Los obispos de Colombia, terminantes. 
 Denuncian la interpretación marxista de la sagrada escritura     
 
 El Alcázar.    10/02/1977.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Los Obispos de Colombia, terminantes

DENUNCIAN LA INTERPRETACIÓN MARXISTA DE LA SAGRADA ESCRITURA

Ya hemos publicado un "El Alcázar" otros textos del documento, precioso y

preciso, quo los Obispos Colombianos han dado a la publicidad, bajo oí lítalo do

"Identidad Cristiana en la acción por la Justicia". Por su interés ofrecemos hoy

el capítulo XV do oso documento, qao osla difundiendo on España la agencia

"Europa Press".

Profanación* de la Palabra de Dios.

Interpretar de manera abusiva la Sagrada Escritura e inetrumentalizarlá

caprichosamente para la concientización marxiste es un rompimiento consciente y

libre de la comunión eclesial y comporta pavísima profanación de la Palabra de

Dios. El verdadero creyente, con cuanta mayor razón el sacerdote, sabe que "el

oficio de interpretar auténticamente- la Palabra de Dios, oral y escrita, ha

sido encomendado únicamente al Magisterio de la Iglesia, el cual lo ejercita en

nombre de Jesucristo" (D.V. 10).

En idéntico sentido Pablo VI denuncia la temeridad con la que proceden quienes

"provocan desconcierto en toda la comunidad eclesial, introduciendo en ella el

fruto de teorías dialécticas ejenas al espíritu de Cristo; utilizando las

palabras del Evangelio, alteran su significado".

Enseñanza que reitera en la Exhortación Apostólica

"Eyangelii Nuntiandi cuando al insistir en el contenido de la verdadera

liberación y en la necesidad de superar ambigüedades expresa que: "...la Iglesia

está plenamente convencida de que toda liberación temporal toda liberación

política ^por más que ésta se esfuerce en encontrar su justificación en tal o

cual pagina del Antiguo o del Nuevo Testamento por más que acuda, para sus

postulados ideológicos y sus normas de acción, a la autoridad de los datos y

conclusiones teológicas: por más que pretenda ser la teología de hoy— lleva

dentro de sí misma el germen de su propia negación y decae del ideal que ella

misma se propone, desde el momento en que sus motivaciones profundas no son las

de la justicia* en la caridad, ´la fuerza interior que la mueve no entraña una

dimensión verdaderamente espiritual y su objetivo final no es la salvación y

felicidad de Dios" (E.N. 35).

¿Un nuevo Jesucristo?

, Cristo es presentado en algunos escritos de estos grupos o personas como el

"subversivo de Nazaret". Habría venido como un "zelote" a instaurar su Reino en

forma violenta con la espada (Mt. 10,34), Reino que los violentos conquistarían

(Mt 11,12). Un signo del advenimiento de la revolución sería el episodio del

Señor en el Templo cuando fustiga a los explotadores (Jo. 2,13:16). Después de

desafiar a los poderosos, a causa de su actividad rebelde muere condenado por

los grandes de su tiempo. La Cruz es vaciada así de su valor redentor para

convertirse en símbolo de subversión y de lucha de clases. Estos errores de

interpretación ya vicios, presentados ahora, inexplicablemente con el manto de

novedosos^ carecen de seria fundamentación científica.

Como también la conciencia de los fieles, casi instintivamente, reacciona contra

esta falsificación, algunos han puesto en circulación otro tipo de

interpretación Histológica más matizada quizá, pero que ofrece insalvables

dificultades. Aceptan que Cristo no fue caudillo de un grupo "zelote"

revolucionario, pero su modalidad de presencia y de compromiso político debe ser

inspiración central para la revolución en curso. En su vida mortal su rebeldía

fue a la vez religiosa y política. Encabezó la única subversión posible en su

tiempo: la que tenía por objeto el agrietamiento de los poderes religiosos

confabulados con la {dominación romana. Pero muestra el camino abierto para

otras subversiones posibles en el momento actual. Si Cristo no hubiera estado

políticamente comprometido, ¿habría muerto en la, Cruz del Gólgota?.

