Autor: Iglesias, María Antonia. 
 Problemas religiosos; Moseñor Echarren, obispo auxiliar de Madrid. 
 "La evolución ideológica de la iglesia española es un proceso irreversible"     
 
 Informaciones.    11/04/1972.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 23. 

PROBLEMAS RELIGIOSOS

Monseñor Echarren, obispo auxiliar de Madrid

"LA EVOLUCIÓN IDEOLÓGICA DE LA IGLESIA ESPAÑOLA ES UN PROCESO IRREVERSIBLE"

Por Mana Antonia IGLESIAS

MADRID, 11.

Cuando ya los trabajos y conclusiones de la última Conferencia Episcopal pueden

contemplarse con un cierto margen de desapasionada perspectiva, cuando la

actividad de los obispos españoles reanuda su ritmo cotidiano en las respectivas

diócesi el interes informativo por la nueva realidad de la Iglesia española,

cristalizada defíntivamente en la andadura renovadora del Concilio Vaticano II,

cobra, sin duda,

especial significado. Poner las cosas en su justo equilibrio de veracidad y

autenticidad es un deber inéludible respecto a la opinión publica.

En este sincero talento ¿e clarificación doctrinal e identificación de la

actualidad de la Iglesia de España fiemos querido acudir a la claridad meridiana

líe uno de nuestros obispos más capacitados y de sígnificación definitivamente

renovadora: monseñor Ramón Echarrenn Istúriz, hoy obispo auxiliar de Madrid. Y

bien poáemos afirmar que su apartación a nuestro intento ha sido elocuente.

Monseñor Echarren tiene hoy cuarenta y tres años. Y una trayectoria bien

definida en su actividad pastoral impregnada de im compromiso social honesto y

coherente. Quizá sea él uno de los obispos que menos precisan de un apoyo

biográfico como fórmula de presentación. Como profesor de Sociología y Doctrina

Social en el Instituto León XIII y el Instituto Teológico de Madrid, como

director de la revista "Documentación Social", en su trabajo dentro de la

sección social de Caritas Diocesana, como autor de varias obras de sociología,

su linea de actuación pastoral na sido y sigue" siendo una línea recta.

Una amplia conversación. interrumpida inevitablemente en el tiempo y tas

círcunstancias, ha cristalizado finalmente en algunas preguntas alejadas

deliberadamente de los enfoques personalistas, pero directa y sin ambigüedades.

Se llega al final de la conversación con un balance ineuestionablemente veraz y

esperanzador.

SEPARACIÓN DEFINITIVA DE LOS INSTALADOS

—Monseñor Echarren, ¿cuál es Ja actitud de la sociedad española actual respecto

a la Iglesia?

—Creo que estamos asistiendo a un fenómeno de "transposición" de gran hondura y

de un profundo significado socio-religioso. Mi impresión es que ios sectores

sociales, que durante muchos años se han sentido más solidarios con la Iglesia y

la Iglesia solidaria con ellos, en estos momentos alimentan actitudes de

desconfianza y serias reservas nacía ella, Por el contrario, sectores sociales

que han mirado tradicionalmente con desconfianza a la Iglesia, actualmente

comienzan a mirarla esperanzados. ¿Qué es lo que ha ocorrido? A mi modo de ver,

en la base del fenómeno hay tres hechos que lo pueden explicar. En primer lugar,

que la Iglesia, o una parte cualificada de ella, intenta seriamente ercarnar.se

con la totalidad de los hombres, sin discriminaciones, tal como lo indica el

número 1 de la "Gaudium et Spes". Ello, inevitablemente, la está llevando a "

desidentificarse" con todo grupo concreto, con toda, ideología definida, con

todo estrato o clase social determinada. Es lógico que estos sectores,

privilegiados hasta ahora por la atención de la Iglesia, comiencen a desconfiar.

