Un importante documento pontificio revisa el papel de la devoción mariana en el marco de la renovación promovida por el Concilio  :   
 Deben revisarse las prácticas piadosas, purificándolas de elementos caducos y vigorizando los permanentes. 
 ABC.    23/03/1974.  Página: 33-34. Páginas: 2. Párrafos: 24. 

Fuente: ABC MADRID Fecha: 24-03-1974

DOMINGO 24 DE MARZO DE 1974.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY

UN IMPORTANTE DOCUMENTO PONTIFICIO REVISA El PAPEL DE LA DEVOCIÓN MARIANA EN EL

MARCO DE LA RENOVACIÓN PROMOVIDA POR El CONCILIO

No es cierto que la reforma litúrgica haya atenuado la piedad mariana, pero sí

ha buscado uña purificación y una mayor profundidad teológica de la misma

DEBEN REVISARSE LAS PRACTICAS PIADOSAS, PURIFICÁNDOLAS DE ELEMENTOS CADUCOS Y

VIGORIZANDO LOS PERMANENTES

acuñó una moneda y le encargó a Francisco Grandi un tapiz.

En una época que no era de los grandes momentos del arte sacro, este artista

hizo una obra maestra. Con los ojos vueltos al cielo. San José sostiene non el

brazo derecho al Niño Jesús, mientras con la mano Izquierda aprieta el báculo

florido. Dos ángeles boticellianos se arrodillan.

Un cuadríto al óleo de Morelli representa a Benedicto XV ante este tapiz. Pero

el tapiz se había perdido, hace más de medio siglo.

Ahora ha sido rescatado, precisamente en vísperas del Santo Patrón.

Pronto lucirá su hermosura en los Museos vaticanos, constelados de tantas

maravillas.

Eugenio MONTES.

El documento que se publicó ayer es continuación de la obra desarrollada en los

años del posconcilio para restaurar e incrementar el culto cristiano. De este

culto forma parte la devoción. a la Madre del Señor, a quien la Iglesia—según

las mismas palabras del Concilio— avenera con especial amor" (S. C. 103). como

elemento necesario y cualificador. En efecto, al puesto singular ocupado por la

Virgen en el plan de la salvación debe corresponder un culto singular. Por eso

el mismo Concilio «amonesta a, todos los hijos de la Iglesia a que fomenten con

generosidad el culto a la Santísima Virgen, particularmente litúrgico y sque

estimen en mucho las prácticas y los ejercicios de piedad hacia Ella,

recomendados por el Magisterio en el curso de los siglos» (L. G. 67).

Con todo, en estos últimos años a consecuencia de los cambios ocurridos en las

costumbres sociales y, en parte, también en las formas de expresión de los

sentimientos religiosos, ciertas prácticas con las que. se manifestaba la

devoción personal y comunitaria a la Madre del Señor se han revelado inadecuadas

i la sensibilidad de los hombres de nuestro tiempo, insuficientes para expresar

toda la doctrina sobre la función de María en la obra de salvación y en la vida

de la Iglesia, y no siempre conformes a las lineas fundamentales de la reforma

litúrgica.

Todo esto ha determinado en algunos lugares la falta de armonía entre la rica

doctrina conciliar sobre la Santísima Virgen, como también su exhortación a

incrementar el culto y una praxis cultural que suscita cierta impresión de

desorientación y de crisis en la piedad mariana; en cambio, en otros lugares se

nota un sincero esfuerzo por renovar el culto a la Virgen siguiendo el surco de

la tradición perenne de la. Iglesia y aceptando fielmente las directrices del

Concilio Vaticano II. En esta situación el Papa ha juzgado oportuno tratar,

algunos temas referentes al culto de la Santísima Virgen, a fin de que, una vez

disipada toda duda, este mismo culto se consolide en el alma de los fieles y se

desarrolle en armonía con la tradición, pero sobre todo con la renovación de la

liturgia, con progreso doctrinal y con la sensibilidad religiosa de los hombres

de nuestro tiempo.