Jesucrito, según estas tesis, vivió para las clases oprimidas, como "el ser para

los demás" contra los opresores. Pero pasan por alto su acercamiento y encuentro

con personas pertenecientes a las distintas clases sociales de su época, algunas

despreciadas, como era el caso de los publícanos a cuya mesa sementaba, y de los

cuales llamó a algunos a su inmediato seguimiento, incluso hasta convertirlos en

discípulos. E igualmente olvidan qué las acusaciones fundamentales contra El no

fueron políticas; y las que se adujeron en esta línea política son presentadas

por los Evangelistas como falsos testimonios (cfr. Mt. 26, 49-66, 27, 22-24; Me;

14, 55-65; 15, 12-14; -Le; 23, 4-22; Jo. 18, 33-40).

No es el Cristo de la historia y de. la fe.

Ya se trate del Cristo "zelote" o revolucionario, ya del Cristo políticamente

comprometido, en la forma en que suelen presentarlo, no es el Cristo que se

manifestó realmente en la Historia como la interpreta la Iglesia, el Cristo en

el cual creemos. Una cosa es aceptar que su mensaje de amor universal tiene

repercusiones sociales y políticas de extraordinario alcance y profundidad, otra

muy distinta convertirlo en Mesías terrenal.

Para quien lee desprevenidamente la historia evangélica aparece sin sombra de

duda que muchos de sus contemporáneos quedaron perplejos por el carácter

específicamente religioso que. Cristo dio a su persona y a su obra. Ninguna

pompa exterior, ausencia total de preocupaciones políticas, ni una palabra

contra el ocupante extranjero, ni alusión alguna a proyectos de revolución o

liberación temporal.

No es el puño endurecido el que agita Jesús desde el madero, como lo presentan

algunos gráficos, sino,.el "Siervo de Yavé", que invita, comprende, perdona,

reconcilia con el Padre a todos los hombres, por cuya causa, vive, muere y

resucita. Cuando profesamos nuestra fe en Jesucristo lo proclamamos como el

único Señor, viviente, actuante, por quien vale la pena vivir y morir (Rm. 14,8)

lo reconocemos como el único Mediador y Salvador (Hch; 4,12) Cristo no es una

consigna de lucha, de reivindicaciones, aun legítimas, de fraternidad, sino la

plenitud de la Divinidad, (Col 2,9) que habita entre nosotros fEf. 3,17) en

quien vivimos, nos movemos y existimos (Hch, 17, 28).

La adulteración antes descrita de la persona de Cristo comporta necesariamente

la más crasa secularización del mensaje cristiano: "Para unos el compromiso de

las liberaciones políticas,´ culturales o sociales del momento tiene prioridad

sobre la iniciativa divina; Encierran la salvación en el marco de las luchas

individuales o colectivas en favor de la promoción humana. El resultado es que

la fidelidad cristiana se reduce a alianzas políticas, a estrategias

partidistas, y a objetivos que se refieren a la toma de poder; Esta

secularización del mensaje cristiano hace que éste se reduzca a valores

culturales y a ideologías socioeconómicas. Cristo, considerado sólo como

paradigma moral o únicamente bajo el aspecto de su solidaridad Con los pobres,

pasa a desempeñar simplemente un papel de garantía o de referencia para una

causa o para la lucha de una clase social. De hecho, no se recurre a Cristo sino

para dar valor a una toma de posición política o para ganarse el favor de la

opinión cristiana".

Consecuencias: otra Iglesia, otra fe.

Un Cristo interpretado en clave revolucionaria o política lleva necesariamente a

concebir la Iglesia, que lo prolonga sacramentalmente con su misión

evangelizadora, de la misma manera. Por otra parte una Iglesia entendida como

unidad proletaria.

 

< Volver