Autor: Javierre, José María. 
 Siete días. 
 Quejas, aún, a la Iglesia     
 
 Ya.    29/03/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 16. 

SIETE DÍAS

Quejas, aún, a la Iglesia

EL caballero me escribe indignado. Sospecha que soy anjígo de Alfonso Carlos

Comin. Me envía dos recortes. Uno de "Gaceta Ilustrada", cuya crónica sobre la

reunión madrileña de Cristianos para el Socialismo comienza con este párrafo de

Comin: "No somos ni seremos nunca un partido político, ni estamos al servicio de

ninguno de ellos." El otro con la cabecera de un artículo de "El País", "La

Iglesia española y los derechos humanos", que lleva esta firma: "Alfonso Comín,

miembro del Comité Ejecutivo del Partido Comunista de España y del PSUC". Por si

dudo, el caballero me explica:

"Usted sabrá que las siglas PSUC quieren decir Partido Socialista Unificado de

Cataluña, designación actual del Partido Comunista en Cataluña."

Y el caballero arremete:

"Hace falta cara para que uno de los promotores principales de Cristianos para

el Socialismo diga que no están por ningún partido y al mismo tiempo firme en

otro periódico en calidad de jerarca del PC. Pero a usted sospecho que no le

gustará aclarar estas paradojas."

Caray, qué semana. Al semanario andaluz "Tierras del Sur", donde actualmente

trabajo, una señora me ha enviado un desafío pidiéndome responda ciertas

preguntas rusientes:

"Usted, además de periodista es sacerdote, y todos sabemos que un sacerdote está

condicionado por la obediencia que debe a sus superiores, al obispo, al

provincial o a quien sea. Y si contesta "de" cara" loa superiores le van a

sacudir, ya que la Iglesia católica, al menos en España, continúa acostumbrada a

decir las cosas a medias, con un lenguaje "•discreto" que casi siempre nos deja

a dos velas, sin saber claramente qué camino tomar. A fuerza de -"prudentes"-

nos resultan absolutamente "inservibles". Y por eso andamos quizá los cristianos

de hoy dando tumbos. A este paso cada vez van los curas a tener menos gente

apuntada en sus listas de devotos cumplidores de los preceptos de la Iglesia.

¿Me explico?"

Se explica usted, señora, que es un primor. Le juro que yo, encantando como

estoy de ser cura y periodista, me lo pasaría muy bien .si no fuera • por la

conciencia que tengo de que mucha sencilla gente fabrica su imagen de Dios a

través- da loa elementos que recibe de la predicación y de las actitudes de los

curas. Piensa que Dios

Nuestro Señor arriesgó demasiado permitiendo que los sacerdotes fuéramos una

especie de representantes suyos. Voltaire dijo esto mismo con una frase

ingeniosa, irónica:

"Dios ha hecho aí hombre a su imagen, y el hombre se lo ha pagado con la misma

moneda."

Haciéndose un Dios a su propia, escala. Supongo que frecuentemente el Dios que

los curas a reflejamos no da una imagen digna, merecedora de respeto. Ojalá

consigamos que nuestra presencia no estorbe la relación directa de los creyentes

con el Dios oculto. Quizá le sirva de consuelo saber que ahí tiene planteada la

teología actual una de sus protundas batallas.

La Iglesia en el crisol

EN España percibimos fuertemente el vendaval que sacude a las comunidades

cristianas, porque la evolución ha Sido rápida desde el Concillo a nuestros

días. Y porque además los obispos han tenido que jugar limpiamente sus cartas en

el proceso de la reforma política, cartas que traían lastimosamente marcadas de

la época franquista. Pero el asunto rebasa los límites de nuestra Patria. La

Iglesia se ha comprometido a dar una respuesta válida para los tiempos presentes

y acepta el reto del futuro inmediato.

Si no lo hiciera, quedaría automáticamente convertida en una pieza de museo

venerable. El ritmo de cambio le obliga a jadear y a veces da la sensación de

asmática. Al Papa y los obispos corresponde Intentar un esfuerzo en que

ciertamente fracasarán, fracasan cada día: Llevar adelante la renovación

espiritual sin dejarse atrás ni a los lados parte del rebaño. La misma certeza

del fracaso significa para ellos una tentación, porque les tranquiliza el ánimo

permitiendo que achaquen a la dificultad de la empresa lo que puede ser

consecuencia real de su falta de "fervor. Muchos cristianos, yo también, nos

sentimos incómodos: Quisiéramos que la "organización eclesiástica" cediera

generosamente a favor de posturas evangélicas; quisiéramos que los cuadros de

mando resquebrajaran su esquerra ia burocrático, y les vemos ¿¿tender palmo a,

palmo sus viejos privilegios, _sus costumbres de casta, su olímpica distancia,

engreídos en el convencimiento de que poseen una sabiduría esotérica. Será, una

deformación poética, pero a mí, que escucho a los jóvenes, el pecado más grave

de los eclesiásticos me parece que han

hecho aburrido el cristianismo. Y, desde luego, la versión del Evangelio según

San Francisco de Asís no fue aburrida.

Honestidad política

LOS españoles lo medimos todo en este momento con el rasero político. Por

fortuna debemos reconocer que nuestros obispos tratan honestamente de acertar

con la postura, tan difícil, de servicio leal a la comunidad nacional La mano

ágil, habilidosa, y al mismo tiempo firme del cardenal Tarancón guía con

seguridad el rumbo emprendido por toda la Conferencia Episcopal. Apenas suenan

voces discordantes.

Hemos ganado mucho terreno hacia la independencia de las esferas política y

religiosa. Sonreímos pensando cómo una persona tan inteligente como el obispo de

Cuenca ha podido dejarse influir tomando en serio la denuncia pintoresca de que

"algunos sacerdotes son coaccionados por compañeros suyos hasta con amenazas

contra sus madres para que se Inscriban en el Partido Comunista".

Yapasaron definitivamente los tiempos de oscuros contubernios

religiosopolíticos. Cierto que la Iglesia no renuncia a las lecciones de la

historia. Mi querido Alfonso Carlos Comín las conoce tan bien como yo, y está en

condiciones excelentes para llevar al seno de su partido la exigencia de que

varíen las condiciones de existencia en que se hallan los cristianos del Este.

La sinceridad democrática de la Iglesia debe ser compensada con la sinceridad

democrática de los países donde tanto han sufrido los cristianos. El lote de los

derechos del hombre, a cuya defensa íntegra nos estimula Alfonso Carlos, lleva

consigo modificaciones de conducta que los dirigentes comunistas de España deben

pedir en voz alta a sus correligionarios de toda Europa. Lo anoto aquí porque

nadie comprende mejor que los marxistas . convencidos el sentimiento universal

de los católicos convencidos.

Llegará el mediodía

LA claridad de posiciones por parte de la Iglesia debe alcanzar no sólo a

cuestiones políticas, sino a esa madeja de actitudes morales que me presenta la

señora andaluza: explosión demográfica, vida de familia, divorcio, valores

sexuales, orientación juvenil. A la espera de que un día las comentemos, quiero

explicarle que el optimismo de los cristianos desde la fe no significa

ingenuidad. Significa simplemente fe. Un novelista europeo ha contado el extraño

suceso de aquella aldea donde los habitantes tuvieron razones para temer que

nunca más saliera el sol tras las montañas. Pero un hombre se negó a dudar:

subió a lo alto del picacho y se puso a esperar; convencido, seguro de que el-

sol volvería1 a nacer. Lo consiguió. A causa suya, ei sol nació. Hubo aurora.

Llegó otra vez la luz de mediodía.

José María JAVIEERE

 

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