El documento consta de tres partes:

1. El culto de la Virgen en la liturgia renovada.

2. Orientaciones para la renovación de la piedad mariana.

3. Indicaciones sobre los ejercicios piadosos del Ángelus y del Rosario.

I. El culto a la Virgen en la liturgia renovada.

Esta parte consta de dos secciones.

En la primera se examina el aspecto mañano de los libros litúrgicos restaúrados.

Estos no atenúan, como alguien ha afirmado, el culto a la Virgen, sino que lo

promueven porque lo insertan de manera más profunda y orgánica en la celebración

misma de los misterios de Cristo, resaltan su valor eclesial y reconocen el

puesto único que le corresponde en el culto cristiano. En la liturgia

restaúrala, la veneración de la Virgen queáa expresada mediante formulas densas

del contenido y, no raramente, de afectuoso lirismo; pero no se presenta como

fin en si misma: en efecto, dicha veneración, que surge de la contemplación del

vínculo que une María a Cristo y de la múltiple misión que la Virgen ejerce en

la Iglesia, tiende a convertirse en glorificación de Dios por las maravillas que

ha hecho en Ella (cfr. Lc. 1, 49) y en compromiso práctico de vida cristiana.

El documento pasa rápidamente en revisión los principales libros de la liturgia

romana, señalando el puesto que ocupa en ellos la santísima Virgen.

Ante todo, trata del Calendario Romano (solemnidad de la Madre de Dios, de la

Anunciación del Señor, de la Asunción y de la Inmaculada; la característica

mañana del tiempo Adviento-Navidad; otras fiestas y conmemoraciones de la

Virgen, entre ellas la antigua memoria de Santa María en saltado; a ésta se

deben añadir las celebraciones mañanas propias de los calendarios de las

distintas naciones o diócesis), del cual resulta una presencia constante de la

Virgen durante el año litúrgico.

Después examina los dos libros fundamentales de la celebración eucaristica: el

«Misal romano» y «el «Leccionano»; en el primero se hallan todos los grandes

temas de la doctrina y de la piedad mariana transmitidos por la tradición, y

otros en los que ha puesto atención especial la reflexión contemporánea, como el

de la relación entre María y la Iglesia; en el segundo se nota un notable

aumento de lecturas biblicas de significado mañano, que se proclaman no sólo en

las misas en honor de la Virgen, sino también en diversas misas de domingo y en

aquellas que acompañan la celebración de algunos sacramentos.

Finalmente, el documento dirige su atención a la Liturgia de las Horas, en la

que la Virgen ocupa amplio espacio en los himnos, en las lecturas, en las

fórmulas de intercesión, y también menciona otros libros litúrgicos —«Rito del

Bautismo», «De la Profesión religiosa», de la «Unción de los enfermos», etc.—,

de los que brota la suplica de la Iglesia a la Virgen en mor :tos significativos

de la vida cristiana.

En la sección segunda, el documento trata del valor ejemplar de María para toda

la Iglesia y para cada fiel en el ejercicio del culto. María es, efectivamente,

la Virgen que escucha la palabra de Dios, que ora y alaba al Señor, transmite la

vida como Madre, ofrece el Hijo, acompañándolo en su sacrificio. La Iglesia

reproduce estas actitudes en el culto: escucha la voz de Dios en la liturgia de

la Palabra, alaba incesantemente al Señor e Intercede por la salvación del

mundo, engendra a la vida con los sacramentos, convoca a los fieles para ofrecer

el sacrificio eucarístico, memorial de la muerte y resurrección Cristo.

II; Orientaciones para la renovación de la piedad mariana

Como ya se ha dicho, el Concilio desea que, junto al culto litúrgico, florezcan

tamoién otras formas de piedad, sobre todo aquellas recomendadas por el

Magisterio (cfr. L. G. 67) o las celebradas por disposición de los obispos o

según legítimas costumbres (cfr. S. C. 13). Sin embargo, es posible que algunas

formas de piedad necesiten una revisión, con el fin de sustituir los elementos

caducos, dar vigor a los perennes e incorporar datos doctrinales alcanzados por

el progreso de los estudios teológicos y propuestos por el Magisterio. El Santo

Padre desea que esta revisión respete la tradición y se abra para acoger las

legitimas aspiraciones de lot hombres de hoy. A este respecto, el documento

ofrece algunas orientaciones, las cuales tienden a que el culto a la Virgen:

• Ponga en claro la profunda orientación cristológica, es decir, la ligazón

indisoluble y la relación esencial de la Virgen con el divino Salvador.

