Información religiosa; Carta del obispo de Perpignan al cardenal de Barcelona. 
 ¿Cómo detener la riada de españoles que acuden al Rosellón a frecuentar espectáculos inmorales y casas de juego?     
 
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Información religiosa

CARTA DEL OBISPO DE PERPIGNAN AL CARDENAL DÉ BARCELONA

¿COMO DETENER LA RIADA DE ESPAÑOLES QUE ACUDEN AL ROSELLON

A FRECUENTAR ESPECTÁCULOS INMORALES Y CASAS DE JUEGO?

BAR C E L O N A, 13. (LOGOS.)—«Recibí en su día la carta de mi hermano en el

episcopado monseñor Enric l´Heureux, obispo de Elna-Perpignan, que se transcribe

textualmente a continuado», empieza diciendo el cardenal-arzobispo de Barcelona

en una nota en la que da a conocer una carta enviada por el obispo de Perpignan,

que expresa su preocupación por la conducta de algunos españoles que visitan

aquella diócesis.

«Me ha parecido útil —sigue diciendo el cardenal-arzobispo de Barcelona— darla a

la publicidad en la esperanza de que sirva para los fieles de nuestra comunidad

diocesana y aun para cuantos sienten preocupación por los valores humanos y

espirituales, como tema de reflexión, de oración y, si fuere el caso, de

conversión respecto a actitudes difícilmente conciliables con una vida cristiana

auténtica.

Agradeceré mucho, y lo agradecerá, sin duda, también monseñor L´Heureux, a los

cristianos y a las personas preocupadas por este problema las sugerencias que

tengan a bien hacernos llegar en orden a la reflexión común y a la acción

concertada que solicita monseñor L´Heureux, y a la cual desearía dar respuesta

positiva en la medida de lo posible."

CARTA DE MONSEÑOR L´HEUREUX

La carta de monseñor L´Heureux está fechada en Perpignan el 23 de mayo del

corriente año, y textualmente dice lo siguiente:

A su eminencia monseñor el cardenal Narciso Jubany, arzobispo de Barcelona y

administrador apostólico de Gerona.

Eminencia: Espero me perdone le haga compartir una dolorosa preocupación en

cierta responsabilidad pastoral que nos es común.

Cada fin de semana, cada día festivo en España, traen hacia las ciudades y

poblaciones de mi diócesis, Perpignan, El Voló, Ceret, Banys d´Arlos, Canot del

Roselló, una considerable afluencia de visitantes españoles. Algunos vienen de

más allá de Barcelona.

Se sienten atraídos por filmes y espectáculos Indecentes y por los Juegos de

dinero, contra los cuales la moral pública no tiene actualmente en Francia

recursos legales.

De ningún modo ignoro las responsabilidades francesas en éste asunto. Y me

avergüenza constatar que son muchas las personas que buscan beneficiarse en el

Rosellón de las ganancias indiscutibles con que esta industria, que puede

emparentarse con la prostitución, favorece a los organizadores de espectáculos,

a los vendedores de publicaciones, como asimismo a los gerentes de hoteles y

otros comerciantes, sin pasar por alto las empresas de publicidad y transporte.

La Inmensa mayoría de la población, sin embargo, sufre a causa de esta

situación. Los padres y madres de familia, y también la Juventud, son

masivamente severos hacia estas distracciones poco brillantes y están molestos

por la casi total desaparición de filmes honestos y por la odiosa reputación que

algunos empresarios poco escrupulosos ocasionan a- sus poblaciones. Y los

responsables de la vida política y económica de nuestro departamento desean

asimismo para nuestra región otros medios de desarrollo.

Las asociaciones familiares, las autgridades públicas, los sacerdotes de la

diócesis y yo mismo hemos Intentado diversas actuaciones en el momento presente,

y si bien sabemos lo que hay que decir, no alcanzamos, sin embargo, a hacernos

escuchar. También en este caso la potencia del dinero es más fuerte que

nosotros, particularmente en los medios de difusión.

Me dirijo, pues, a vuesta eminencia. ¿No sería posible, ya que esta repelente

industria de algunos de los de aquí vive sobre todo de la clientela que nos

llega de vuestro país, desaconsejar tan dudosos viajes entre vuestros

compatriotas, de los cuales una mayoría conserva ciertamente una alta Idea de la

dignidad del hombre, de la mujer y del amor y deplora con nosotros este comercio

tan desgraciado?

Si usted considerase más oportuna una reflexión común en orden a una acción

concertada, a la que podrían sumarse también los cristianos y otras personas

preocupadas por los valores humanos, le ruego tenga a bien comunicármelo. Creo

serían muchos los que se alegrarían de una toma de posición bien estudiada,

hecha en términos de búsqueda leal de los sentimientos genuinos de la sexualidad

y del amor.

Le ruego quiera aceptar, eminencia, la expresión de mis sentimientos de profundo

respeto y de unión fraterna.»

 

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