"De la plena y regulada aplicación de los derechos de reunión, asociación y participación, sólo bienes se seguirán para la Iglesia y el país"  :   
 "Cristo, no puede venir por los caminos de la violencia, la presión, la confusión, la desobediencia, la mentira, el egoismo o la injusticia". 
 ABC.    13/12/1973.  Página: 39-40. Páginas: 2. Párrafos: 26. 

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY ABC.

JUEVES 13 DE DICIEMBRE DE 1973.

«DE LA PLENA Y REGULADA APLICACIÓN DE LOS DERECHOS DE REUNIÓN, ASOCIACIÓN Y

PARTICIPACION, SOLO BIENES SE SEGUIRÁN PARA LA IGLESIA Y EL PAÍS»

En un importante documento pastoral los obispos de Madrid estudian los recientes

sucesos eclesiásticos

«CRISTO NO PUEDE VENIR POR LOS CAMINOS, DE LA VIOLENCIA, LA PRESIÓN, LA

CONFUSIÓN. LA DESOBEDIENCIA, LA MENTIRA, EL EGOÍSMO O LA INJUSTICIA»

El cardenal arzobispo de Madrid, en la nota que se publicó en los días de la

pasada Asamblea de la Conferencia Episcopal, con motivo de la ocupación del

Seminario, anunciaba que con una más madura reflexión ex. pondría las

orientaciones del Consejo Episcopal de Madrid sobre éste y otros recientes

sucesos. Esta orientación se hizo pública ayer a través de una pastoral que

firman el cardenal-Arzobispo y su consejo Episcopal El documento se abre

situando estos problemas a la luz de la próxima Navidad. Y dice:

Nuestra palabra cristiana en estos días del Adviento y casi ya de vísperas de

Navidad no puede tener otro objetivo ni sentido que anunciaros el gozo de Cristo

que veine hacia nosotros. Con ello no tratamos de huir de los problemas que nos

han rodeado las semanas pasadas y que aún nos rodean; tratamos, por el

contrarió, de situar todas estos dolores en su verdadera perspectiva: en su

papel de dolencias de una Humanidad que sufre porque en ella se es.tá siempre

engendrando la imagen del Salvador. Seria ingenuidad ignorar estas tensiones de

ahora. Pero pecaríamos contra la esperanza sí nos detuviéramos en ellas,

olvidando la gozosa meta final de Cristo que viene hacia nosotros. Es a esta luz

como debemos contemplar los sucesos sobre los que os prometimos una más madura

reflexión. Hechos importantes, porque a través de ellos —como a través de toda

nuestra vida— se facilita o se dificulta esa venida de Cristo.

Tras esta introducción, el documento analiza en diez puntos los caminos por los

que Dios viene a los Hombres y aquellos por los que no puede venir. Y dice

literalmente:

1- Dios no viene por el camino de la violencia o el odio.

Ya en otras ocasiones hemos tenido que lamentar durante este año estallidos de

violencia en nuestra, vida diocesana, religiosa o civil: injurias a sacerdotes y

obispos, agresiones violentas en diversos ambientes, en algún caso hasta el

asesinato. No es necesario recordarío. Pero si decir, una vez más, que el odió y

la violencia nada construyen en lo humano y mucho menos aún en lo cristiano.

2-Tampoco viene Dios por los caminos de la presión indebida o el conflicto

buscado sistemáticamente

En este sentido no podemos ver como evangélicas—aun sin entrar a juagar las

intenciones de sus promotores y autores— las actitudes y comportamientos de

quienes han buscado por caminos de presión lo que siempre hemos estado

dispuestos a buscar con ellos por la senda del diálogo franco y sincero, o

quieren a toda costa comprometer en sus acciones a la Iglesia local o a los

representantes de la Santa Sede. Tampoco podemos aceptar como cristiana una

"praxis» basada en el conflicto permanente como factor de crecimiento de la

Iglesia, especialmente si este conflicto es promovido por grupos que parecen

desear imponer unilateralmente sus propias reglas de juego, como si sólo ellos

poseyeran la, verdad evangélica.

3-Tampoco puede venir Cristo por los caminos de la confusión.

En este sentido nos duele que los conflictos fundamentalmente intraeclesiales a

que acabamos de aludir, no hayan permanecido como lo que eran, problemas que a

los obispos tocaba calificar y resolver. En este sentido tenemos que señalar —

por respeto a la verdad— que en ningún momento ni el señor cardenal arzobispo,

ni su legitimo representante en el Seminario, monseñor Estepa, dieron su

consentimiento para desalojar el Seminario. Confiamos igualmente en que las

autoridades estudiarán en justicia la equidad de unas tan graves sanciones

impuestas a algunas personas de las reunidas en aquel centro. No es competencia

nuestra valorarlás jurídicamente, pero en la opinión de muchos y desde nuestra

perspectiva moral parecen demasiado diferentes del trato recibido por quienes en

anteriores ocasiones atacaron e

injuriaron gravemente a la jerarquía diocesana con clara alteracion de un orden

justo.

4-Cristo no puede venir por los caminos de la desobediencia o la rotura con la

jerarquía de la Iglesia.

