Autor: Lora-Tamayo Martín, Manuel. 
   La Teología en la Universidad     
 
 ABC.    24/02/1977.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Fuente: ABC MADRID Fecha: 24-02-1977 Página 11

FIRMAS EN ABC

LA TEOLOGÍA EN LA UNIVERSIDAD

LA polémica sobre la obligatoriedad de la formación religiosa en la Universidad

es tan vieja como su implantación misma. El tema se actualiza con motivo de la

acertada disposición .ministerial que modifica esta condición, subsistente hasta

aquí, entre otras causas menos presionantes, por Sa pretensión maximalista de

abordarla simultáneamente con la formación política y la educación física, de

raices y modalidades bien distintas.

Es realmente deplorable la situación que viene arrastrando la enseñanza de la

religión en nuestras Universidades, desde que fue establecida como asignatura

obligatoria en los planes de estudio de todas sus Facultades, y ello no

solamente por el dislate que significa esta exigencia, sino por la escasa

importancia que se ha dado a la designación de los que hablan de Impartirla.

Todavía hace dos años se escribía «Ato a la "clase" de religión*, encabezando

con grandes titulares una revista de la diócesis, como opinión de 3.500

universitarias. La cifra se queda corta: opina de Igual forma una muy crecida

mayoría de los estudiantes, que la Incluyen burlonamente con las antes

recordadas, en la designación global de *lás tres martas*.

Existe una anarquía en su impartíción Y, en el mejor de los casos, la

obligatoriedad, no efectiva, por otra parte, en la práctica, y el sometimiento a

alguna prueba, por formularia que fuere, han sido repudiados por todos y

esquivados los cursos en su orden regular, porque pueden seguirse con plena

libertad en la distribución del ´Curriculum». Se hacía posible asi llegar al

final de los estudios sin haber pasado por ellos y quedar pendiente lo concesión

del titulo académico hasta el paso por un sedicente «examen* o requisito menor.

No cuenta al discurrir sobre elfo la buena voluntad del profesor para resolver

situaciones extremas, porque prima, sobre todo, la evidencia de.que esta

posición peyorativa no es. la más adecuada a la dignidad de la enseñanza.

Cuando el clérigo, secular o religioso, se distingue por la elevación de sus

lecciones, es comprobado, sin que el error de- fondo desaparezca, que el

auditorio se incremente, y con la comprensión de aquél se suaviza el trance,

limitando la exigencia a la mera- presencia en las aulas. Ha habido, en efecto.

Universidad que elevó el rango de la enseñanza, recabando para su dictado a una

Ilustre figura . de la diócesis y con tal éxito que sus lecciones contaron con

una masiva asistencia´ de alumnos y una selecta presencia de personas de ía

ciudad, atraídas por e! interés de aquéllas. Todo ello da la medida de la doble

exigencia que reclama la enseñanza: carácter expresamente optativo, más

justificable después del pluralismo religioso existente, aunque se salve con

expresa» dispensas, y muy- cuidada selección del profesorado.

Discurriendo así, todo planteamiento futuro deberla girar en torno a dar

categoría y dignidad a la enseñanza y a su magisterio, y pienso que seria un

buen medio de conseguir algo positivo la creación en las Universidades de un

Departamento de Ciencias Teológicas, sin adscripción a una Facultad determinada,

sino centrado directamente en el Rectorado, con la estructura profesoral que la

legislación vigente asigna a aquellos ´órganos de las facultades y ta. actividad

docente representada, en lo esencial, por la Impartlcíón de cursos generales de

Teología y especiales de Deontologia, acomodados particularmente éstos a la

naturaleza de cada Facultad o Centro de Enseñanza Superior. Los primeros hablan

de ser voluntarlos para los alumnos y con sólo exigencia de escolaridad en los

de Deontologia. El rango profesoral se asegurarla, en cada uno de los niveles,

por la misma vía que en cualquier otra disciplina académica, sin más diferencia

que la de exigirse el grado de doctor o licenciado, según el caso, en Ciencias

Teológicas o Sagradas Escrituras, conferido por alguna Universidad o Facultad de

la Iglesia, aparte de.las formalidades eclesiales que procedieran para ser

candidato.

