Autor: Serrano Suñer, Ramón. 
   Iglesia-Estado     
 
 ABC.    17/02/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Fuente: ABC MADRID Fecha: 17-02-1977 Página 3

EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA, SOCIEDAD ANÓNIMA MADRID ABC REDACCIÓN,

ADMINISTRACIÓN Y TALLERES: SERRANO, 61 – MADRID FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO

LUGA DE TENA IGLESIA-ESTADO

EL problema .de las relaciones entre el Estado y la Iglesia católica no estaba

ciertamente prejuzgado cuando tuvo lugar el Alzamiento militar el 18 de Julio de

1936. En principio, la seblevación ni siquiera Impugnaba la Constitución

política vigente, aunque pronto se puso de relieve que si.bien las fuerzas

militares dirigían su ofensiva contra el desorden, del que hacían responsable

al. Gobierno del Frente Popular, la mayor parte del voluntariado adherido a

ellas propugnaba medidas de reivindicación o de franca repudiación, en busca de

un Estado diferente al democrático establecido por Ja República, e incluso al

liberal que estableció la Restauración monárquica de 1875. Pero esto de ninguna

manera quiere decir que sobre materia confesional estuvieran acordes todas las

voluntades. El falangismo. no contaba, entre sus perspectivas, con la

restauración de la^confesionalidad del Estado y de la reivindicación de una

religión oficial que sirviera de amalgama a la unidad de la nación. Se puede

decir que los carlistas sí buscaban ese acomodo, y sin duda se acercaban a los

doctrinarios monárquicos de Acción Española.

José Antonio,. para la primera Falange —F. E.— había escrito: * Aspecto

´predominante en lo espiritual es lo religioso. Ningún hombre puede´ dejar de

formularse las eternas preguntas sobre la vida y la muerte, sobre la creación y

el más allá. A estas preguntas no se puede contestar con evasivas;-´hay que

contestar con la afirmación o la negación. España contestó siempre con la

afirmación católica. La interpretación católica de la ´vida es, en primer tugar,

la verdadera, pero es, además, históricamente, la española. Por un sentido de

catolicidad y universalidad ganó España al mar y a la barbarie continentes

desconocidos. Los ganó para incorporar a los que los habitaban a una empresa

universal de salvación.

Pero ésa formulación un tanto ensayista no servía para un programa político, por

lo que -luego, en el ´programa de F. E. y de las J. O, N. S. —la segunda

Falange—, en uno de los puntos iniciales se resuelve en estos términos el

problema religioso: ´Nuestro Movimiento Incorpora el sentido católico —de

gloriosa tradición y predominante en España— a la reconstrucción nacional. La

Iglesia y el Estado concordarán sus facultades respectivas, sin que se admita

intromisión ni actividad alguna que menoscabe la dignidad del Estado o la

Integridad nacional.* Con esta fórmula se obtenía una exposición más clara y.

señalaba el principio^ de la separación de la Iglesia y el Estado con nitidez. .

En textos posteriores dé José Antonio y en todos .los de Ledesma fiamos, la

confesionalidad del Estado se niega. Pero nadie la negó con tanta energía como

Onésimo Redondo, ´que era de todos los falangistas el más ligado a las

organizaciones católicas,´ ya que pertenecía a la A.C.N.D.P., dirigida por.

Ángel Herrera. Pues bien, en su libró «El Estado nacional*, página 46, puede

leerse, al inspirar la legislación del Estado en la moral católica», per no

elevar a la Iglesia ´al plano del Poder, concediéndole, por ejemplo, el derecho

de veto en materia cultural y docente y otros privilegios de exclusiva religiosa

en todos los campos. En rigor, el cambio de criterio o. la inclinación del

Estado al confesionalismo más generoso la provocó, en buena parte, la República

con su actitud. • No se puede olvidar que la República rebasó con el atropello y

la persecución todos los limites de la teórica neutralidad laica del Estado, con

toda clase de medidas persecutorias y mortificantes para 7qs fieles. Esto ´es un

hecho cierto y terrible, aunque también sea cierto que parte de la Iglesia

recibiera a la República en un ambiente de recelo e incluso de hostilidad, con

modos que ya se habían conocido durante las situaciones liberales del siglo XIX.

