La homilía del cardenal     
 
   15/01/1972.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA HOMILÍA DEL CARDENAL

EL cardenal Enrique y Tarancon, nuevo arzobispo de Madrid, ha hecho una rotonda

entrada en en diócesis. Por su propio deseo no fue «triunfal», pero por lo

reiterado en su primera homilía fue una entrada cabal, definitoria y a la qué

habrá que remitirse en el futuro. Monseñor Enrique y Tarancón ha hecho una

dignísima entrada en Madrid, que ha tenido eco y ha alentada esas listas de la

Prensa europea en las que se le incluye como uno de los nueve cardenales

«papables».

«No represento » ninguna autoridad humana —dijo en su saludo al pueblo de

Madrid—. Ni a ningún poder social o económico.» En su homilía de la catedral de

San Isidro insistió: «Comprendo que a muchos haya podido extrañar mi

nombramiento. Y me explico que algunos traten de ver en él razones de alta

política eclesiástica o simplemente de política humana, He de confesaros que yo

no entiendo (...) esas explicaciones políticas (...) que se dan para justificar

algunas veces acontecimientos o conductas." «MI nombramiento para Madrid es un

Signo claro de que la Iglesia se está renovando para estar mis presente en la

realidad del mundo. Es uno dé loa "signos" que anuncian el futuro.»

«a. Quiero proclamar —continuó— mi libertad e independencia de todos los

criterios, posturas o grupos humanos.» «En España, donde el cristianismo ha

Influido de manera tan decisiva en la vida y en las costumbres del pueblo, y en

la que una tradición de siglos ha producido una especie de simbiosis entre lo

religioso y lo patriótico, entre lo social y lo eclesiástico, basta tal punto

que muchas veces es difícil discernir en ciertos actos lo que hay de puramente

religioso y lo que es costumbre social, y que por lo mismo lo eclesial tenía no

pocas veces un valor y una proyección socio-política, y lo socio-político un

valor y una proyección religioso-eclesial, esa convivencia de las dos sociedades

tiene condicionamientos propios. El principio está claro. Pero su aplicación no

puede ser uniforme. El mismo Concilio nos advierte que para conseguir esa sana,

cooperación han de "tenerse en cuenta las circunstancias de lugar y tiempo".

Y precisamente la fuerza de esas circunstancias en un momento determinado entra

ya en el campo de la prudencia. Es natural que no todos valoremos las

circunstancias con los mismos criterios.»

«.-Siento —terminó— toda-la responsabilidad que pesa sobre mi como obispo de la

Iglesia y como obispo concretamente de esta iglesia de Madrid .en que estamos

abriéndonos al futuro eclesiastica y civilmente— y en que hemos de precisar

entre todos, en conformidad con las circunstancias e Idiosincrasia de nuestro

pueblo, las características de esa convivencia entre la sociedad eclesiástica y

civil. Y que como hombre de Iglesia quiero con toda mi alma el bienestar, el

progreso y la paz de mí patria, y estoy dispuesto a esa "sana cooperación" que

también yo considero Indispensable.»

Estas palabras, estas sentidas protestas de independencia de todo vaivén

político, adquieren mayor relieve si recordamos que el cardenal Enrique y

Tarancón, hasta hace poco primado de España y ahora arzobispo de Madrid-Alcalá,

sigue ostentando la presidencia de la Conferencia Episcopal Española.

 

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