisando. Llevamos casi dos años en este trabajo a

través de equipos de trabajo, en las diócesis, en las Asambleas Diocesanas, en

las Regionales. Es decir: no son temas nuevos.

Tengo también el encargo de decirles. por ruego del Consejo de Presidencia.,

que, efectivamente, hay muchos—no sé el número—sacerdotes que. por las razones

que fueren, no han querido entrar en el juego de la Asamblea. Es natural que

éstos no se sientan representados. Pero queremos hacer constar que se ha abierto

la puerta a todos, que ni diocesana ni nacionalmente heñios cerrado la puerta a

nadie. Respetarnos, como es lógico, las razones por las que no han querido

enrolarse en la Asamblea. Hemos de ser respetuosos con su modo de pensar. Pero

quiero decirles que los obispos conocemos ya muchos de los pareceres e estos que

no se han integrado—tanto de una como de otra tendencia, pues los hay de varias

y contrarias—. Tenemos muchos informes de lo que piensan y sienten. El

Episcopado español nunca ha estado cerrado a recibir lo que sus sacerdotes

quieran enviarle. Continuaremos, pues, en esta misma postura de apertura,

deseando acertar lo más posible. Yo sé que todos—tanto nosotros como quienes no

están en esta Asamblea—buscamos el bien de la Iglesia, aunque no siempre

coincidamos en qué es lo mejor en un momento determinado. Por eso dije el primer

día que sería una ingenuidad escandalizarse de que haya diferencias entre

nosotros, incluso entre los obispos. Precisamente lo que esta Asamblea pretende

es ese diálogo. Para ello hemos Invitado a todos. Han venido tos que han

querido. Los demás estaban en su derecho de no venir. Como lo que queremos es

conocer la realidad, seguiremos dispuestos a recoger todas las sugerencias.»

Las palabras del cardenal fueron recibidas van aplauso y satisfacción por tos

asambleistas, que aperarán hoy con una especie de divertida intriga para ver

cómo presentan la rectificación las fuentes que ayer inflaron la, anécdota.

EL DEBATE SOBRE EL CELIBATO

La jornada de ayer vivió también la presentación de la quinta y sexta Ponencias

—sobre la economía y la. espiritualidad del clero—. Pero la atención giró hacia

el debate en torno al tema del celibato. Tendremos que darle también esa primada

en nuestra inforniación.

Ya Informé en mi crónica de anteayer sobre la prudente y serena línea adoptada

vor la Ponencia ante este problema, evitando el debate sobre el fondo del

problema y trasladándolo simplemente al próximo Sínodo de obispos. Incluso en la

nueva, redacción que hoy se presentaba al voto se quitaban algunas frases sobre

la necesidad de "profundizar en el estudio del tema" que parecían molestar a

algunos asambleístas que estiman que en algo tan claro hasta intentar

profundizar es peligroso.

Piro, ¿se conformarían con ello los asambleístas? ¿No habría quienes —desde una

banda— pidieran la solemne y pública ratificación de la ley del celibato y

quienes —desde la otra— pidieran una votación sobre la necesidad de su revisión

y cambio?

El debate fue tenso, y creo honestamente que, en su conjunto, ejemplar. Apenas

iniciado, un asambleísta se levantó para afirmar que. él estaba allí como

representante de quienes le habían elegido y que quienes

le habían elegido habían pedido, tras una notación, que el tema del «celibato

opcional" (el celibato no obligatorio) se estudiara en esta Asamblea. El

cardenal presidente señaló entonces que el Consejo de presidencia tendría antes

que estudiar si aceptaba el debate de ese punto. A lo que el asambleísta

respondió serenamente que aceptaba esta, decisión «con todo respeto».

Posteriormente, otros tres sacerdotes -siempre con tono moderado y sereno—se

levantaron para afirmar que opinaban que el tema debería estudiarse, pero que

por obediencia aceptaban no hablar sobre el tema.

Posteriormente, dos asambleístas intervirtieron para pedir, al contrario, que la

Asamblea se pronunciara positivamente a favor no tolo del celibato, sino del

mantenimiento de esta ley. De estas intervenciones la. más importante fue, sin

duda, la de monseñor Guerrera Campos, que comenzó señalando cómo su grupo había

presenciado una moción contra la anterior versión del texto en el que se pedia

una "profundización" de la conexión entre ministerio y celibato, ya que—según

él—esta palabra tprojundización» podía interpretarse como una búsqueda de la

modificacion de la ley. Con esto — afirmó — la proposición transgrediría la

norma reguladora de esta Asamblea de no discutir o someter a estudio nada de lo

ya decidido por la Iglesia. A continuación dijo literalmente:

«La Ponencia ha eliminado la idea de profundización y ha propuesto la d«

información a la Santa Sede.

Ciertamente así cesa el equívoco, de lo que me alegro. Aunque sigue faltando una

actitud positiva que nos comprometa a una conversión y a la búsqueda de medios y

a las dificultades reveladas en algunas Asambleas diocesanas. Sería provechoso

que la Asamblea nacional diese testimonio de comunión con el Sumo Pontífice en

este punto sin reticencias. No parece fácil y lo lamento.

