"Ni clericalismos ni anticlericalismos en el futuro de España"  :   
 El cardenal Tarancón reitera el deseo de la Iglesia de permanecer al margen de las contiendas de partido. 
 ABC.    26/03/1977.  Página: 24. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

ABC. -SÁBADO 26 DE MARZO DE 1977,

la Iglesia en el mundo de hoy

«NI CLERICALISMOS NI ANTICLERICALISMOS EN EL FUTURO DE ESPARA»

El cardenal Tarancón reitera el deseo de la Iglesia de permanecer al margen

de las contiendas de partido

El cardenal. Tarancón —que ayer celebró en la Intimidad el treinta y un

aniversario de su consagración episcopal— dedica esta semana su tercera carta al

´tema «Un futuro de todos y para todos.» En ella regresa al análisis dé la

postura de la Iglesia ante la situación española actual y escribe:

«La Iglesia quiere permanecer al margen de las contiendas estrictamente

políticas. No quiere tomar parte en la lucha por el Poder. Es ésta una voluntad

clara, firme, -que se apoya en el Evangelio y. que tiene en los momentos

actuales de nuestra patria una inexcusable aplicación.

El hecho de que en otras ocasiones la Iglesia juzgase conveniente tomar postura

en situaciones políticas no empece lo más mínimo para que en este momento

histórico, después del Concilio Vaticano II. y dada la psicología del hombre

moderno, Queramos,- los que tenemos responsabilidad en la Iglesia, fijar

claramente nuestra postura independiente de toda lucha política, aunque

reconocemos el deber que tenemos respecto al bienestar y a la convivencia

pacifica de nuestros hermanos españoles.

Esta postura de la Iglesia exige de todos —de los católicos prácticos y de los

católicos de nombre, de los creyentes y de los no-creyentes— comprensión y

respeto. Y exige de los políticos ´una postura similar para*que no arrastren a

la Iglesia, o al cristianismo, a campos que no quiere Invadir.

Defender posturas políticas concretas por razones religiosas o introducir

cuestiones religiosas en las contiendas políticas sería pernicioso en estos

momentos y podría obligar a la Iglesia a intervenir: intervención que. por muy

sensata eme fuese, podría considerarse siempre por algunos de carácter política

e incluso podría tener consecuencias políticas. Y esto no lo quiere !a Iglesia

ni deben fomentarlo los que se 11amen cristianos o los que quieren tener

liderazgos políticos, a los que se debe pedir una madurez que les obligue´ a

evitar todo peligro de enfrentamiento radical y de antagonismos excluyentes.

Demasiadas veces, a lo largo de la Historia de España, se han polarizado las

posturas alrededor del hecho religioso —eran otras las circunstancias, es

verdad, y era muy distinta la cultura y la psicología de la mayor parte de los

españoles— con perjuicio para la convivencia social y aun para la misma Iglesia,

que ha visto cómo algunos de sus hijos se alejaban de ella por razones humanas y

cómo alguna clase social recelaba de ella por idénticos motivos.

Si en otras ocasiones podía estar más o menos justificada esa postura de la

Iglesia —aún ahora son bastantes los que desearían una Intervención directa de

la Iglesia en ese campo— no lo estaría en los momentos presentes, en los que el

clima social ha cambiado muy notablemente.

Pero es Indispensable para conseguir esa finalidad y para fomentar la unidad

civil de todos los españoles que los políticos superen también ideologías y

posturas antiguas que hoy no tienen vigencia.

Ha sido proverbial el «anticlericalismo» de algunos sectores en España; quizá

como reacción contra el «clericalismo» que pretendía invadir esferas que no le

son propias.

Y ha sido frecuente también afirmar que se deseaba servir a la Iglesia cuando en

realidad pretendían servirse de ella, de la gran fuerza social que ésta ha

tenido siempre en nuestra patria.

Es necesario que en estos momentos Juguemos todos limpio y extrememos la hon Los

problemas político» han de plantearse y resolverse libremente por los

ciudadanos, en conformidad, claro está, con sus convicciones y con su concepto

del hombre. Los cristianos que actúan en política tendrán el deber de proclamar

la trascendencia del hombre y de defender los derechos de la persona humana que

ésta ha recibido de Dios.

Pero sin valerse de. la fuerza de la Iglesia para reforzar sus actitudes

políticas o sin servirse, otros, de la política para aherrojar a la Iglesia.

La Iglesia se contenta, como ha recordado el Papa dirigiéndose a nuestro Bey,

con «espacios de libertad» suficientes para proclamar sin cortapisas su mensaje

—el de Cristo— -y para cumplir su misión de conciencia crítica de la sociedad.

Sin apoyarse en el poder humano, sin privilegios, sin hegemonías que no" le

correspondan.

La Iglesia puede exigir, en cambio, a los políticos que defiendan esos espacios

de libertad sin coartarla excesivamente con sus exigencias indebidas o con sus

ataques injustos.

La Iglesia podrá ser entonces un elemento muy valioso para preparar ese futuro

de todos los españoles para todos los españoles.»

 

< Volver