Autor: Salas y Guirior, José. 
   Los obispos portugueses reconocen y defienden el pluralismo político para salvaguardar el bien común  :   
 Enfoques de la carta pastoral: derechos del hombre, participación político-social y convivencia pacífica. 
 ABC.    24/05/1973.  Página: 49. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

24 DE MAYO DE 1973.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY

LOS OBISPOS PORTUGUESES RECONOCEN Y DEFIENDEN EL PLURALISMO POLÍTICO PARA

SALVGUARDAR

EL BIEN COMÚN

Asimismo muestran su preocupación frente a los síntomas de violencia que se

advierten en el país vecino

ENFOQUES DE LA CARTA PASTORAL: DERECHOS DEL HOMBRE, PARTICIPACIÓN POLÍTICO-

SOCIAL Y CONVIVENCIA PACIFICA

Lisboa 23.

(Crónica telefónica de nuestro corresponsal.) Aunque la Conferencia Episcopal

Metropolitana portuguesa terminó sus trabajos el día 4, en Fátima, sólo ayer ha

sido dado a conocer, a través de la Prensa, una referencia del documento

correspondiente, que los medios eclesiásticos de aquí consideran del mayor

relieve. Se trata de una carta pastoral con la que dichos prelados conmemoran el

X aniversario de la «Pácem in Terris».

En el citado documento se definen las líneas de la posición de los católicos en

la vida temporal. Y según esas líneas, los obispos metropolitanos portugueses

han llegado a la conclusión de que la Iglesia debe intervenir en esa vida

temporal cuyas directrices definen.

Es esta una declaración de principios, ya tradicional, que no tendría el

especial relieve que sus propios autores le atribuyen si no fuera por su enfoque

posterior, muy en consonancia con algunas corrientes en boga.

«Los miembros de la Iglesia, en cuanto miembros de la sociedad, civil, tienen el

derecho y el deber de procurar el bien común como los demás ciudadanos»; se dice

al comienzo de la carta pastoral. Partiendo de dicha declaración, ni que decir

tiene que lo importante y lo que da relieve es precisamente los métodos que como

tales ciudadanos pueden considerarse como aceptables para procurar ese bien

común. Y, por supuesto, la concepción de esos métodos es tan discutible como las

que puedan aportar los demás miembros de esa sociedad civil a la que pertenecen.

Esa es la razon por la que los enfoques a que me refiero sean discutidos en esta

hora de tensiones, aunque dentro de los reducidos límites a que esta clase de

documentos da lugar. Y de ahí el interés que tiene el que la atención de los

obispos del Continente y sus islas se centre en la función de los derechos

fundamentales del hombre, la participación político-social y la necesidad de una

convivencia pacífica para el progreso.

En cuanto al primer puntó, o sea, los derechos del hombre en Portugal, los

obispos hablan no sólo en nombre de una experiencia histórica de veinte siglos,

sino especialmente en nombre del Evangelio que le fue confiado a la Iglesia, da

cual no puede alejarse de las luchas en que se juegan los derechos humanos».

A este respecto los obispos manifiestan que aunque no ignoran los esfuerzos

llevados a cabo para dotar al país de mayor riqueza, un mejor nivel cultural y

una más amplia red de servicios en cuanto a la previsión social, la salud y la

asistencia, nadie podrá sentirse plenamente satisfecho por las deficiencias que

subsistan en cuanto a las condiciones de habitación, así como a las de la

alimentación, educación, empleo y sanidad.

«No podremos descansar en tanto que la expansión económica continúe favoreciendo

desmedidamente a algunos sin proporcionar a todos los ciudadanos la fiarte

equitativa que les corresponde en la producción y distribución de los bienes.".

Se denuncia también el hecho de una agricultura deprimida frente a la industria

y los servicios, así como las dificultades para el acceso a la educación y á la

cultura, no generalizada, y la indefensión de cara a ¿a enfermedad y la vejez.

Dicen que «las discriminaciones renacen continuamente» y que «hay derechos

humanos aún no reconocidos plenamente, y en muchos casos, aspectos legislativos

que conviene perfeccionar».

En opinión de los obispos portugueses, para salvaguardar el bien común, es

preciso reconocer y defender el pluralismo de opciones políticas, bien entendido

que la unidad sólo se impone por lo que respecta a los fieles, en el principio

básico de una inspiración cristiana. La unidad se consigue «por la coordinación

de opciones diferentes y actuaciones complementarias». Y en el pruralismo en que

los hombres crecen surge la verdad.

La participación en la viaa publica tiene su cauce en el sufragio y en la

opinión, mediante la información que conduce al reconocimiento de la libertad de

expresión de las opiniones legítimas de los individuos y de los grupos.

Termina esta carta pastoral mostrando sil preocupación frente a los síntomas de

violencia que se vienen manifestando en la sociedad portuguesa. «En algunos

casos —dice— podrán ser el indicio de injusticias profundas que entonces serán

urgentes de remediar. De todas formas, sepan todos que la violencia engendra

odio y nunca, salvo en muy raras excepciones, es camino legítimo para la paz.»

Tiene esta caria pastoral varios puntos de vista desde cada uno de los cuales

puede ser valorada, y considerada de forma diferente. De ahí las numerosas y

distintas opiniones que suscita, todas ellas perfectamente legitimas, puesto que

de materia política tratan. Entrar en su examen con el correspondiente

comentario exigiría, en todo caso, otra crónica.

José SALAS Y

 

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