Presentación de credenciales en el Vaticano. 
 "Vemos con optimismo y confianza la acción de la iglesia en España para el bien de toda la nación"  :   
 "Un campo muy amplio y muy fértil se abre a la colaboración generosa e inteligente entre la Iglesia y el Estado en la España de hoy" (Don Juan Pablo de Lojendio, nuevo embajador ante la Santa Sede). 
 ABC.    06/02/1973.  Página: 31-32. Páginas: 2. Párrafos: 28. 

FEBRERO DE 1973.

PRESENTACIÓN DE CREDENCIALES EN VATICANO

"VEMOS CON OPTIMISMO Y CONFIANZA LA ACCIÓN DE LA IGLESIA EN ESPAÑA PARA EL BIEN

DE TODA LA NACIÓN"

(Pablo VI)

«Un campo muy amplio y muy fértil se abre a la colaboración generosa e

inteligente entre la Iglesia y el Estado en la España de hoy»

(Don Juan Pablo de Lojendió, nuevo embajador ante la Santa Sedé)

CIUDAD del Vaticano 5.

Esta mañana se ha celebrado en el Vaticano la ceremonia de presentación a Pablo

VI de las cartas que acreditan a don Juan Pablo de Lojendió, marqués de

Vellisca, como embajador extraordinario y plenipotenciario de España ante la

Santa Sede.

El marqués dé Vellisca fue recogido, en su residencia del Palacio de España, por

cuatro "gentiluomini" del Palacio Apostólico y por dos agregados de la

Antecámara Pontificia. A las diez y cuarenta y cinco minutos llegó en automóvil

escoltado por ocho agentes motociclistas al patio de San Dámaso, en el Palacio

Apostólico Vaticano, en donde le fueron rendidos" los honores por un pelotón de

la Guardia Suiza.

Acompañado hasta la, Sala Clementina, el nuevo embajador de España fue allí

recibido por el prefecto del Palacio Apostólico, monseñor Jacques Martín, y

otras autoridades del Estado vaticano, que le introdujeron en la llamada Sala

del Trono, donde le esperaba el Papa, acompañado por el «limosnero», monseñor

Antonio Travia; Por el vicario general para la Ciudad del Vaticano, monseñor

Pedro Canissio Van Lierde; por los prelados de la antecámara y por otros

miembros de la familia pontificia.

PALABRAS DEL EMBAJADOR ESPAÑOL

El embajador dé España dirigió al Papa las siguientes palabras, de saludo:

«Con filiar devocion, Beatisimo Padre, tengo el honor de poner en manos de

Vuestra Santidad las cartas por las qué Su Excelencia el Jefe del Estado me

acredita como embajador extraordinario y Plenipotenciario de España ante la

santa Sede.

Presento, al mismo tiempo, las cartas de retiro de mi ilustre predecesor, a

quien Vuestra Santidad distinguió siempre con su .paternal benevolencia. A ella

quisiera yo acogerme también como la mejor garantía del eficaz cumplimiento de

la noble tarea que me ha sido encomendada.

Como diplomático de larga carrera tengo formada una idea de mi misión; vero no

podría definirla con más exactas palabras que las que, recordando una frase del

Papa Pió XII sobre la función de la ttfr plomada, dirigió Vuestra Santidad aJ

Cuerpo Diplomático el 9 de enero de 1971: "Se trata de un diálogo, de un

encuentro permanente y cualificado. Un encuentro dé alto nivel. La Iglesia, a

través de esta» relaciones de carácter diplomático, está a la escucha de los

representantes oficiales y se hace oír de ellos en la misma forma enrice

términos más adecuados y auténticos."

¿Consciente de la gran responsabilidad de la misión que me ha sido confiada, no

puedo considerarla, sin embargo, difícil, porque el diálogo entre la Iglesia y

España es un díalogo que dura casi dos mil años. Desde los tiempos apostólicos,

la vida dé la nación española ha estado ligada a la le la Iglesia universal. Por

momentos, la historia de ambas ha sido más que páratela, entrelazada y muchas

veces, incluso, una historia común, y ello tanto en horas de próspera como de

adversa fortuna.