En segundo lugar, la Iglesia intenta en este momento, con toda seriedad y a.

pesar de fallos y desaciertos, estar lo más cerca posible de ios pobres, de los

oprimidos, de los afligidos por la debilidad humana, tal como nos señala la

"Lumen gentimn" en su numero 8, citando a San Lucas (4, 18). .En tercer lugar,

indicaría como factor del cambio señalado la fuerza renovadora que siempre tiene

la vuelta de la Iglesia a las fuentes evangélicas. Viene a ser como un nacer de

nuevo que hace que el hombre contemple al mundo con unos ojos limpios de

prejuicios, de intereses, de egoísmos.» Ello entraña una dinámica de cara al

futuro que implica la carencia de ataduras, la libertad inmensa de tener el

amor, la paz, la. justicia, la verdad, como motivaciones mis íntimas, y el

impulso que da la búsqueda desinteresada del bien de todos y, en especial, de

los más desheredados, a imitación de Cristo, Ello lleva a identificar a la

Iglesia con los sectores más renovadores y desidentificarla con los sectores más

instalados.»

—¿Es un proceso irreversible la actual evolución ideológica de la Iglesia

española?

Efectivamente, creo que es un proceso irreversible e irrenunciable. Su apero

evangélico es incuestionable. Sólo desde la libertad y desde la independencia la

Iglesia puede set plenamente fiel a su misión. Y no hablo de libertad e

independencia exteriores: la Iglesia ha pasado, y pasara, por trances de

persecución gue no sólo no Ja han atado, sino que la han liberado-aún más. La

libertad y la independencia a Las que me refiero son las interiores, ías que

implican el poder optar en cada momento, sin condicionamientos ni psicológicos

ni sociales (salvo aquellos ineludibles que acompañan a cada cultura), por el

bien, por la verdad, por la libertad, por la justicia, por la paz, por la

solidaridad... sin temor alguno, sin temor ni a perder la vida. Ello sólo se

puede conseguir desde una postula de pobreta evangélica, de desprendimiento, de

entrega servicial sin condiciones.

SOLIDARIDAD CON LOS DÉBILES

—¿Cuáles, cuántos, de aué carácter son los grados de responsabilidad que los

españoles pueden y deben exigir a su Iglesia?

—Creo que todos... y ninguno. Si lo qne esperan los españoles es una Iglesia

fuerte que realice su tarea al mismo nivel Que las fuerzas sociales que

detectan, el poder en cualquiera de sus formas, están equivocados y no tienen

derecho a pedir nada. La Iglesia no es o no debe ser una fuerza social más. Su

responsabilidad no está en esa linea No es ese su camino, aunque lo fue, o

algunos quisieron qne la fuera, en el pasado. Si lo que espetan los españoles es

una Iglesia que sin más fuerza qae la de la, palabra y la de! testimonio se haga

cada día más signa, en media de te sociedad española, de ta liberación que nos

ha obtenido Cristo y desde esa liberación y en una línea de total fidelidad al

mensaje, se haga cada día más solidaria de las más profundas y legítimas

aspiraciones de los más débiles, creo que los españoles pueden y deben exigirle

los más altos grados de responsabilidad. El camino da la Iglesia, en este y en

los demás campos de actuación que le son propios, es el mismo que el de su

Fundador: "Cristo realizó la obra de redención en pobreza y persecución, de

igual modo que Ja Iglesia está destinada a recorrer el mismo camino a fin de

comunicar los frutos de salvación a los hombres" (L. G. núm. 8). La Iglesia y su

acción no son competitivas. Pero los cristianos tienen que ser levadura, Y la

Iglesia, ha de ser luz, de! mundo y sal de la tierra, y reconociendo en loa

pobres y en los trae sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, ha de

esforzarse en remediar sus necesidades y procurar servir en ellos a Cristo (L.

G. 8). Por ello la Iglesia no puede menos que solidarizarse íntimamente con

todos los que son víctimas del mal en cualquiera de sus formas y, desde esa

solidaridad, denunciar el pecado para salvación de los oprimidos y conversión de

las que la detectan. Desde esta perspectiva los españoles pueden y deben exigir

mucho a la Iglesia.

NI MASIFICAC1ÓN NI TRIUNFALISMO

—¿Que se pretende con la nueva idea de las pequeñas comunidades eclesiales,

puesta en práctica ea Madrid, por ejemplo?

