Pastoral del cardenal Enrique y Tarancón sobre la unión de los cristianos     
 
   09/01/1973.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Pastoral del cardenal Enrique y Tarancón sobre la unión de los cristianos

MADRID, 9.

(Resumen de CIFRA.)

«La Iglesia católica es la verdadera Iglesia de Jesucristo. Tenemos de ello la

absoluta seguridad. Pero esta seguridad no justifica el que nos desentendamos

del problema dé la separacion creyendo que no constituye para nosotros un

problema personal: o eclesial», dice el arzobispo de Madrid-Alcala, cardenal

Enrique y Tarancon, en una carta pastoral dedicada a la unidad de los

cristianos.

«En el mundo —señala el cardenal— se ha producida desde hace algún tiempo, un

fenómeno nuevo. A los nacionalismos exacerbados que abrían abismos entre los

dístintos pueblos, ha sucedido un afán de integración que adquiere cada día

mayor fuerza. Esto es un gran bien ciertamente. Dios hizo uno al género humano y

los hombres van entrando, poco a poco, en el plan de Dios. Pero esa unidad que

la técnica acelera y fomenta será de tipo materialista si no nos aprosuramos a

darle una base espiritual. Y esa base espiritual para el mundo unificado no

puede darla más que el cristianismo.»

Más adelante agrega que «el dogma del Cuerpo Místico —unidad de todos los

hombres en la verdadera Iglesia de Cristo— adquiere en las actuales

circunstancias un realce especial. Parece —dice— que la providencia de Dios está

preparando tas cosas para que todos los hombres puedan captar la hondura de esa

verdad»,

"Yo diría —continua el arzobispo— que somos nosotros, los que por la.

misericordia de Dios estamos en la verdad, los que tenemos mayor obligación de

trabajar, para conseguir esa unidad. La unión —añade— ha de ser fruto de la

caridad.»

Refiriéndose a la actitud de algunas católicos que no comprenden el significado

de la oración por la unidad, porque consideran que al ser ellos los «Heles»

deberían ser los otros los que diesen los pasos necesarios para llegar a ésa

unidad, afirma el cardenal. «Y esto que es verdad en el puro terreno de los

principios —la verdad está indudablemente en la Iglesia católica, es el redil al

que han de Integrarse todos los hombres porque ella es el sacramento de

salvación para el mundo—, no es muchas veces mas que una verdad a medlas en el

terreno del amor. Porque también nosotros nos hemos de convertir; la vida

cristiana, no lo olvidemos, debe ser una conversión continua. También a nosotros

nos falta amor. El complejo de hijos fieles que fomentamos da una falsa,

seguridad, como si fuese suficiente nuestra pertenencia a la verdadera Iglesia

de Jesucristo para ser perfectos en la caridad.»

 

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