"Es necesario dar transparencia absoluta a las cuentas de la Iglesia"  :   
 Los bienes de la Iglesia no son cuantiosos. Carta cristiana del cardenal Tarancón en "Iglesia de Madrid". 
 Ya.    13/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

"Es necesario dar transparencia absoluta a las cuentas de la Iglesia"

Los bienes de la Iglesia no son cuantiosos • Carta cristiana del cardenal

Tarancón en «Iglesia en Madrid»

El cardenal Tarancón pública en "Iglesia en Madrid" su tercera carta cristiana

sobre "La economía en la Iglesia". Bajo el título "Administración de los

bienes", la carta dice asir

LOS administradores de bienes eclesiásticos han sido, ordinariamente,

sacerdotes. Con grandes deseos de servir a la Iglesia y de defender sus bienes,

pero sin grande formación económica. Que ´tenían, además, cierto pudor en dar

publicidad a. todo el proceso económico eclesial para evitar malas

interpretaciones.

El Derecho canónico dedica, muchos cánones a la administración de los bienes

eclesiástico, pero con un criterio más bien conservador recogiendo el ambiente

de la época.

Estas razones, muy explicables, han hecho que no se siguiesen criterios del

todo, correctos en esa administración y (¡ve el misterio con que se rodean todas

esas operaciones hiciesen desconfiar a unos y fomentasen rumores infundados en

otros.

Que todos conozcan la situación económica de la iglesia

Hace ya algun tiempo, desde que se reconoció explícitamente que los cristianos

laicos, miembros auténticos y responsables del Pueblo de Dios, debían intervenir

con sus iniciativas en toda la actividad de la Iglesia, se ha acudido casi en

todas partes a los seglares peritos para que ayuden en la administración de los

bienes eclesiásticos. Y se lia visto comunmente la necesidad de que la

administración sea clara y diáfana para que todos conozcan perfectamente cuál es

la situación económica de la Iglesia y cómo se administran y se emplean los

bienes que ellos—los cristianos—le ofrecen para el cumplimiento de su misión.

ACTUALMENTE en todas las diócesis—y en la Iglesia universal— se están

modificando los procedimientos de administración y se está promoviendo la

publicación de todas las cuentas, requisitos indispensables para encausar la

generosidad de los fieles y para asegurar la finalidad que, por principio, deben

tener los bienes eclesiásticos.

Los "capitales", por ejemplo, que llevan aneja una carga espiritual—la

celebración de misas—deben administrarse de tal manera que puedan seguir

cumpliendo sus cargas, teniendo en cuenta la devaluación de la moneda. Un

procedimiento excesivamente conservador podría poner en peligro,el cumplimiento

de la voluntad del fundador. Y las demás aportaciones económicas que hacen los

fíeles deben emplearse de tal suerte que todos puedan tener la seguridad de que

sirvan para una actividad pastoral o caritativa necesaria o conveniente para el

servicio del Pueblo de Dios.

Necesidad de los bienes para la evangelización

A primera vista puede parecer que la Iglesia, que tiene una finalidad

sobrenatural, se deja aprisionar por realidades terrenas y por criterios

económicos que son los que deben orientar una recta administración. A nadie se

le oculta, sin embargo, que mientras la Iglesia permanezca en el mundo y deba

actuar en él no tiene más remedio, en éste como en otros aspectos, que utilizar

esos medios; y esos criterios que son absolutamente necesarios y siempre con el

propósito firme de realisar más eficazmente su tarea evangelizadora.

No es fácil cambiar radicalmente los procedimientos administrativos ni convencer

a todos los administradores de la necesidad de dar transparencia absoluta a las

cuentas. Y será necesario ir ordenando las ´cosas pacientemente para que se

pueda conseguir ese objetivo que todos consideran hoy muy conveniente.

Colaboración de los seglares

GRACIAS a Dios los cristianos seglares se prestan voluntaria y ^ aún gozosamente

para esta labor con una generosidad que resulta verdaderamente admirable. Con su

ayuda se van encausando las administraciones diocesanas que están necesitando de

todas las ayudas para servir a la finalidad de la Iglesia.

Porque no son cuantiosos—como creen muchos—los bienes de que dispone la Iglesia.

Aparte las "funciones" de las que no puede disponer porque tienen un fin

concreto son bastante escasos los recursos de que puede hacer uso la Iglesia. Y

tan sólo con una orientación adecuada se les puede hacer rendir lo necesario

para los fines que son urgentes e indispensables.

La Iglesia no debe apoyarse en el poder del dinero, ni debe hacer nada por

dinero. Pero necesita dinero para vivir y para actuar. Y entre todos hemos de

procurar que los medios de que disponga puedan financiar sus actividades

pastorales.

 

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