Pastoral del cardenal arzobispo de Madrid - Alcalá. 
 "Sé que un obispo no puede ser neutral: debe comprometerse"     
 
 Informaciones.    14/09/1972.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 21. 

PASTORAL DEL CARDENAL ARZOBISPO DE MADRID-ALCALA

«Sé que un obispo no puede ser neutral: debe definirse y comprometerse»

MADRID, 14.

(INFORMACIONES.)

El nombramiento de tres obispos auxiliares abre una nueva etapa en la vida y en

la actuación de la Iglesia diocesana. La división de la diócesis en nueve sanas

que va a entrar ahora en vigor y, sobre todo, el hecho de que estas van a ser

encomendadas al cuidado pastoral de cada uno de los obispos, tiene una

importancia especial. Ha llegado el momento de planear conjuntamente nuestra

actividad diocesana, teniendo en cuenta las circunstancias actuales de nuestra

Iglesia local y las nuevas posibilidades que nos ofrecen la presencia de los

obispos.

Los tres nuevos obispos poseen una experiencia pastoral tan rica y universal que

responde a la complejidad de Madrid y les va a permitir inmediatamente compartir

las inquietudes y esperanzas de todo el presbiterio v de toda la comunidad

diocesana.

CONOCIMIENTO DE LA REALIDAD

El primer hecho que salta a la vista. cuando uno intenta bucear honradamente en

la realidad sociológica y humana de Madrid es que se trata de una realidad muy

compleja que no se puede abarcar fácilmente.

Se ha conseguido un desarrollo económico y social impresionante: es de justicia

reconocerlo. Pero este desarrollo ha producido casi inevitablemente situaciones

conflictivas y anormales:

— Desequilibrios económicos.

— Ansias desenfrenadas de bienestar material que hacen fácil olvidar los

valores espirituales auténticos.

— Una casi total desintegración familiar, social y religiosa de gran parte de

la juventud.

— Tensiones de todo orden: políticas, religiosas, económicas, sociales,

ideológicas... y hasta.

— Verdaderos antagonismos fundados en ideologías dispares que continúan

Influyendo decisivamente en la conciencia v en la conducta. de muchos, aunque

parezca que hayan perdido su fuerza.

A esto hay que añadir la repercusión que también tienen entre nosotros —los

sacerdotes, religiosos y militantes seglares— las tensiones intraeclesiales,

características de esta época de renovación que en la gran ciudad tienen un

cariz propio y peculiar que convenía conocer.

He procurado armonizar en lo posible las distintas posiciones que pueden y deben

existir dentro del presbiterio diocesano. Es verdad también que no creía llegada

la hora de tomar decisiones definitivas que podían ser tachadas de prematuras.

Pero yo sé perfectamente que el obispo no puede ser neutral, como piden también

algunos.

El obispo tiene el deber de definirse v comprometerse:

— Para confirmar en la fe a los sacerdotes y a todo el pueblo de Dios;

— Para mantener la ilusión apostólica en sus sacerdotes y en todos los

agentes de la pastoral.

— Para impulsar constantemente la renovación de la Iglesia y de los métodos y

criterios de pastoral según las orientaciones del Concilio y las directrices v

normas que vaya dando el Romano Pontífice.

— Para conseguir que la Iglesia, en sus estructuras y en su vida y actuación

comunitaria, sea signo inteligible de salvación ante los hombres de nuestro

tiempo.

— Para que la postura, tomada por el Concilio ante la realidad del mundo

moderno sea aceptada y

secundada por todos, dentro de la diversidad dé formas y actitudes concretas que

puedan ser legítimas y hasta necesarias.

Tampoco puede ser neutral el obispo ante las distintas opciones que aparecen

actualmente en el campo de la acción pastoral. Estamos en la época del

pluralismo ciertamente. Perp no todo pluralismo es legítimo, aunque se presenten

varias tendencias con apariencias de tradicionales» unas o de «conciliares»

otras.

Hay métodos, procedimientos y formas que están ampliamente superados y que no

pueden mantenerse después del Concilio y de las orientaciones de la Santa Sede..

Como existen actitudes fundamentales que no pueden cambiarse por mucho que

camban los tiempos. Y el obispo, precisamente, por ser vínculo de unidad, debe

definirse para evitar el pluralismo ilegítimo.

El hecho de que ya en septiembre, como consecuencia de la asamblea conjunta

diocesana, se propusiesen una línea prioritarias de pastoral obedecía a este

mismo propósito.

ALGUNAS REALIDADES QUE HAN DE TENERSE EN CUENTA

Evangelización y sacramento.

El materialismo de la sociedad de consumo

También entre nosotros el problema fundamental que subyace, en casi todas las

tensiones, es el de haberse deteriorado la unidad de la acción pastoral por

enfrentar, separar o, cuando menos, yuxtaponer la pastoral, que hoy se llama de

evangelización, a la del sacramento. Surgen así concepciones distintas y aún

antagónicas en la práctica. Una pastoral de masas, dirigida certeramente a

plantar y hacer crecer una fe verdaderamente popular, debe encarnarse en la

sociedad de nuestro tiempo, sin destruir lo que es auténtico, sin despreciar el

pasado, sin dejarse llevar, en fin, de las utopías futuristas en una Iglesia que

es escatológica, precisamente porque valora el presente y vive su situación de

peregrina.

El fenómeno del desarrollo en nuestra Patria puede convertirse en una seducción

si es impulsado por un puro humanismo que no ha sido iluminado por el Evangelio.

Es una actitud más profunda la que se nos exige para que seamos capaces de

presentar a este mundo materialista el misterio de Cristo: misterio de salvación

y de liberación integral del hombre.

El Concilio ha reconocido el valor del orden temporal. Este hecho repercute

necesariamente sobre ciertas formas de nuestra acción pastoral, que no puede

seguir menospreciando las realidades terrenas ni sentirse como dividida en si

misma, tratando de ser fiel a las realidades sobrenaturales, por una parte, y

por otra, a los nuevos valores del progreso humano.

NOVEDADES EN LA ESTRUCTURA DE LA DIÓCESIS

No se trata de robustecer con los obispos auxiliares el poder central de la

diócesis, ni de aumentar el número de funcionarios de su pobierno, sino de

potenciar la participación y la corresponsabilidad de los pastores y fieles en

la tarea común, que puede conseguirse mucho más fácilmente a nivel de zona. Y el

hecho de que cada obispo tenga además su propia iglesia y su comunidad puede

darle una mayor plenitud pastoral.

La Curia de Justicia tiene su propio ámbito y necesita de autonomía en su

actuación. Ha de ser eminentemente técnica y ha de estar separada de la Curia

General. Pero toda la actividad de los Tribunales eclesiásticos ha de aparecer

como pastoral. Se han presentado ya unos proyectos de reforma, y dé acuerdo con

los trabajos que se están realizando en la Santa Sede, procederemos cuanto antes

a la reforma de la Curia de Justicia para que los Tribunales tengan más

agilidad.

La Curia General o de gobierno tiene que ser un instrumento eficaz de

evangelización al servicio del Consejo Episcopal y de toda la pastoral

diocesana.

 

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