—Con la división de las diócesis se lucha contra !a masificacíón de La comunidad

social. Pero no es este su fin primario. Se trata de lograr unas dimensiones

sociales que hagan posible una pastoral a escala humana. Las grandes ciudades —

como lo es Madrid-- son fenómenos tan complejos que acaban por convertirse en.

inabarcables no sólo para tan hombre —el obispo—, sino incluso para, un equipo.

Es necesaria además la cercanía del obispo a los fieles y a las comunidades. De

lo contrario, acaba por caer o en la figura, de ese "lejano y querido señor

obispo" o en las redes de una. burocracia o de un funcionalismo muy poco

pastorales. Todo ello, así como la imagen del obispo padre y pastor de la

comunidad cristiana, exige un replanteamiento de las dimensiones de las

macrodiócesis.

—¿Cuántos son realmente ios católicos que ha?,en Madrid ahora? ¿Cuántos los

comprometidos en todo el país?

—No poseemos. estudios estadísticos (o suficientemente completos como para

emitir, nn diagnóstico definitivo sobre la situación socio-religiosa de Madrid y

de España.

Algunos sociólogos hablan de! 15 al 20 Por 100 de práctica dominical.

Evidentemente, si estas cifras son exactas, el problema es grave, en cuanto pone

de manifiesto la existencia de un proceso de alejamiento de grandes masas de la

Iglesia. Sin embargo, no creo yo que el cristianismo se pueda cuantificar

fácilmente. ¿Es algo positivamente malo que los que cumplían por motivaciones

externas a la fe nejen de practicar? ¿Cómo ha evolucionado el número de

cristianos que viven su fe en forma consciente, personal y libre? ¿Con qne

criterios se futan definir y medir el compromiso cristiano? Contestar a estas

preguntas no es sencillo. La fe, aunque se ta de manifestar externamente, es nn

hecho misterioso que Implica unas relaciones íntimas del hombre coa Dios,

relaciones que no son tan visibles como para que se puedan reducir a «pos

táettmente observables. Los cambios de la gracia son misteriosos y sólo Díos

puede juzgar.

DIMENSIÓN SOCIAL DE LA IGLESIA DE LOS AÑOS 70

—¿ Cómo podría; definir y analizar el papel de la Iglesia española de los años

70?

—La justicia y sus exigencias van implicadas en toda la Revelación, Dios se

presenta al hombre, se revela a él, como el defensor de los débiles y libertador

de los oprimidos. No puede haber verdadera pastoral si a esta le falta su

dimensión evangelizadora. Y no puede haber verdadera evangelización si se

prescinde de la dimensión social de la Buena Nueva. La liberación del pecado que

Cristo nos ha traído entraña también la liberación del pecado en sus formas

sociales, v entraña una radical solidaridad con todos los hombres y

particularmente con los pobres, con los cuales se ha identificado de una forma

especial Cristo. Los pobres son —con palabras de un santo padre— «sacramento de

Cristo». Por ello, todo hombre interiorizado por el hombre constituye un

misterio cristiano, completo que exige del creyente una actitud y un

comportamiento definídos. Y hoy los inferiorizados constituyen clases sociales

enteras.

Por otra parte, el cristiano, ta Iglesia, tienen la misión úe anunciar el Reino

e instaurarlo en la tierra.

Sabemos qae no lo conseguiremos hasta el fin de los tiempos. Pero ello no nos

exime de esforzarnos continuamente por conseguir que la sociedad se vaya

acercando a el.

Pienso que estas líneas —demasiado esquemáticamente expuestas— son las que irán

marcando el rumbo del papel de la Iglesia en los años 10.

La Iglesia, no sólo el episcopado, tiene que ser voz de los que no tienen voz,

de los marginados, de los más abandonados por la sociedad. La responsabilidad de

la Igiesia en este campo no tiene límites como no los tiene el Evangelio, «Los

pobres sou evangelizados» es la señal mesianica— Toda la Revelación está

empapada áe una presencia intensa de Dios junto a los pobres, a los débiles; a

los oprimidos. La Iglesia tíene que seguir el mismo camino.

11 de abril de 1972

 

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