Autor: Doctoral de Toledo. 
   El matrimonio civil     
 
 El Alcázar.    26/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

EL MATRIMONIO CIVIL

Por el Doctoral de Toledo

EN el matrimonio civil de los no bautizados, con la forma de su celebración,

subsiste inquebrantable el vínculo conyugal que hubiere sido válido el

matrimonio. Pero tenernos el ineludible deber de comenzar esta colaboración,

llamando la atención sobre el abuso del poder, que supone la norma meramente

civil del matrimonio —como único— reconocido en bástanles países por el .Estado.

Podrá el Estado establecer impedimentos —impedíanles o invalidantés— del

matrimonio dé los no bautizados, siempre de confirmidad con el derecho natural.

Nunca empero, podrá disolver el vínculo del matrimonio válidamente celebrado,

aunque este no hubiese sido consumado. Tampoco el Estado es auténtico intérprete

del Derechos Natural, por el cual se rige el contrato matrimonial; lo es, sí, la

Suprema Autoridad de la Iglesia, la cual declara cuando el Derecho Divino impide

o dirime el matrimonio.

Corre por ahí un documento, que podría inducir a error. Establece el canon 1038

del vigente Codex Juris Canonicí:

1) Corresponde exclusivamente & la Suprema Autoridad Eclesiástica el

declarar auténticamente en qué casos el Derecho Divino impide o dirime el

matrimonio.

2) Es derecho también exclusivo dé la misma Autoridad Suprema el

establecer para los bautizados, a maneja de Ley Universal o Particular,

otros impedimentos impedientes o dirimentes del matrimonio.

"Pueden contraer matrimonio todos aquellos, a quienes el derecho no se_ lo

prohibe". "

La´ excepción puede recaer, por el mismo derecho natural, sobre los impotentes —

con impotencia antecedente o concomitante a la celebración del matrimonio—; por

el derecho divino, por ejemplo, a los que tienen hecho votó de castidad

perfecta; y por el derecho- humano a los que, v. grafio, son primos. La ley, que

establece la prohibición, constituye el impedimento.

De aquí lógicamente se deduce, que siendo el matrimonio un contrato bilateral e

indivisible, que ´engendra una obligación recíproca, no podrá haber ja´ más un

matrimonio que sea válido para una sola de las partes, y para la otra inválido.

Por eso sienta el´canon 1036 en su párrafo 3:

Aunque el impedimento afecté solamente a uno de los contrayentes, hace, sin

embargo, o ilícito o inválido, el matrimonio".

Una idea aparece clara en lo que acabamos de reseñar: Todo lo que aparece como

esencial y pertenece al vínculo contractual del matrimonio, así como los

impedimentos dirimentes para contraerlo o a la forma necesaria de su

celebración, y lo mismo hay que afirmar de cuanto pertenezca a las Causas

Matrimoniales, en una palabra, todo cuanto se refiera y diga relación con la

santidad del vínculo conyugal, es de la competencia exclusiva de la Iglesia, por

derecho propio, no por delegación del Estado, ni por el consentimiento de los

Príncipes, sino por disposición de Jesucristo, el Fundador de la Iglesia. La

doctrina contraria aparece condenada por el Tridentino en el canon 4° de la

Sesión XXIV, y en las Proposiciones que van del 67 al 72 del Syllabus, a las que

hay que añadir la Proposición setenta y cuatro.

Con arreglo´a lo que antecede el-, casamiento meramente civil entre dos

cristianos no constituye matrimonio, porque es un mero concubinato legal.

Razones de nuestro aserto son:

Primera: Entre cristianos, cuando no hay sacramento, no hay matrimonio.

Segunda: El matrimonio civil entre cristianos se celebra con el impedimento

dirimente de clandestinidad; ergo, ex defectu formae, es inválido.

Tercera: No es el Estado autoridad competente para legislar sobre el Vínculo

Matrimoniar de los cristianos.

Cuarta: Aunque en aquellos países, que no admitieron el Tridentino, se

consideren como verdaderos sacramentos los matrimonios, celebrados sin la

presencia del sacerdote por dos cristianos,´ ante testigos y en presencia de la

autoridad Civil (siempre que el sacerdote pudiera haber-presidido, la ceremonia,

de haber sido avisado), es un error de tamaño natural, después de la publicación

del Decreto "Ne Temeré", que requiere para la validez la presencia del

sacerdote,. Se excluye el caso, en que por espacio de treinta días fuese

imposible acudir ante el sacerdote.

El Estado, salvo en los efectos civiles del matrimonio, como contrato, no tiene

jurisdicción sobre el matrimonio-sacra-jncnto, celebrado entre dos cristianos.

 

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