A lo largo de los meses transcurridos entre las elecciones de febrero y el 18 de

Julio de 1936, las masas revolucionarias´ habían expresado a la vez un

anticlericalismo anacrónico y violentó que recordaba los antiguos motines con no

pocos sacrificios personales y multitud de profanaciones de templos, con saqueos

e Incendios. Ante esa situación intolerable, la Iglesia empavorecida reaccionó —

salvo contadas excepciones—, considerando el Alzamiento militar como un escudo

protector y como:-una Cruzada. Esta calificación que algunas personas rigurosas

consideraban impropia brotó de ´los labios o de las plumas de los obispos en su

declaración pastoral, en su Carta colectiva de 1 de julio de 1937, que fue la

legitimación del Alzamiento militar desde el punto de vista religioso. Las

bendicioné de locales, de banderas y de unidades de combate, la multiplicación

de capellanes de campaña, la recepción bajo pallo de autoridades, la presencia

de Jerarquías eclesiásticas en actos públicos de carácter civil o castrense y la

estrecha colaboración con los nacientes y rudimentarios intrumentos de la

Administración fueron sus naturales consecuencias. (En un discurso que pronuncié

en Burgos, recordando aquellos tiempos, dije que el capitán genera/ de aquella

reglón militar se manifestaba con una oratoria eclesial, mientras que e¡ bizarro

arzobispo, conde de Castro Alonso, se distinguía por. su oratoria enérgica y de

tono castrense.)

Cuando terminó la guerra puede decirse que el Estado había devuelto ya a la

iglesia todos los fueros ..y privilegios que el más exigente de los Nuncios efe

Roma podía desear para obtener los mayores beneficios en un concordato. No tiene

duda que la Iglesia quería entonces un Estado íntegramente católico, y_ por eso

el perfil del Movimiento nacional, con la Incorporación del programa de las

masas falangistas al. nuevo régimen —masas en las que- no faltaban elementos

anticlericales celosos del fuero totalitario del Estado—, despertaría entre

ciertas dignidades eclesiásticas manifestaciones de reserva e- Incluso de

condena.

Ramón SERRANO SUÑER

hablar de la posición religiosa del naciónalismo, lo: siguiente: «... debe

empezar por eliminar francamente uno de los afanes parciales, divisorios,

antipatrióticos, de la masonería hoy dominante: la persecución religiosa. Pero

también por ser totalitario, por no representar a ninguna fracción religiosa,

aunque ésta sea mayoritaria como la católica en España, el nacionalismo, que es

hoy la aspiración y será mañana la encarnación única del Estado español, no

tiene por qué ser un movimiento dedicado a defender a la Religión; no puede ser

confesional en la lucha, sin perjuicio de lo que la nación quiera en el

triunfo.* Esta última frase es sibilina, pero a ella siguen otras en. que se

convoca al movimiento nacionalista a los neutros, a los indiferentes y

descreídos, con tal que no lleven ocultas intenciones persecutorias. No será,

pues, exagerado deducir, a pesar de. algunas expresiones ambiguas del texto que

hizo suyo la Falange de las J. O. N.S., que el principio de la confesionalidad

rigurosa no se aceptaba y, en cambio, el de la separación concordada de la

Iglesia y el Estado se afirmaba plenamente.

En el pensamiento de los falangistas se daban, claro es, muchos matices, pero en

general el principio de la aconfeslonalidad se mantuvo y hasta se exacerbó en

los comienzos de la guerra, entre otros motivos, por oposición al

confesionalismo de los grupos rivales a que me he referido. Por otra parte, en

el Ejercito los confesionales tampoco eran mayoría. Mola, en el discurso que

pronunció el 29 de enero de 1937, en relación con este tema, dijo textualmente:

•Somos católicos, pero respetamos las creencias religiosas de los que no lo son.

Entendemos que la Iglesia debe quedar separada del Estado, porque así conviene a

aquélla ya éste, pero entendemos, también, que esta separación no Implica

divorcio.

Actividad legislativa en materia religiosa.—Cuando en la legislación.del primer

Gobierno (1938) sé dictaron disposiciones privilegiando a´ la Iglesia y

derogando todas las leyes laicas de la República, no dejaron de registrarse

manifestaciones de descontento entre algunos grupos, falangistas que aceptaban

 

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