Autor: Martín Descalzo, P.. 
   Es absurdo decir que se cierra la carretera a la virgen de Fátima, cuando lo que se hace es abrir "todas" las puertas a la virgen  :   
 Ningún año se han preparado con tanto ciudado en Madrid las celebraciones marianas de mayo. 
 ABC.    17/05/1973.  Página: 39-40. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

17 DE MAYO DE 1973.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY

ES ABSURDO DECIR QUE SE CIERRA LA CARRETERA A LA VIRGEN DE FATIMA, CUANDO LO QUE

SE HACE ES ABRIR «TODAS» LAS PUERTAS A LA VIRGEN

Monseñor Estepa aclaró ayer en rueda de Prensa algunos malentendidos difundidos

sobre la peregrinación de una imagen de Fátima por España

NINGÚN AÑO SE HAN PREPARADO CON TANTO CUIDADO EN MADRID LAS CELEBRACIONES

MARIANAS DEL MES DE MAYO

En los últimos días hemos vivido en Madrid una de las más extrañas historias de

confusión que en lo informativo hemos conocido. Y en un tema tan delicado como

es el de la devoción mariana. Ya cuando en el Concilio Vaticano se planteó el

problema de si encuadrar el estudio de la problemática mariana dentro del

esquema sobre la Iglesia —que sería finalmente el más importante del Concilio— o

si dedicar a la Virgen un documento especial, algunos periódicos dibujaron una

especie de lucha entre «obispos buenos» y «obispos malos», pintando como

antimarianos a quienes deseaban enmarcar el papel de María dentro del monumental

esquema sobre la Iglesia. Se impuso finalmente esta idea, y el capítulo dedicado

por el Concilio a María supuso la más completa visión del papel de María en la

vida, cristiana, hasta el punto de que puede decirse que el Vaticano II ha sido

el más hondamente mariano de los Concilios. Pero en muchas personas no

informadas quedó sembrada la idea de que los obispos del mundo habían dado de

lado a María.

Algo, en cierto modo, parecido ha ocurrido estos días en Madrid: precisamente el

año en que en esta diócesis se ha hecho el mayor y mejor esfuerzo para´ celebrar

en profundidad el mes de mayo, la presentación fragmentaria y tendenciosa de un

aspecto del problema venía a dibujar a, los obispos madrileños como poco menos

que enemigos de la devoción a la Virgen. Algún diario —con un humor de muy

discutible especie— llegaba a comparar a los obispos madrileños con quienes en

la segunda República habrían puesto «a la Virgen María en los caminos españoles

la señal en rojo de carretera prohibida».

La realidad de los hechos nada tiene que ver con tales prohibiciones, como

estaba claro para cuantos cuidaron de informarse sobre el fondo del problema y

como quedaría definitivamente claro tras la rueda celebrada ayer por monseñor

Estepa, obispo delegado por el Consejo Episcopal de Madrid para este asunto.

Monseñor Estepa —tras señalar la necesidad de aclarar estos malentendidos «que

pueden resultar gravemente injuriosos para los obispos de esta iglesia

diocesana»— describió minuciosamente la historia del problema:

En el pasado diciembre algunas personas y asociaciones señalaron al cardenal

arzobispo de Madrid la conveniencia de celebrar el XXV aniversario de la venida

de la llamada «imagen peregrina» de la Virgen de Fátima a Madrid, trayendo desde

aquel santuario otra imagen (ya que ni la auténtica del santuario sale en la

actualidad de Fátima ni podía venir la que hace veinticinco años peregrinó por

España). El cardenal Tarancón vio en principio positivamente esta idea, dados

especialmente los fines que se señalaban para esta venida: «que el pueblo de

Dios adquiera un conocimiento más profundo de la misión de María en la Iglesia y

pedir que se resuelvan las tensiones en el seno de la Iglesia, que tanto

perjudican al Pueblo de Dios».

La iniciativa pasó meses más tarde al estudio del Consejo Episcopal, que acogió

lo sustancial de esta idea —intensificar la celebración mariana del mes de mayo—

pero modificó las formas externas de tal celebración. No juzgó convenientes las

manifestaciones masivas en caites o plazas. Aún reconocimiento que esto puede

ser perfectamente valido para otras diócesis o ciudades más pequeñas, pareció a

los obispos que esta celebración no era la ideal para una gran ciudad como es

Madrid. Además, en el transcurso de las conversaciones preparatorias para la

venida de la imagen de la Virgen de Fátima habían aparecido algunas posturas —no

en los organizadores primeros de la peregrinación— que no conducían a la

resolución de esas tensiones en el seno de la Iglesia. Mientras el obispo

delegado ponía su acento en lo sustancial de la devoción mariana, algunas

personas parecían ponerla mucho más en la advocación concreta de Fátima como si

éste fuera el único cauce para vivir la devoción a la Virgen y la única manera

de vivir la fidelidad a la fe.