´Mantener este diálogo en el alto nivel señalado por Vuestra Santidad, colmarlo

de recta y veraz información, animarlo de los mayores deseos de colaboración y

de coincidencia en la alta finalidad de ambas potestades, que es el bien común,

será la labor a la que habré ´de dedicarme tenazmente como intérprete: de los

sentimiento de adhesión al Vicario de Cristo, permanentes a lo largo de nuestra

historia y contando con la generosa comprensión que España siempre espera del

Santo Padre.

Para ello bastará mantener la cordialidad que de manera tradicional ha resido

nuestras relaciones y el respeto a los respectivos campós de acción de la

Iglesia y del Estado. Respeto que, ante los problemas de mutua incidencia entre

lo espiritual 11 lo político, llamados a constituir la zona más vital de

amplitud y de alteza Os miras, que es el adecuado a la dignidad de este diálogo.

Justamente, un campo muy amplio y muy fértil se abre a la, colaboración generosa

e Inteligente entre la Iglesia y el Estado en la España de hoy.

La España que tengo el honor de representar ante Vuestra Santidad es muy

distinta de la que hace nueve años pudo reflejar, en ocasión semejante a ésta,

mi ilustre predecesor.

En estos años se han operado en mi peina cambios fundamentales. El notable

crecimiento de la población, el considerable aumento de la renta nacional, la

rápida elevación del nivel de vida, el hecho de que España haya pasado de país

fundamentalmente agrícola a país industrial. la consiguiente emigración interior

del campo a determinadas reglones y a las grandes ciudades, el especial

crecimiento de la población escolar... han cambiado la fisonomía del país

empeñado en una vasta ¡impresa de transformación a la nación entera.

La obligada atención de problemas de orden material no ha causado descuido o

menoscabo de los valores del espíritu, ya que se sigue conservando el alto nivel

moral y la integridad de la familia española, siendo, quizá, España el vais que

haya puesto un dique más real a la difusión del flagelo de la droga y de la

pornografía.

Para llevar a buen término la gran empresa de renovación en la que España está

comprometida, estamos abiertos a toda clase de colaboraciones. Al ejemplo y

magisterio de la Iglesia, tan relevante en nación que ha hecho de los principios

del Evangelio base de su estructura jurídica. A la ayuda de la técnica y de la

ciencia, no solamente la nuestra, sino la de otros países, va que con todos

convivimos en relaciones de la mayor armonía, que han de ser gratas al

apostolado de la paz que Vuestra Santidad infatigablemente predica. A la

orientación de toda crítica autorizada, experta y bien intencionada.

Para esta España laboriosa, optimista, que lucha tenaz y dignamente por la

conquista de su seguro destino; para el Jefe del Estado, a quien una larga vida

ha permitido contemplar tantos resultados positivos de su obra de gobierno: para

el Príncipe de España, llamado a presidir un día la continuidad de este gran

esfuerzo nacional; para todas las regiones y tierras dé mi patria —y permitidme.

Santo Padre, que, como vasco, haga una especial mención de mi pueblo—; para el

Gobierno v para los españoles todos, mis colaboradores y tus familias, para tó

mía y para mi mismo os pido. Beatísimo Padre, con filial devoción, la bendición

apostólica.

RESPUESTA DE PABLO VI

Patrio VI respondió con un discurso en los siguientes términos:

«Le agradecemos vivamente las deferentes palabras que nos ha dirigido al

presentir las cartas que lo acreditan como embajador extraordinario y

plenipotenciario de España cerca de la Santa Sede, y las de retiro de su ilustre

predecesor, don Antonio Garrigues, de cuya larga misión conservamos tan trato

recuerdo.

La misma benévola acogida y atención puede esperar Vuestra Excelencia de parte

nuestra en el desempeño de su misión, que, como usted recordaba, es el "diálogo

de encuentro permanente y cualificado", en su condición de representante de

España cerca de la Santa Sede. Un diálogo tanto más solícito por parte nuestra y

—Nos queremos esperarlo— fructuoso y benéfico, en cuanto España es acreedora del

particular interés de la misma Santa Sede.