Nosotros sabemos mejor que nadie en qué medida somos los obispos y pastores

pecadores y débiles, y cuánto necesitamos que a veces nos despertéis y

estimuléis. Todos tenemos —y quien tiene que mandar quizá, más que los demás— la

tentación de las «medias tintas» y las componendas. Os agradecemos por ello toda

critica que tienda a despertarnos y a desubrirnos mejor nuestra obligación de

servir al Evangelio.

Pero ese mismo deber de servir al Evangelio os obliga a vosotros, sacerdotes,

religiosos y fieles, a aceptar esa obediencia y esa nécesidad de comunión

jerarquía que son parte sustancial del mismo Evangelio. Una iglesia desunida de

sus pastores nunca podrá ser unaiglesia mas evangelista o más pura, porque ya no

será la Iglesia que Cristo quiso.

5-No podrá tampoco venir Cristo por las sendas de la mentira o la falsedad.

No podremos menos de hacer una referencia a ciertas campañas y modos de

presentar los hechos qué incluso sin llegar a la falsedad completa, tienden a

deformar la realidad ante lectores y oyentes que no pueden conocefín desde todos

sus ángulos. Y de modo parecido hay que aludir a quienes atúan orna sustituyendo

autoritativamente a sus legítimos pastores en su específica misión de velar por

la ortodoxia del pueblo de Dios, sembrando inmoderados temores e injustas

desconfianzas.

6-Ni vendrá Cristo por los caminos del egoismo o la injusticia.

La reconciliación que Pablo VI ha puesto como tema del Año Santo que comienza,

es una obligación para todos. Pero reconciliarnos no será un abraso entre

sonrisas, después del cual quede cada uno con sus propíos egoísmos. La

reconciliación del Año Santo supondrá el esfuerzo para suprimir o rebajar todo

privilegio de tase, toda situación abusiva, toda injusta distribución de la

riqueza o de la cultura y una, apertura a todos de iguales oportunidades de

progreso. Seria especialmente doloroso que en este comienzo del Año Santo

pudiera suceder que las dificultades económicas que nuestro mundo está

experimentando recayeran de modo especial y una vez más sobre los económicamente

más débiles.

¿Por dónde .vendrá Cristo, entonces? Vendrá por el camino de la paz.

Vendrá por el esfuerzo común para eliminar toda violencia de nuestro

pensamiento, de nuestras palabras y de nuestras obras; por el intento de

comprensión y respeto a quienes piensan de manera diferente a la nuestra; por la

superacion cristiana de los rencores del pasado; por el reconocimiento de las

muchas cosas que a todos nos unen como católicos y como españoles para construir

una Iglesia más serena y una Patria mas justa y fraterna.

8-Vendrá por el camino de la justicia.

y ésta comenzara por el reconocimiento pleno, en las leyes y en realidad de

todos los derechos humanos.

En este sentido recientemente el señor cardenal arzobispo de Barcelona,

recordando palabras de Juan XXIII en la «Pacem in terris", señalaba la urgencia

de una ordenacion juridica del derecho que todo hombre tiene a asociarse y

reunirse, para fines licitos y de intervenir en la cosa publica a traves de

cauces eficaces de participacion. Nos unimos sinceramente a estos deseos y

preocupación como pastores y como ciudadanos, pues de la plena y regulada

aplicación de esos derechos humanos sólo bienes se seguirán para la Iglesia y

para el país.

9-Vendrá por el camino del amor.

Amor a todos y especialmente a los mas pobres y abandonados. Amor que a veces

exigirá no sólo un serio compromiso con sus problemas, sino también una enérgica

defensa de sus derechos, defensa que quisiéramos siempre hecha por cauces y

procedimientos evangélicos. Amor al pobre y al rico, al gobernante y al

gobernado, recordando a todos tanto sus derechos como sus deberes. Amor que

nunca sea usado como disculpa para el mantenimiento de las injusticias, pero que

tampoco lleve a combatir la injusticia por medios injustos. Amor que, como el

ael cristo que viene hacia nosotros, empiece por dar humilde y sencillamente la

vida por los demás.

10-Vendrá, finalmente, por el caminó de la esperanza.

Queremos subrayar esto, porque todos parecemos estar tentados por la amargura.

Como testigos del Señor os decimos que la Humanidad ha sido ya salvada por

Cristo y que ese mismo Señor va a seguir salvándola.

Mantened por ello la esperanza y la alegría. Que nunca sea nuestra Iglesia

diocesana testigo de la desesperanza, puesto que es testigo del Cristo que

viene. Que sepan quienes no creen que en nosotros, con todos nuestros errores,

con todas nuestras divisiones, con todos nuestros defectos, hay algo en lo que

no estamos ni estaremos nunca divididos: en nuestra fe en el Salvador y en

nuestros deseos por hacerle más presente en el mundo. Ojalá quienes ontemplan

nuestra Iglesia a través de nosotros vieran sólo la esposa pura e inmaculada.

Que vean, al menos, a pesar de todas nuestras manchas y pequeneces, el testigo

del Cristo que viene.

 

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