Información religiosa; Cardenal Enrique y Tarancón. 
 "Algunos no quieren que se predique la verdad"     
 
 Informaciones.    26/03/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

INFORMACIÓN RELIGIOSA CARDENAL ENRIQUE Y TARANCON:

"ALGUNOS NO QUIEREN QUE PREDIQUE LA VERDAD"

MADRID, 26. (INFORMACIONES.)

«La Iglesia es la abanderada —debe serlo— del amor, de la libertad, de la

Justicia, de la paz. Las divisiones que suscita no pocas veces la predicación de

su doctrina o el testimonio de su vida es porque nos falta a los predicadores la

debida unción evangélica o porque algunos no quieren que se predique la verdad

cuando puede resultarles molesta.» Esto ha dicho el cardenal Enrique y Tarancón,

arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal, en una homilía

pronunciada en la parroquia madrileña de Santa María Micaela dentro del ciclo de

homilías cuaresmales —esta es la cuarta— que el arzobispo viene pronunciando en

las parroquias madrileñas.

El cardenal Enrique y Tarancón, tras recordar que en algunos casos «la Iglesia

se verá obligada a corregir abusos o pecados personales o sociales», añadió: «La

Iglesia ha de poner sumo esmero en demostrar que corrige no para herir, sino

para sanar; para conseguir precisamente que desaparezcan los recelos, las

divisiones y los conflictos, que son muchas veces consecuencia del pecado.»

Volviendo a las reacciones que pueden surgir contra la predicación, el cardenal

de Madrid dijo: «Hablar, por ejemplo, de las injusticias sociales que existen

por el egoísmo de unos y otros, por la inhibición de los que deberían

remediarlas, por el mal ejemplo que muchas veces damos los mismos cristianos,

puede suscitar molestias. Puede ser causa de recelos y de acusaciones contra la

misma Iglesia o contra sus sacerdotes. En estos casos, la Iglesia no ha buscado

esa división ni ha provocado esos conflictos. Ella sabe que la libertad

verdadera y la auténtica paz no pueden asentarse sobre las injusticias. Y cumple

su deber y está sirviendo en la mejor manera a los hombres —aun a aquellos que

se sienten heridos— predicando la verdad, aunque sea perseguida por ellos.

Recordar sus deberes a los que mandan y a los que obedecen puede ser, algunas

veces, motivo de disgustos y de discordias. Pero la Iglesia cumple su misión y

hace un verdadero bien a la sociedad, aunque sea incomprendida. Pero es

necesario para ello, hermanos, que la Iglesia dé testimonio en su vida interna y

en su proyección hacia los demás de esas verdades qué recuerda a los otros.»

El cardenal recordó al final de su homilía que la Iglesia es sacramento de

reconciliación en medio del mundo y puso de manifiesto la obligación que tienen

los fieles de serlo también.

 

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