Esta serie de datos condujeron a los obispos a la idea de qué las celebraciones

del mes de mayo no deberían centrarse en Madrid en el homenaje externo a una

concreta advocación mariana, sino que resultaba preferible un trabajo en mayor

profundidad. Por ello el Consejo Episcopal de Madrid decidió orientar su acción

de la siguiente manera:

1) Insertar este proyecto de conmemoración de la venida de la Virgen de

Fátima dentro del proyecto de pastoral ordinaria de la diócesis haciendo un

serio esfuerzo vara convertir este mes de mayo en un «tiempo fuerte» de oración

y catequesis en torno a la Virgen María, contribuyendo así a una adecuada

iluminación sobre el papel de María en la obra de Salvación y en la vida de la

Iglesia.

2) Preparar y difundir orientaciones concretas y materiales ´que ayudarán a

esta campaña de formación de los fieles.

3) Subrayar el expreso deseo del Consejo Episcopal de la archidiócesis de que

esta predicación y celebraciones tuvieran fundamentalmente lugar dentro de las

parroquias y comunidades a que pertenecen los fieles, a fin de ahondar allí, en

contacto con quienes se vive la fe cotidianamente, en la reflexión sobre la

Virgen.

Con esta decisión —como es , evidente— los obispos no cerraban las puertas a la

Virgen. Ni siquiera las cerraban a la Virgen de Fátima. Aceptaron incluso el que

una imagen de la Virgen de Fátima viniera durante estos días a .una iglesia

madrileña (cosa que no pudo hacerse por dificultades no atribuibles al

Episcopado de Madrid). Por otro lado, en Madrid hay una iglesia dedicada a la

Virgen de Fátima y en docenas d* parroquias hay imágenes de esta advocación,

cuyo culto en estos días nadie ha prohibido ni prohibido. Los obispos* de Madrid

lo que estimaron pastoralmente menos conveniente fue la posibilidad de que las

celebraciones mañanas se centraran no en lo esencial, sino en una advocación

concreta y en una forma externa nada fácil de orientar hoy en una gran ciudad.

Pero, evidentemente, los obispos de Madrid no se limitaron a una postura

negativa. Durante los meses de marzo y abril un numeroso grupo de teólogos

dominicos de Alcobendas, Salamanca y Valencia trabajó en la elaboración, de

materiales de predicación y celebración litúrgica para los sacerdotes de Madrid.

Al frente de estos teólogos estaban nombres tan tradicionales y conocidos por su

altura mariológica como los padres Sauras y Llameras. A su vez, el cardenal de

Madrid elaboraba una amplísima pastoral titulada «María en el misterio de la

Iglesia». Todo esté material —que fue enviado a los sacerdotes de la diócesis el

pasado 21 de abril y que no ha surgido, por tanto, como un parche de última hora

que tratara de salir al paso de una polémica— fue ayer distribuido a los

periodistas y parece que puede valorarse como el esfuerzo mayor realizado nunca

en la diócesis de Madrid —y aun de muchísimas otras diócesis— para la

celebración del mes de mayo en año alguno. A su luz resulta aún más

desconcertante el que —precisamente este año— se venga a acusar a los obispos de

Madrid como menos devotos de María o el que se digan cosas tan peregrinas como

lo de aquella pancarta exhibida en una ciudad próxima a Madrid y en la que se

afirmaba que los madrileños acudían allí á venerar a la Virgen porque no podían

hacerlo en Madrid. Ciertamente no le faltarán al madrileño ocasiones para

venerar a María en Madrid en este mes de mayo.

Se entiende por ello la «perplejidad y pena» que monseñor Estepa señalaba ante

ciertas informaciones «que despiertan en la conciencia de muchos fieles

sencillos la desconfianza hacia ´sus pastores legítimos, precisamente en

cuestión tan relevante de nuestra fe». Sería necesario —concluía el obispo

auxiliar de Madrid citando ai obispo de Leiría, encargado del santuario

portugués— «que Fátima no fuera utilizada para fines que no sean religiosos, y

que la Virgen María nos guie en la carinad y en la verdad en estos momentos».

Este es el resumen de la verdadera historia de una polvareda más bien triste: no

debe confundirse la peregrinación de la Virgen de Fátima con «todo» el culto

mariano. En este caso concreto algunos obispos españoles han creído que para sus

diócesis era saludable esa forma de peregrinación. Y han hecho bien aceptándola

en sus diócesis. Otros obispos —los de Madrid entre ellos— han creído que para

sus diócesis eran más útiles otras formas de celebración mariana. Y así lo han

organizado, porque la Virgen es una sola y la misma. Pero esa decisión nada

tiene que ver con imaginadas carreteras cerradas para María.

Están abiertos todos los cambios en todas las parroquias madrileñas.

Padre MARTIN DESCALZO.

 

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