Carta cristiana del cardenal Tarancón. 
 "Una auténtica democracia debe respetar los derechos de las minorías"     
 
 Ya.    12/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Carta cristiana del cardenal Jaranean

"Una auténtica democracia debe respetar los derechos de las minorías1´

«Es una gravísima responsabilidad de los «triunfadores» en las elecciones

procurar una forma social y política que responda a las verdaderas necesidades y

exigencias de todos los españoles»

E| cardenal Tarancón publica en "Iglesia" en Madrid" su segunda carta, bajo el

titulo "Un futuro de todos y para todos". He aquí el texto íntegro:

PARTAMOS de un principio inconcuso: Nuestro pueblo es actual-mente pluralista.

Creo que todos estaremos plenamente convencidos de ello, porque la realidad nos

está presentando esta verdad con caracteres de axioma.

Incluso en el aspecto religioso es evidente el pluralismo. Prescindiendo de la

existencia de otras confesiones religiosas que pueden tener más o menos

influencia en sectores minoritarios del pueblo, es evidente que la fe católica

según el magisterio de la Iglesia no es, prácticamente, la orientación de todos—

quizá ni de la inmensa mayoría—de los españoles, aunque siga siendo nuestro

Estado confesional teóricamente.

La libertad, un principio para todos

Es evidente, pues, que ninguna tendencia—ni política, ni económica, ni social,

ni incluso religiosa—puede imponerse socialmente. La. Iglesia ya ha proclamado

públicamente el principio de la libertad religiosa en el ordenamiento civil—y

quiere ser fiel al mismo—y sería necesario que todas las tendencias admitiesen

también como principio esa libertad en todo lo que no se oponga al bien común de

la sociedad "que es—según dice el Concilio—la suma de aquellas condiciones de la

vida social mediante las cuales los hombres—todos los hombree que la integran—

pueden conseguir con mayor plenitud y facilidad su .propia perfección" y que

"consiste primordialmente en el respeto de los derechos y deberes de la persona

humana".

Es natural que los distintos partidos políticos presenten programas diversos

para lograr ese bien común. Es lógico que ante las elecciones aparezcan

tendencias pluriformes y algunas hasta contrarias, para despertar la conciencia

y ganar el voto de las distintas clases sociales.

Pero es necesario—en estas primeras elecciones, al menos—que loe dirigentes y

propagandistas tengan la suficiente sensatez para no embarullar al pueblo, que

ni ha recibido hasta ahora una formación adecuada para que haya madurado su

juicio sobre muchos problemas, ni tiene la experiencia de esas confrontaciones

políticas.

Limar antagonismos

Es indispensable, además, que se limen lo más posible los antagonismos que

podrian exacerbar las pasiones y que se eviten aquellos temas que necesariamente

han de producir conmociones—quizá heridas en la conciencia de muchos—que

alterarían la serenidad tan conveniente ahora y -podrían provocar de nuevo, la

radicalización de posturas y aun el recuerdo de la división entre unos y otros

españolee por razones ajenas a la misma convivencia social.

Sea cual fuere el resultado de estas elecciones, es una gravísima

responsabilidad de los "triunfadores" el procurar que en las Cortes se

estructure una forma de vida social y política que responda, no a los intereses

de loa que por ser mayoría tengan la posibilidad de imponerse, sino a las

verdaderas necesidades y exigencias de todos los españoles.

Han tenido poca vigencia las distintas constituciones españolas. ¿Será porque,

en vez de pretender hacerlas para todos, han pretendido hacer su Constitución

los que tenían el poder, exigiendo que todos los demás entrasen por el cauce que

ellos imponían?

Los derechos de las minorías

BIEN sé que en las democracias rige la ley de la mayoría» Pero una auténtica

democracia ha de tener en cuenta y respetar los derechos de la distintas

minorías y ha de procurar que sea el diálogo y no la discusión—que fácilmente

degenera en violencia—el que consiga una plataforma lo bastante unitaria para

que exista orden •• y paz, pero lo suficiente amplia para recoger los anhelos y

las necesidades de todos los miembros de la sociedad.

Yo comprendo que esa postura de madurez y de responsabilidad no puede pedirse a

todos. Pero ¿sería excesivo pedirla a quienes ostenten un cargo de dirección en

los partidos políticos o los que representen, después de las elecciones, a las

distintas tendencias que realmente existen en nuestro pueblo? .

Nuestro pueblo—en su inmensa mayoría—ha dado pruebas de que «stá por la

moderación, por la convivencia en orden y en paz. Sería una tragedia que los

"responsables" no supiesen encauzar ese., buen deseo del pueblo" para conseguir

un- futuro de todos ios españolea y para todos los españoles.

 

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