Hemos escuchado con atención su referencia a las transformaciones temporales que

se están operando en su patria y a los deseos que animan al pueblo español a

lograr mayor y más armonioso progreso.

La Iglesia, fiel a su misión de desinteresado servicio, no podría ser

indiferente a la» justas aspiraciones que cada día bullen con mayor viveza y

conciencia en el espíritu humano, ni permanecer neutral

ante les procesos de cambio que se operan en el mundo, en los que están en juego

valores fundamentales de orden espiritual y moral, como el amor fraterno, la

justicia, la libertad cívica y religiosa. Por eso asume responsablemente el

empeño de colaborar al auténtico progreso, tratando de impregnar todo el

contexto social con la fuerza vital e inspiradora de su proyección eterna y de

su vocación renovadora en medio del mundo.

Su misión de modelar los corazones de los hombres conforme a] ideal evangélico

no puede menos de traducirse en un fermento saludable de transformación en el

corazón mismo de la sociedad, en la que la vivencia activa de la fe por parte de

los obispos, de los sacerdotes y de los fieles hace que el compromiso cristiano

sea elemento eficaz de crecimiento equilibrado y de genuino perfeccionamiento.

Mediante la libertad y la independencia en el cumplimiento de esta tarea de

servicio, la Iglesia quiere que su voz, desinteresada y convincente, llegue con

facilidad y credibilidad a lo más íntimo del alma humana para guiarla en él

camino recto de la realización personal y del trabajo para el bien común.

Mirando al presente y al futura, desde esta perspectiva religiosa, que nos es

propia como Padre y Pastor, vemos con optimismo y confianza la acción de la

Iglesia en España para el bien de toda la nación, a la que admiramos por tantos

capítulos gloriosos de su historia y a cuyos hijos estimamos cordialmente por su

generosidad de espíritu, por la reciedumbre de su honradez por el universalismo

y dedicación de servicio a la Iglesia y por su característica fidelidad a esta

Sede Apostólica. Por eso, nuestros deseos de prosperidad y progreso integral

para España llevan la marca de una correspondencia especialmente paterna y

cariñosa.

Al formularle, señor embajador, los mejores votos para el feliz cumplimiento de

su alta misión, nos complacemos en expresarle nuestro deferente saludo al

Excelentísmo Jefe del Estado, que ha tenido a bien confiársela.

A todos los amadísimos hijos de España, a quienes tenemos siempre

particularmente presentes en nuestro afecto y en nuestras plegarias: a las altas

autoridades de la nación; a Vuestra Excelencia y a sus colaboradores con las

respectivas familias, impartimos de corazón la implorada bendición apostólica.»

COLOQUIO CORDIAL

Seguidamente el marqués de Vellisca presentó al Pontífice sus cartas

credenciales y el Papa le Invitó a pasar a su despacho, donde ambos sostuvieron

tur cordial coloquio. Al término de éste el embajador hizo al Papa la

presentación de sus acompañantes, el ministro consejero de la Embajada. don

Gabriel Martínez de Mata: los consejeros Eduardo Zulueta y José Luis Pardos, y

el consejero eclesiástico, padre Enrique de la Lama.

Terminada la ceremonia, e! embajador con su sequito y acompañantes se dirigió al

apartamento del secretarlo de Estado para visitar al cardenal Jean Villot.

Concluido este encuentro con el cardenal secretarlo de Estado, el marques de

Vellisca y los demás miembros de la Embajada descendieron a la basílica

vaticana, donde fueron recibidos por una Delegación del Capítulo de la basílica.

Que les acompañó al altar del Santísimo Sacramento y de la Virgen, y luego, a la

tumba de San Pedro, donde se detuvieron en breve oración.

Finalizada esta visita el embajador se despidió de la Delegación del Capítulo y

descendió el escalón llamado «braschi». a los pies del cual saludó a los

dignatarios que le acompañaban y abandonó el Vaticano para regresar al Palacio

de España.

Efe.

 

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