• Destaque adecuadamente el aspecto neumatológlco, es decir, el lugar que

ocupa María en la Comunión de los Santos.

• Vigorice de nuevo el contenido bíblico, buscando en la Sagrada Escritura

inspiración, temas y fuerza para sus formas expresivas.

• Manifieste la armonía con la renovación litúrgica, teniendo en cuenta el

estilo y los ritmos de la sagrada liturgia.

• Refleje las aspiraciones del movimiento ecuménico, convirtiéndose él

mismo en instrumento para la unión de los cristianos.

• Tenga en cuenta las condiciones actuales de la vida de la sociedad, en

especial las de la mujer en el campo doméstico, social político, cultural.

La aplicación de estas directrices hará que el culto a la Virgen sea cada ves

más sólido y más puro. La figura de María —la primera v más perfecta discípula

del Señor— podrá ser propuesta con más vigor a la imitación de los hombres de

nuestro tiempo, a pesar de los cambios producidos en las condiciones

socioculturales, porque los motivos esenciales que hacen de la virgen un

valiosísimo modelo para el pueblo cristiano —la adhesión a la palabra de Dios,

la fidelidad a su misión, la caridad servicial, la efectiva colaboración en la

obra de la salvación— tienen carácter, universal y permanente. Las directrices

del documento son de Índole "positiva"; deberán ir acompañadas de un esfuerzo,

discreto o vigoroso a veces, para eliminar los defectos que en algunos ambientes

se han insinuado en el culto a la Madre de Dios: la vana credulidad, el

sentimentalismo, la cerrazón mental, la exageración de los contenidos él recurso

a elementa legendarios.

III. Indicaciones sobre dos piadosos ejercicios

La tarea de renovar los ejercicios piadosos marianos y de crear otros nuevos,

basados en los criterios indicados más arriba, corresponde, según el ámbito de

difusión, de su alcance y origen, a la Sede Apostólica, a las Conferencias

Episcopales, a los obispos, a las familias religiosas, a toda comunidad

cristiana legitima. El Papa ´se detiene a tratar especialmente dos ejercicios

piadosos. de los que la Sede Apostólica se ha ocupado en varias ocasiones: el

ángelus y el rosario.

En relación con el primero, el documento contiene una urgente exhortación a

conservar su uso, a pesar de las cambiadas condiciones sociales v ambientales.

El desarrollo de la doctrina sobre el rosario es más amplio. El documento

recuerda la investigación científica y pastoral realizada en los últimas años,

de la que han salido más nítidas las características primarias del rosario: la

índole evangélica y cristológica, pues el rosarlo saca del Evangelio los

misterios que contempla, es decir, los momentos salvificos de la vida del

Salvador: la naturaleza de alabanza, impetratoria y contemplativa. Sin este

aspecto especialmente, el rosario seria como un cuerpo sin alma y correría el

riesgo de convertirse en una repetición mecánica de fórmulas. El Santo Padre,

mientras afirma el valor de la piadosa práctica, expone sus elementos

principales tal como los ha trasmitido la tradición. Otros piadosos ejercicios

inspirados en el rosario pueden desarrollar uno u otro de sus elementos para

hacer comprender mejor la riqueza espiritual y revalorizar su práctica. Algunos

han pedido que el rosario fuese declarado oración litúrgica. Se debe reconocer

que. bajo ciertos aspectos, se armoniza bien con la liturgia; pero no debe

confundirse con ella ni sobrepasarla, como ha sucedido a veces en el pasado;

debe más bien conservar su fisonomía de piadoso ejercicio, apto para hacer

comprender v vivir mejor la liturgia.

finalmente, el Papa explica el valor de la recitación del rosario en familia, la

cual, casi como «iglesia doméstica", asume en la oración común su función

esencial de comunidad orante v halla en María su ejemplo más brillante.

 

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