En esta situación permítanme fijar con franqueza mi posición. El texto nuevo de

la ponencia es viable, aunque no satisfactorio. En la hipótesis de que se

sometiesen a votación propuestas equívocas o contrarias a la norma pontificia (o

bien en el caso de que en la misma votación de propuestas aceptables la Asamblea

no se pronunciase como tiene derecho a esperar el Santo Padre y el pueblo

cristiano) tienen derecho a saber mis hermanos asambleístas lo que sabe ya la

Conferencia episcopal: me vería obligado en conciencia a desligarme de esta

actuación ilegítima o dudosa y de la Asamblea para mantener clara ante el pueblo

de Dios la fidelidad a nuestro compromiso episcopal con lo que nos ha mandado la

suprema potestad de la Iglesia.»

Tras estas palabras—que Impresionaron a la sala y molestaron a buena parte de

ella por su tono de amenaza y por la presión que ejercían sobre la conciencia de

los allí reunidos—, un asambleísta de Cádiz señaló que nadie en la Asamblea

discute la adhesión ni la obediencia al Papa. El problema de los asambleístas es

que también tienen que ser fieles a quienes hoy.tienen dudas en este terreno.

Señaló, sin embargo, que era peligroso centrar el debate de una ponencia tan

amplia y tan rica sobre un tema en definitiva lateral como era el del celibato.

Cerró el debate monseñor Montero, obispo auxiliar de Sevilla:

«El grupo del que formo parte—dijo— ha presentado la fórmula que se nos ha

propuesto votar. Con ella hemos tratado de evitar que las dos acusaciones que se

están presentando sobre este tema: la de la deslealtad a las Asambleas

diocesanas y la de desobediencia al Papa. Creemos sinceramente que esta fórmula

esquiva ambos peligros. Sería deslealtad si escamoteásemos el problema. Pero no

habrá tal escamoteo, puesto que la fórmula pide que los obispos españoles

miembros del Sínodo presenten allí esas conclusiones de las Asambleas

diocesanas. Los tres tomos que contienen esas proposiciones llevados a Roma son

signo de que el problema no se escamotea.

Tampoco puede hablarse de desobediencia al Papa. El Papa nos pidió hace dos años

que mantuviéramos diálogo con nuestros sacerdotes; el Papa acaba de enviar un

telegrama de complacencia a esta Asamblea; el Papa ha permitido que e] tema de]

celibato se estudie en el Sínodo; el Papa abrió un cierto portillo al estudio

del tema en su carta al cardenal Alfrink.

Considero que esta problemática tiene un» difícil solución concreta, pero

tratarla pertenece a la caridad. Comprendo a los hermanos que por motivos

pastorales o de conciencia personal no desean que se trate. Pero tenemos

obligación de encontrar una fórmula de concordia y yo estoy seguro de que,

buscada con amor, esa fórmula se encontrará.»

Los aplausos, que habían aparecido breves, polémicos y encontrados carias veces

a lo largo de esta polémica, fueron esta vea largos y casi unánimes.

LA DECISIÓN DEL CONSEJO DE PRESIDENCIA

El clima de la Asamblea, tras el débate, era tenso y difícil. Alguna fuente

informa-mativa—que durante todas estas jornada» te ha dedicado al triste deporte

de fabricar fantasmas e inflar noticias—aseguraba que monseñor Guerra—cuya

intervención malentendía—se retiraría si se ponía a votación la fórmula

presentada por la Ponencia. Contaba también que si se aprobaba la propuesta de

revisión del celibato, treinta obispos se retirarían de la Asamblea.

Se olvidaba de que esa propuesta nunca tuvo realmente curso oficial.

Los nervios se calmarían cuando tras breves momentos de descanso se comunicó la

decisión del Consejo de Presidencia (del que, recordemos, forma también parte

monseñor Guerra Campos) que decía literalmente lo siguiente: «El Consejo de

Presidencia considera conveniente combinar la fidelidad al magisterio del Papa y

a la Iglesia y la fidelidad a la base expresada en las asambleas diocesanas. Por

unanimidad ha creído que la proposición 40 debe mantenerse para votar sin dar

lugar a nuevas discusiones.» (La proposición 40 dice—como va. hemos señalado—que

"se pide a los obispos españoles que asistirán al Sínodo que te presenten a la

Santa Sede los resultados de las asambleas diocesanas y regionales respecto a

todas las propuestas sobre el celibato eclesiástico").

Tras esta aclaración—que devolvía la serenidad a la sala—la Asamblea procedió a

la prevista votación.

Pero lo tardío de la hora retrasaba hasta mañana la publicación de los

resultados. Y ahí quedaba, en el tejado, el problema.

A la salida, de la Asamblea los periodistas conocíamos la noticia llegada de

Roma de que monseñor Rubín, secretario del Sínodo, había comunicado a los

periodistas que el tema del celibato sería afrontado en el Sínodo "sin

limitación especial"—dice una fuente—y ten todos sus aspectos" —según otra—.

Lástima que esta noticia no se hubiera conocido dos horas antes. No se ve que

sea desobediencia estudiar en Madria. lo que el Papa ha permitido que se estudie

en Roma.

P. MARTIN DESCALZO.

 

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