Los movimientos seglares     
 
 Arriba.    19/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LOS MOVIMIENTOS SEGLARES

Treinta y un obispos se han reunido para estudiar a fondo la situación de los

movimientos del apostolado seglar en España. No es cosa banal el tema, aunque

pueda parece>-lo a primera vista. Conviene saber que uno de los factores más

decisivos de conciencia crítica en lo social y de avance en la evolución de los

comportamientos cristianos ante la realidad política y religiosa de nuestra

patria ha sido la implantación de los movimientos especializados de la Acción

Católica, a caballo entre los años cuarenta y cincuenta.

Nacían entonces, inspirados en la famosa JOC belga del mítico monseñor Cardijn,

la JOAC y la HOAC. Sus métodos de estudio y de acción fueron revolucionarios.

Recordemos su estilo de encuesta participada (ver el problema, juzgarlo, decidir

una actuación), sus cursillos apostólicos, su incisivo boletín «Tú»...

Realizaciones todas ellas que, por el campo en el que se movían y por elespecial

momento religioso y político, adquirieron un matiz de plataformas críticas, con

un riesgo evidente de excesivo temporalismo. De ellas salieron más tarde una

serie de líderes políticos. Es el caso, por ejemplo, de Felipe González.

Si los movimientos católicos tuvieron una profunda significación, con un balance

positivo, también cabe" pensar que los Graduados de Acción Católica

constituyeron un importante factor renovador y fértil en la Iglesia española. La

figura de Enrique Miret Magdalena, auspiciador también de un cristianismo en

punta, desmitificador a través de sus artículos de Prensa, es decisiva dentro

del referido movimiento.

La revista juvenil «Signo», que abandonó en los primeros años 50 el tono

triunfalista y descarnado de la Acción Católica de posguerra para pasar a ser el

órgano de una juventud inquieta que ya reclamaba el derecho a decir su palabra,

junto con el órgano oficial de la AC, «Ecclesia», única publicación libre de

censura, constituyeron una muestra evidente de vitalidad, con muchos aciertos y

algunos errores sin duda.

Una década más tarde, la jerarquía eclesiástica dominante entonces, con monseñor

Morci^ lio a la cabeza, entendió que se había ido demasiado lejos y des.

articuló de un plumazo los cuadros dirigentes y la revista «Signo». Fue,

posiblemente, un golpe mortal. Y todo por un punto de exceso en las posiciones

críticas y en la preocupación por lo social y un avance de «conciliarismo» (en

actitudes que más tarde serían, incluso, superadas en el Vaticano II).

El ímpetu y el idealismo, el espíritu militante, peregrinante y combativo de

veinte años, se venia abajo.

Pero ya tiempo atrás habían comenzado las deserciones, acaso consecuentes con

las nuevas realidades sociológicas de nuestro país. Habían surgido los

institutos seculares, refugio de vocaciones tardías o de anhelos de

perfeccionamiento personal en los que esto podía concitarse con una permanencia

en el mundo y el trabajo. También, los cursillos de cristiandad, que de medio o

instrumento se convirtió en movimiento autónomo, un tanto emocional y

desgarrado. Muchos decidieron entregarse a la lucha en las organizaciones

obreras. Los más conservadores, desengañados, se pasaron a las cofradías u otras

organizaciones pías. Bastantes abandonaron todo contacto con la militancia

activa y otros mostraron su complacencia ante alguna nueva organización

religiosa de un catolicismo brillante.

La Acción Católica había muerto, pero después de dar a luz i fértiles

posibilidades y haber en,

tregado a otras agrupaciones lo mejor de sus cuadros.

Y nos referimos con preferencia a la AC, por ser ésta la organización clave del

apostolado seglar, fundada por un Papa y predilecta de la Iglesia. La

trayectoria de otras asociaciones de este tipo ha sido, más o menos, paralela.

Lo que ha quedado del apostolado seglar en España ha sido una actividad

residual, con algunos hechos meritorios aisla, dos.

 

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