Autor: Castro Zafra, Antonio. 
   El Concordato: Un problema religioso y técnico     
 
 Arriba.    26/02/1977.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

El Concordato: Un problema

religioso y técnico

LAS negociaciones con la Santa Sede sobre el Concordato han remontado

ya la fase previa, y abordan ahora la primera ronda de temas concretos. Es muy

probable que, antes de las elecciones generales, se hayan firmado varios

acuerdos parciales.

Sin embargo, es perceptible el exquisito cuidado con que se viene manejando,^ de

un tiempo a esta parte, todo lo relacionado con las negociaciones

concordatarias, para evitar susceptibilidades. De este modo, si los obispos

españoles mostraron especiales reservas en que el nuevo documento diplomático

sea otro Concordato, se prescindirá —por lo menos durante una fase negociadora—

dé ésa denominación, abordando los temas por áreas de afinidades, y no por

artículos.

Incluso el viaje del Rey al Vaticano hay que situarlo en esta panorámica de

reverencia y respeto: hace más de dos siglos que no viaja a Roma, exclusivamente

a visitar al Papa, un Jefe de Estado.

Ambas partes. Vaticano y Madrid, se comportan como convalecientes y gente no

recuperada aún del todo, que deben tantear un poco antes de hacer cualquier

movimiento.

La actual situación de fluidez hispano-vaticana es el resultado de una larga

teoría de conmociones en.Roma y Madrid.

Sin el Vaticano II el. Papa no habría reivindicado el nombramiento de los

obispos por la autoridad eclesiástica, ni el pluralismo religioso que enterraba

para siempre, .«las confesionalidades».

Sin la acción de reforma democrática que despejaba horizontes hubiera sido

imposible advertir e! anacronismo que supone un control político en el acceso de

los obispos a sus diócesis. Las interferencias estatales en la Iglesia y las

injerencias eclesiásticas en la vida política del país recuperaban así su

dimensión real de fósiles.

Las negociaciones hispano-vatícanas deberán aclarar, pues, sobre todo, cuáles

son los límites de competencia para la Iglesia y el Estado. Este objetivo es

naturalmente más decisivo que el resto de las cuestiones particulares; aunque

sea precisamente a través de estas cuestiones concretas y particulares, como si

fueran mojones, con las que tenga que señalarse la frontera Iglesia-Estado.

La acción política va a ser desacralizada, y el tradicional binomio Altar-Trono

desaparece para no regresar jamás. En adelante, la actitud religiosa debe ser

una opción más en la oferta de libertades individuales de toda sociedad

democrática.

Este es el fruto, pues, de una madurez política y eclesiástica: el Papa se

esfuerza en restablecer la fidelidad de la Iglesia a sí misma, y "el Rey en que

la. sociedad española adquiera su responsabilidad plena. (A propósito de la

madurez para el compromiso terrestre y el Iiderazgo clerical, el canónigo

malagueño Josa María González Ruiz acaba de observar en «El País» algo que hará

reflexionar a muchos* de cara a las elecciones: «los hombres maduros para el

compromiso terrestre, a los que la experiencia va enseñando la dureza y

complejidad de éste, tienden a buscar un Iiderazgo más eficaz y menos sospechoso

ideológicamente fuera de la comunidad eclesial.» Y antes ha escrito que, cuando

la sensibilidad para ese compromiso se ha hecho adulta, «el líderazgo clerical

evidencia su carácter intrusivo e insuficiente».)

Es lógico, pues, suponer que no habrá dificultades de orden político o religioso

en la negociación concordataria. Y si ésta es presentada a veces como «larga y

difícil»—y lo será— se debe única y exclusivamente a la complejidad técnica de

tos problemas que debe resolver.

Así, y contra lo que pueda pensarse a primera vista, la confesionalidad no va a

desaparecer de un plumazo, ni será sustituida por una fórmula, digamos,

sociológica, al estilo de... «por ser la religión católica la que profesa la

mayoría»... sencillamente porque afecta nada menos que a las Leyes

Fundamentales,

La libertad de enseñanza es otro punto sobre el que la Iglesia tiene posiciones

que no va a perder por supuesto, pero que pueden verse- interferidas por los

intereses que la misma Iglesia tiene en este campo, en punto a colegios.

Universidades y centros de formación. De otra parte, un país como el nuestro,

donde apenas uno.de cada doscientos niños goza de enseñanza gratuita, no puede

enfrentar eT problema con ligereza. Otro tema paralelo será la economía: buscar

fórmulas de ayuda .a la Iglesia por los servicios que preste al bien común y no

típicamente por ser «la religión de la nación», como hasta ahora: exenciones

tributarias concedidas no por razón religiosa, sino por Instancias benéficas.´

siempre en la misma línea de ayuda que presta el Gobierno a Instituciones

benéfico-culturales.

El tradicional tenia polémico, nombramiento de los obispos, circulará en el

futuro como lo hace ya ahora, según la fórmula de «entente prealable» o

notificación previa. Desde que el pasado mes de Julio se firmó el acuerdo con la

renuncia del Rey a la presentación de obispos, se han cubierto once sedes y han

sido nombrados seis nuevos obispos por este procedimiento.)

Por último, el tema del matrimonio abandonará el monopolio que ostentaba (único

para los católicos) para dar entrada también al matrimonio civil. El matrimonio

católico tendrá efectos civiles. "El matrimonio civil podrá celebrarse entre

católicos, sin que sea necesario que hagan renuncia expresa de fe (como hasta

ahora). De aquí al divorcio sólo hay un paso, que será dado en un futuro muy

próximo. La Iglesia lo sabe, y el realismo romano —bien regado por la

introducción plesbicitaria del divorcio en la legislación italiana´—no va a

crear problemas en este sentido para un «divorcio a la española».

.Al margen de la negociación concordataria, hay una serie de problemas que

pueden incidir en ella, de .alguna forma. Así. la resistencia de los obispos

españoles a llamar «concordato» al nuevo instrumento que regulé fas relaciones.

Madrid-Vaticano. La postura del Episcopado hispano no es una veleidad, sino que

tiene hondas raíces eclesiológicas: la Santa Sede aparece como una potencia

humana que pacta con otro Estado un acuerdo sin que entre los contratantes se

vea por ningún sitio, como elemento negociador, un factor decisivo, como es la

Iglesia local, de la que es representante genuino la asamblea episcopal.

Tampoco para que el Vaticano haya tenido muy en cuenta —por lo menos hasta

ahora— a esa Iglesia local a la hora de nombrar obispos. Todos los datos apuntan

a que el criterio seleccionador de prelados con mayor fuerza era el diplomático,

o el-que llegaba a través de la Nunciatura al Vaticano. La asamblea episcopal se

ha limitado a sugerir nombres.

Desde hace mil años, los Papas reivindican el nombramiento de los obispos para

sí mismos, pero no han conseguido plena y totalmente esto hasta 1976. [Antes, el

obispo —según la fórmula del siglo XV— tenía que ser, ante todo, «utilié

regno».) Cuando cesa por fin la interferencia civil o política, he aquí que los

Papas se encuentran con peticiones de Iglesias locales cada vez más fuertes,

para que renuncien al nombramiento de los obispos y devuelvan esa

responsabilidad a la Iglesia local, donde estaba, hasta que fue gravemente

interferida hace mil años. Pero esto ya es problema de Papas y obispos.

Antonio CASTRO ZAFRA

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