Lo fundamental en el Departamento habría de ser. la Teología, científicamente

tratada, con el carácter plenamente voluntario que se le asigna. Reflexionar

sobre principios fundamentales de Deontologia profesional es siempre atención

que a todos obliga, sin contar con que para determinadas profesiones adquiere

relieve singular. El hecho de fijar para ellos una exigencia de escolaridad no

es incongruente con el defecto que se subsana porque, de una parte, el tema

interesa siempre y habría de ser uri curso recortado en contenido y duración y,

de otra, el nivel que alcanza un profesorado sometido en su selección a las

mismas normas que los demás universitarios es garantía de saber y

responsabilidad y, por ello, de una actuación que pueda atraer el interés del

estudiante y fijar su atención.

Durante mi larga vida académica he cuidado la ´seriedad de la •enseñanza con

desvelad» preocupación y la he seguido bien o regular —mis discípulos lo dirán,

mal no lo pienso—; pero siempre con un profundo sentido de responsabilidad, que

me hace repudiar cualquier magisterio universitario ejercldo sin atención

predominante, con ligereza o con abuso de cualquier tipo. Si ésto es asi para mi

de modo general, no es de extrañar el manifiesto Interés por una enseñanza digna

de los principios teológicos, que excede en significación y trascendencia a la

que alcanza cualquier otro orden de estudio, a pesar de lo que valora cada

profesor •la Importancia de su asignatura*.

En esta misma linea de pensamiento, propicié, cuando estuvo a mi alcance,´ que

ios estudiantes en el tránsito del grado medio al superior, completaran la

enseñanza religiosa adquirida en aquél con una adecuada formación en la doctrina

social de la Iglesia, a través de unas lecciones doctrinales que hicieran

conocer a. los jovenes las directrices de nuestros Pontificas en el acontecer

sociológico de los den años últimos. Asi, en ei marco de la Religión, como

disciplina preestablecida en´ la enseñanza media, se situó la -Doctrina social

católica», que, al decir de Pío XII, -no es sino la aplicación del Dogma y de la

Moral a los problemas sociales».

Con este complemento logrado, que estimaba de singular interés, si era dirigido

con saber y honestidad, yo vela en la Incorporación de la Teología a ¡os

estudios universitarios, en prima y elemental consideración, el más digno remate

de unas enseñanzas que a nivel medio podían haber dejado en su ¡tripartición un

recuerdo de insolidez, poco adecuado a la noble apetencia de razonamiento e

Interpretación con que a esa edad se abra el juvenil espíritu Inquisitivo, y de

forma más plena y trascendente, el explícito reconocimiento de lo que significa

la introducción en la-Universidad de los estudios teológicos, sin los cuales

quedarían faltos de integración en su. cuadro aquellos saberes básicos que ésta

• ha de estar en condiciones de impartir, en un esquema de formación humanística

completa. No de otra forma lo entienden las principales Universidades europeas,

en las que la Teología se cursa a todo honor, dirigida por maestros dé cualquier

cónfesíonalidad.

Inspirado en estos criterios y con el lúcido asesoramiento de bien calificados

obispos, planteé, cuando estuve en circunstancias de hacerlo, la ordenación de

los estudios teológicos en la Universidad, de acuerdo con el condicionamiento

más arriba expuesto; pero no todo sale como se proyecta cuándo no basta la

propia voluntad. Opiniones respetables que han de ser solidarias para el logro

y, sobre todo. - circunstancias externas condicionantes, interfieren

desafortunadamente, no pocas veces. los meiores propósitos, aun superiormente

auspiciados. Ási ocurrió con los que yo abrigaba, y es todavía más sensible" que

no faltaran torpes conflictos clericales´ coadyuvando indirectamente á que la

estructurada ordenación quedara diferida a nuevas oportunidades, no alcanzables

ya para mi. Lo recuerdo en la coyuntura de hoy porque esta- presencia efectiva

de la Teología en la Universídad continúa siendo, a mi entender, tan deseable

como posible.

Manuel LORA TAMAYO

 

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