Autor: Aradillas, Antonio. 
 La plaza de la democracia. Llegó por fin. 
 El canto del cisne de los tribunales eclesiásticos     
 
 Pueblo.    07/01/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 21. 

Escribe Antonio ARADILLAS

A bombo y platillo, como ejemplarmente conviene en estas cuestiones relacionadas

con la santidad y el testimonio de la Iglesia, se anunció por la autoridad

correspondiente que la archidiócesis de Madríd-Alcalá, de aquí en adelante,

«renunciará al derecho de percepción de ingresos en concepto de costas

judiciales, tal y como se venía haciendo en el tratamiento de las causas

matrimoniales. Dichas costas están establecidas actualmente entre las 20.000

pesetas de las casos de nulidad denominados

como exceptuados —que son los más sencillos y de más ágil resaludan— y las

60.000 del procedimiento plenario de nulidad. Se estima oficialmente que la

archidiócesis dejará de percibir unos quince millones al año por las cuotas

judiciales, confiando la autoridad eclesiástica que las donaciones de los fieles

y de los clientes de los tribunales cubran los gastos de la Curia de Justicia,

en lo que trabajan 56 personas, 36 sacerdotes y 21 laicos, distribuidos en ocho

tribunales».

LLEGO POR FIN EL CANTO DEL CISNE

DE LOS TRIBUNALES ECLESIÁSTICOS

Está expresamente prohibida por el Código la aceptación de limosnas, porque

éstas constituirían un atentado contra la imparcialidad de la justicia

De otra manera se constituiría el pleito en una especie de subasta, con todas

las desventajas que tiene por subasta y por secreta

Con tasas o sin tasas los económicamente bien dotados seguirán consiguiendo la

nulidad matrimonial con más facilidad

El tema y su planteamiento nuevo son importantes y son aún más significativos,

merecedores, por lo tanto, de que volvamos a prestarle atención en las páginas

de este periódico, desde las que hemos formulado denuncias graves que aún no han

podido ser desmentidas. Sólo con la intención de contribuir al perfeccionamiento

de la Islesia-pueblo de ´Dios al servicio del hombre, pretendemos resaltar,

entre otros, los siguientes puntos:

• La aceptación por parte del Tribunal Eclesiástico de donativos por los

litigantes con intereses encontrados y en pugna, difícilmente va a hacer que

los jueces de estos tribunales permanezcan y se comporten con la libertad

e imparcialidad requeridas en la contemplación de las causas, dándose

además ocasión a la legalización de- corrupciones ya denunciadas. No es

procedente la equiparación del caso con los aranceles-limosnas que se perciben

en la administración de los sacramentos, dado que en ésta no hay intereses en

pugna ni la posibilidad de perjudicar a aquel otro litigante que, por

la carencia de medios o por no quererlo así, no decide entregar

donativo-limosna alguna a los Tribunales. El acceso directo al juez eclesiástico

de los donantes, sobre todo cuando éstos son generosos, dificultará en

extremo la imparcialidad requerida para la administración de la justicia.

Estos tribunales no tienen clientes, sino pobres cónyuges litigantes.

Además, representa una antijuridicidad procesal, desde que el Canon 1.624

prohibe expresamente al juez de todos los miembros de los Tribunales

Eclesiásticos el aceptar cualquier clase de regalos con ocasión del

juicio que ha de tramitarse.

• Siempre reconocimos que las tasas judiciales en orden a la

tramitación de las causas de nulidad y separación matrimonial resultaban ser

moderadas y hasta reducidas. Nunca denunciamos la cuantiosidad legal de las

costas establecidas oficialmente, sino la existencia de procedimientos múltiples

para prescindir de ellas, tanto dentro, como fuera de tos tribunales. Me

sobra documentación para demostrarlo y oportunamente hice uso de ella cuando

ésta me fue requerida por el Juzgado civil que contempló la denuncia formulada

contra mi por los jueces eclesiásticos. De parte de esta documentación tiene

constancia, asimismo, la autoridad eclesiástica.

A los litigantes a quienes la tramitación de su causa de separación o de

nulidad les ha ´supuesto una cantidad de pesetas que rebasa más que sobradamente

lo establecido por los Tribunales, lo mismo les da que sean los jueces como los

abogados, como los peritos... quienes los hayan percibido... En definitiva, los

litigantes han tenido que realizar tales dispendios para conseguir una sentencia

en la jurisdicción eclesiástica y que además, se iniciara «en el nombre de Dios,

amén».

• Las denuncias a la Vicaría de Justicia por parte de los litigantes del

incumplimiento de las tasas establecidas para los abogados se hace prácticamente

Innecesaria. A los tribúnales eclesiásticos no se les ocultan tales

irregularidades ni les es difícil describirlas, mientras que los riesgos de los

litigantes son muchos y graves de llegar a formularlas personalmente, temerosos

de que la tramitación de sus causas se les dificulte de no contar con la

colaboración de tales expertos.

