La fiesta de Pascua marca el sentido de la espiritualidad cristiana  :   
 Homilía del cardenal Jubany en la catedral de Barcelona. 
 ABC.    16/04/1974.  Página: 44. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA FIESTA DE LA PASCUA MAR EL SENTIDO DE LA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA

Homilía del cardenal Jubany en I catedral de Barcelona

Barcelona 15. «La verdad de la resurrección de Jesucristo, como hecho

rigurosamente histórico —aunque colocado en distinto nivel que los hechos

ordinarios controlables por métodos científicos—, hoy debe ser pr clamada sin

miedo alguno. Algunos la rgan o la reducen a un hecho místico acaecído en la

mente de los discípulos, unidos en recuerdo amoroso del Maestro. No es verdad

Cristo verdaderamente resucitó y fue visto por los discípulos», dijo ayer el

cardenal d Barcelona, monseñor Jubany, en la homilía de la misa pontifical de

Pascua celebrada en la catedral.

«Los evangelios nos dan fe de ello: El que resucitó es ciertamente Jesús de

Nazaret Los apóstoles le vieron, le tocaron y comieron con El; Estuvo presente

entre ellos, ni como un fantasma, sino con un propio cuerpo, aunque éste se

hallara sustraído a las con daciones habituales de la vida terrenal. Por otra

parte, a partir del día de Pentescostés la resurrección de se convierte en el

centro de la predicación apostólica, porque el día se revela el objeto

fundamental de la fe cristiana.»

Añadió el doctor Jubany que el creyente participa realmente en la vida de Cristo

re sucitado: he aquí el carácter pascual de si vida. Sepultado con Cristo en el

bautismo resucita también con El, porque cree en 1a fuerza de Dios, que lo

resucitó de entre lo muertos. La vida nueva del cristiano no e otra cosa que sua

vida de resucitado. Esta certeza fundamental rige toda existencia cristiana y

coníigura la conducta moral que se impone al hombre nuevo nacido el Cristo.

«La fiesta de la Pascua es para el cris tiano una fiesta de gozo y de alegría.

Ella marca el sentido de la espiritualidad cristiana. Ahora bien, no se trata de

una alegría superficial, fácil, exteriorizante; sino de su gozo alimentado por

las virtudes de la fe y de la caridad, de una alegría que es frito del Espíritu

Santo y corresponde a un persona que sabe lo que quiere y lo que ama. Por esto

el cristiano no puede ser radicalmente triste o pesimista; no conoce la

desesperación o la angustia enfermiza y esterilizante.»—

Europa Press.

 

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