"Es fácil estar con el Papa cuando su palabra coincide con nuestros criterios; no tanto cuando disiente de nuestras orientaciones"  :   
 "No ejerceremos una acción eficaz en la iglesia si no nos apoyamos en Pablo VI". 
 ABC.    23/06/1972.  Página: 41-422. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

ABC. VIERNES 23 DE JUNIO DE 1972.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY

«ES FÁCIL ESTAR CON EL PAPA CUANDO SU PALABRA COINCIDE CON NUESTROS CRITERIOS;

NO TANTO CUANDO DISIENTE DE NUESTRAS ORIENTACIONES»

El arzobispo de Madrid, en un documento pastoral, señala la necesidad para el

católico de estar "siempre" con el Papa

"NO EJERCEREMOS UNA ACCIÓN EFICAZ EN LA IGLESIA Si NO NOS APOYAMOS EN PABLO

VI"

Con ocasión del Día del Papa, que se celebra en ia fiesta de San Pedro, el 29 de

junio, el arzobispo de Madrid, cardenal Enrique y Tarancón, escribe, con el

título «Confirma a tus hermanos», una exhortación, en la que dice:

«El Papa es la piedra fundamental de la Iglesia visible. El es quien ha de

«confirmar a los hermanos errla fe»: quien ha de señalar los1 cauces. He la

evolución doctrinal. A él está confiada la eficacia última de toda la acción

pastoral. Bien sé que el Papa es «el Vicario: hace las "veces de otro, de

Cristo. Pero Cristo le ha dado con su representación sus poderes sobre toda la

Iglesia. Cristo habla para todos los cristianos por boca del Papa.

El Papa no es una idea abstracta; es una realidad concreta. No es tan sólo un

cargo o un oficio; es una persona determinada. El Papa, Vicario de Jesucristo,

maestro de la fe, principio de unidad del pueblo de Dios, vinculo de unión entre

la Humanidad y Cristo, se llama ahora Pablo VI. Y Pablo VI, con su propia

personalidad, con SuS cualidades, concretas, es ahora la piedra fundamental de

la Iglesia visible. No podemos estar seguros de nuestra fe si Pablo VI no nos

confirma en ella. Aunque creamos sinceramente que nosotros tenemos razón, eti

contra de sus directrices doctrinales. No seremos miembros vivos de la Iglesia

si no estaraos en comunión coa Patio VI. Aunque no nos guste su actuación o nos

resalte poco simpática su persona. No ejerceremos una acción eficaz en la

Iglesia si tío nos apoyamos en Pablo VI.

Aunque nos creamos más inteligentes, más conocedores de la realidad en que

debernos actuar, más fieles a las inspiraciones de Dios.

Es muy fácil estar con el Papa cuando su palabra coincide con nuestros

criterios. ,Y entonces subrayamos ostentosamente nuestra fidelidad. Es muy fácil

obedecer al Papa cuando sus orientaciones y mandatos coinciden con nuestra

postura. Y entonces alardearais de nuestra obediencia. Es más costoso estar con

el Papa cuando su palabra disiente de la nuestra..., cuando sus orientaciones y

sus mandatos están en contra, de nuestra postura. Y cabe el recurso de decir, en

el primer caso, que el Papá está tnaí informado. O de afirmar, en el segundo,

que el Papa actúa presionado por ciertas mortalidades o grupos. Entonces

nosotras, sin darnos cuenta, nos constituimos en jueces del Papa, Prácticamente,

no estamos con él, no recogemos con él. Y «el ñus no recoge con Cristo,

desparrama». Y el que no está con el Papa, no está con Cristo. Así lo dijo

claramente el Maestro. Aunque nosotros queramos excusar nuestra inhibición o

nuestra desobediencia con razones más o menos especiosas.

Nos estamos acostumbrando a proceder y juzgar demasiado humanamente; aun en las

cosas que atañen a la fe. E1 clima naturalista y desacralizado de¡ mundo se ha

metido en el interior de la Iglesia.

Continuamos adamando al Papa, pero nos resistimos, no pocas veces, a rendir

nuestro juicio o nuestros intereses a su palabra y a su autoridad. Repetimos y

proclamamos las palabras del Papa cuando nos son propicias. Las silenciamos

fácilmente cuando nos son adversas. Incluso se ha hecho demasiado frecuente en

el seno de la Iglesia la crítica contra el Papa. Y también ha brotado en la

misma Iglesia la cizaña de la «contestación". Y toda «contestación» en la.

Iglesia es, prácticamente, una acusación contra el Papa.

Lo más grave —a mí juicio— es qué la contestación surge en ambientes distintos,

casi opuestos. Se explica, aunque no se justifica, la contestación de quienes

pretenden reformar la Iglesia por caminos extrajerárquicos. Por fidelidad a los

carismas que creen poseer o por fidelidad, a los hombres, exigen ciertas

reformas que el Papa no apoya.

Teólogos, sacerdotes, religiosos —quizá hasta obispos—. impresionados por la

realidad actual del mundo, finieren una Iglesia más encarnada; como dicen, más

humana, E intranquilos y desasosegados por la lentitud de la renovación

posconciliar, quieren imponer sus criterio; practicamente, quieren presionar al

Papa.

Pero no se explica la contestación de quienes hacen continuamente alardes de

jerarquismo. De quienes rasgan sus vestiduras ante cualquier divergencia cíe ias

enseñanzas y orientaciones pontificias. También éstos se sienten algunas veces,

no sólo en posesión de la verdad, sino de los criterios prudenciales y de los

procedimientos adecuadas para aplicar la verdad a las vicisitudes de la vida de

la Humanidad. Y por fidelidad a la tradicion y a la Iglesia se oponen a ciertas

renovaciones aprobadas por el Papa.

Él Espíritu Santo asiste y vivifica a la Iglesia; la rige, invisible, pero

eficazmente. Y la presencia del Espíritu se nota particularísimamente en la

persona y en la actuación del Papa. Pío XI, Pío XII, Juan XXIII y Pablo VI —para

referirnos exclusivamente a los que muchos hemos conocido—, a pesar de sus

diferencias —psicológicamente eran muy distintos— han sido, cada uno en su

tiempo, el Papa que la Iglesia necesitaba. Sus mismas diferencias psicológicas

han sido los medios de que se. ha valido el Señor para superar las -dificultades

de cada momento y para abrir serena, pero decididamente, los cauces de la

renovación que el Espíritu Santo se proponía.»

SEPELIO DE MONSEÑOR MORTA

Los restos mortales del que fue obispo auxiliar y vicario general de Madrid-

Alcalá, monseñor Ángel Morta Figuls, recibieron ayer tarde cristiana sepultura

en la capilla de El Pilar de la iglesia catedral de Madrid.

El cardenal arzobispo, monseñor Vicente Enrique y Tarancón, concelebró con los

obispos auxiliares de la diócesis, monseñor Ricardo Blanco y monseñor Ramón

Echarren una misa funeral.

En la homilía el doctor Enrique y Tarancón tuvo palabras de recuerdo hacia el

anterior arzobispo de Madrid, doctor Morcillo, que hace algo más de un año

falleció, pasando seguidamente a referirse a la larga y penosa enfermedad de

monseñor Morta, e hizo una semblanza de su personalidad considerándole como uno

de los hombres más preocupada por la formación del clero.

 

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