• Culpar colegialmente a los abogados, a los procuradores y peritos de encarecer

tan desproporcionadamente los gastos de los tribunales me parece demasiado

arriesgado, grave e incómodo, esperando todos alguna explicación por parte de

estos hombres de leyes, conocedores como nadie de lo que realmente debe hoy

cobrarse, exigentes de que no se rebase lo establecido y celadores profesionales

del bien de la colectividad. De todas formas, como «estos derechos están

sometidos a control de los tribunales eclesiásticos, que tienen establecidas

unas tasas», á éstos les corresponde velar por su cumplimiento, exigirlas o, si

procediere, actualizar tales tasas. Cualquier fallo les seria imputable a estos

organismos de la Iglesia.

AUN MAYORES

Conscientes de la tardanza que especialmente han padecido los pleitos llevados

hasta ahora «por pobreza», es presumible que de aquí en adelante, y hasta que no

cambien radicalmente las personas y los procedimientos, las lentitudes

administrativas serán aún mayores en la administración de la justicia por parte

de la Iglesia. El dinero les servía de estímulo a quienes administraban esa

justicia. Los «incentivos» vigentes en tiempos cercanos lo manifiestan

clamorosamente Si el dinero no les hubiera servido de pingüe «incentivo» a los

jueces eclesiásticos no temeríamos ahora que, de aquí en adelante, su ausencia

vaya a limitarles su capacidad de interés y trabajo...

Me parece bien, pero posiblemente inoportuno, que se aproveche la ocasión de -

la desaparición de las tasas judiciales para urgirles a los fieles cristianos la

conveniencia re1igiosa de contribuir al sostenimiento material de la Iglesia.

Iglesia es y somos todos, y desde esa dinámica y consideración difícilmente se

justificará no sólo las tasas, sino muchos de los procedimientos judiciales

vigentes.

Con tasas y sin tasas, «los económicamente bien dotados podrán seguir,

consiguiendo la separación o la nulidad, matrimoniales con mayor facilidad que

los económicamente mal dotados, lo que no deja de constituir una desdichada

discriminación, de !a que salen perjudicados ios pobres de Cristo. Esto es

anticristiano y antiactual.´ Al aceptar determinados regalos - limosnas— los

tribunales, puede ocurrir que una de las dos partes litigantes paguen lo mismo o

más que la otra, constituyéndose el pleito en una especie de subasta secreta,

con todas las desventajas de la subasta y de lo secreto.

Ya comen tamos en otra ocasión que la creación del Servicio de Acogida y

Orientación Familiar se nos antoja una duplicidad, aunque cargada de buena y

repara dora intención, dado que la función que asume es precisamente la que les

correspondería pastoralmente a los mismos Tribunales Eclesiásticos, si no

quieren homologarse con los tribunales civiles, de los que, por supuesto, deben

distinguirse bastante.

Es presumible que a este servicio se le tache bien pronto de parcial al orientar

sus responsables a los posibles litigantes hacia despachos concretos de

abogados, cuyas cruentas corrientes engordarán con tantas aportaciones nuevas.

Yo publiqué recientemente el caso de un abogado que me ofrecía 200.000 pesetas

por cada caso de nulidad que orientara hacia su despacho.

La pelición a Roma de un tribunal de apelación, dependiente, en definitiva, de

las autoridades eclesiásticas diocesanas de Madrid, soslayaría el control que

ejerce ahora el de la Rota española, que hasta el presente ha dado muestras de

mayor indenpencia y agilidad que los tribunales diocesanos, a los que en

ocasiones les enmiendan la plana. Repetidamente —lo cito a titulo de ejemplo— le

impuso el pago de las costas a ciertos jueces diocesanos por haber sido ellos

indebidamente los causantes.

-Las nuevas medidas proporcionan no pocos elementos para sospechar que en estos

instantes, en los que concordatariamente se debe estar dialogando sobre las

conveniencias de que todas las causas de separación pasen a ser de la

competencia de los tribunales civiles, la proclamación de la gratuidad en los

eclesiásticos pudiera sonar a campaña publicitaria con la que se pretenda

continuar el status actual.

El vicario judicial le manifestó expresamente á un periodista que, de existir

alguna denuncia contra el abuso en las tasas exigidas por los abogados,

intervendría con la descalificación de los mismos. Esto se contrapone con la

praxis inspirada y seguida por él, al urgirles a estos_ litigantes a acudir al

Colegio de Abogados para reclamar por estas tasas cuando son excesivas.

Sinceramente estimamos que estas medidas eclesiásticas llegan con muchos años de

retraso, herida gravemente la fiabilidad de ¡os órganos encargados de

administrar la justicia matrimonial, no por la maledicencia de algunos, sino por

la demostrada incapacidad de quienes tienen la responsabilidad de tal

administración. Una actitud ejemplar y respetuosa de la Iglesia favoreciendo una

ley de divorcio para quienes no acepten la indisolubilidad matrimonial, una

ordenada y convincente catcquesis para que la acepten los cristianos y un deseo

eficaz de suprimir la jurisdicción eclesiástica con efectos civiles sería, a

nuestro modo de ver. la solución que en la actualidad procede darle al grave,

ancho y profundo problema de los conflictos matrimoniales hoy en España.

 

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